martes, 31 de diciembre de 2019

CRUZ DE JESÚS.

Sonetos desde el Margen (Sátira simbologista al perdido Peneo).


I. ¡Jesús!: con tu visor, por estornudo,
ciego ante mí, me vetas y me anulas
de tu foto, movido; dí, si mulas
poéticas, tus cuadras, y el embudo

me estrechas con tus malas formas chulas
de asno engallado, por qué gruñes rudo
conminando al jurado, tal forzudo
violante, cual forzada, y por qué ululas,

sirena engañadora de lectores
que aspiran a ser cultos, tú no siendo,
que te tienen por faro: ¿serás cíclo-

pe y tragas crudo al reverendo
aprendiz inocente? Ya no chores
del erario, fachenda de tri-ciclo.

II. Los ciclos se repiten, tal pimientos
que te engulles por gula y latrocinios,
colaboracionista de exterminios,
por corrupción podrido. Pensamientos

florales mustios son los aluminios
de tu olla sin alma y mordimientos
re- (¿ves estos hipérbatos violentos
léxicos-intra?). Ricos tus dominios

de la materia son; mas del espíritu,
nada de nada; que pudor te falta,
que quiere que me haga el hara-kiri tu

fe en que no vendo. Cierto: no me vendo.
Y así irídico no alza ni peralta
tu arco su flecha, al lucro, ni pidiendo.
                                                                                              
III. Te tienes que apoyar en un mediocre
medroso trepador, que Dios los cría.
Qué sabrás, editor, de poesía,
si sólo entiendes de ganancia, ocre

tu gris materia pocha, que ya procre-
no puede ar (¿pillaste mi porfía
de estilo en esta tmesis? ¡Qué osadía!).
Miedo medroso a pérdidas te dio cre-

matísticas Codicia: beneficios
mafiosos te interesan, no las artes
poéticas, y ¡editas poesía!

-que es mero prosaísmo-, ni artificios
(¿estos pillaste?; sé que no). Sus partes
tu mano así jamás se pillaría.

IV. Variación: si tu trono es del mediocre
y el malvado, o mediocre por malvado,
¿te extrañará que sueñe en otro Estado
más lisonjero verme? Como el ocre

de cuerpo cadavérico, no ad hoc cre-
mado, exprofeso, pescador a nado
en el revuelto río, ya lavado
el cerebro mundial, a electroshock re-

pugnante, por su pugna de tramposa
zancadilla al rival o con censura
de dictador capo di mafia, que le

pueda eclipsar brillando como diosa
Venus Lucero, o Luna, tu conjura
 de vil maquinación, qué mal me huele.

V. Apestáis por corruptos ganapanes
y vinos de la víctima expiatoria.
La cargáis con su cruz, como la historia
se repite pepino: supermanes

os creéis confundiendo los desmanes
de intriga vuestros, dándome achicoria
por café, dando, gatos, pura escoria,
por liebre, por poesía, por truhanes

expertos: nos vendéis la mala prosa
de vuestra astucia ruin, y hacéis política
derecha so disfraz de lo contrario.

Ay, valiente camelo de medrosa
empresa re-torcida y anticrítica
de dictadura, a costa del erario.

VI. Pero ya me da igual: soy un Pessoa,
salvando las distancias, o una Emilia
Dickinson, y me asquea la Familia,
de Gringolandia como la Lisboa

de Caetano u Oliveira, boa
constríctor de su pueblo, cuya filia
es fobia a mí, que mata, por vigilia,
o del Trasero Patio. De la Stoa

se necesita de Zenón de Citio
para impedir que nos agobie el sitio
y el cerco marginante que nos echa

del Derecho al exilio de la Gloria.
Centrífugas a vueltas de la  noria
me queréis, siendo mulas, de derecha.

