jueves, 26 de septiembre de 2019

Economía de Emergencia



I.
            Habitualmente la derecha neoliberal más inculta, que con no poca frecuencia suele ser la más pobre, suele defender que es necesario, para poder favorecer a las clases desfavorecidas, dar votos de transitiva confianza a los Grandes Empresarios, mediante el voto en urnas a la derecha más vendida a sus Magnas Corporaciones Económicas, que son a menudo multinacionales y, por lo tanto, apátridas, aunque curiosamente muy poco cosmopolitas por la catetez de su provincianismo egoísta, habida cuenta de su supuesto de que es cierta la falacia de que gobernar en interés de esos Super-empresarios los incentiva a reinvertir sus ganancias en empresas que creen nuevos puestos de trabajo.
            Los progresivos y antiprogresistas últimos 30 o 40 años de Historia Económica occidental han largamente demostrado que esto no es en absoluto así, sino más bien todo lo contrario:
            Cuanto más se ha legislado a favor de los Magnates Capitalistas, en pro de la liberalización o desregulación estatal de sus actividades financieras, los excedentes de beneficio que de ese modo se hayan obtenido han ido a parar mayormente a
            a) paraísos fiscales, donde ese capital beneficiario no reinvertido renta a sus propietarios -de dinero- tales cantidades de rendimientos por interés que los desincentiva y desestimula y los disuade de invertir sus inversas pero no invertidas inversiones en nuevas empresas, porque invertir en ellas es más riesgoso que absorber el brutal producto de los intereses astronómicos que rentan sus depósitos bancarios.
            b) O los estimula e incentiva y persuade a invertir en empresas sitas y con sede en Tercer Mundo, fuera de su Patria, donde la mano de obra es más barata y explotable aún, en zonas deprimidas y oprimidas en donde todavía ni se ha olisqueado en la atmósfera mental ni el más remoto concepto relativo al de Estado de Derecho.
            c) O se ha financiarizado esecapital, id est: no se ha invertido en necesaria producción de bienes de necesidad y consumo, o riqueza real, sino en una riqueza ficticia o fantasmal: en desmesuradas operaciones riesgosas que podríamos en resumen agrupar bajo el concepto de mercado de futuros: deuda, seguros, apuestas en el juego de la bolsa, comercio de divisas, etc.
            Y es aquí donde se forma un ouroboros económico, o pescadilla autocaníbal que no sólo es la cola lo que se muerde, y sino que, en verdad y a la postre, es devorada por un comensal sobre- (y ultra-) plebiscitario cada vez menor y más opulent: “una espiral viciosa en sentido descendente” (la expresión es de Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía, 2001, en El precio de la desigualdad, Madrid 2014) que nos guía desviadamente  y desorienta ennortándonos  hacia  la ruina y hacia la bancarrota de Todos por penuria inducida desde Arriba (y Afuera):
            Si hay menos empresas industriosas y productivas, hay menos puestos de trabajo y, en consecuencia, los potenciales consumidores cada vez más empobrecidos compran menos, porque no pueden hacerlo: entonces los grandes empresarios, por mor de no obtener menos beneficios, cierran fábricas poco rentables y despiden al personal, lo que hace aumentar el paro que, agotándose los subsidios de desempleo que cada trabajador se ha pagado y ganado con el mérito de su tiempo de cotización (por injusta ley dictada como consecuencia de la falta de inversión por parte del Estado en el Gasto Público por razón de insolvencia pública causada por inicuos rescates estatales a bancos mal gestionados por expolíticos corrompidos por su accesibilidad al Chollazos vía Puertas Giratorias), y así el número de los consumidores insolventes aumenta; y los empresarios, al ver que venden menos, dejan de fabricar tanto como antes y despiden más todavía: y así en una espiral viciosa descendente o un círculo vicioso negativo que no lleva a ninguna parte, como no sea a devorarnos de autocaníbal modo a nosotros mismos, es decir: al igualitarismo de la miseria universal:
            Porque, si no se produce casi nada, o nada, casi nada o nada puede comprarse ni venderse, y en ese caso el dinero en sí no es más que montones de papel mojado que no sirve como herramienta cuya función es precisamente facilitar la compraventa comercial de productos de diversa índole intercambiable: habría, si se sigue esa senda improductiva, según esta extrema e hiperbólica hipótesis, multimillonarios que no tendrían casi nada o nada que comprar a casi nadie o nadie, y menos a ellos mismos, que no producen casi nada o nada, ni aun para sus primeras y básicas necesidades.
            Y este sendero es, aunque asintótica, inexorablemente descendente hacia la ruina y la extinción por hambre y necesidad.
            No es, pues, de extrañar que ya haya habido quien propusiera una Ley de Emergencia, que los Ricachones, si fueran listos, y no digamos ya si sensatos e inteligentes (la moralidad solidaria con los más ni siquiera se la supongo), deberían aceptar en pro de su propio beneficio: el de sobrevivir como Ricachos.
            Pero qué ciega es la avaricia.
            Por otro lado, desde luego que la situación es de una urgente emergencia para todos los demás, que seremos los primeros en morirnos de inanición.
            Y por eso digo: al fin un político, un grupo de ellos que, con sensatez ha propuesto propuso  una Ley de Emergencia Económica. Pero hasta se han reído sus enemigos de él o de ellos y, lo que es peor, el pueblo trabajador, que siendo el mayor beneficiario de esa ley, lo o los ha calificado de utópicos.
            Y sí se puede.


