Voy a hablar a favor de Todo
lo contrario.
Todo lo contrario es un
libro de poemas. Pero también es todo lo contrario: es un libro de prosa, porque
es un libro tremenda y trágicamente prosaico, como lo es la misma prosa de la
vida.
Se piensa demasiado a
menudo que la prosa de la vida es tema indigno de la poesía, que es, según cree
el vulgo, todo lo contrario. Pero yo les aseguro que la verdad es todo lo
contrario de eso.
Todo lo contrario, todo
lo que nos es contrario en la vida, es, querámoslo o no, la sustancia primera
de que se nutre la poesía. Porque la poesía es el non pus ultra de la
inteligencia, y una inteligencia que no se para a contemplar la prosa de la
vida no es inteligencia: es todo lo contrario.
Pero todo esto no quiere
decir que la poesía no sea posible en este mundo: más bien sucede todo lo
contrario: este mundo no sería posible sin poesía, porque la poesía, en el
sentido más ancho de la palabra, es la condición previa e imprescindible de
todo proceso creativo: el sine qua non de toda creatividad.
Desde tiempos
inmemoriales se viene pensando que el Universo es inmóvil, estático, muerto.
Einstein descubrió casi sin querer que no es así, sino todo lo contrario: el
Unvierso es dinámico, evoluciona, esta vivo: nació, crece y parece ser que
morirá, lo cual nos hace sospechar que acaso pueda reproducirse: es creativo.
Repitámoslo: el Universo
es creativo: el Universo, del que formamos parte y a cuyas leyes estamos
sometidos, evoluciona, es temporalmente creativo, luego la poesía, condición
previa y sine qua non de toda creatividad, es condición previa y sine qua non
de este universo, la posibilidad de su existencia y de su continua
trasformación evolutiva.
Pero a menudo se piensa
que creatividad es algo necesariamente positivo, feliz, gozoso. Y no: suele ser
más bien todo lo contrario. Toda imperfección implica algún grado de
sufrimiento, y la única perfección posible está en la esterilidad simétrica de
la Nada. La creación rompe esa simetría, destruye esa nada, y ninguna
destrucción es gozosa; es todo lo contrario. Lo cual nos sirve para explicar
por qué la vida, la conciencia, en cuanto nacidas, creadas a base del cadáver
de la nada y sus secuaces, es todo lo contario de la felicidad. La vida es
sufrimiento, y el libro de Juan Manuel Villalba, Todo lo contrario, es
sufrido y solidario testimonio creativo de ello.
Porque en efecto, Todo
lo contrario no es un libro liviano, ligero o alegre; no: es todo lo
contrario: un libro triste, un libro que pasea la mirada inteligente y
conmovida del poeta sobre las trágicas imperfecciones de la sucia y ruin
realidad: la tristeza cotidiana y estándar de un matrimonio fracasado y normal,
descrita a modo de ominosa profecía, la ignomina de un guardabosques a sueldo
que persigue a los furtivos que fueron antes sus compañeros de desdicha, el
miedo de un niño perdido ante el misterio agresivo y monstruoso de un mundo
desconocido y el miedo de un adulto ante un mundo conocido que le recuerda el
mundo monstruoso que entrevió cuando fue un niño, y el miedo del ser humano
ante la posibilidad de alcanzar un horizonte, una meta que, al dejarlo sin
objetivo que perseguir, lo dejaría también sin esperanza. Porque Todo lo
contrario es un libro terrible porque en él se canta el cansancio de sufrir
a la vez que el miedo al vacío que quedaría en el ser humano caso de que se
acabara el sufrimiento que implica la lucha por la vida.
Pero Todo lo
contrario, pese a todo lo dicho, no es un libro desesperado o desesperanzado:
es todo lo contrario. Es un libro que se enfrenta valientemente con el tormento
de vivir y lo convierte en materia de una creatividad que da lugar al
nacimiento de un vástago del Universo creativo: la obra de arte: un libro que
convierte el dolor en belleza, como hiciera Orfeo y como hace todo verdadero
poeta: visto el dolor, la angustia de vivir, los personajes imaginarios que lo
representan se hierguen dentro de los poemas, y esos personajes son reflejo del
autor sin ser el autor, son sus ficciones, símbolos plásticos de pinturas
poéticas hechas a base de palabras en vez de pigmentos.
Y esa pintura verbal es
bella. Pero no es que sea bella porque representan cosas bonitas; no: más bien
es todo lo contrario: el tema de los cuadros puede ser feo, pero el cuadro es
hermoso, porque los colores están dados con la maestría del maestro del pincel
verbal: cada adjetivo, cada acento caen en su sitio de una manera tan perfecta
que la nitidez absoluta de la imagen es inevitable. Los poemas son bellos
porque son tremendamente significativos, y la significación es la tarea más
alta y profunda de la inteligencia.
Se produce así, entre
realidad e imagen verbal, una simetría especular tal que la simetría que se
perdió o se pierde con el acto mismo de la creación de la materia, la vida y la
conciencia queda restituida por la creatividad artística, dándole a la fealdad
de la materia prosaica y cotidiana, sede del sufrimiento, su única posible
razón de ser: la de convertirse en todo lo contrario de sí: materia de belleza
artística, fuente de significación.
Esa ha sido desde
siempre la labor del poeta, aunque hoy día haya poetas que se empeñen en todo
lo contrario.
Gracias a los cielos, o
a las leyes dinámicas del Universo que permiten la creación de poetas
auténticos, hoy podemos disfrutar del poeta de Todo lo contrario.
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