O
YO SOY POETA POR LA GRACIA DEL YO.
Ironía narcisista -Anfibologos trascendental.
El carácter es el destino.
Heráclito
…el arte es lago y, además, no importa.
A. Machado
Enorgullécete de tu fracaso
que sugiera lo limpio de tu empresa.
García Calvo
Todavía te queda muy distante
ese país incógnito que sueñas.
Darío
El sol, capitán redondo,
viste un chaleco de raso.
Lorca
noble pino del Ponto...
Horacio
El sol, capitán redondo,
viste un chaleco de raso.
Lorca
noble pino del Ponto...
Horacio
0. Eres un fracasado. No te tiene
en cuenta ni la madre que te trajo:
al todo el mundo importas un carajo
-sea el salvaje o el de la Ecumene.
Nunca has sabido lo que te conviene:
te ha dado tu Ideal mucho trabajo,
para acabar bajo un escupitajo
o en cuadrada raíz de ˗ n.
Sabes tener un don que fertiliza:
la inversión de tu importe, que es fecundo
si no en ajeno, sí en tu propio mundo.
Te inventas: ser poeta te realiza
(aunque te deje solo en tu profundo
Sí-mismo el rey montero de Süiza).
I. Ser poeta no es algo que uno pueda
decidir por sí mismo. Mas tampoco
nadie más. Lo que sí se puede es, loco
metódico, intentarlo. La vereda
de cabra al monte te alza hasta la zeda
de un alfabeto inverso y, si tu Coco
alcanzas no es de palmas, sí del moco
del pavo del bebé, por bravo aeda:
con el idioma luchas por deporte
y por tal, para el Otro, el pobre idiota
haces, si él juega, el pobre, a ser pelota
del poderoso pie que pierde el norte
confundiendo, si gana cuando anota,
poesía con triunfos en su Corte.
II. Y el galardón tú mismo te concedes
por vocación de buzo en las honduras,
bien de la mafia, trepa a tus anchuras,
bien de la musa que te dé mercedes,
tu novia, benz -de Joplin-, si es que puedes
hacer sonar la flauta por las puras
casualidades de la vida. Duras
las dicta el Capo cuando entre paredes
te aísla por temer la competencia
que le eclipse su insano monopolio.
Pero, por mucho que emborrone el folio
para justificar su necia ciencia
de tropismo trepista, sólo polio
muestra su pie en el metro, y tu paciencia.
III. Y tu esperanza. No te desesperas
porque sabes que sabes lo que sabes,
que es la nada socrática, y las aves
de tus figuras y de tus quimeras
son interrogaciones delanteras
hacia la meta -o gol-, buscando llaves
agonistas de puertas hondas, graves,
que Euridices encierran, cancerberas.
Pero nadie es Orfeo: no lo eres
tú; ni tampoco el otro que hace el mono
para llegar a Faraón. Tu encono
digno tampoco es necesario. Ceres
volverá a germinar con o sin trono.
E importarán su luz los luciferes.
IV. Y en el fondo qué importa. Ya tu apuesta
biográfica jactada está: ya ganes
o pierdas, lo que importan deben Panes
y Bacos ser de Cristos. Tu protesta
testimonio de alturas es, si a cuesta
lo llevas cuando cantas. Si truhanes
te denuestan o ignoran, son tus Manes
genéticos y Azar, si no te tuesta
el Arrimado al sol que por la cara
con su infrarrojo rayo pre-vïola,
que más caliente, con su macha ola,
tu recompensa, y piensa que es más cara
para tu corazón, si a la española
no te dejas freír, como un majara.
V. Tú vuela hacia el abismo, aguda sonda
sensible enarbolando aventurero
a ver qué sale, nunca por dinero
ni fama, como piedra de tu honda:
casi gráfico signo de redonda
pregunta y luego recta, como un cero
que lanza recta onda de minero
volador al origen, cuerpo y onda
parvos en par y, al fin, filosofía
por atractivo extraño del misterio
a la aventura, si no heroica o santa,
cabal divertimento de poesía.
Tú con-mociónate con tu salterio
y apuesta -de Pascal-. Y canta, y canta.
VI. Que ya viene la traca, si estrambótica,
como de triple 6, apocalíptica.
