domingo, 8 de septiembre de 2019

CARDENAL

  Reconozco que yo no había leído a Cardenal cuando estaba en la cumbre de su fama. Lo veía aparecer por la televisión siempre tocado con su boina negra a la guerrillera y su extraña camisa que a mi me parecía, en mi despiste y desnortamiento, como de típico pintor de paisajes parisienses –y que luego comprendí que era un hábito recortado de benedectino-,  y reconozco también que no me parecía que tuviera pinta de Ministro de Cultura. Pero tampoco de Ministro del Señor. Sabía que había llegado a su entonces actual situación gracias a su militante colaboración con la causa sandinista, y que su particular convento o monasterio sito en la isla de Solentiname  había sido  arrasado por la guardia de Somoza quien, gracias a esa infamia y otras por el estilo ha quedado inmortalizado en los versos del poeta como ocurriera con la figura de Franco en los de León Felipe.
  Por aquellos tiempos, cuando era famoso, publicó en España un par de libros en Visor. Los Vuelos de Victoria, que cantaban y celebraban la victoria de la guerrilla rebelde, y un poema épico sobre los conquistadores españoles El estrecho dudoso, ninguno de los cuales me entusiasmó. Su lenguaje me resultaba demasiado prosaico y su sintaxis, acaso por exceso de coloquiales yuxtaposiciciones, demasiado tosca. Para colmo de males cometía un error para mí imperdonable en un poeta: era arrítmico. O los ritmos de sus no versos no eran los que sabían captar mis puede que demasiado clásicos oídos.
  Por ello constituyó una impactante sorpresa la publicación por Trotta de un libro fundamental en la historia no ya de nuestra literatura sino de nuestra antropo-cultura: el Cántico cósmico. Ojeé el volumen en una librería y al punto vi que alguien había hecho algo que yo había concebido como proyecto y que entendía -y entiendo- que muy pocos está capacitados para hacer: Cardenal había escrito un libro de poesía en que se mixturaban armónicamente la ciencia siglovigésima y los mitos más antiguos que registra la Antropología, junto con sus protestas políticas y más tarde la celebración del Triunfo de los suyos. O sea: Cardenal había mostrado interés por los mismos temas que yo, y como tal combinación es más bien rarilla en los mundillos literarios y culturales que corren, entendí que los dos habíamos tenido intuiciones semejantes en su originalidad, pero el Maestro se me había adelantado.
  Cardenal es un místico. El más grande del siglo. Pero es un místico que ha llegado a la mística a través de la poesía. Y del amor. A través de la experiencia de la belleza evocada por medio de palabras. Y de unna experiencia amorosa radical que lo pudo colocar en una situación límite tal que, al poco tiempo, lo vemos convirtiéndose en monje trapense y teniendo como director espiritual ni más ni menos que a Thomas Merton, el otro gran místico de su siglo, espléndido poeta y escritor también. Éste sería quien le recomendara la fundación de un zona de retiro en la isla de Solentiname, lo que el discípulo haría al poco tiempo.
  Pero Cardenal es un humanista en el sentido más digno de la expresión. Su experiencia mística es una experiencia de amor a la humanidad y a lo humano y por eso su vida se organizó durante mucho tiempo en torno a la idea de erradicar la Bestia que la humanidad lleva en sí, pegada como una lapa y vampirizándola, y que es la responsable de todas la ignominias y injusticias que sufre y, en última instancia, del Mal que habita en el Sistema (palabra que en Cardenal sustituye al "mundo" y "lo mundano" de los místicos tradicionales). Su Comunismo identificado con el reino de los Cielos en la Tierra es sólo una consecuencia de ese humanitarismo místico. A este sentimiento responden sus Salmos, que publicó Endimión.  Su culto por los mitos y leyendas de indios y aborígenes es, pues, una consecuencia de lo anteriormente dicho. Los pueblos masacrados y sometidos por el llamado, con antonímica impropiedad, mundo civilizado son los que han sufrido más los atropellos de la Bestia humana ,y es de justicia revindicar su pensamiento, su cosmovisión, su vida, su cultura y su poesía. De ahí su estupenda Antología de poesía primitiva, publicada en Alianza Tres. Pero es que además, hablar de poesía primitiva es hablar de mitos cosmovisionarios y cosmogónicos y, por tanto, de religión y de mística. Cardenal realizó un verdadero esfuerzo de acercamiento solidario a la religiosidad de los pueblos vencidos por Occidente y de esa etapa es su libro Los ovnis de oro (en Visor), en donde las mitilogías amerindias le sirven de cauce para expresar su propia cosmovisión, tan solidaria con la de los llamados salvajes o primitivos.
