lunes, 2 de septiembre de 2019

YOGA JUBILAR

Desde mi hueso cuqui, donde el rabo
alguna vez estuvo, kundalini
la serpiente/energía se alza al cabo
de mi cabeza y ya me deja ni-ni
(ni estudio ni trabajo) como un nabo

invertido. Y el paro que lograra
-tras 30ymuchos años de agüante
soportando al niñato y al majara
de su padre, peor, de mucha cara
más que el pupilo, y que si arroja el guante

contra la mía lleno va de plomo
y es de boxeo, no de caballero,
porque dio el pelotazo y más dinero
tiene que yo, y presume el ruin maromo
de superioridad, de su plumero

de inculto y de vulgar, como si digna
tal cosa fuera- es vacación y ocio
permanente, que ocupo en sacerdocio
de la diosa Belleza, que designa
el Bien y la Verdad, y tanto beocio

considera utopía por fantasma
evanescente tras el horizonte
en fuga incierta, pues jamás lo pasma
ninguna maravilla, y sufre de asma
si al risco escala del Carmelo monte

que nos lleva hacia el cielo de la Idea
fuera de la Caverna, si no esclavos
somos, alzando nuestra cola, pavos
ignorantes del Dedo que menea
el Plectro Sabio por la Lira, ochavos

mendigando obsesivos, siendo dueños
del oro del trabajo, de la alquimia
de la energía activa. Por mis sueños
navego o nado, mientras que la nimia
realidad hipnotiza a los pequeños

de alma y canto, muriendo en el intento
de hacer la Luz, igual que Dios. Me plazco,
en mi gusto narciso y en el cuento
o ficción del que vivo y, si renazco,
es por haberme conocido un ciento

de veces como Adán a Eva. Hembra
mi ánima se anima con la siembra
y queda en concepción por dios interno
de un cosmos mínimo creador que membra
al Máximo, y Jiménez creyó eterno

-el  uno como el otro-, si en concilio
proporcional y justo (sí: simétrico)
de contrarios por grado algún idilio
deseante fluyere por el métrico
verso, y Manuel Altolaquirre, Emilio

Prados y otros, pensaron que eran cauces
de la Fonte que en vómito sus fauces
abría, como aquel Sapo del mito
Montruoso, al que el héroe en vez de un grito
de guerra con su rayo como a sauces

puso a llorar de risa con un chiste
que le hizo echar la papa de las Aguas
que se había bebido, a tantas fraguas
del desierto su sed librando: embiste
la Gracia en su diafragma, y las Piraguas

de Noé ya navegan y nos salva
con su Verbo, Elohim, de Yahvé, el demi-
(gnósticos dicen) urgo, porque semi  
tonto, déspota este, o deja calva
la bola del planeta en antifemi-

nismo de Alfa, o bien la inunda Omega,
por ser Él solo el Uno; y, al contrario,
Aquel siempre es plural (Los-Dioses, vario
su nombre reza, cual la demo- juega 
cracia al parchís con parties, al falsario

unitario falsando, o fiestas, donde
se celebra el Común Bien, que se esconde
detrás de la obsesión por el Dictamen
en solitario exclusivismo. Tramen
lo que tramen los mónacos, responde

el hierofante a la canción chamánica
mía: “Entre brumas de erupción volcánica
vale el Yahvé celoso, no Los-Dioses/
Elohim generoso con su pánica
integración de todos, sin las toses

del cráter carrasposo”. Así la musa
me lo revela. “Pero, psique ilusa
-la masa clama-, necesario es Uno
que dé con mano dura a la difusa
distinción, que el caótico cabruno

nos quiere iguales” -aunque en la miseria,
mientras él en el vértice se marca
de la pirámide como jerarca
absoluto un penalty en la materia
biológica, importándonos la Parca.


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