Retirado en la paz de estos desiertos
Quevedo
Juan Ramón
Que bien sé yo la fonte
San Juan de la Cruz
Un albañil cae de un techo, muere y ya
no almuerza.
Vallejo
I. Retirado en la paz
de este agujero
negro por fuera, mas por dentro rojo,
en esta propia soledad me acojo
y me olvido del mundo del Dinero
y el Poder. Estoy listo: sobrecojo
mi espíritu en su hondura, y tan sincero
como puedo, me inicio en el Sendero,
la Vida y la Verdad, y alto me arrojo
dentro de mí, y el vértigo es un goce
de adrenalina, que me desconoce,
porque he sido
extra-egoico ₋y ya no mío
quiere ser mi sistema propio inmuni-
tario y me advierte: “Sólo aquí Fortuny
tiene paso”. Y, por no llorar, me río.
II. Me estoy llenando de
Naturaleza
y de Cosmos: viajo hacia la fonte.
Y en mi vía se cruza un mastodonte
y luego un dinosaurio. Mi ego reza
a santa Software Devil-Dare
Simbionte
que me guarda y me guía, y que me aveza
en la aventura íntima, la Jueza
de mi moral, para que no me atonte
el Terror a mí mismo. Y cuando caigo
libre, del mundo vivo el desarraigo
terreno y busco un éxtasis inverso.
Pero os oigo gemir: vuelvo la cara:
vuestra sal se hace carne en cuerpo terso
por la tortura que Plutón prepara.
III. Ya no puedo volver. Mi masa es grave.
El trío de las Furias me remuerde.
“Sólo quería descansar, a fuer de
esfuerzos ya pasados”. Como un ave
sin alas creo haber perdido el verde
paraíso y su Árbol del que Sabe
de honor, por actos éticos. Mas, suave,
de pronto, la Caída es como ser de
verdad a la verdad Subida: salgo
al planeta de nuevo, y me encabalgo
en Pegaso, o la burra de Mahoma.
Pero no voy al cielo y sí a ese infierno
que no es, que no puede ser eterno,
porque está corroído de carcoma.
IV. Su nombre es Injusticia e Ignorancia.
Y mi Buraq, Amor al ser humano.
Es egoísmo puro, porque a mano
pongo mi bien: el Bien Común. Escancia
y escande un Ganimedes raro, vano
como fantasma, la fluvial fragancia
de un Néctar de padhana
o insustancia
en mis vasos y bronquios, y me afano
en la trasmigración por reciclaje
de una mística alquimia, que a ese delta
de la energía, lleno de coraje
renutriente me va a llevar de vuelta
a renacer, por este extraño viaje
a una vida real, que no me suelta.
V. Salud, amigos: ya san Juan lo dijo:
“Dios es Amor.” No existe otro ninguno.
Y mueve las estrellas.
Y lo bruno
alumbra. Y su teológico entresijo
es una urdimbre que libera. Tú no
puedes sino ser libre, como Hijo
de Lucifer, cumpliendo, pues lo elijo,
el hermoso deber, inoportuno,
pero siempre en su busca. Y, si el cansancio
a veces lastra la erección, por rancio
y viejo y desgastado, de mi Fuerza,
no tengo más remedio que a la Fuente
conectarme en mi fuga -de la gente-,
que del techo se tira y
ya no almuerza.
VI. Y aquí de nuevo
estoy. Si al propio astro
le horadé un túnel diametral y al centro
salté, la inercia me sacó, de dentro
a los antípodas, dejando el rastro
de mi firma en la vía. Y el encuentro
conmigo me ha llevado a un Zoroastro,
predicador del Padre, y buen padrastro,
su emisario, del Bien -si salgo, entro,
y si entro salgo, porque somos Uno
para todos- Común. Y hay un Cabruno
Capo en el aquelarre que las brujas
adoran y es mundial, y nos absorbe
nuestros recursos y de todo el Orbe,
y de sus zarpas saca sus agujas.
VII. Brujas y brujos machinazis besan
el ano a Baphomet, y tan tranquilas
se quedan, y ya suenan sus esquilas,
y de balar ladridos nunca cesan
en contra de sí mismas cuando pilas
de disparates sin mesura expresan.
Con su cura Merino se confiesan,
quien las lleva en manada, grey en filas
militares, a dar su apoyo al Lobo
Inhumano, buscando un mundo perro,
excepto para el Zorro de la Hoguera.
Y muchos las escuchan con arrobo,
aunque, pobres, estén como un cencerro,
dado que odian la Eco-primavera.
VIII. O piensan que es mejor el mal de muchos
en beneficio de unos pocos malos
que se quedan con todo como escualos
depredadores de mendigos chuchos,
y que es siempre mejor lïarse a palos
que la próspera paz; los arrechuchos
terminales en noche de cartuchos
violadores y tiros como falos
machistas en manadas, que el sosiego
de un buen entendimiento, y la harmonía.
¿Tan arduo es entender que quema el fuego
y hace sufrir? ¿Y que la economía
de la desigualdad es como el griego
fuego, que incendia hasta a la mar? Me niego
a aceptar, testaruda, tal porfía.
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