jueves, 12 de septiembre de 2019

SÍ SE PUEDE


Contra el SISifismo. Urgencias de Ruptura con el Claustro Ideológico vigente.

El neoliberalismo se ha convertido en una religión; está en todas las mentes y todo el mundo cree que es lo normal.
Susan George

El neologismo que acuño en el título se basa en la derivación de las tecno-siglas de (a nadie que haya seguido estos ensayos le sorprenderá) Castoriadis (SIS: Significados Imaginarios Sociales, y de ahí las mayúsculas del término), pero también en un juego anfibológico de radicales léxicos, a partir de los del sustantivo SISa y el verbo SISar que, entre otras cosas, significan robo y robar, por un lado; y, por otro el del nombre propio del personaje mítico Sísifo, aquel rey e rico-home  avaro y mentiroso que, para aumentar el caudal de sus riquezas, asesinaba a los viajeros que visitaban o atravesaban sus tierras y a quien, aunque no por ello (esos delitos les importaban a los amorales dioses arcaicos un maldito bledo) fue condenado por Zeus en el plutónico Hades al castigo eterno de empujar rodando cuesta arriba un peñasco que, una vez alcanzada la cima destinataria volvería a su lugar de partida, -se dice que- rodando cuesta abajo, pero no es ese método tan tosco el que usaba la redonda roca, símbolo solar -debe pensarse, adelantando conclusiones, que en los evos líticos de las creaciones míticas las energías del sol y de la gravedad era casi las únicas consideradas como tales en las conciencias de los hómines-, para hallarse en una suerte idéntica al como-si-nada de la situación de salida previa a la aplicación del sisífico y extenuante esfuerzo del sufridor; no: ese redondo pedrusco era hecho desparecer por consumición alimentaria cuando llegaba al objetivo de su alto tope por la magia infernal del Rico -en griego: Plutón- que, mediante algo así como el efecto túnel descrito por la mecánica cuántica, la hacía aparecer de nuevo en su estado de menor energía para que la fuerza muscular de condenado la cargara en su forzada ascensión.
            El Sisifismo inherente a nuestro vigente y actual sistema de SIS, ya comentado por aquí y por allá (Proyección de Culpas…, Psicoanálisis filantropológico del Transconsciente…, De la vigencia filosófica y científica de…) no es, desde luego, sólo propio y característico de ahora, sino más bien de todos los entonces y siempres que capitulizan la Historia, y puede que también la Pre-, de la inhumana Humanidad: la Explotación del Hombre por el Hombre que tematiza el leit-motiv de un cuento real de terror que ya dura demasiado. Lo que en la actualidad hace más urgente nuestra ruptura con la clausurada vigencia de esta predominante Sisifia, bajo cuyo grave peso cargante nos empeñamos en mantenernos sometidos y sumisos, aparte de su molesta inmodestia hipócrita cuando defiende lo indefendible del presente, frente a un superado pasado de opresión y autoritarismo, supuestamente corregidos por -la falacia de- la democracia neoliberal, es que esta vez el sisífico pedrusco de nuestro -nunca mejor dicho- des/comunal y desproporcionado sistema infernalizante puede, en efecto, aplastarnos a todos con su siguiente y próxima caída y mandarnos a su plutónico infierno, por orden de un Zeus ensimismado con su codicia de poder económico, sucesor de las bélicas armas que prefigurara como símbolo metafórico el Rayo del Tonante.
         Hay una serie de valores que están siendo puestos en entredicho en los tiempos que corren: y las libertades democráticas junto con la equidad en la distribución de la riqueza vía contribuciones justas son la víctima de una agresión que se prepara desde la economía de crisis.
         No es sólo ya que el maltrato violador, irresponsable y suicida de la femenina madre Naturaleza esté siendo negado por la praxis de la ideología neoliberal que pretende justificar el injusto -por definición- capitalismo salvaje y bárbaro-nórdico imperialista encarnado en la -mala- Bestia Apocalíptica de Trump y sus secuaces y acólitos contra toda la autoridad de la sabia evidencia científica; no es sólo que el fascismo neonazi esté empezando a campar por sus terribles e indignos respetos en todas las democracias formales en informales de Occidente; no es sólo que la explotación, que antes se concentrara inicua y arrasadora en el mísero Tercer Mundo esté ahora afectando a las clases trabajadoras o paradas sin subsidios del Primero; no es sólo que los partidos antes socialdemócratas se hayan vendido a los sobornos de los plutocleptócratas, dejando a los obreros con salva sea la parte de su estragada anatomía al aire, traicionados y abandonados a su desoladora menesterosidad; no es sólo que el Interés Económico se haya convertido en el único ideal motivador de todas la ideologías, inclusive la del ex-estalinismo maoísta de China; no es sólo que la traición de Stalin y de los sucesivos y fracasados herederos estalinistas haya contaminado el bellísimo ideal, no por utópico menos necesario, y hoy más que nunca, del programa de Marx y Engels en su Manifiesto, hacia una sociedad comunista sin Estado, en donde el único gobierno preciso sería el de cada ser humano sobre sí mismo, logrado como consecuencia de una educación general al servicio revolucionario de una moralidad solidaria y respetuosa con los derechos de Todo el prójimo, sí, haya contagiado, decía, a todos comunismo posible, también el Eucomunismo, o Comunismo del Bien Común, de un virus que nos hace verlo como un malintencionado y diabólico método falaz de imposición del Terror Totalitario, dejándonos sin esperanza de alternativas para esta situación límite, próxima al precipicio de, si no la total extinción, la demoledora precariedad y penuria del 99% de los habitantes de este planeta; no es sólo.
