Contra el SISifismo. Urgencias de
Ruptura con el Claustro Ideológico vigente.
El neoliberalismo se ha convertido en una
religión; está en todas las mentes y todo el mundo cree que es lo normal.
Susan George
El neologismo que acuño en el
título se basa en la derivación de las tecno-siglas de (a nadie que haya seguido
estos ensayos le sorprenderá) Castoriadis (SIS: Significados Imaginarios Sociales,
y de ahí las mayúsculas del término), pero también en un juego anfibológico de
radicales léxicos, a partir de los del sustantivo SISa y el verbo SISar que,
entre otras cosas, significan robo y robar, por un lado; y, por otro el del
nombre propio del personaje mítico Sísifo, aquel rey e rico-home avaro y mentiroso que, para aumentar el
caudal de sus riquezas, asesinaba a los viajeros que visitaban o atravesaban
sus tierras y a quien, aunque no por ello (esos delitos les importaban a los
amorales dioses arcaicos un maldito bledo) fue condenado por Zeus en el
plutónico Hades al castigo eterno de empujar rodando cuesta arriba un peñasco
que, una vez alcanzada la cima destinataria volvería a su lugar de partida, -se
dice que- rodando cuesta abajo, pero no es ese método tan tosco el que usaba la
redonda roca, símbolo solar -debe pensarse, adelantando conclusiones, que en
los evos líticos de las creaciones míticas las energías del sol y de la
gravedad era casi las únicas consideradas como tales en las conciencias de los
hómines-, para hallarse en una suerte idéntica al como-si-nada de la situación
de salida previa a la aplicación del sisífico y extenuante esfuerzo del
sufridor; no: ese redondo pedrusco era hecho desparecer por consumición
alimentaria cuando llegaba al objetivo de su alto tope por la magia infernal
del Rico -en griego: Plutón- que, mediante algo así como el efecto túnel descrito
por la mecánica cuántica, la hacía aparecer de nuevo en su estado de menor
energía para que la fuerza muscular de condenado la cargara en su forzada ascensión.
El
Sisifismo inherente a nuestro vigente y actual sistema de SIS, ya comentado por
aquí y por allá (Proyección de Culpas…,
Psicoanálisis filantropológico del Transconsciente…, De la vigencia filosófica
y científica de…) no es, desde luego, sólo propio y característico de ahora,
sino más bien de todos los entonces y siempres que capitulizan la Historia, y
puede que también la Pre-, de la inhumana Humanidad: la Explotación del Hombre
por el Hombre que tematiza el leit-motiv de un cuento real de terror que ya
dura demasiado. Lo que en la actualidad hace más urgente nuestra ruptura con la
clausurada vigencia de esta predominante Sisifia, bajo cuyo grave peso cargante nos empeñamos en mantenernos sometidos y
sumisos, aparte de su molesta inmodestia hipócrita cuando defiende lo
indefendible del presente, frente a un superado pasado de opresión y
autoritarismo, supuestamente corregidos por -la falacia de- la democracia
neoliberal, es que esta vez el sisífico pedrusco de nuestro -nunca mejor dicho-
des/comunal y desproporcionado sistema infernalizante puede, en efecto,
aplastarnos a todos con su siguiente y próxima caída y mandarnos a su plutónico
infierno, por orden de un Zeus ensimismado con su codicia de poder económico,
sucesor de las bélicas armas que prefigurara como símbolo metafórico el Rayo
del Tonante.
Hay
una serie de valores que están siendo puestos en entredicho en los tiempos que
corren: y las libertades democráticas junto con la equidad en la distribución
de la riqueza vía contribuciones justas son la víctima de una agresión que se
prepara desde la economía de crisis.
No
es sólo ya que el maltrato violador, irresponsable y suicida de la femenina
madre Naturaleza esté siendo negado por la praxis de la ideología neoliberal
que pretende justificar el injusto -por definición- capitalismo salvaje y
bárbaro-nórdico imperialista encarnado en la -mala- Bestia Apocalíptica de
Trump y sus secuaces y acólitos contra toda la autoridad de la sabia evidencia
científica; no es sólo que el fascismo neonazi esté empezando a campar por sus
terribles e indignos respetos en todas las democracias formales en informales
de Occidente; no es sólo que la explotación, que antes se concentrara inicua y
arrasadora en el mísero Tercer Mundo esté ahora afectando a las clases
trabajadoras o paradas sin subsidios del Primero; no es sólo que los partidos
antes socialdemócratas se hayan vendido a los sobornos de los plutocleptócratas,
dejando a los obreros con salva sea la parte de su estragada anatomía al aire,
traicionados y abandonados a su desoladora menesterosidad; no es sólo que el
Interés Económico se haya convertido en el único ideal motivador de todas la
ideologías, inclusive la del ex-estalinismo maoísta de China; no es sólo que la
traición de Stalin y de los sucesivos y fracasados herederos estalinistas haya
contaminado el bellísimo ideal, no por utópico menos necesario, y hoy más que
nunca, del programa de Marx y Engels en su Manifiesto,
hacia una sociedad comunista sin Estado, en donde el único gobierno preciso
sería el de cada ser humano sobre sí mismo, logrado como consecuencia de una educación
general al servicio revolucionario de una moralidad solidaria y respetuosa con
los derechos de Todo el prójimo, sí, haya contagiado, decía, a todos comunismo
posible, también el Eucomunismo, o Comunismo del Bien Común, de un virus que
nos hace verlo como un malintencionado y diabólico método falaz de imposición
del Terror Totalitario, dejándonos sin esperanza de alternativas para esta
situación límite, próxima al precipicio de, si no la total extinción, la
demoledora precariedad y penuria del 99% de los habitantes de este planeta; no
es sólo.
No:
no es sólo eso.
