Por aquellos tiempos, cuando era famoso,
publicó en España un par de libros en Visor. Los Vuelos de Victoria, que
cantaban y celebraban la victoria de la guerrilla rebelde, y un poema épico sobre los
conquistadores españoles El estrecho dudoso, ninguno de los cuales me
entusiasmó. Su lenguaje me resultaba demasiado prosaico y su sintaxis, acaso
por exceso de coloquiales yuxtaposiciciones, demasiado tosca. Para colmo de
males cometía un error para mí imperdonable en un poeta: era arrítmico. O los
ritmos de sus no versos no eran los que sabían captar mis puede que demasiado
clásicos oídos.
Por ello constituyó una impactante sorpresa
la publicación por Trotta de un libro fundamental en la historia no ya de
nuestra literatura sino de nuestra antropo-cultura: el Cántico cósmico. Ojeé el
volumen en una librería y al punto vi que alguien había hecho algo que yo había
concebido como proyecto y que entendía -y entiendo- que muy pocos está
capacitados para hacer: Cardenal había escrito un libro de poesía en que se
mixturaban armónicamente la ciencia siglovigésima y los mitos más antiguos que
registra la Antropología, junto con sus protestas políticas y más tarde la celebración del Triunfo de los suyos. O sea: Cardenal había mostrado interés por los mismos
temas que yo, y como tal combinación es más bien rarilla en los mundillos
literarios y culturales que corren, entendí que los dos habíamos tenido
intuiciones semejantes en su originalidad, pero el Maestro se me había adelantado.
Cardenal es un místico. El más grande del
siglo. Pero es un místico que ha llegado a la mística a través de la poesía. Y del amor. A
través de la experiencia de la belleza evocada por medio de palabras. Y de unna
experiencia amorosa radical que lo pudo colocar en una situación límite tal que, al poco
tiempo, lo vemos convirtiéndose en monje trapense y teniendo como director espiritual ni
más ni menos que a Thomas Merton, el otro gran místico de su siglo, espléndido
poeta y escritor también. Éste sería quien le recomendara la fundación de un
zona de retiro en la isla de Solentiname, lo que el discípulo haría al poco
tiempo.
Pero Cardenal es un humanista en el sentido
más digno de la expresión. Su experiencia mística es una experiencia de amor a
la humanidad y a lo humano y por eso su vida se organizó durante mucho tiempo
en torno a la idea de erradicar la Bestia que la humanidad lleva en sí, pegada
como una lapa y vampirizándola, y que es la responsable de todas la ignominias
y injusticias que sufre y, en última instancia, del Mal que habita en el
Sistema (palabra que en Cardenal sustituye al "mundo" y "lo mundano" de
los místicos tradicionales). Su Comunismo identificado con el reino de los
Cielos en la Tierra es sólo una consecuencia de ese humanitarismo místico. A
este sentimiento responden sus Salmos, que publicó Endimión. Su culto por los mitos y leyendas de indios y
aborígenes es, pues, una consecuencia de lo anteriormente dicho. Los pueblos
masacrados y sometidos por el llamado, con antonímica impropiedad, mundo
civilizado son los que han sufrido más los atropellos de la Bestia humana ,y
es de justicia revindicar su pensamiento, su cosmovisión, su vida, su cultura y
su poesía. De ahí su estupenda Antología de poesía primitiva, publicada
en Alianza Tres. Pero es que además, hablar de poesía primitiva es hablar de
mitos cosmovisionarios y cosmogónicos y, por tanto, de religión y de mística.
Cardenal realizó un verdadero esfuerzo de acercamiento solidario a la
religiosidad de los pueblos vencidos por Occidente y de esa etapa es su libro Los
ovnis de oro (en Visor), en donde las mitilogías amerindias le sirven de
cauce para expresar su propia cosmovisión, tan solidaria con la de los llamados
salvajes o primitivos.
Por todo esto el Cántico cósmico es un
libro fundamental en nuestra cultura. En él aparece el Cardenal místico, el
humanitario, el antropólogo solidario y también -y esto fue novedad- el
Cardenal científico.
El libro se organiza como un libro sagrado o
una Biblia moderna y primitiva, por lo cual no podía sino empezar con lo que
empiezan todos los libros de este tipo que en el mundo han sido: con la
Creación, el Génesis. Es decir: en este
caso con el Big Bang. Y con los Tres primeros minutos del Universo del
premio Nobel de Física Steven Weinberg. Y con la creación de materia a partir
de una suerte de nada llamada "singularidad" por Penrose y Hawking.
Pero también mediante una técnica basada en yuxtaposición arbitraria un tanto a
lo Pound, y a modo de contrapunto, coloca junto a la visión cosmogónica
científica moderna las narraciones sobre la Creación de todos los pueblos
dueños de una cultura distinta de la de Occidente y que curiosamente, al menos
desde el punto de vista de Cardenal, fueron y son capaces de las mismas
intuiciones que sus vencedores y desplazadores históricos.
La empresa es magna y no en vano se la ha
comparado con la que llevara a cabo Dante al final de la Edad histórica
anterior, esa que llaman Media.
Pero lo más curioso del asunto es que el más diferente
(no se parece a nadie que yo conozca) de los poetas vivos es literalmente un
poeta de la experiencia.
Cardenal no ha hecho otra cosa que contarnos,
de una forma prosaica y casi asintáctica, su vida. Una vida llena de experiencias
y aventuras del más vario carácter y todas del máximo interés. Una vida de
novela. Una vida poética. Sus sentimientos humanos y divinos junto con sus
experiencias intelectuales en los campos más diversos consignadas en los signos
de sus obras constituyen algo especial. Una experiencia humana radicalmente
diferente a lo que suele ser normal. Una experiencia con la que se puede
aprender tantas cosas de la vida que despreciarla es sólo posible para los que
no sepan ver otra cosa que la dudosa maravilla de su propio ombligo que, además
y como suele ocurrir, no se diferencia de los demás ombligos en nada.