           No: no es sólo eso.
           Es que, además, el trabajador pre-parado, ha sido en su servil inocencia convencido, no ya sólo de que la política económica que se está implantando y llevando a la rpácti en todo el globo sea la única posible, lo cual es matemática -probabilística- y objetivamente falso, sino, más falso aún, que la misma es la mejor de todas la políticas posibles.
        El argumento, que no razonamiento, puesto que nadie que argumente tal cosa ha podido -es imposible- deducirlo por razón ni con razones, es semejante, y lo recuerda, a aquello que se le ocurrió al gran Leibniz para justificar lo injustificable: que un Dios Creador Todopoderoso y de Bondad Infinita en Su Perfección Absoluta era compatible con existencia del Mal en su Creación: un Ser Omnipotente que haya creado un Cosmos lleno de dolor, sufrimiento, injusticia y miseria no puede haber sido Demasiado Bueno, y en ese NoDemasiado hay un límite para -ya no- infinita bondad; si, por el contrario, sí que es, en efecto, absolutamente Bondadoso, es, entonces, porque No ha Podido crear un universo mejor, lo cual implica un límite para su Poder. Así la balanza de la Justicia, o la Diké, de esa Justificación de Dios, o Teodicea, se desequilibra ante una Paradoja de imposible resolución lógica.
       Bien. Y ahora, se dijo el filósofo cristiano protestante que, por ello, quería sostener racionalmente todo Teísmo, ¿cómo justifico esa injusticia o esa falta de ajuste
entre los extremos incompatibles y autoexcluyentes del contradictorio Dilema? Y se contestó, como se sabe, en público escrito: Dios es Perfecto en su Bondad y. aun así, Todopoderoso, porque ha sido Totalmente Capaz de crear el Mejor de los Universos que pueden ser creados, el Mejor de los Posibles. De poderse crear otro mejor, lo habría hecho. Lo cual no es implícita limitación para su Poder -ni para su Bondad-, dado por definición lógica lo Imposible es lo que No Puede Ser, y Dios no puede hacer Absurdos, ya que, en tanto que Logos, es el Sumo Fundamento de la Lógica. Ergo: ese NoPoder no es Carencia de Poder en Dios, sino necesaria articulación de la Ratio con su Matémata.
        Y Voltaire, también como se sabe, en su novela Candide, protagonizada por ese tal Cándido discípulo del leibniziano profesor Pangloss, que enseñaba que la nariz había sido creada para sujetar las gafas, se pitorreará del optimismo cósmico del germánico filósofo, contando una historia de desdichas que le suceden al pupilo y la maestro, quien en las más fastidiosas y sufridas circunstancias se empeñará en defender, razón filosófica mediante, lo contrario a lo que les muestra a ambos la terrorífica y dolorosa experiencia de sus insoportables padecimientos.
       Parece que la experiencia del mal nos dicta una lección contra la metafísica o la teología racionalista.
         ¿Cómo extrapolamos ese episodio de la Historia de la Filosofía al dilema social contemporáneo, o a cuento de qué les cuento o recuerdo esa paradigmática anécdota?
           Fácil: ni este mundo es el mejor de los posibles, porque todo es siempre susceptible de mejora, ni estamos, como predica otro filósofo, ahora actual y gringo, Samuel Dennett, crítico de la leibiziana teodicea, en el peor de los posibles, porque de ser peor se derrumbaría (o ni habría llegado a existir, en vez de nada), ni el mal ni la maldad son absoluta conditio sine qua non para que pueda existir Algo en lugar de Nada, puesto que hoy sabemos -desde Einstein- que en este cosmos todo es relativo a un único absoluto: la velocidad de la luz, que es invariante, se mida desde donde se mida.
           Por lo tanto, las políticas que pueden aplicarse para mejorar la insufrible situación actual, no es sólo que sean posibles, sino que son, en potencia, infinitas. Y ésta, si no la peor, debe de ser una de las peores, habida cuenta de que un mínimo de sensata razón aplicada a la experiencia del pasado, nos puede hacer ver que un progreso hacia una inalcanzable meta utópica como la sociedad comunista, sin esa fuente de corrupción y malevolencia que es el poder institucionalizado en los Estados, puede corregir el camino que, de seguir siguiéndolo, nos puede conducirnos al abismo.
            ¿Por qué no empezarla con una modificación en la equidistribución de la riqueza mediante la Diké de un Ajuste proporcional de las obligadas contribuciones: que cada contribuyente pague el mismo porcentaje de sus ganancias y renta? Pues, sencillamente, porque los detentadores reales y auténticos del poder, no los políticos, sino los plutócratas, no quieren.
         Y eso, me temo, es lo que ha llevado a tanto masivo trabajador pre-parado a creer que no se puede hacer otra cosa, porque, además, no existe ninguna otra cosa mejor.
            Y sí se puede.
            Piénsese -hágalo quien pueda y quiera- lo que ocurriría si en vez de empujar la sisífica piedra de la economía -que va cuesta abajo- para sufragar la riqueza del Plutón que nos espera en la cúspide de la cuesta, a la hora de la siguiente subida de las tarifas eléctricas, todos nos plantáramos y no encendiéramos durante x tiempo ningún aparato o chisme que necesite de energía artificial para funcionar, hasta que los capos nos bajaran el montante del perpetuo latrocinio de sus facturas de injustificado e indiscriminado encarecimiento codicioso.
            Lo harían.
            Y podemos.
           Lo que nos pasa, y eso es lo -aún- peor, es que, por comodones, apocados y pusilánimes, no nos da la puñetera gana.
            Pero, insisto: querer es poder.
            Y poderse, sí se puede.

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