Es
que, además, el trabajador pre-parado, ha sido en su servil inocencia convencido,
no ya sólo de que la política económica que se está implantando y llevando a la
rpácti en todo el globo sea la única posible, lo cual es matemática -probabilística-
y objetivamente falso, sino, más falso aún, que la misma es la mejor de todas
la políticas posibles.
El
argumento, que no razonamiento, puesto que nadie que argumente tal cosa ha
podido -es imposible- deducirlo por razón ni con razones, es semejante, y lo
recuerda, a aquello que se le ocurrió al gran Leibniz para justificar lo
injustificable: que un Dios Creador Todopoderoso y de Bondad Infinita en Su
Perfección Absoluta era compatible con existencia del Mal en su Creación: un
Ser Omnipotente que haya creado un Cosmos lleno de dolor, sufrimiento, injusticia
y miseria no puede haber sido Demasiado Bueno, y en ese NoDemasiado hay un límite
para -ya no- infinita bondad; si, por el contrario, sí que es, en efecto,
absolutamente Bondadoso, es, entonces, porque No ha Podido crear un universo mejor, lo cual implica un límite
para su Poder. Así la balanza de la Justicia, o la Diké, de esa Justificación de Dios, o Teodicea, se desequilibra ante una Paradoja de imposible resolución
lógica.
Bien.
Y ahora, se dijo el filósofo cristiano protestante que, por ello, quería sostener
racionalmente todo Teísmo, ¿cómo justifico esa injusticia o esa falta de ajuste
entre los extremos incompatibles
y autoexcluyentes del contradictorio Dilema? Y se contestó, como se sabe, en
público escrito: Dios es Perfecto en su Bondad y. aun así, Todopoderoso, porque
ha sido Totalmente Capaz de crear el Mejor de los Universos que pueden ser
creados, el Mejor de los Posibles. De poderse crear otro mejor, lo habría
hecho. Lo cual no es implícita limitación para su Poder -ni para su Bondad-, dado
por definición lógica lo Imposible es lo que No Puede Ser, y Dios no puede
hacer Absurdos, ya que, en tanto que Logos, es el Sumo Fundamento de la Lógica.
Ergo: ese NoPoder no es Carencia de Poder en Dios, sino necesaria articulación
de la Ratio con su Matémata.
Y
Voltaire, también como se sabe, en su novela Candide, protagonizada por ese tal Cándido discípulo del
leibniziano profesor Pangloss, que enseñaba que la nariz había sido creada para
sujetar las gafas, se pitorreará del optimismo cósmico del germánico filósofo,
contando una historia de desdichas que le suceden al pupilo y la maestro, quien
en las más fastidiosas y sufridas circunstancias se empeñará en defender, razón
filosófica mediante, lo contrario a lo que les muestra a ambos la terrorífica y
dolorosa experiencia de sus insoportables padecimientos.
Parece
que la experiencia del mal nos dicta una lección contra la metafísica o la
teología racionalista.
¿Cómo
extrapolamos ese episodio de la Historia de la Filosofía al dilema social contemporáneo,
o a cuento de qué les cuento o recuerdo esa paradigmática anécdota?
Fácil:
ni este mundo es el mejor de los posibles, porque todo es siempre susceptible
de mejora, ni estamos, como predica otro filósofo, ahora actual y gringo, Samuel
Dennett, crítico de la leibiziana teodicea, en el peor de los posibles, porque
de ser peor se derrumbaría (o ni habría llegado a existir, en vez de nada), ni el
mal ni la maldad son absoluta conditio
sine qua non para que pueda existir Algo en lugar de Nada, puesto que hoy
sabemos -desde Einstein- que en este cosmos todo es relativo a un único absoluto:
la velocidad de la luz, que es invariante, se mida desde donde se mida.
Por
lo tanto, las políticas que pueden aplicarse para mejorar la insufrible situación
actual, no es sólo que sean posibles, sino que son, en potencia, infinitas. Y ésta,
si no la peor, debe de ser una de las peores, habida cuenta de que un mínimo de
sensata razón aplicada a la experiencia del pasado, nos puede hacer ver que un
progreso hacia una inalcanzable meta utópica como la sociedad comunista, sin
esa fuente de corrupción y malevolencia que es el poder institucionalizado en
los Estados, puede corregir el camino que, de seguir siguiéndolo, nos puede
conducirnos al abismo.
¿Por
qué no empezarla con una modificación en la equidistribución de la riqueza
mediante la Diké de un Ajuste proporcional de las obligadas contribuciones: que
cada contribuyente pague el mismo porcentaje de sus ganancias y renta? Pues,
sencillamente, porque los detentadores reales y auténticos del poder, no los
políticos, sino los plutócratas, no quieren.
Y eso, me temo, es lo que ha llevado a tanto
masivo trabajador pre-parado a creer que no se puede hacer otra cosa, porque,
además, no existe ninguna otra cosa mejor.
Y
sí se puede.
Piénsese
-hágalo quien pueda y quiera- lo que ocurriría si en vez de empujar la sisífica
piedra de la economía -que va cuesta abajo- para sufragar la riqueza del Plutón
que nos espera en la cúspide de la cuesta, a la hora de la siguiente subida de
las tarifas eléctricas, todos nos plantáramos y no encendiéramos durante x
tiempo ningún aparato o chisme que necesite de energía artificial para funcionar,
hasta que los capos nos bajaran el montante del perpetuo latrocinio de sus
facturas de injustificado e indiscriminado encarecimiento codicioso.
Lo
harían.
Y
podemos.
Lo
que nos pasa, y eso es lo -aún- peor, es que, por comodones, apocados y pusilánimes,
no nos da la puñetera gana.
Pero,
insisto: querer es poder.
Y
poderse, sí se puede.
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