(Desarrollo
de un resumen publicado en facebook)
Para Corina Alexandru
1) Tratemos de volver a aclarar
el asunto: gente instruida y con estudios, incluso a veces culta, pero poco
reflexiva a la hora de procesar la información y los datos históricos, cometen
el error, con frecuencia inocente, de meter en un mismo saco cosas que son
distintas e incluso me atrevería a decir que contrarias. Dicen
"comunismo" y sólo piensan en la URSS y sus satélites, de uno de los
cuales, lo sé, Corina, procedes.
Pero tal simplificación, aparte
de ramplona, es injusta, o sólo una media verdad. Y el problema de ese tipo de verdades es que son también semi-mentiras.
Toda simplificación propende a
producir simplezas. Y éstas son casi siempre síntoma de ramplonería, cuando no de
falta de juicio, lo que da lugar a la pre-juciosa preponderancia del más irreflexivo
catetismo, que es justo el estado (que no el Estado Justo) que los gobiernos
autoritarios desean para su pueblo, presa de opresión, porque, como no ceso de
repetir, un Demos desinformado -a posta- e inculto e ignorante degenera en un
Vulgo manso y sumiso que, por serlo, resulta más gobernable que cuando se ha
operado con él en sentido contrario, fomentando su educación en el juicio
crítico racional y objetivo, los más cercano posible a la visión científica,
analítica y experimental de los datos procesados por la conciencia. Es decir:
debemos matizar al pensar sobre ciertos conceptos, o todos; o estaremos, caso
de no hacerlo así, repitiendo como loros las consignas de las propagandas provenientes de gobiernos que
no ejercen su labor en beneficio de sus gobernados, sino -como la mayoría de
las veces ocurre y ha ocurrido a lo largo de la terrorífica Historia de la
Humanidad-, en el suyo propio, el de las clases dirigentes y privilegiadas o,
lo que es aún peor, en el de sectores privados, y Anti-Públicos (esto es:
anti-pueblo) , tal como ocurre hoy en la actualidad global del planeta, lo cual
tiene menos perdón en una sociedad que se quiere democrática que en cualquier
otro contexto político o estatal.
Por eso conviene que
pormenoricemos minuciosamente y aprendamos a distinguir cosas diferentes y aun
opuestas que suelen calificarse a lo bruto bajo la férula de una etiqueta
generalizadora.
No es que sólo bajo el título de
Comunismo se suelan incluir del fenómenos sociológicos diversos, sino que
podríamos distinguir varios niveles de análisis: el de los hechos fehacientes,
y el de las ideas programáticas, que mueven el mundo tanto o más que aquellos.
Intentémoslo.
Estaba vigente aún el estalinismo,
cuando los partidos comunistas europeos de Occidente rompieron con la URSS y crearon
lo que entonces dio en llamarse "eurocomunismo", representado sobre
todo en Italia, Francia y España por sus Partidos Comunistas, liderados entonces
por Enrico Berlinguer, Georges Marchais y Santiago Carrillo respectivamente.
Sus programas, revisados los
planteamientos ideológicos y de praxis de Lenin y Stalin, abominaron del método
de implantación del sistema social justo que se pretendía, conocido como
Dictadura del Proletariado, que en la práctica no era otra cosa que una
Dictadura de Partido Único, culpable del fracaso del verdadero ideal comunista
en la Unión Soviética y repúblicas adláteres bajo su dominio, en el fondo, exclusivamente
militar.
En realidad, se trataba de
intentar la consecución paso a paso y poco a poco del gran Objetivo de Marx y
Engels que Stalin había traicionado de mala manera con la aplicación de su
estrategia dictatorial totalitaria, y conseguir, por contra mejoras progresivas
y porgresistas de la clase trabajadora explotada por el capitalismo, mediante
la participación de esos partidos eurocomunistas en el juego democrático de su
Estados.
Recuerda que tú misma has deseado
alguna vez la utopía de una sociedad sin políticos ni religión ni etc. Sin
chorizos institucionalizados y sin opresión del fuerte sobre el débil, matizo yo.
Pues eso que has manifestado desear es lo mismo que la Sociedad Comunista que
predicara, , por ejemplo, el Manifiesto
por ellos firmado.
Como ya he dicho, Stalin tomó el
poder tras la muerte de Lenin y convirtió lo que debería haber sido una
Revolución Constante (si me permito el uso personalizado de la sugerente y
hermosa expresión de Trotski, al que Stalin mandó asesinar) en una feroz y
aplastante dictadura de izquierda, que nada tuvo que envidiar a las de derechas,
léase Hitler, Mussolini, Franco Pinochet, etc. E invadió a sus países vecinos,
imponiéndoles su corsé de hierro mediante sus tanques, y nombró dictadores
títeres a su servicio, como tu Ceucescu, de funesta y triste memoria.
Pero los deseos e intenciones de
Marx y Engles no eran nada parecido a eso: si leemos a Marx (y ahora paso del
plano de los hechos históricos al de las ideas), veremos que su humanitaria
obsesión fue siempre salvar a los trabajadores (niños dickensianos incluidos)
de la opresión brutal del capitalismo liberal del s. XIX. Eso es lo que
perseguimos y persiguen los eurocomunistas y los, aún más moderados,
socialdemócratas. En consecuencia la ecuación franqui/yanqui/pinochetiana (etc.):
comunismo = Mal, es capciosa y tendenciosa.
El verdadero comunismo marxista
NUNCA SE HA LLEVADO A CABO ni ha tenido lugar: yo mismo milité en un partido
comunista cuando joven para intentar hacer algo contra la dictadura de Franco,
y conseguido (o así lo creí entonces) el objetivo de derrocar el fascismo por
medio de una Transición a la Democracia en la que participamos (casi) todos los
comunistas españoles, me retiré a mi huerto frayluisiano: yo tampoco me
arrepiento de mi pasado comunista, puesto que fuimos, de hecho, nosotros los
que más presionamos a los poderes fácticos para acabar con la dictadura. Tras
el intento de golpe, conocido como "Tejerazo", voté al PSOE de Felipe.
Después, tras la Decepción, a la Izquierda Unida del comunista Julio Anguita,
el político más sensato y lúcido y demócrata, nada sospechoso de estalinismo,
que ha habido en España postfranquista.
Y ahora, a UP.
He aprendido de la experiencia y
he evolucionado, sin agarrarme, inconsciente y visceral, a ninguna bandera
ideológica, porque las ideologías son sistemas dogmáticos de creencias
standard, que tienen que ver más con la adscripción a una fe ciega que a una
reflexión documentada, profunda y ética. No me interesan las creencias, sino el
conocimiento de la verdad: y la verdad es que la Justa Igualdad Democrática es,
como Principio Ético Verdadero, muy superior a todos los estandartes
ideológicos alternativos.
Por los tanto, meter a todos los
comunistas en el mismo saco y aterrarse clamando "vienen los Malos,
estamos perdidos", es sólo consecuencia de un método propagandístico para
disuadirnos de votarlos, y así mantener a los representantes de la Tiranía
Capitalista del Desastre legitimados en su Trono de Injusticia Universal.
2) El miedo al comunismo, inducido
por los aparatos propagandísticos del Occidente Capitalista no se originó,
empero, o no sólo, en el plano de los de los justos sentimientos provocados por
experiencias personales de las políticas comunistas reales de los “países de
Este” o del “Teló de Acero”. Empieza en el plano de las ideas y, lo que es peor,
de la mentira y el embuste. Tuvo lugar en Guatemala en 1954, en la época del macarthismo,
la persecución gringa de comunistas internos o simpatizantes. Algo
profundamente antidemocrático.