VII. Robaperas, que dices que son flojos
mis versos y mis libros, y los plagias,
¿nunca te hartas de mis hemorragias,
garrapata, sorber? Tus versos cojos

y ramplones ¿pretendes que son rojos,
cuando son aguachirri? Porque magias
tienen pocas, y tus antropofagias
plagiarias menos, y aunque mil cerrojos

le has puesto al loft tirando al mar las llaves,
bien que me espías con tu catalejo.
Pre-cárcel tu mansión por penas graves

de sinvergüenza merecidas, viejo
chorizo meretricio, ¿tú que sabes
de poesía, so censor pendejo?

VIII. Dices que me autoedito y no publico
ni pagando, y así te contradices:
o una cosa o la otra. Cuando atices
a tu envidiado, apunta bien, Perico

de los Palotes, lengua larga, chico
de cerebro y lingüística. Felices
los que ven más allá de sus narices,
los que no se las tocan -si les pico,

será que comen ajos- al objeto
de su cochina envidia psicopática.
Si nada hay que envidiar a este cateto

que nunca publicó, según tu plática,
sus 17 obras, ni un soneto,
será que mentirá la matemática.

IX. Médico de tu honra, el puñal clavas
a mi espalda en la víctima inocente.
¡Ya hay que tener valor y ser valiente
para meterte con bebés de babas

y pañal!, nunca Infantes, cuyas clavas
hercúleas son, Reales, y los dientes
su ironía te enseña. No te enfrentes
con gente de tu altura, que te trabas

al ponerte nervioso y la bloqueas.
¡Valiente saco con mojón de ideas
trasparente estás hecho!, cobardica.

Engallada gallina, qué te crees.
No afees tu conducta, no la afees.
Y métete, en verdad, con quien te pica.

X. Soy un poeta culto y culterano.
Y soy así porque me da la gana.
Y digo lo que siento, que mañana
tarde será y mi día, y si el tirano

autoelegido trata de echar mano
al pincho del insulto por la insana
psicopatía del creído, afana
o plagia y me margina, será en vano,

porque el impropio brillo no ilumina
sino a la estrella fuente; y si le inclina
su complejo, inseguro de sí propio,

a echar de su pirámide al genuino
poeta, hará el cretino, por cretino,
chutando en propia puerta un gol de opio.

XI. Te colocas, fulano, te colocas
tú y tu compinche de tu jerarquía
empresarial, el faraón que pía
versículos de falsas biblias locas.

Jesús con el hatchís, con el perico
Pedro, y ambos detrás de la heroína,
y el doktor eclesial sin vitamina
mental, peor. Y a mí, que me dedico

a declamar sonetos, shakespeareano
éste ahora, y clamar contra lo injusto
me queréis acallar dándome susto.
Y a mí no me lo da ningún fulano

profesional que gana si se vende,
como fulana, pues, o lo que pende.

XII. No obstante, volverán las golondrínas
y siempre treparán las madreselvas.
Mejor será, por ende, que resuelvas
la ecuación. Te han tocado tantas chinas

que te la juegas sin temor. Pamplinas
no aguanto más. Ya para atrás no vuelvas,
que no se puede, mas a cachos melvas
o pedazos de atún y sus rüinas

mostrar tal como son sí que se puede.
El banco está quebrado para el Ictis
y el crïado de caza, porque hiede

pútrido el par. Y ya mi supernova
sus caras muestra, e Sólibus Invictis,
de las hienas que siguen a la loba.

XIII. Alobado licántropo que Remo
me quieres muerto por tu propia mano
porque me consideras un marrano
o un judío secreto, no te temo.

Tu operación no alcanza el hondo extremo
a estas alturas, ni tu gloria el cano
monte que el alba alumbra, so verano
falso, que te has creído, torpe memo,

que trepar es lo mismo que poesía
hacer, y me confundes tu carrera
de intrigante hasta el loft y cacería

de herejes con el arte verdadera:
ha llegado la hora de tu día
H y D y ya no brillas, aunque muera.

