viernes, 1 de noviembre de 2019

LEJOS DEL EQUILIBRIO

(Demostración científica de la predicción sobre el próximo hundimiento del Capitalismo Neoliberal.)

Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química, uno de los creadores, junto con René Thom, de la Teoría del Caos y las Catástrofes, que Hermann Haken descubrió y elaboró por su cuenta y llamó Sinergética, nos enseñó que los sistemas disipativos de energía, o incrementadores de la entropía en el resto del universo, y que así se auto-organizan, creando entropía negativa, o neguentropía, en su interior, son sistemas alejados del equilibrio térmico: crean una especie de homeostasis o estabilidad dinámica,  regulada creativa o poiéticamente (Humberto Maturana), siempre a base de absorber energía o materia de su exterior.
Recuérdese que la entropía es un  concepto que hace referencia, en su origen, a la degradación de la energía en tanto que (re)utilizable para crear trabajo o dinamismo en un sistema mecánico, por lo cual no puede existir una máquina de movimiento perpetuo: si “no se le echa de comer”, p. ej.: leña o carbón combustibles a una locomotora, deja de funcionar.
El sistema político-económico mundial del presente es, desde luego, uno de esos sistemas, pero con un problema grave añadido: se está quedando sin energía económica que absorber: no se está creando riqueza real, sino sólo fantasmal: financiera. Y las crisis y cracs son consecuencia de un desequilibrio, sí: pero un desequilibrio que nos acerca a un fatídico equilibrio semejante a lo que se conoco como Muerte Térmica: un estado en que ya no sucede nada de nada. Me explicaré.
Cuando un sistema disipativo alejado del equilibrio, sea físico, químico, orgánico o económico produce un exceso de desequilibrio dentro de sí, su autodestrucción es inminente: muere. Y, aunque parezca mentira, el desequilibrio puede definirse como un exceso de orden que genera caos, y el caos, como un estado de equilibrio que puede autodestruirse generando orden.
El obstáculo mayor para la comprensión de estos conceptos es el concepto tradicional que se tiene tanto de Orden como de Caos: asociamos el orden a la simetría relativa de, v. gr., un ejército en formación, con su jerarquía piramidal, cuando en ciencia es más bien al revés: la simetría es caos, y si es absoluta es estéril en origen, y mortal en los finales.
Es decir: ese Orden ha sido entendido como productor de estabilidad, sí, pero se ha descubierto que se trata de la estabilidad de la quietud y la muerte, o el Orden entendido como inamovibilidad, que es lo mismo.
Así, toda ruptura de la simetría perfecta, estéril o infecunda, o muerta, del orden absoluto es un acto para la creatividad y la vida, porque implica una destrucción del caos.
Y, en consecuencia, el orden no se opone al caos: es un tipo de caos. El de la uniformidad. El orden absoluto es muerte.
Impoductiva.
Para que haya orden relativo, no obstante, son necesarias las diferencias. Porque el caos en su azaroso meneo es indistinto: absolutamente simétrico, idéntico a sí mismo, por mucho que esté sometido a fluctuaciones o cambios permanentes.
A modo de ilustración ejemplar: como una esfera: por más que se la gire, sea cual sea su eje de simetría, siempre que pase por su centro, muestra siempre aspecto de esfera; si se hace lo mismo un cilindro las cosas serán de otra manera: si establecemos su eje de simetría como igual al diámetro de su circunferencia central y lo hacemos girar, se verá una veces como un círculo y otra como un rectángulo. De modo que éste será menos simétrico, o más diverso que aquélla.
Pues bien. Los sistemas alejados del equilibrio, como los organismos vivos, no son simétricos, contienen diferentes células distintas que interactúan en armonía, y la armonía es, precisamente, contrapunto: conciliación de contrarios, o de los contrastes ínsitos en las diversidades.
Sólo así puede crearse una Paz Viva. O que no produzca muerte.
Y están alejados del equilibrio externo: el de los finales de máxima entropía (o muerte). No del equilibrio interno, si hacemos sinónimo este concepto del de homeostasis, o estabilidad dinámica.
Por eso, cuando el desequilibro es interior, el sistema tiende a ser material o energéticamente como el super-equilibrio de la simétrica máxima entropía de afuera, y muere.
La sociedad global de la actualidad es un sistema que tiende al desequilibrio interior: está cada vez más ordenada jerárquicamante, a modo de pirámide, siendo la cúspide quien dirige en provecho propio a la gran masa de los bloques absorbiendo su peso, la riqueza, y aplastando a las bases: el pueblo: la gran mayoría de la humanidad.
La ciencia dura predice -esa es su función última- la muerte termodinámica del sistema por hundimiento de las bases: o los cimientos que sostienen la cúpula sobrecargada de capital inútil, no productivo, sólo financiero, cercano al- caos simétrico del equilibrio absoluto de la muerte por máxima entropía.
Pero, igual que el orden es propenso al caos, viceversa: el caos es propenso al orden; sólo que siempre a Otro orden, distinto al anterior; y este inminente caos ordinal, y ordinario, al que tiende el sistema neoliberal capitalista desregulado, excesivamente desequilibrado por dentro, ya está siendo propenso, por ley de la Sinergética, del Caos, o de la Teoría  Sistemas de Wiener (también conocida como Cibernética -de una raíz griega que significa Gobernar-), a una Catástrofe, sí, pero entendida como, en terminología de Marx, un salto, por acumulación cuantitativa, a lo (otro) cualitativo: un cambio extra-ordinario.
En qué consistirá no lo sabemos. Podemos extinguirnos en el proceso, llevándonos una pila de especies por delante. O podemos sobrevivir y adaptarnos a lo nuevo.
Yo, por si acaso, propondría la propensión a un cambio de orientación desde este super-jerarquizado desequilibro ordinario interno hacia un Harmonía contrapuntística cooperadora -que no colaboracionista- entre diversas entidades sociales diferentes que nos haga a todos distinguidos, en vez de vulgares. U ordinarios.
Pero para eso hace falta el seminal inicio de un efecto mariposa: el incremento del voto a los por ahora únicos que se distinguen de los demás grupos -supersimétricos entre sí- políticos, todos al servicio cargante del oneroso vértice piramidal: hace falta un pequeño miraculum que equilibre la interior balanza del Sistema:
Hace falta el aumento de los votos a Unidas Podemos.

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