Juan Jacobo Árbenz Guzmán ganó
unas elecciones democráticas y fue elegido presidente de su país. E inició la
praxis de la toma de una serie de medidas programadas para salvar al pueblo
guatemalteco de la miseria a que lo tenía sometida la multinacional yanqui
United Fruit Company, que se llevaba todos los beneficios de la explotación
agrícola de Guatemala a los USA, favoreciendo para ello a las oligarquías
autóctonas. Árbenz, aunque convivió con el comunista partido Guatemalteco del
Trabajo y aplicó alguna de sus propuestas político-sociales, nunca fue un
comunista, no su gobierno tampoco: era un demócrata puro que quería mejorar la
situación terminal de su pueblo, mediante políticas sociales. Eso entró
directamente en conflicto con los intereses económicos y capitalistas de la
multinacional de autos, y los EEUU, que se forraban a costa de las desgracias
de los parias de “su” república bananera, se sintieron agredidos y se lo
tomaron como si fuera una invasión territorial en su propia patria. Y fue el
primer caso en que la CIA organizó un sangriento golpe de Estado en Latino-América
y, puesto que lo de la invasión territorial no se lo creían ni ellos, se inventaron
el cuento de que el presidente electo Árbenz era un dictador comunista impuesto
por la URSS y, con la excusa de salvar a los gualtemaltecos de ese totalitarismo
estalinista (ellos decían “comunista”, para simplificar, o, como Pinochet “marxista-leninista”
para confundir más las cosas), lo quitaron de en medio y sometieron a sus
seguidores y simpatizantes a una inquisitorial persecución -por sus ideas políticas
(que no reflejaban otra cosa que su derecho a vivir de su propia producción
interior)- que rayó en la masacre y en el exterminio.
La propaganda capitalista contra
el terror al malvado diablo comunista no comenzó, pues, en países y zonas de sus
cercanías e influencias con el objeto de
devolver la democracia a un pueblo oprimido por un dictador comunista, ni por
la ética democrática de combatir el Mal, sino con el de defender la inmensa cantidad
de dólares que sacaban con la explotación inmisericorde de gentes, tierras y
estados ajenos.
La idea no era nueva, pero
cundió. Desde entonces, cada vez que los intereses de una corporación económica
occidental explotadora e inhumana se ven en riesgo de perder el chollo, se alude
al comunismo que profesan los que contodo sus dercho quieren esos beneficios
para ellos, que son los propietarios naturales del las zonas que acaban
invadidas por los Marines estadounidenses.
Y ese esquema de embustes
ymentiras, si bien es anterior y propia del odio nazi o fascista a los
comunistas, se convirtió en modelo de cuanto dictador quería justificar los
atropellos a su propio pueblo.
El estalinismo fue terrorífico
para con los ciudadanos de los países que cayeron bajo su maldición. El
Capitalismo, no obstante, ha sido terrorífico, en principio, con los ciudadanos
extranjeros, invadidos por sus empresas sin escrúpulo.
3) Ambos sistemas políticos son, pues
inhumanitarios. Por eso llevo años defendiendo
la necesidad de las superación de
los 2, por síntesis: tomando de uno y otro lo mejor y condenando, no sólo lo
peor, sino lo meramante contrario a los intereses de los pueblos y la gente.
Necesitamos la Economía de Mercado.
Pero por igual necesitamos las políticas sociales que defiendan los intereses
de las gentes frente a los abusos oligopólicos en los que desemboca la práctica
del antidemocrático capitalismo liberado de reglas estatales que controlen su
rapacidad indiscriminada.
Y ésta última es una idea propia
del socialismo auténtico que Marx quiso rebautizar Comunismo para distinguirlo
de otros socialismos menos comprometidos con las mejora de las condiciones
laborales y existenciales de la clase trabajadora.
A esa síntesis a la cual aludo
podríamos llamarla Democomunismo: un comunismo que defienda democráticamente
los intereses del pueblo. O Eucomonismo: un comunismo del Bien Común. O Eudemocomunismo: un comunismo de la
felicidad próspera de todos.
Pero, como la gente sale
despavorida todavía cuando oye el término Comunismo, y no se para a reflexionar
tratando de distinguir las diferencias entre unos comunismo y otros, dejemos
los neologismos en suspenso.
Y además para qué, si a esa
síntesis se le ha llamado siempre socialdemocracia, y ha tenido éxitos tanto
económicos como sociales en los países en que se llevaron a cabo sus políticas.
Porque la socialdemocracia, hoy anulada por el conservdurismo neoliberal, es
algo que se ubica en el fiel central de una balanza que sostiene dos peligrosos
platillos cargados con onerosos extremismos.
Como el capitalismo, que es en el
fondo una agresión absolutista con la sana economía de mercado bajo regulación
estatal.
Como el estalinismo, que es en el
fondo un anti-comunismo, porque agrede a la comunidad
que el partido único administra bajo la ley de su fuerza.
Besos
K
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