Recuérdese que la entropía es un concepto que hace referencia, en su origen, a
la degradación de la energía en tanto que (re)utilizable para crear trabajo o
dinamismo en un sistema mecánico, por lo cual no puede existir una máquina de
movimiento perpetuo: si “no se le echa de comer”, p. ej.: leña o carbón
combustibles a una locomotora, deja de funcionar.
El sistema político-económico
mundial del presente es, desde luego, uno de esos sistemas, pero con un
problema grave añadido: se está quedando sin energía económica que absorber: no
se está creando riqueza real, sino sólo fantasmal: financiera. Y las crisis y
cracs son consecuencia de un desequilibrio, sí: pero un desequilibrio que nos
acerca a un fatídico equilibrio semejante a lo que se conoco como Muerte Térmica: un estado en que ya no sucede nada de nada. Me explicaré.
Cuando un sistema disipativo
alejado del equilibrio, sea físico, químico, orgánico o económico produce un
exceso de desequilibrio dentro de sí,
su autodestrucción es inminente: muere. Y, aunque parezca mentira, el
desequilibrio puede definirse como un exceso de orden que genera caos, y el
caos, como un estado de equilibrio que puede autodestruirse generando orden.
El obstáculo mayor para la
comprensión de estos conceptos es el concepto tradicional que se tiene tanto de
Orden como de Caos: asociamos el orden a la simetría relativa de, v. gr., un ejército
en formación, con su jerarquía piramidal, cuando en ciencia es más bien al
revés: la simetría es caos, y si es absoluta es estéril en origen, y mortal en
los finales.
Es decir: ese Orden ha sido entendido
como productor de estabilidad, sí, pero se ha descubierto que se trata de la
estabilidad de la quietud y la muerte, o el Orden entendido como inamovibilidad,
que es lo mismo.
Así, toda ruptura de la simetría perfecta,
estéril o infecunda, o muerta, del orden absoluto es un acto para la creatividad
y la vida, porque implica una destrucción del caos.
Y, en consecuencia, el orden no
se opone al caos: es un tipo de caos. El de la uniformidad. El orden absoluto es
muerte.
Impoductiva.
Para que haya orden relativo, no
obstante, son necesarias las diferencias. Porque el caos en su azaroso meneo es
indistinto: absolutamente simétrico, idéntico a sí mismo, por mucho que esté
sometido a fluctuaciones o cambios permanentes.
A modo de ilustración ejemplar: como
una esfera: por más que se la gire, sea cual sea su eje de simetría, siempre que pase por su centro, muestra siempre
aspecto de esfera; si se hace lo mismo un cilindro las cosas serán de otra
manera: si establecemos su eje de simetría como igual al diámetro de su circunferencia
central y lo hacemos girar, se verá una veces como un círculo y otra como un
rectángulo. De modo que éste será menos simétrico, o más diverso que aquélla.
Pues bien. Los sistemas alejados
del equilibrio, como los organismos vivos, no son simétricos, contienen diferentes células distintas que interactúan en armonía, y la armonía es,
precisamente, contrapunto: conciliación de contrarios, o de los contrastes ínsitos
en las diversidades.
Sólo así puede crearse una Paz
Viva. O que no produzca muerte.
Y están alejados del equilibrio
externo: el de los finales de máxima entropía (o muerte). No del equilibrio interno, si hacemos sinónimo
este concepto del de homeostasis, o
estabilidad dinámica.
Por eso, cuando el desequilibro
es interior, el sistema tiende a ser material o energéticamente como el
super-equilibrio de la simétrica máxima entropía de afuera, y muere.
La sociedad global de la actualidad
es un sistema que tiende al desequilibrio interior: está cada vez más ordenada
jerárquicamante, a modo de pirámide, siendo la cúspide quien dirige en provecho
propio a la gran masa de los bloques absorbiendo su peso, la riqueza, y aplastando a las bases: el pueblo: la gran mayoría
de la humanidad.
La ciencia dura predice -esa es
su función última- la muerte termodinámica del sistema por hundimiento de las
bases: o los cimientos que sostienen la cúpula sobrecargada de capital inútil,
no productivo, sólo financiero, cercano al- caos simétrico del equilibrio
absoluto de la muerte por máxima entropía.
Pero, igual que el orden es
propenso al caos, viceversa: el caos es propenso al orden; sólo que siempre a
Otro orden, distinto al anterior; y este inminente caos ordinal, y ordinario, al
que tiende el sistema neoliberal capitalista desregulado, excesivamente desequilibrado por dentro, ya está
siendo propenso, por ley de la Sinergética, del Caos, o de la Teoría Sistemas de Wiener (también conocida como
Cibernética -de una raíz griega que significa Gobernar-), a una Catástrofe, sí,
pero entendida como, en terminología de Marx, un salto, por acumulación cuantitativa,
a lo (otro) cualitativo: un cambio extra-ordinario.
En qué consistirá no lo sabemos.
Podemos extinguirnos en el proceso, llevándonos una pila de especies por delante.
O podemos sobrevivir y adaptarnos a lo nuevo.
Yo, por si acaso, propondría la
propensión a un cambio de orientación desde este super-jerarquizado desequilibro
ordinario interno hacia un Harmonía contrapuntística cooperadora -que no
colaboracionista- entre diversas entidades sociales diferentes que nos haga a
todos distinguidos, en vez de vulgares. U ordinarios.
Pero para eso hace falta el seminal
inicio de un efecto mariposa: el incremento del voto a los por ahora únicos que
se distinguen de los demás grupos -supersimétricos entre sí- políticos, todos
al servicio cargante del oneroso vértice piramidal: hace falta un pequeño miraculum que equilibre la interior
balanza del Sistema:
Hace falta el aumento de los
votos a Unidas Podemos.
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