XIV. Porque Apolo no muere: su retorno
es eterno y dïario (como Elíade
enseñó y antes Nietzsche), y si su dríade
se le plantó, velando fiel su porno

con hojas de laurel y el tosco adorno
de su corteza, alumna de la Tríade,
cuando Peneo la amparó, aquel día D
contra el Brillante Estrella, sigue su horno

y el de las otras dándonos partículas
atómicas que son nuestra materia
y nuestra luz, aun sin corona poética

lucida. No me luzco, ni ridículas
ambiciones me lastran, porque seria
el arte es para mí e implica ética.

XV. Artemisa, la Virgen cazadora,
Perséfone, la olímpica del Hades,
y Hécate, la Hechicera, 3 cofrades
de Trinidad, que Dafne, encantadora,

trasunto de la Luna soñadora
y mística, del Eros las maldades
evitó y las torturas de los Sades,
porque quiso de sí ser la Señora.

Igual que yo de mí señor. Me mandas
al destierro: rival soy peligroso
por datos ciertos que no ve el sonámbulo

falso apolo, de mí tocado en andas.
Dafne yo, tú de estilo cojo y soso,
te caes de mi cruz por mal funámbulo.         

 XVI.  Y, al fin, este estrambote: crucificas
a tus rivales y sobre ellos subes
a sus más altas nubes, robanubes
y te picas, te picas y te picas.

Dices ¡Jesús! y el soplo abre las plicas
para saber si hay ángeles querubes
de poesía, no socios de clubes
-o inteligentsias  sinvergüenzas chicas

de poetillas sin poesía-, que aspiran
a la victoria infame de tu premio,
pobres diablos luzbeles que deliran,

ajenos a los logros de tu gremio
tratando de ser tú. Mas se los tiran
tus fanáticos siervos, Baco abstemio.

Y XVII. Pues por lo visto no se acaba el cuento.
Cuánto cuento tenéis. ¡Vaya chorizos
estáis hechos! Rizando muchos rizos
hüís hacia adelante. Mas memento

mori: se acaba todo; y el lamento,
llanto y crujir de dientes, en chamizos
y chabolas los libros enfermizos
que publicáis y anémicos, de lento

y plúmbeo ritmo circulo-vicioso,
se pudrirán, que no tenéis futuro.
Vuestra víctima de hoy será el coloso

de mañana: que soy un tipo duro
de brillantez como diamante puro,
y no, como vosotros, un mierdoso.



sábado, 28 de diciembre de 2019

PROFECÍA DE LOS AÑOS NUEVOS

O
YO SOY POETA POR LA GRACIA DEL YO.
Ironía narcisista -Anfibologos  trascendental.

El carácter es el destino.
Heráclito

…el arte es lago y, además, no importa.
A. Machado

Enorgullécete de tu fracaso
que sugiera lo limpio de tu empresa.
García Calvo

Todavía te queda muy distante
ese país incógnito que sueñas.
Darío

El sol, capitán redondo,
viste un chaleco de raso.
Lorca

noble pino del Ponto...
Horacio

0. Eres un fracasado. No te tiene
en cuenta ni la madre que te trajo:
al todo el mundo importas un carajo
-sea el salvaje o el de la Ecumene.

Nunca has sabido lo que te conviene:
te ha dado tu Ideal mucho trabajo,
para acabar bajo un escupitajo
o en cuadrada raíz de ˗ n.

Sabes tener un don que fertiliza:
la inversión de tu importe, que es fecundo
si no en ajeno, sí en tu propio mundo.

Te  inventas: ser poeta te realiza
(aunque te deje solo en tu profundo
Sí-mismo el rey montero de Süiza).

I. Ser poeta no es algo que uno pueda
decidir por sí mismo. Mas tampoco
nadie más. Lo que sí se puede es, loco
metódico, intentarlo. La vereda

de cabra al monte te alza hasta la zeda
de un alfabeto inverso y, si tu Coco
alcanzas no es de palmas, sí del moco
del pavo del bebé, por bravo aeda:

con el idioma luchas por deporte
y por tal, para el Otro, el pobre idiota
haces, si él  juega, el pobre, a ser pelota

del poderoso pie que pierde el norte
confundiendo, si gana cuando anota,
poesía con triunfos en su Corte.

