sábado, 23 de noviembre de 2019

MARX, EL MARXISMO Y LA ECONOMÍA DE MERCADO

Imaginemos, a modo de fantástica y eurística hipótesis de trabajo, que es verdad ese bulo que repiten hoy tantos intelectuales partidarios de este sistema político y económico capitalista, vigente y en auge, que padecemos con paciencia los habitantes de Occidente. Intelectuales cuyo intelecto, al parecer, no recuerdan que hemos vivido otros tiempos pasados que fueron mejores, esos en los que disfrutábamos de lo que se conoce como Estado de Bienestar: “Marx fue un vago que no dio en su vida un palo al agua, a tal punto que fue Engels el que le escribió la mayor parte de Das Kapital”.
Mi respuesta o contestación más drástica sería: Y qué.
La obra en sí sigue siendo el análisis económico más lúcido que se ha hecho del capitalismo hasta el presente, y es precisamente el olvido de su razón y sus razones lo que nos está sumiendo en una corriente que va a dar a la mar del Desastre definitivo.
Descalificar a una persona con un argumento ad hominem no descalifica la obra que se le atribuye, sea quien sea el que la haya escrito. Eso habría que hacerlo con verdaderos argumentos, es decir, ad rem: con la obra del supuesto pseudo-autor en la mano y delante de los ojos, dispuestos para la cita textual.
Del marxismo proceden la mayoría de las ideas que lograron el Estado de Bienestar antes aludido.
Y se nos olvida que Marx (o Engels, o el autor de ese monumento que es la obra que se conoce como a don Karl atribuida) no fue, ni pudo ser marxista-leninista.
La lectura e interpretación que Lenin hizo de ese autor es la responsable de la praxis e implantación de lo que llamamos comunismo y que asociamos a Stalin, Mao o Pol Pot.
Pero la defensa de los derechos laborales y sociales de los trabajadores que se aplicaron durante el New Deal posterior a la 2ª Guerra Mundial diseñado por Keynes, nada sospechoso de socialista, y que dio lugar a una época de prosperidad y paz, de mejora en las condiciones de trabajo y nivel de vida de la mayoría de la Humanidad occidental, reflejan de alguna manera las enseñanzas del marxismo, o al menos del análisis económico del Maestro, fuera quien fuera, y por muy holgazán que fuera su apócrifo.
El neoliberalismo, una ideología utópica y criminal, es una negación del keynesanismo, defensor de la intervención del Estado en la economía del mismo, mediante su regulación, lo que con frecuencia casi obligada redunda en el necesario aumento del gasto público a fin de incrementar la demanda, haciendo funcionar equilibradamente la insustituible Economía de Mercado. O sea: justo lo contrario de lo que se viene haciendo en Occidente desde la época de Reagan y Thatcher, y en el resto del mundo desde el golpe de Estado de Pinochet, financiado por la CIA y los EEUU, cuan de esa inmoral ideología.
Y es que las ideologías, como sistema de dogmas de fe que son, no son buenas para nada: igual que la ideología marxista-leninista, la ideología neoliberal es inductora del Desastre.
Cuando uno se apunta a una ideología, no solo acepta el enjambra organizado de esas ideas en bloque, sino que, además, niega las contrarias en bloque también. Y ningún sistema ideológico, sea político, religioso u otros, es poseedor de la absoluta verdad. De hecho, Marx acuñó ese término, ideología, en principio para criticar el sistema de creencias sociales comúnmente admitidas que justifican la actuación criminal del Estado cuando apoya el derecho inhumano, por divino o “superior”, de las clases dominantes a ejercer su poderío en pro de la explotación de las grandes masas sojuzgadas de siempre.
Es más: las ideologías impiden la creatividad y circulación de las ideas libres y originales, esto es, impiden el pensamiento independiente.
“Tienes que apuntarte a esta ideología, la mía, que es la buena, la verdadera, o eres el enemigo”, es solo la exigencia de una toma visceral de partido, y una motivación para el inmovilismo cabezota y sin cabeza de quien ha elegido lo que cree más conveniente para él, y se niega a aceptar, pese a evidencias en contrario, sus errores y, en consecuencia, la corrección de los tales; lo cual es un serio impedimento para el logro de la sabiduría.
Puede que esta afirmación mía pueda parecerle cínica, o cosas peores, a quien sepa de mis simpatías políticas. Pero no tal: de Marx me parece sensata la defensa de los derechos de los trabajadores para mejora de sus condiciones de vida, lo que beneficia la productividad, por ellos protagonizada, de riqueza real, no sólo financiera, que deberá luego redistribuirse, para (y tomo ahora esta idea de Keynes) poder mantener el poder adquisitivo de los mismos, que incrementarán así su demanda de los productos que ofrezcan los empresarios, los que, a su vez deberán aumentar su oferta de más y mejores empleos para producir más y vender más. Y ganar más.
Pero de Marx no tomo el Socialismo de Estado, porque genera Dictaduras corruptas y crueles por paranoicas, como tampoco tomo de los economistas neoliberales, con Von Hayek y Friedman a la cabeza, la desregulación estatal del mercado, porque genera profundas y abismales Desigualdades entre clases, cosa que, en general, como la realidad ha demostrado y demuestra, es sólo maníaca propensión a la Ruina y el Desastre. De Todos.
Las ideas, pues, que defiendo no son en origen mías: las he aprendido de mis Maestros.
Y las he recreado dentro de mí, en mi propia cosmovisión. Pero a su conjunto no se le puede llamar Ideología: primero, porque está en permanente evolución y progreso discente; y segundo, porque no trata de justificar ninguna tropelía: intenta encontrar un camino para le praxis del Principio Ético de la Justicia Social y el Bien Común.
Si luego resulta que a tal cosa se le ha llamado ya socialdemocracia, cuando yo en mi inocente fuero interno lo quise llamar eudemocomunismo, no tiene importancia.
Como tampoco la tendría que estas ideas sobre las que escribo estuvieran siendo escritas en realidad por un “negro” a mi servicio, mientras yo me dedico a hacer el vago, gozando de una merecida pensión que me he pagado con muchos años de trabajo y cotización, y que ahora los neoliberales y sus cómplices políticos pretenden arrebatarme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario