ANALISIS DEL RELATO "SINESIO DE RODAS" DE
JUAN JOSÉ ARREOLA. (En Confabulario.) Lectura
recomendada.
Lo primero que llama la atención en este texto es la
dificultad que supone un primer intento de clasificación del mismo dentro de un
género o subgénero concretos. Provisionalmente nos referiremos a él con el
nombre de "relato", pero sin olvidar en ningún momento su carácter
heterodoxo. Heterodoxia en cuanto al género, porque, de entrada no está claro
que de un relato ni de un cuento se trate. Hay que tener en cuenta que el texto
aparece en una colección de relatos breves en donde la ficción de las
situaciones, hechos y personajes es con frecuencia lo bastante evidente como
para que no podamos leerlo como una breve obra de ficción -una más- dentro del
contexto textual en que aparece.
Sin embargo en seguida nos damos cuenta de que tal cuento
o relato, que nos pudo haber parecido -con acierto- una ficción histórica, no
es cuento en absoluto, habida cuenta de que los hechos y personajes son todos
absolutamente constatables y cualquier persona de mediana cultura tendrá
noticia suficiente de su historicidad, fácilmente documentable en cualquier diccionario
enciclopédico. Tendemos a pensar, por tanto, que el subgénero dentro del cual
cabe clasificar el texto sería algo así como el de cuento histórico, del mismo
modo y con el mismo sentido que cuando decimos, por ejemplo "novela
histórica".
Esta denominación debe, no obstante descartarse. El
tono del cuento no es el de una narración que reconstruya una serie de hechos
históricos mediante un elaboración fictiva pero verosímil de las datos
conocidos, sino que el narrador se limita a reproducir a modo de artículo
meramente informativo toda una serie de datos tomados de libros de patrología
cuyos autores llegan incluso a aparecer citados dentro de la misma narración.
Esto sin embargo no acaba de sorprendernos del todo.
Arreola nos ha acostumbrado a lo largo de todos los textos de su libro de
cuentos o relatos, a utilizar tonos que no son propios ni del cuento ni del
relato tradicional. Recuérdese por ejemplo el uso del lenguaje típicamente
publicitario de los cuentos titulados "Anuncio" o "Baby
H.P", o del lenguaje propagandístico propio de los panfletos redactados al
objeto de conseguir fondos públicos o subvenciones que financien empresas que
quieren presentarse como beneficiosas para toda la humanidad (es el caso del
cuento "En verdad os digo"), u otro caso semejante del uso de
lenguaje propio de los artículos divulgativos de tema histórico, como es el del
titulado "Nabónides".
Eso es suficiente para hacernos sospechar de la que
antes creímos absoluta historicidad del tema, y pensamos que, lo mismo que en
"En verdad os digo" se mencionan principios verosímiles de la física
cuántica para dar irónica -y consecuentemente increíble verosimilitud (valga la
paradoja) a la anécdota sobre la que se monta la narración-, en el relato que
analizamos debe poder encontrarse una clave similar que nos indique
definitivamente su condición de relato de ficción histórica. Esa clave parece
estar en el único personaje al parecer inventado: Fausto de Milevio. Insisto:
inventado aparentemente. Luego se verá que este personaje, a pesar de su
intensidad funcional dentro de la estructura narrativa del cuento es también
históricamente constatable aunque no en diccionarios enciclopédicos.
Procederé a un rápido análisis de la función de los
personajes históricos para proceder luego por contraste con la función de ese
dudoso personaje de ficción.
Hay que entender, en primer lugar, que Paul Migne es
traído a colación exclusivamente para indicar los orígenes o fuentes de donde
han sido extraídos los datos que a continuación se narrarán y, consecuentemente,
aparece en ese lugar sólo para dar un tono de radical verosimilitud a la
historia que sigue. Es decir: no es un personaje sino una cita erudita que le
quiere quitar dramatismo al asunto de que versa la narración. Pero enseguida
aparecerán personajes que estando tomados igualmente del libro de patrología
del citado autor cumplen ya una función distinta, sobre todo si tenemos en
cuenta que los tales Orígenes y Clemente de Alejandría por un lado, y Valentín
y Basílides por otro, fueron personajes que influyeron decisivamente en las
ideas heterodoxas y, por lo tanto, en la vida del protagonista Sinesio de
Rodas.