II. Y el galardón tú mismo te concedes
por vocación de buzo en las honduras,
bien de la mafia, trepa a tus anchuras,
bien de la musa que te dé mercedes,

tu novia, benz -de Joplin-, si es que puedes
hacer sonar la flauta por las puras
casualidades de la vida. Duras
las dicta el Capo cuando entre paredes

te aísla por temer la competencia
que le eclipse su insano monopolio.
Pero, por mucho que emborrone el folio

para justificar su necia ciencia
de tropismo trepista, sólo polio
muestra su pie en el metro, y tu paciencia.

III. Y tu esperanza. No te desesperas
porque sabes que sabes lo que sabes,
que es la nada socrática, y las aves
de tus figuras y de tus quimeras

son interrogaciones delanteras
hacia la meta -o gol-, buscando llaves
agonistas de puertas hondas, graves,
que Euridices encierran, cancerberas.

Pero nadie es Orfeo: no lo eres
tú; ni tampoco el otro que hace el mono
para llegar a Faraón. Tu encono

digno tampoco es necesario. Ceres
volverá a germinar con o sin trono.
E importarán su luz los luciferes.

IV. Y en el fondo qué importa. Ya tu apuesta
biográfica jactada está: ya ganes
o pierdas, lo que importan deben Panes
y Bacos ser de Cristos. Tu protesta

testimonio de alturas es, si a cuesta
lo llevas cuando cantas. Si truhanes
te denuestan o ignoran, son tus Manes
genéticos y Azar, si no te tuesta

el Arrimado al sol que por la cara
con su infrarrojo rayo pre-vïola,
que más caliente, con su macha ola,

tu recompensa, y piensa que es más cara
para tu corazón, si a la española
no te dejas freír, como un majara.

V. Tú vuela hacia el abismo, aguda sonda
sensible enarbolando aventurero
a ver qué sale, nunca por dinero
ni fama, como piedra de tu honda:

casi gráfico signo de redonda
pregunta y luego recta, como un cero
que lanza recta onda de minero
volador al origen, cuerpo y onda

parvos en par y, al fin, filosofía
por atractivo extraño del misterio
a la aventura, si no heroica o santa,

cabal divertimento de poesía.
Tú con-mociónate con tu salterio
y apuesta -de Pascal-. Y canta, y canta.

VI. Que ya viene la traca, si estrambótica,
como de triple 6, apocalíptica.
A poco que te salgas de tu eclíptica
auto-programación, anti-robótica

para el rival, curvándose asintótica-
mente su mente al horizonte críptica,
un solsticio de invierno, por elíptica
marginación, su navidad erótica,

resulta, cada vez que más, platónica,
buena se hace tu noche del corpúsculo,
y del Cuerpo Espacial, de claro músculo

espiritual, ü onda; y tu ex˗daltónica
visión ya no te engaña por mayúsculo
tu orgullo sin razón, camaleónica:

VII. Porque renaces dios en esa entraña
del corazón extraña del demonio.
Herodes te amenaza el patrimonio
genético que traes, y lo engaña

su vocación de rey que no se apaña
si no es rey Absoluto, porque moni o
poder y gloria busca, y a ti, jonio
filósofo poeta, no te extraña

que no quiera razón solar de lustre
ilustrado, o si sí, desde su poyo
de consorte  imperial, es por justifi-

car su tiniebla con ficción lacustre
de Narciso ennortado por arroyo
a mar sin nervio solidario o wifi.

VIII. Y es que está del revés la Cosa Nuestra.
En vez de hacer el Bien Común, al malo
se le encumbra a lo más alto del palo,

mástil que fue de horca, y ya la orchestra
de siempre te chirría, cernicalo
(sic) dirigente, y carne de menestra

los músicos y escuchas sin aurícula
y ventrículo vacuo, por cenáculo
pillados en la trampa o tabernáculo,
cuerpo y sangre, de tonta, tan ridícula

del que se traga el cuento o la película
bien se merece el golpe de ese báculo
o esa batuta del colmillo dráculo
por que os dejáis cazar en su retícula.


