martes, 31 de diciembre de 2019

CRUZ DE JESÚS.

Sonetos desde el Margen (Sátira simbologista al perdido Peneo).


I. ¡Jesús!: con tu visor, por estornudo,
ciego ante mí, me vetas y me anulas
de tu foto, movido; dí, si mulas
poéticas, tus cuadras, y el embudo

me estrechas con tus malas formas chulas
de asno engallado, por qué gruñes rudo
conminando al jurado, tal forzudo
violante, cual forzada, y por qué ululas,

sirena engañadora de lectores
que aspiran a ser cultos, tú no siendo,
que te tienen por faro: ¿serás cíclo-

pe y tragas crudo al reverendo
aprendiz inocente? Ya no chores
del erario, fachenda de tri-ciclo.

II. Los ciclos se repiten, tal pimientos
que te engulles por gula y latrocinios,
colaboracionista de exterminios,
por corrupción podrido. Pensamientos

florales mustios son los aluminios
de tu olla sin alma y mordimientos
re- (¿ves estos hipérbatos violentos
léxicos-intra?). Ricos tus dominios

de la materia son; mas del espíritu,
nada de nada; que pudor te falta,
que quiere que me haga el hara-kiri tu

fe en que no vendo. Cierto: no me vendo.
Y así irídico no alza ni peralta
tu arco su flecha, al lucro, ni pidiendo.
                                                                                              
III. Te tienes que apoyar en un mediocre
medroso trepador, que Dios los cría.
Qué sabrás, editor, de poesía,
si sólo entiendes de ganancia, ocre

tu gris materia pocha, que ya procre-
no puede ar (¿pillaste mi porfía
de estilo en esta tmesis? ¡Qué osadía!).
Miedo medroso a pérdidas te dio cre-

matísticas Codicia: beneficios
mafiosos te interesan, no las artes
poéticas, y ¡editas poesía!

-que es mero prosaísmo-, ni artificios
(¿estos pillaste?; sé que no). Sus partes
tu mano así jamás se pillaría.

IV. Variación: si tu trono es del mediocre
y el malvado, o mediocre por malvado,
¿te extrañará que sueñe en otro Estado
más lisonjero verme? Como el ocre

de cuerpo cadavérico, no ad hoc cre-
mado, exprofeso, pescador a nado
en el revuelto río, ya lavado
el cerebro mundial, a electroshock re-

pugnante, por su pugna de tramposa
zancadilla al rival o con censura
de dictador capo di mafia, que le

pueda eclipsar brillando como diosa
Venus Lucero, o Luna, tu conjura
 de vil maquinación, qué mal me huele.

V. Apestáis por corruptos ganapanes
y vinos de la víctima expiatoria.
La cargáis con su cruz, como la historia
se repite pepino: supermanes

os creéis confundiendo los desmanes
de intriga vuestros, dándome achicoria
por café, dando, gatos, pura escoria,
por liebre, por poesía, por truhanes

expertos: nos vendéis la mala prosa
de vuestra astucia ruin, y hacéis política
derecha so disfraz de lo contrario.

Ay, valiente camelo de medrosa
empresa re-torcida y anticrítica
de dictadura, a costa del erario.

VI. Pero ya me da igual: soy un Pessoa,
salvando las distancias, o una Emilia
Dickinson, y me asquea la Familia,
de Gringolandia como la Lisboa

de Caetano u Oliveira, boa
constríctor de su pueblo, cuya filia
es fobia a mí, que mata, por vigilia,
o del Trasero Patio. De la Stoa

se necesita de Zenón de Citio
para impedir que nos agobie el sitio
y el cerco marginante que nos echa

del Derecho al exilio de la Gloria.
Centrífugas a vueltas de la  noria
me queréis, siendo mulas, de derecha.

VII. Robaperas, que dices que son flojos
mis versos y mis libros, y los plagias,
¿nunca te hartas de mis hemorragias,
garrapata, sorber? Tus versos cojos

y ramplones ¿pretendes que son rojos,
cuando son aguachirri? Porque magias
tienen pocas, y tus antropofagias
plagiarias menos, y aunque mil cerrojos

le has puesto al loft tirando al mar las llaves,
bien que me espías con tu catalejo.
Pre-cárcel tu mansión por penas graves

de sinvergüenza merecidas, viejo
chorizo meretricio, ¿tú que sabes
de poesía, so censor pendejo?

VIII. Dices que me autoedito y no publico
ni pagando, y así te contradices:
o una cosa o la otra. Cuando atices
a tu envidiado, apunta bien, Perico

de los Palotes, lengua larga, chico
de cerebro y lingüística. Felices
los que ven más allá de sus narices,
los que no se las tocan -si les pico,

será que comen ajos- al objeto
de su cochina envidia psicopática.
Si nada hay que envidiar a este cateto

que nunca publicó, según tu plática,
sus 17 obras, ni un soneto,
será que mentirá la matemática.