Es sabido que Orígenes, que fue uno de los primeros
escritores cristianos dignos de tenerse en cuenta, acabó siendo condenado por
la Iglesia por su independencia de pensamiento, y que su maestro Clemente de
Alejandría mostró en alguna ocasión ciertas concomitancias con las doctrinas
gnósticas, una de las herejías más odiadas y combatidas por la primitiva
Iglesia constantiniana por razón de su anteposición de la sacralidad del
Conocimiento de Dios -la Gnosis- a la mera Fe que defendía la institución que
el poder del Emperador apoyaba. Entiéndase bien esto: el Gnosticismo defendía
una manera de acercamiento a la Divinidad que incluía la independencia de
pensamiento mientras que la Iglesia y el Imperio querían imponer un modo de
acercamiento que implicara el absoluto sometimiento de la mente a un Dogma
preestablecido por las "Autoridades" de la Iglesia.
Posteriormente se mencionan a dos de los más
destacados maestros del Gnosticismo y se esbozan muy levemente el quid de sus
doctrinas: la invención de Entelequias vivientes que con su Caída provoca la
existencia del Mal en el mundo, de las cuales se mencionan dos: Dínamo y Sofía.
Nos interesa sobre todo la segunda: la Sabiduría, según estudiosos del fenómeno
gnóstico, como Puech (1) y García Bazán (2), es posiblemente la entidad clave de
todo el movimiento religioso al que aludimos. Los Maestros Gnósticos la
conciben como el aspecto femenino de Dios, a veces el Espíritu Santo (3) mismo,
otras veces una Bellísima criatura angélica, según qué Maestro, pero en última
instancia un tremendo Poder que al producirse la Creación, es tentada por la
belleza de ésta, dando lugar a una Caída que la convierte en criatura
imperfecta, enamorada de la imperfección y por ello escindida de Dios y
finalmente causa no sólo del Mal, sino de la conciencia del mismo en las mentes
inteligentes. Sabemos que los gnósticos conciben la Creación como un acto
pensativo de la todopoderosa Mente Divina, que al pensar sobre lo único
existente, que es el mismo Dios Único produce un pensamiento reflexivo, un
reflejo (rasgo que aparecerá también, por ejemplo, en el sufismo islámico); y ese reflejo es todo el cosmos que no es más que una copia pobre de
la Divinidad, del mismo modo que una imagen en un espejo es una copia
empobrecida -bidimensional- de un original que nunca pierde sus tres
dimensiones. La imperfección de la copia es evidente y necesaria para que haya
copia, pero aún así es copia es algo nuevo, y la curiosidad por todo lo nuevo
tienta al aspecto femenino de la divinidad que se siente finalmente atraída por
el universo, produciéndose una escisión en la Sustancia Divina que, sin embargo
al ser infinita permanece también siempre completa. Y en ese limen entre la infinita perfección de
Dios y la imperfección de su Imagen, el Cosmos, cabe todo lo que se nos aparece
a nosotros como el Mal, idea que todavía que resonará en “Lo que dice la boca
de la sombra” de Víctor Hugo; paráfrasis sumaria: Si el universo fuera perfecto
sería, de nuevo, otro Dios, que no sería otro que el Mismo, puesto que ambos serían infinito, y el infinito, al no tener fines o límites, sólo puede ser uno, por lo que no se diferenciarían Uno del Otro en nada , sólo habría Un Dios: no se habría creado nada.
El Maestro Gnóstico debe redimir a la caída Sabiduría
elevándola de nuevo a la única Verdad (Dios) a través del Conocimiento Divino
(Gnosis).
El problema es que el maestro es, al menos antes de
conseguir la Perfección Gnóstica, un ser humano de incompleta y falsa
sabiduría, de facultad limitada de conocimiento, por lo que cada gnóstico debe
enfrentar su propio combate contra su limitada sabiduría. Y ese combate es un
combate mental, propio y particular de cada mente que quiera salvarse y por lo
tanto -y esto es lo importante- un combate individual. No creo necesario añadir
que ese combate al ser un combate mental contra la falsa sofía pero en pro de
la verdadera, sea un combate filosófico. Combate filosófico, insisto, que tiene
que generar miles de filosofías individuales, una por cada Maestro.
Esto fue de hecho uno de los argumentos que los
primeros padres de la Iglesia utilizaron contra la herejía gnóstica. San Ireneo
(4) los acusaba de no hacer caso de ningún libro revelado, de ninguna escritura
fijada -importante palabra- sino que cada cual inventaba lo que le parecía
según los caprichos de su imaginación.
Creo que con todo esto demuestro que el caballo de
batalla -y la madre del cordero- de la polémica antignóstica fue el problema de
la libertad individual. No en vano la rebeldía por soberbia es el pecado del
Principe del Mal, el Enemigo de Dios -la Sofía Caída para los Gnósticos.