  Por todo esto el Cántico cósmico es un libro fundamental en nuestra cultura. En él aparece el Cardenal místico, el humanitario, el antropólogo solidario y también -y esto fue novedad- el Cardenal científico.
  El libro se organiza como un libro sagrado o una Biblia moderna y primitiva, por lo cual no podía sino empezar con lo que empiezan todos los libros de este tipo que en el mundo han sido: con la Creación, el Génesis.  Es decir: en este caso con el Big Bang. Y con los Tres primeros minutos del Universo del premio Nobel de Física Steven Weinberg. Y con la creación de materia a partir de una suerte de nada llamada "singularidad" por Penrose y Hawking. Pero también mediante una técnica basada en yuxtaposición arbitraria un tanto a lo Pound, y a modo de contrapunto, coloca junto a la visión cosmogónica científica moderna las narraciones sobre la Creación de todos los pueblos dueños de una cultura distinta de la de Occidente y que curiosamente, al menos desde el punto de vista de Cardenal, fueron y son capaces de las mismas intuiciones que sus vencedores y desplazadores históricos.
  La empresa es magna y no en vano se la ha comparado con la que llevara a cabo Dante al final de la Edad histórica anterior, esa que llaman Media.
  Pero lo más curioso del asunto es que el más diferente (no se parece a nadie que yo conozca) de los poetas vivos es literalmente un poeta de la experiencia.
  Cardenal no ha hecho otra cosa que contarnos, de una forma prosaica y casi asintáctica, su vida. Una vida llena de experiencias y aventuras del más vario carácter y todas del máximo interés. Una vida de novela. Una vida poética. Sus sentimientos humanos y divinos junto con sus experiencias intelectuales en los campos más diversos consignadas en los signos de sus obras constituyen algo especial. Una experiencia humana radicalmente diferente a lo que suele ser normal. Una experiencia con la que se puede aprender tantas cosas de la vida que despreciarla es sólo posible para los que no sepan ver otra cosa que la dudosa maravilla de su propio ombligo que, además y como suele ocurrir, no se diferencia de los demás ombligos en nada.
  La experiencia diferente de Cardenal es pura poesía. De sus modos estilísticos cabría, por otra parte, discutir. Pero a veces se dicen cosas tan importantes y de tanto peso que cualquier forma es buena. También pueden entenderse como personal estilo sus prosaicos ritmos de ideas y su técnica de caótico collage.
  Claro que esto pasa sólo en muy contados casos.
   Hay que comprender que nuestras biografías de personas normales no se parecen en nada a la de Cardenal.
   Y es su especial aventura biográfica una las cosas que nos puede hacer comprender y convencer de que el tan cacareado fracaso del comunismo no es más que eso, un kikirikí de gallinácea, articulado por la propaganda política de los próceres del capitalismo que, mediante la sistemática difusión de la mentira por las múltiples y monolíticas orejas del vulgo -según la técnica propagandística que hizo famosa el bocazas del nazi Goebbels, ignorada siempre por la víctima que la padece, y que el poeta tanto denunció en sus Salmos cuando se enfrentaba a la dinastía dictatorial de los Somozas, apadrinados y financiados por los explotadores de Wall-Street y la CIA (en concreto Anastasio Somoza, el 3º de ese apellido, cumple en la obra del nicaragüense la misma función, como susodije, que Franco en la de León Felipe)-, es eso: un cocoricó que ha pretendido siempre inducirnos a confusionismo capcioso: no puede haber fracasado en la práctica un ideal que nunca ha sido