II.
            La palabra emergencia es muy interesante: emerger es lo contrario de sumergir o sumergirse, irse por el sumidero a los abismos del cieno y la basura, a las simas de lo desconocido en donde no estaríamos adaptados no hay tiempo de hacerlo para sobrevivir.
            Una situación de emergencia implica una necesidad de subir a la superficie antes de ahogarnos: de emerger.
            Pero lo que a mí me llama la atención como curioso intelectual es que esa palabra es la que han utilizado ciertos filósofos de la ciencia (léase, v. gr., Mario Bunge) para explicar fenómenos creativos diferentes de lo anterior y previo: la creación de la conciencia a partir de la carne de las células vivas inconscientes; la creación de la vida a partir de moléculas y átomos muertos; la creación de la materia a partir de una energía que interactúa consigo misma mediante elementos que se comportan como partículas y ondas a la vez (¿ondapartículas?)  inmateriales, y la creación de la energía informada a partir de una nada sin volumen ni tiempo en el seno de esa entidad que los físico-matemáticos llaman una singularidad.
            El emergentismo no explica gran cosa, es cierto, pero describe un hecho irrefutable que podría expresarse sumariamente así: Más es Diferente.
            Cosa que siempre me ha recordado el salto cualitativo por acumulación cuantitativa (catastrófica, dirían los matemáticos actuales) que, según Marx, se produce por añadiduras de elementos nuevos  al sistema social considerado.
            Imaginemos un conjunto de particulondas;  por ejemplo: dos que intereactúan entre sí: pongamos, dos átomos de hidrógeno: el conjunto mínimo que pueda constituir el más pequeño montoncito posible de ese hidrogénico material. Y ahora imaginemos también que a ese montoncito mínimo se asocia otro elemento: un átomo de oxígeno,  for instance: el resultado ya no es un conjunto o montoncito de tres elementos, sino otra cosa distinta, id est: agua: algo que en nada se parece por sus caracteríaticas y cualidades supra-nivel a los tres átomos previos considerados individualmente.
            Y así la energía, la materia, la vida, la conciencia…

III.
            Y la Justicia social: cuando hay dos partidos idénticos disputándose alternativamente el poder, si aparece algún partido nuevo y distinto excluyo por ello, por lo tanto, a Ciudadanos, y no digamos ya Vox, por ser una burbuja inflada por los bancos y empresas Ricachoncísimos, y no se distingue, pues, de lo anterior: más átomos de hidrógeno y entra con fuerza en el juego democrático social, emerge una ya ha emergido al menos la propuesta de una Ley de Emergencia que, de aplicarse, lograría algo distinguido del vulgar montoncito de los partidos anteriores y sus añadidtas semejantes en ideología y servidumbres: la Justicia Social, que es buena para todos por ser lo único que puede salvarnos a todos de la Voracidad de lo Ruin y lo Ruinoso.
            Frente a una Emergencia, una Ley de Emergencia, que arregle las cosas verdaderamente: desde abajo: pues cualquier otra cosa sería se ha largamente demostrado un bluff.
            Si salvamos a los trabajadores empobrecidos, y aun parados y sin subsidios, de su precariedad, aumentará el número de consumidores que expresen una urgente oemergente demanda de productos de 1ª necesidad, y luego de 2ª, y los empresarios podrán aprovecharse e invertir sobre seguro productos de necesario consumo, seguros del producto de sus inversión y, por tando, de sus ganancias y beneficios.
            Es posible que esos señores Ricachondísimos (sic: siempre están cachondos de dinero y se cachondean de la turba insensata que los apoya, y más aún: insultan y calumnian a los que no) no ganen tanto como antes, pero aún así seguirían ganando muchísimo, muchísimo más que nosotros los currantes bajos y medianos.
            No es que sea sólo una ley humanitaria promotora de la igualdad entre los seres humanos y defensora de la libertad de los esclavos: es una ley que beneficia a todo el mundo y que de entrada detiene el camino cuesta abajo y sin frenos con que nos llevan y nos llevamos todos hacia la ruindad suicida de la absoluta ruina.
            Pero al día de hoy toda una mayoría catetizada y carca de españoles, y ahora no me refiero a sólo los bajos opinadores desinstruidos, de escasa formación, sino que también incluyo ahí a los altos profesionales del intelecto, con formación universitaria, supuestamente cultos, los que tienen el coco autocomido por el Alien, teledirigidos por la obvia  propaganda subliminal por la que no se sienten influidos porque dicen no verla, creen que es mejor para todos seguir apoyando a la derecha pro-neoliberal del Capitalismo Ensimismado, la  que se está cargando las esperanzas de nuestros hijos y de nuestro Hogar en griego: Ecos planetario.
Y lo más mejor dicho:  menos sorprendente, al menos para mí, es que, fuera y aparte de los pepistas, los barones tradicionales y, de toda la vida, chupabotes del Partido Socialista, espero que no así sus bases, sean, junto con los dichos y sus nuevos remedadores ideológicos, los máximos partidarios de semejante simpleza y disparate.
            Cómo podremos los humanos ser los ántropos  tan brutos y antropoides.
            O cómo tan descaradamente perros cínicos y sinvergüenzas.

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