viernes, 29 de noviembre de 2019

DE LA FEALDAD COMO COMPONENTE DE LA BELLEZA

Sobre Todo lo contrario de Juan Maunuel Villalba, Pre-Textos, 1997. Otro homenaje a un viejo amigo.

Voy a hablar a favor de Todo lo contrario.
Todo lo contrario es un libro de poemas. Pero también es todo lo contrario: es un libro de prosa, porque es un libro tremenda y trágicamente prosaico, como lo es la misma prosa de la vida.
Se piensa demasiado a menudo que la prosa de la vida es tema indigno de la poesía, que es, según cree el vulgo, todo lo contrario. Pero yo les aseguro que la verdad es todo lo contrario de eso.
Todo lo contrario, todo lo que nos es contrario en la vida, es, querámoslo o no, la sustancia primera de que se nutre la poesía. Porque la poesía es el non pus ultra de la inteligencia, y una inteligencia que no se para a contemplar la prosa de la vida no es inteligencia: es todo lo contrario.
Pero todo esto no quiere decir que la poesía no sea posible en este mundo: más bien sucede todo lo contrario: este mundo no sería posible sin poesía, porque la poesía, en el sentido más ancho de la palabra, es la condición previa e imprescindible de todo proceso creativo: el sine qua non de toda creatividad.
Desde tiempos inmemoriales se viene pensando que el Universo es inmóvil, estático, muerto. Einstein descubrió casi sin querer que no es así, sino todo lo contrario: el Unvierso es dinámico, evoluciona, esta vivo: nació, crece y parece ser que morirá, lo cual nos hace sospechar que acaso pueda reproducirse: es creativo.
Repitámoslo: el Universo es creativo: el Universo, del que formamos parte y a cuyas leyes estamos sometidos, evoluciona, es temporalmente creativo, luego la poesía, condición previa y sine qua non de toda creatividad, es condición previa y sine qua non de este universo, la posibilidad de su existencia y de su continua trasformación evolutiva.
Pero a menudo se piensa que creatividad es algo necesariamente positivo, feliz, gozoso. Y no: suele ser más bien todo lo contrario. Toda imperfección implica algún grado de sufrimiento, y la única perfección posible está en la esterilidad simétrica de la Nada. La creación rompe esa simetría, destruye esa nada, y ninguna destrucción es gozosa; es todo lo contrario. Lo cual nos sirve para explicar por qué la vida, la conciencia, en cuanto nacidas, creadas a base del cadáver de la nada y sus secuaces, es todo lo contario de la felicidad. La vida es sufrimiento, y el libro de Juan Manuel Villalba, Todo lo contrario, es sufrido y solidario testimonio creativo de ello.
Porque en efecto, Todo lo contrario no es un libro liviano, ligero o alegre; no: es todo lo contrario: un libro triste, un libro que pasea la mirada inteligente y conmovida del poeta sobre las trágicas imperfecciones de la sucia y ruin realidad: la tristeza cotidiana y estándar de un matrimonio fracasado y normal, descrita a modo de ominosa profecía, la ignomina de un guardabosques a sueldo que persigue a los furtivos que fueron antes sus compañeros de desdicha, el miedo de un niño perdido ante el misterio agresivo y monstruoso de un mundo desconocido y el miedo de un adulto ante un mundo conocido que le recuerda el mundo monstruoso que entrevió cuando fue un niño, y el miedo del ser humano ante la posibilidad de alcanzar un horizonte, una meta que, al dejarlo sin objetivo que perseguir, lo dejaría también sin esperanza. Porque Todo lo contrario es un libro terrible porque en él se canta el cansancio de sufrir a la vez que el miedo al vacío que quedaría en el ser humano caso de que se acabara el sufrimiento que implica la lucha por la vida.
Pero Todo lo contrario, pese a todo lo dicho, no es un libro desesperado o desesperanzado: es todo lo contrario. Es un libro que se enfrenta valientemente con el tormento de vivir y lo convierte en materia de una creatividad que da lugar al nacimiento de un vástago del Universo creativo: la obra de arte: un libro que convierte el dolor en belleza, como hiciera Orfeo y como hace todo verdadero poeta: visto el dolor, la angustia de vivir, los personajes imaginarios que lo representan se hierguen dentro de los poemas, y esos personajes son reflejo del autor sin ser el autor, son sus ficciones, símbolos plásticos de pinturas poéticas hechas a base de palabras en vez de pigmentos.
Y esa pintura verbal es bella. Pero no es que sea bella porque representan cosas bonitas; no: más bien es todo lo contrario: el tema de los cuadros puede ser feo, pero el cuadro es hermoso, porque los colores están dados con la maestría del maestro del pincel verbal: cada adjetivo, cada acento caen en su sitio de una manera tan perfecta que la nitidez absoluta de la imagen es inevitable. Los poemas son bellos porque son tremendamente significativos, y la significación es la tarea más alta y profunda de la inteligencia.
Se produce así, entre realidad e imagen verbal, una simetría especular tal que la simetría que se perdió o se pierde con el acto mismo de la creación de la materia, la vida y la conciencia queda restituida por la creatividad artística, dándole a la fealdad de la materia prosaica y cotidiana, sede del sufrimiento, su única posible razón de ser: la de convertirse en todo lo contrario de sí: materia de belleza artística, fuente de significación.
Esa ha sido desde siempre la labor del poeta, aunque hoy día haya poetas que se empeñen en todo lo contrario.
Gracias a los cielos, o a las leyes dinámicas del Universo que permiten la creación de poetas auténticos, hoy podemos disfrutar del poeta de Todo lo contrario.

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