del tipo antidemócrata, si en verso
lo hago, pretendido algún converso
y superfluo a la fe que nos airea
de libertad el Globo, con obstétrica
intención de doctrina tira a bulto,
tratando de ofenderme con su insulto
y darme clases de poesía y métrica.
La lección le demuestro, ya maestro
y doctor, que me sé desde pupilo.
Y por más que razone con estilo
filológico, nada le demuestro,
pues se empeña en cerrarse en banda estricta,
repitiendo la misma cantinela,
queriendo hacerme comulgar con muela
de tracción animal, como vindicta
por esa humillación y ese ridículo
que él mismo se ha infligido por soberbio,
intentando ilustrar con un proverbio
falso por necio y sin ningún currículo
de arraigo en tradición de escuela sabia,
sino sólo en el
círculo vicioso
de su severa obcecación. Su acoso
fallido por rebote en esta labia
estrófica en razones, o aforismos
en prosa, lo desarma, y pliega remos.
No se da cuenta de lo que podemos
el impotente, porque sus tropismos
ideológicos poco entrenamiento
le permiten en juegos deportivos
con la verdad -e ignora los motivos
de su reacción- ni en el razonamiento.
Azules de zafiros, o cobaltos,
mas de bisutería, o
gnomos, frágiles,
se ponen negros ante driblings
ágiles:
sólo saben de insultos y de asaltos.
Mas si raudo en el ring esquivo y finto
y el golpe les devuelvo, pronto rinden
el castillo, humillados, y prescinden
de su agresión que, como aviso, pinto.
Mas si raudo en el ring esquivo y finto
y el golpe les devuelvo, pronto rinden
el castillo, humillados, y prescinden
de su agresión que, como aviso, pinto.
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