para la mayoría -y para el Capo,
malo, que con su bífido veneno
atosiga a este pueblo-, con sereno
entusiasmo entreabierto al fin el trapo
de la nave estatal que ya navega
esperanzadamente a mejor puerto,
o esa es nuestra ilusión, tras de la entrega
de campaña a la Causa, como muerto
me dejáis: “Van a hundirla en un desierto
mar de simún que el pérfido Estratega
de la Ruina prepara. Y el buen Pablo
se quemará, tal Fausto por su acuerdo
con un socio traidor, que es el Dïablo”.
Pues no será,
perdón si os lo recuerdo,
como el de Goethe: que, engañado el lerdo
Malvado por el Prota en el retablo
poético, por su genial proyecto
benefactor del mundo se hizo digno
de la defensa
angélica, perfecto
en su buena intención, que llevó a efecto;
y se salvó. Tal es el nuevo signo
y se salvó. Tal es el nuevo signo
del Contrato firmado. No me fío
tampoco, pero sé que ya bastante
hemos pasado carestía y frío
bajo intemperies a que el gran Mangante
nos condenó, que sólo hacia adelante
puede abrirse la vía: el desafío
es una novedad. Antes no había
ninguno, pese a esfuerzos en contrario
de los vituperados: la osadía
y el aguante han servido de a diario
combatir el embuste mercenario
que tanto diario propaló a porfía.
Tras de la euforia viene el pesimismo:
“Qué tramarán ahora los poderes
fácticos capithostes”. Pues lo mismo
de siempre: “Que no salgan del abismo
de la precariedad los luciferes
del pueblo productor, gente que intenta
quitarnos los dineros con impuestos
progresivos y justos de la renta
que hemos ganado y que nos sale a cuenta
propia corriente a las Caimán”. Denuestos
nuevos van a llovernos. Pero os digo
que por algo se empieza. Si se rinde
uno al principio frente al enemigo
por cautos, se merece el cruel castigo
que se nos dé, y el dado: ya prescinde
de visiones nefastas, compañero
del alma y compañera, porque el paso
primero hemos logrado: si el sendero
seguimos con esfuerzo, haciendo caso
omiso a don Pantuflo y su payaso
coro del Mal galáctico y agüero
odioso y maladrín anti-Quijote,
el adalid de los menestorosos,
loco por justo, nunca más del bote
chuparán, dándose el más vasto lote
como hasta ahora al menos, los celosos
del Botín de Saqueo de lo nuestro:
sí se podía: se ha podido; y más se
podrá: adelante: que el cabestro
del rendido no tire de la base
del Estado y lo tire, por desfase
ideológico, al Capo, zorro diestro.
Conciencia y esperanza, y dale rudo
constante como gota que hasta horada
la piedra, o el cerebro testarudo
del fachilla ignorante que no sabe
cómo evitar quedarse -más- sin nada,
ni de reparaciones que la Nave
necesita, o coser el Saco roto
de la avaro Ladrón, que ya no cabe.
Ya aprenderán a utilizar su voto.
Ha ocurrido de nuevo. Le han dado el Premio Cervantes a otro. ¡Qué injusticia cometida con el Profesor Escritor!
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