A poco que te salgas de tu eclíptica
auto-programación, anti-robótica
para el rival, curvándose asintótica-
mente su mente al horizonte críptica,
un solsticio de invierno, por elíptica
marginación, su navidad erótica,
resulta, cada vez que más, platónica,
buena se hace tu noche del corpúsculo,
y del Cuerpo Espacial, de claro músculo
espiritual, ü onda; y tu ex˗daltónica
visión ya no te engaña por mayúsculo
tu orgullo sin razón, camaleónica:
VII. Porque renaces dios en esa entraña
del corazón extraña del demonio.
Herodes te amenaza el patrimonio
genético que traes, y lo engaña
su vocación de rey que no se apaña
si no es rey Absoluto, porque moni o
poder y gloria busca, y a ti, jonio
filósofo poeta, no te extraña
que no quiera razón solar de lustre
ilustrado, o si sí, desde su poyo
de consorte imperial, es por justifi-
car su tiniebla con ficción lacustre
de Narciso ennortado por arroyo
a mar sin nervio solidario o wifi.
VIII. Y es que está del revés la Cosa Nuestra.
En vez de hacer el Bien Común, al malo
se le encumbra a lo más alto del palo,
mástil que fue de horca, y ya la orchestra
de siempre te chirría, cernicalo
(sic) dirigente, y carne de menestra
los músicos y escuchas sin aurícula
y ventrículo vacuo, por cenáculo
pillados en la trampa o tabernáculo,
cuerpo y sangre, de tonta, tan ridícula
del que se traga el cuento o la película
bien se merece el golpe de ese báculo
o esa batuta del colmillo dráculo
por que os dejáis cazar en su retícula.
IX. Y si a ti no te toca el autoengaño
del de abajo y arriba por tu propia
sensatez, no es tu mérito y, si copia
plagiaria, la abundancia de su apaño
afanoso te honra. Pero el daño
que te afecte ni con dactiloscopia
métrica o policial lastra tu Utopia
(sic -por sin tilde, sólo
tuya-) de año
en año nuevos, como escribe Lope
por cultismo, y, si no eres un mïope,
es sólo por fortuna en lotería.
No hay motivo de orgullo, ni del pope
ni tuyo; del deber, cumplido, a tope.
(Si eliges, libre, hacer tu poesía.)
X. Sea la incógnita el conocimiento,
si solucionas la ecuación. Si en vano
la buscas, por tu vía un raro viento
verás que te desvela un nuevo arcano
que ni esperabas. Con desdén lozano
mira al experto trepa, sin talento
para otras artes, a no ser de tiento
darle a la bolsa de su pobre hermano,
que otros talentos bosa. Sé tú mismo
y agradece tu suerte a la Fortuna
que, conocida por el dios abismo,
te concibió, y lo tuyo ha dado a luces.
Ni sana envidia sientas por la luna.
Que el arte tuya es sol, si llevas cruces.
XI. Y cruza mares, con paciencia, espera
que la marea fluya y luego embarca
y olvídate de falso aquel monarca
que, sin censuras, muere en primavera
por intentar hacerte, ya en su charca
revuelto, a ti la Pascua. Persevera
y, por precio de gloria, pasajera,
jamás aceptes ser, ladino, un carca.
Y si naufragas, pues la vida es corta
y no alarga tu mano al horizonte
por aneurisma y paro de tu aorta
y caer del Carmelo a medio monte,
has de saber que -y a tu fin disponte-
el arte es largo y, además, no importa.
XII. Y enorgullécete de tu fracaso
que sugiere lo limpio de tu empresa.
Si te has quedado
en sólo una promesa,
pública es sólo.
Sigue en tu Pegaso
frayluisiano
montado y por la espesa
eco-selva del
Cosmos vuela al paso,
al trote y al
galope y deja raso
el chaleco del sol, túnica fresa
de los crepúsculos
al horizonte,
y, hozando, juega a
ser Belerofonte,
velero de alas, que
no velas: sueña
ese país utópico
que buscas,
que soñar en un
bien, aunque tus bruscas
yeguas nocturnas te
amanezcan leña.
XIII. Del noble pino
del airado Ponto
ovidiano, discípulo de Horacio,
no le pidas perdón al César tonto
y más listo que Lázaro el espacio
sidéreo el leño enciéndase y, topacio
solar brillante navegando pronto
al alba, aun de Casandra, el cartapacio
decimonono ajeno deja nazi o
neo-Capo o el de siempre mal ecónomo,
y, común a las luces del astrónomo,
sigue las huellas del Poeta Tracio.
Pues que el Presente Ruin no te regala,
hala de ala y no bales y, ¡hala!: bala
de luz, vuela a Plutón de su Pancracio.
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