IX. Médico de tu honra, el puñal clavas
a mi espalda en la víctima inocente.
¡Ya hay que tener valor y ser valiente
para meterte con bebés de babas

y pañal!, nunca Infantes, cuyas clavas
hercúleas son, Reales, y los dientes
su ironía te enseña. No te enfrentes
con gente de tu altura, que te trabas

al ponerte nervioso y la bloqueas.
¡Valiente saco con mojón de ideas
trasparente estás hecho!, cobardica.

Engallada gallina, qué te crees.
No afees tu conducta, no la afees.
Y métete, en verdad, con quien te pica.

X. Soy un poeta culto y culterano.
Y soy así porque me da la gana.
Y digo lo que siento, que mañana
tarde será y mi día, y si el tirano

autoelegido trata de echar mano
al pincho del insulto por la insana
psicopatía del creído, afana
o plagia y me margina, será en vano,

porque el impropio brillo no ilumina
sino a la estrella fuente; y si le inclina
su complejo, inseguro de sí propio,

a echar de su pirámide al genuino
poeta, hará el cretino, por cretino,
chutando en propia puerta un gol de opio.

XI. Te colocas, fulano, te colocas
tú y tu compinche de tu jerarquía
empresarial, el faraón que pía
versículos de falsas biblias locas.

Jesús con el hatchís, con el perico
Pedro, y ambos detrás de la heroína,
y el doktor eclesial sin vitamina
mental, peor. Y a mí, que me dedico

a declamar sonetos, shakespeareano
éste ahora, y clamar contra lo injusto
me queréis acallar dándome susto.
Y a mí no me lo da ningún fulano

profesional que gana si se vende,
como fulana, pues, o lo que pende.

XII. No obstante, volverán las golondrínas
y siempre treparán las madreselvas.
Mejor será, por ende, que resuelvas
la ecuación. Te han tocado tantas chinas

que te la juegas sin temor. Pamplinas
no aguanto más. Ya para atrás no vuelvas,
que no se puede, mas a cachos melvas
o pedazos de atún y sus rüinas

mostrar tal como son sí que se puede.
El banco está quebrado para el Ictis
y el crïado de caza, porque hiede

pútrido el par. Y ya mi supernova
sus caras muestra, e Sólibus Invictis,
de las hienas que siguen a la loba.

XIII. Alobado licántropo que Remo
me quieres muerto por tu propia mano
porque me consideras un marrano
o un judío secreto, no te temo.

Tu operación no alcanza el hondo extremo
a estas alturas, ni tu gloria el cano
monte que el alba alumbra, so verano
falso, que te has creído, torpe memo,

que trepar es lo mismo que poesía
hacer, y me confundes tu carrera
de intrigante hasta el loft y cacería

de herejes con el arte verdadera:
ha llegado la hora de tu día
H y D y ya no brillas, aunque muera.

XIV. Porque Apolo no muere: su retorno
es eterno y dïario (como Elíade
enseñó y antes Nietzsche), y si su dríade
se le plantó, velando fiel su porno

con hojas de laurel y el tosco adorno
de su corteza, alumna de la Tríade,
cuando Peneo la amparó, aquel día D
contra el Brillante Estrella, sigue su horno

y el de las otras dándonos partículas
atómicas que son nuestra materia
y nuestra luz, aun sin corona poética

lucida. No me luzco, ni ridículas
ambiciones me lastran, porque seria
el arte es para mí e implica ética.

XV. Artemisa, la Virgen cazadora,
Perséfone, la olímpica del Hades,
y Hécate, la Hechicera, 3 cofrades
de Trinidad, que Dafne, encantadora,

trasunto de la Luna soñadora
y mística, del Eros las maldades
evitó y las torturas de los Sades,
porque quiso de sí ser la Señora.

Igual que yo de mí señor. Me mandas
al destierro: rival soy peligroso
por datos ciertos que no ve el sonámbulo

falso apolo, de mí tocado en andas.
Dafne yo, tú de estilo cojo y soso,
te caes de mi cruz por mal funámbulo.         

 XVI.  Y, al fin, este estrambote: crucificas
a tus rivales y sobre ellos subes
a sus más altas nubes, robanubes
y te picas, te picas y te picas.

Dices ¡Jesús! y el soplo abre las plicas
para saber si hay ángeles querubes
de poesía, no socios de clubes
-o inteligentsias  sinvergüenzas chicas

de poetillas sin poesía-, que aspiran
a la victoria infame de tu premio,
pobres diablos luzbeles que deliran,

ajenos a los logros de tu gremio
tratando de ser tú. Mas se los tiran
tus fanáticos siervos, Baco abstemio.

Y XVII. Pues por lo visto no se acaba el cuento.
Cuánto cuento tenéis. ¡Vaya chorizos
estáis hechos! Rizando muchos rizos
hüís hacia adelante. Mas memento

mori: se acaba todo; y el lamento,
llanto y crujir de dientes, en chamizos
y chabolas los libros enfermizos
que publicáis y anémicos, de lento

y plúmbeo ritmo circulo-vicioso,
se pudrirán, que no tenéis futuro.
Vuestra víctima de hoy será el coloso

de mañana: que soy un tipo duro
de brillantez como diamante puro,
y no, como vosotros, un mierdoso.



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