MNEMÓSYNE CANTÁBILE. Negro humor. O atrabilis.
Aquí yace Groucho Marx: discúlpenme si no me levanto.
Graucho Marx
(atribuida)
Se me echó y yo me fui. La alternativa
busqué y le vi los cuernos en acecho
a esa Tora Pagana que una viva
cornada quiso darme sin derecho,
y derecha me dio, y me echó del lecho,
de revés, en la crisma pensativa.
Tan aislado quedé que perdí el wifi
y, aun así, presa -un pupa- de una Gafe
o Diosa Diana, cual, sin culpa, la Ifi-
genia, sin genio de corcel que piafe
ante la injusta fusta, el rifirrafe
sufrí. Me conecté, y de nuevo un rifi-
(valga la tmesis) rafe, en electrónicos
correos me partía por el medio
de comunicación con sus canónicos
asaltos insultantes, sin remedio
ni repuesta posible, del promedio
general de las doxas por, demónicos,
mis modos conductuales, de la crítica
dïana yo; y peor sufrí. Inconexo
quise estar otra vez, porque la mítica
leyenda de don Juan, al pluri-sexo
culpable de adicción, con su convexo
puño lingual hieródula, si pítica,
sibilina, perdido el norte ético
decía que tenia, porque había
obedecido su orden del profético
“acabarás tirado” y una fría
madrugada iba a hallarme cualquier día
en un charco de alcohol como un poético
Edgard Allan. Penado al ostracismo
sumiso me fugué, pero a la busca,
no esperada por ese catecismo
de Inmaculada, de una pelandusca
Magdalena. Y el Verbo se hizo chusca
dependencia de Carne, y ya lo mismo
no pudo ser, porque una cosa es fuera
del hogar exilarse a la amargura
de calle Soledad, sin primavera
ni calidez humana, y otra, dura
al estado civil, es cara cura
de humildad, dada por extraña esfera,
padecer. La lecciones aprendidas,
sin embargo, no fueron; ya de nuevo
sólo, acabado, enfermo como Midas
envenenado de oro como cebo
venenoso volví y tomé el relevo
de una egipcia Bastet de 7 vidas
la última; y así, visto y no visto,
resucitado como en la cosecha
tras su muerte Dioniso, como un Cristo
he pasado 3 evos en la Brecha
Infernal espantando a la Derecha
por librar a los Justos, y rechisto,
del limbo, a pleno grito, el del Susurro
del cósmico Ciclón que corta el Ciclo
del Eterno Retorno. Y ya no en burro,
que he resultado, monto en mi triciclo
seguro, como un niño, y me reciclo
en jubileo y, jubilado, curro
por hobby y vocación y me dedico
a cantar estos versos y esas prosas,
y a mí, como regalo del más rico
siglo, el de Oro, de las letras rosas
chillonas -porque zarpas clamorosas
son: simbolistas-, mientras pluma y pico
empleo y pala y torno de alfarero
al constrüír el Ánimo a la Imagen
de la divina Semejanza, rajen
quienes rajen mezquinos de este esmero,
de este esmerarse para que trabajen
mis manos y de todo el mundo, entero,
en hacer nuevo el mundo, equitativo,
única salvación, y me proclamo
protesta de aquelarre,
que me chivo
contra el Amo y en pro de los que amo,
que ojalá fuerais todos, y hago el tramo
del Sentido, o tal es el objetivo
que intento conseguir y que persigo,
aunque a veces me frena este mal trago,
pese a que soy, por vate, como un mago
milagroso, sufriendo cruel castigo,
de no poder sufrir al enemigo
ni amarlo, menos, porque, casto yago:
“Aquí yace Fortuny, y ya no sigo,
que hartísimo ya estoy de hacer el vago”.
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