llevado a la práctica: si los divulgadores de tal falacia tuvieran un mínimo de lúcida y analítica decencia como hístoriadores objetivos, no mediados por los pre-juicios  de esa ideología que enmascara sólo los intereses financieros de los potentados que  compran a esos filósofos profesionales, abducidos por la Jerarquía Capa, incluso sin conciencia de ello por parte de los vendidos..., no tendrían otro lógico remedio que reconocer que lo único que ha fracasado en la praxis predicada por Marx es la traición al comunismo que Stalin institucionalizó utilizando medios semejantes o iguales y los mismos que los habituales de los nazional-sozialisten, y que durante lustros y decenios se estuvo denominando comunismo a un engendro que no sólo no era tal, sino que, encima, era todo lo contrario de lo predicaba su kikirikeado ideal bajo secuestro; y esto sirve no sólo para el estalinismo, que es lo único que los partidos comunistas en el poder han llevado a cabo en sus respectivos Estados; me refiero, además y más aún, a lo que, a lo largo de décadas, la propaganada yanqui, en representación de los interese de USA’s Cías establecidas al sur de su frontera, como la legendaria United Fruit Company, dijo siempre para justificar sus invasiones destructoras de incipientes democracias auténticas y legítimas, sobre todo en su ibero-americano patio trasero, con sus asesinas masacres del inocente pueblo llano y sus representantes legítimos, elegidos democráticamente por sus votantes: cada vez que una democracia genuina, independiente de la directriz y el dictamen de los EEUU, nacía en alguna de las repúblicas sureñas, llamada bananeras, los propagandistas gringos mentían por sistema y costumbre diciendo que intervenían en ellas porque se trataba de reinstaurar una democracia (no decían que al exclusivo servicio de sus Cías. y nunca a de su pueblo) colapsada a manos de un régimen comunista dictatorial; y, mientras tanto, los marines sustituían esa inexistente dictadura comunista, por una real de verdad de signo fascista, mediante colocación de un presidente-dictador títere por ellos manejado, que perpetraba la continuación de las maldades iniciadas por los invasores.
   No es de extrañar que para los invadidos, defenestrados, perseguidos y aplastados por el US Army siervo de Compañías como, insisto la paradigmática UFCO, acabaran por ver en el demoníaco comunismo lo contrario de lo que ahora es visión mayoritaria en un mundo enseñoreado por esa mínima panda de criminales poderosos con Trump a la cápita, los más peligrosos de la Historia, al estar su irresponsabilidad político-economica en un tris de mandarnos a todos a freírnos vivos en sus antiecológicos o nucleares desiertos.
   Esa es la razón por la que en los Cantos de Victoria, más tarde incluidos en el Cántico Cósmico, su autor fuera capaz de escribir esta maravilla místico-social:

Meditación en un DC-3.-

No sé por qué recordé la frase de Novalis
“Tocar un cuerpo desnudo es tocar el cielo”.
El piloto militar abría el mapa de la patria
     para la niña morena de nueve años
(abajo la tierra nuestra)
su mano rozando su manita.
Abajo Muy-Muy, ríos, Nueva Guinea donde cayó Felipe.
                     “Es tocar el cielo...”
                               ¿Pero si no creen en el cielo?
Es claro que no es la bóveda azul atmosférica
           eso es siempre la tierra
y el ir volando en un DC-3 en el cielo
        de la patria liberada
es la tierra.
Pero la infinita noche negra
de las estrellas, con nuestra Tierra llena de humanos
                                                                     que se aman
                   y todas las demás amorosas Tierras
                                                                          es el cielo
                           es el Reino de los cielos.
¿Y Novalis qué quiso decir?
               Para mí está diciendo:
besuquear un bébé,
pareja con caricias profundas,
apretón de manos,
palmadita en el hombro,
lo humano tocando lo humano,
la unión de piel humana con piel humana
es como tocar el Comunismo con el dedo compañero.

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