Pues bien: de este individualismo libertario y
filósofico parte la proliferación de diversas mitologías gnósticas. Mitologías
que al ser monoteístas no pueden contarnos peripecias de los dioses sino de
criaturas inferiores a Él y de Él escindidas por multiplicación refleja:
ángeles.
Y es en ese contexto en donde aparece la obra del
protagonista. Es el escritor de una angelología de la que se nos dice que no
era tan excesiva como la de Basílides (5) o Valentín.
Se nos ha presentado pues al protagonista como un
personaje menor y por tanto menos malvado, hasta tal punto que la Iglesia se
olvidó hasta de condenarlo: no era enemigo para la Iglesia, no era peligroso
para el poder constituido, no era un verdadero rebelde: no era totalmente
demoníaco o gnóstico. Y es que de los ángeles de Sinesio se nos dice que son
los manipuladores del azar: "Por un mandato supremo los ángeles dispersan
provocan y acarrean los mil y mil accidentes de la vida. Los hacen cruzar y
entretejerse con un movimiento acelerado y aparentemente arbitrario. (...) Los
dibujos del azar se trasforman ante la mirada eterna en signos cabalísticos que
narran la aventura del mundo", escribe Arreola. O sea: los ángeles crean
el azar, lo aleatorio y, por lo tanto, caótico -maligno- del mundo, lo injusto,
lo desigual, lo desproporcionado del mundo. Pero ese azar -y todos sus
mencionados atributos- no es tal: nosotros no le vemos ningún significado a los
juegos de los ángeles, pero Dios si se lo ve. Casi no hay heterodoxia en la
doctrina: los senderos del Señor son inescrutables.
Pero a continuación se nos explica por qué la doctrina
de Sinesio es perversa. Influida por el Maniqueísmo -una rama del Gnosticismo-
"no tuvo inconveniente en alojar en su teoría a la huestes de Lucifer, y
admitió a los diablos en calidad de saboteadores".
En efecto se nos indica que tal cosa ha sido hecha por
influencia de una abominable herejía, pero el hecho en sí tampoco dista mucho
de la heterodoxia: los demonios son la causa del mal. Si hay herejía está solo
en la idea de que los demonios alteran los planes divinos, consiguen convertir
el orden en caos, convierten el azar de los ángeles en el azar de los demonios:
unos y otros hacen desde el punto de vista de los hombres lo mismo. Del mismo
modo que para los individualistas gnósticos el Mal era producto de una escisión
de Dios.
Es en este momento cuando aparece Fausto de Milevio,
"el patriarca maniqueo".
Nos parece que es un personaje de ficción por el
nombre que ostenta: Fausto es para todo lector contemporáneo un nombre que
despierta reminiscencias concretas: Marlowe y Goethe (y también el fáustico
Manfred de Byron) lo convirtieron en el símbolo de la ambición de sabiduría que
pacta con el Diablo para conseguir sus fines. Pero es que el digámosle apellido
"de Milevio" a poco que se analice también nos resulta especialmente
significativo. Milevo es una ciudad sita en Numidia, el país de los negros:
sabemos que negro es una palabra cargada de connotaciones negativas. Pero
Numidia había sido también un país aliado de los cartagineses, los enemigos más
prestigiosos de Roma, entonces ya Imperio Cristiano por antonomasia. Pero
además Numidia era en esta época un país habitado por bereberes y púnicos
dedicados a la agricultura y el pastoreo, explotados inmisericordemente por
terratenientes de origen no africano, y que contra estos habían abrazado la fé
donatista que tanto combatió San Agustín, último personaje ilustre que en la
narración aparece cumpliendo la función de ubicarnos históricamente a este otro
personaje tan significativo cuyo nombre hemos analizado. Consultada la
"Historia criminal del Cristianismo", antes citada e la nota (4),
encuentro mención de un Fausto combatido por San Agustín, pero nada se dice de
su origen milevio o númida ni de su filiación donatista. Pero en cualquier caso
creo que da igual.
Conociendo el conflicto San Agustín\Donatismo e
indicada por Arreola su filiación maniquea, fácil es sospechar una levísima
manipulaciuón de la historia que convierte automáticamente lo que sería un
artículo en un cuento: posiblemente Fausto no era maniqueo sino donatista, y
estos últimos nunca fueron sospechosos de gnosticismo pero sí de herejía: el
problema del donatismo era sencillamente que eran abrumadoramente mayoritarios
en tiempos de Agustín y el poder del Imperio y la Iglesia no se atrevía con
ellos: constituían la práctica totalidad de la Iglesia del norte de Africa.