La experiencia diferente de Cardenal es pura
poesía. De sus modos estilísticos cabría, por otra parte, discutir. Pero a
veces se dicen cosas tan importantes y de tanto peso que cualquier forma es
buena. También pueden entenderse como personal estilo sus prosaicos ritmos de
ideas y su técnica de caótico collage.
Claro que esto pasa sólo en muy contados
casos.
Hay que comprender que nuestras biografías de
personas normales no se parecen en nada a la de Cardenal.
Y es su especial aventura biográfica una las cosas que
nos puede hacer comprender y convencer de que el tan cacareado fracaso del comunismo no es más
que eso, un kikirikí de gallinácea, articulado por la propaganda política de los próceres
del capitalismo que, mediante la sistemática difusión de
la mentira por las múltiples y monolíticas orejas del vulgo -según la técnica propagandística que hizo
famosa el bocazas del nazi Goebbels, ignorada siempre por la víctima que la
padece, y que el poeta tanto denunció en sus Salmos cuando se
enfrentaba a la dinastía dictatorial de los Somozas, apadrinados y financiados por
los explotadores de Wall-Street y la CIA (en concreto Anastasio Somoza, el 3º
de ese apellido, cumple en la obra del nicaragüense la misma función, como susodije, que Franco en
la de León Felipe)-, es eso: un cocoricó que ha pretendido siempre inducirnos a
confusionismo capcioso: no puede haber fracasado en la práctica un ideal que
nunca ha sido llevado a la práctica: si los divulgadores de tal falacia tuvieran un
mínimo de lúcida y analítica decencia como hístoriadores objetivos, no mediados
por los pre-juicios de esa ideología que enmascara sólo los intereses financieros de los
potentados que compran a esos filósofos profesionales, abducidos por la
Jerarquía Capa, incluso sin conciencia de ello por parte de los vendidos..., no
tendrían otro lógico remedio que reconocer que lo único que ha fracasado en la
praxis predicada por Marx es la traición al comunismo que Stalin
institucionalizó utilizando medios semejantes o iguales y los mismos que los
habituales de los nazional-sozialisten, y que durante lustros y decenios se
estuvo denominando comunismo a un engendro que no sólo no era tal, sino
que, encima, era todo lo contrario de lo predicaba su kikirikeado ideal bajo
secuestro; y esto sirve no sólo para el estalinismo, que
es lo único que los partidos comunistas en el poder han llevado a cabo en sus
respectivos Estados; me refiero, además y más aún, a lo que, a lo largo de
décadas, la propaganada yanqui, en representación de los interese de USA’s Cías
establecidas al sur de su frontera, como la legendaria United Fruit Company, dijo siempre para justificar sus invasiones
destructoras de incipientes democracias auténticas y legítimas, sobre todo en
su ibero-americano patio trasero, con sus asesinas masacres del inocente pueblo
llano y sus representantes legítimos, elegidos democráticamente por sus
votantes: cada vez que una democracia genuina, independiente de la directriz y el dictamen de los EEUU, nacía en alguna de las repúblicas sureñas, llamada bananeras, los
propagandistas gringos mentían por sistema y costumbre diciendo que intervenían
en ellas porque se trataba de reinstaurar una democracia (no decían que al exclusivo
servicio de sus Cías. y nunca a de su pueblo) colapsada a manos de un régimen comunista
dictatorial; y, mientras tanto, los marines sustituían esa inexistente
dictadura comunista, por una real de verdad de signo fascista, mediante colocación de un
presidente-dictador títere por ellos manejado, que perpetraba la continuación de las
maldades iniciadas por los invasores.
No es de extrañar que para los invadidos,
defenestrados, perseguidos y aplastados por el US Army siervo de Compañías como, insisto la paradigmática UFCO, acabaran por ver en el demoníaco comunismo
lo contrario de lo que ahora es visión mayoritaria en un mundo enseñoreado por esa mínima panda de criminales poderosos con Trump a la cápita, los más peligrosos de
la Historia, al estar su irresponsabilidad político-economica en un tris de mandarnos
a todos a freírnos vivos en sus antiecológicos o nucleares desiertos.
Esa es la razón por la que en los Cantos
de Victoria, más tarde incluidos en el Cántico Cósmico, su autor
fuera capaz de escribir esta maravilla místico-social:
Meditación
en un DC-3.-
No sé por qué recordé la frase de Novalis
“Tocar un cuerpo desnudo es tocar el cielo”.
El piloto militar abría el mapa de la patria
para la niña morena de nueve años
(abajo la tierra nuestra)
su mano rozando su manita.
Abajo Muy-Muy, ríos, Nueva Guinea donde cayó Felipe.
“Es tocar el cielo...”
¿Pero si no creen en el cielo?
Es claro que no es la bóveda azul atmosférica
eso es siempre la tierra
y el ir volando en un DC-3 en el cielo
de la patria liberada
es la tierra.
Pero la infinita noche negra
de las estrellas, con nuestra Tierra llena de humanos
que se aman
y todas las demás amorosas Tierras
es el cielo
es el Reino de los cielos.
¿Y Novalis qué quiso decir?
Para mí está diciendo:
besuquear un bébé,
pareja con caricias profundas,
apretón de manos,
palmadita en el hombro,
lo humano tocando lo humano,
la unión de piel humana con piel humana
es como tocar el Comunismo con el dedo compañero.
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