Además se oponían a los intereses de los terratenientes romanos y, en última
instancia, no admitían la autoridad de la Iglesia que Agustín representaba:
eran independientes.
Fueron por tanto anatemizados, combatidos y después de
muchas refriegas y tensiones desposeídos de su independencia. Quizás por eso
abrazaron el Islam tan entusiásticamente cuando se produjo la invasión tiempo
después: odiaban la Iglesia romana.
En ese contexto está Fausto: derrotado por el Santo
aún tiene poder suficiente como para apoyar la herejía de Sinesio e invitarlo a
una empresa en el continente.
Tal empresa no se realizará. Y es aquí donde se
encuentra toda la poesía y la significación última del cuento. Es como si
Arreola se compadeciese del pobre Sinesio por no haber sido ni siquiera
anatemizado. No turbó a la Iglesia y al Imperio con una imperiosa voluntad de
independencia e individualismo que son el origen del más terrible -y más
sublime- de todos los pecados: el deseo de libertad.
Pero, como se sabe, en todos los Imperios –y/o
imperialismos− el único que tiene libertad, toda la libertad, absoluta, es el
Emperador: oblicua o velada alusión al Dios creador, el supuestamente "Bueno" -no el (o la) de
este mundo- como Tirano Cósmico: lo cual lo haría responsable originario del
Mal Verdadero, cosa que fue un mitema muy querido por los románticos
liberales, que entonces eran revolucionarios por contrarios al Ancien Régime.
Y del mismo modo que hoy el liberalismo de laissez faire, conocido como
“neoliberalismo”, es reacción involutiva decimonónica contra las conquista de
las democracias y la políticas sociales de socialdemocracia, el Partido
Revolucionario Institucional de México, en el contexto histórico de de d. Juan
José, ya no tenía nada de revolucionario y mucho de corrupción.
Ergo hasta el Creador de la más radical revolución
que puede haber, esto es, la que cosiste en derrocar la tiranía de la nada del caos indiferenciado para instituir el ser
de orden cósmico, puede estar tiznado de la propia Corrupción Divina que genera los cambios para Bien o para Mal.
Sobre todo si tenemos en cuenta que es en México donde comienza el Patio
Trasero del imperialismo gringoyanqui, exportador del Mal a Hispanoamérica a
modo de invasiones militares sanguinarias y conspiraciones y financiación de
Golpes de Estado militares y fascistas por parte de la CIA, para defender la
intereses económicos de sus empresas a su Sur sitas.
Quizás sería interesante preguntarse si esa intención
del autor, por mí hipotéticamente desvelada, es propia de la lucidez de inteligencia poética de este espléndido narrador o, por el contrario, es más bien un lapsus del subconsciente.
La elección de un tema heterodoxo apunta a lo primero.
Pero, para estar seguros, habría que hacer un estudio
psicoanalítico de Juan José Arreola en tanto que Creador de Ficción.
Que, además, sería interesante para comprender el
mecanismo de autoengaño con que la psiqué humana tiende a creerse lo que le
interesa o conviene a costa de una verdad sobre sí misma que, por insoportable, no quiere
conocer; deseo de creencia, a veces contra toda obviedad, que funciona casi
siempre como raíz de las adscripciones ciegas a sectas y demás ideologías
Puede ser que yo mismo lo haga.
NOTAS:
(1) Puech, Henri Charles. "En torno a la
Gnosis". Taurus. Madrid. 1982.
(2) García Bazán, Francisco. "Gnosis: la esencia
del dualismo gnóstico". Castañeda. Buenos Aires. 1878.
(3) Es curioso como un gran pensador independiente
contemporáneo, el poeta y teólogo nicaragüénse Ernesto Cardenal, en su largo
poema "Quetzalcóatl" (Visor. Madrid. 1988). También incluido en
"Los ovnis de oro", S. XXI Editores, 1988) apunta la femineidad del
Espíritu Santo cristiano -al que llama "Espírita".
(4) Deschner, Karlheinz."Historia criminal del Cristianismo".
Martínez Roca. Barcelona. 1991. Tomo II.
(5) En lo que se refiere a los extremos a que llegaron
algunos Maestros Gnósticos en lo que se refiere a la proliferación de
jerarquías angélicas es especialmente interesante leer a un autor muy relacionado
con el modus faciendi de Arreola en este cuento. Hablo, por supuesto, de
Borges, Jorge Luis, y de su artículo Una vindicación del falso Basílides
incluido en "Discusión" en "Prosa completa" Bruguera.
Barcelona. 1980.
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