IX. Y si a ti no te toca el autoengaño
del de abajo y arriba por tu propia
sensatez, no es tu mérito y, si copia
plagiaria, la abundancia de su apaño

afanoso te honra. Pero el daño
que te afecte ni con dactiloscopia 
métrica o policial lastra tu Utopia
(sic  -por sin tilde, sólo tuya-) de año

en año nuevos, como escribe Lope
por cultismo, y, si no eres un mïope,
es sólo por fortuna en lotería.

No hay motivo de orgullo, ni del pope
ni tuyo; del deber, cumplido, a tope.
(Si eliges, libre, hacer tu poesía.)

X. Sea la incógnita el conocimiento,
si solucionas la ecuación. Si en vano
la buscas, por tu vía un raro viento
verás que te desvela un nuevo arcano

que ni esperabas. Con desdén lozano
mira al experto trepa, sin talento
para otras artes, a no ser de tiento
darle a la bolsa de su pobre hermano,

que otros talentos bosa. Sé tú mismo
y agradece tu suerte a la Fortuna
que, conocida por el dios abismo,

te concibió, y lo tuyo ha dado a luces.
Ni sana envidia sientas por la luna.
Que el arte tuya es sol, si llevas cruces.

XI. Y cruza mares, con paciencia, espera
que la marea fluya y luego embarca
y olvídate de falso aquel monarca
que, sin censuras, muere en primavera

por intentar hacerte, ya en su charca
revuelto, a ti la Pascua. Persevera
y, por precio de gloria, pasajera,
jamás aceptes ser, ladino, un carca.

Y si naufragas, pues la vida es corta
y no alarga tu mano al horizonte
por aneurisma y paro de tu aorta

y caer del Carmelo a medio monte,
has de saber que -y a tu fin disponte-
el arte es largo y, además, no importa.

XII.  Y enorgullécete de tu fracaso
que sugiere lo limpio de tu empresa.
Si te has quedado en sólo una promesa,
pública es sólo. Sigue en tu Pegaso

frayluisiano montado y por la espesa
eco-selva del Cosmos vuela al paso,
al trote y al galope y deja raso
el chaleco del sol, túnica fresa

de los crepúsculos al horizonte,
y, hozando, juega a ser Belerofonte,
velero de alas, que no velas: sueña

ese país utópico que buscas,
que soñar en un bien, aunque tus bruscas
yeguas nocturnas te amanezcan leña.

XIII. Del noble pino del airado Ponto
ovidiano, discípulo de Horacio,
no le pidas perdón al César tonto
y más listo que Lázaro el espacio

sidéreo el leño enciéndase y, topacio
solar brillante navegando pronto
al alba, aun de Casandra, el cartapacio
decimonono ajeno deja nazi o

neo-Capo o el de siempre mal ecónomo,
y, común a las luces del astrónomo,
sigue las huellas del Poeta Tracio.

Pues que el Presente Ruin no te regala,
hala de ala y no bales y, ¡hala!: bala
de luz, vuela a Plutón de su Pancracio.

jueves, 26 de diciembre de 2019

POETA IMPÚBLICO

No: si yo nunca he sido heroico santo:
so tentación maldita de la fama
y la guita corruptas, si mi canto
hubiera recibido alguna oferta
de enchufe en alta cuadra y a su mama
sin llanto, hubiera sucumbido, y muerta

mi alma apestaría, sin notarlo
yo, mas sí todos los demás. Un premio
de ruleta trucada en Montecarlo,
Pública Sociedad, muy poco Anónima
y más bien Limitada, de ese gremio
cerrado, exclusivista, que es sinónima

expresión de mafiosa Cosa Nostra
amiga de lo ajeno y enemiga
del Bien Comunitario, que no arrostra
ningún medroso, ya me habría podrido
la honradez. Sí: no soy un santo heroico,
así que debo estar agradecido
a mi suerte, y si soy un paranoico,

por la herida sufrir de quien me humilla,
es porque soy un animal humano,
no por aristo o por mejor, en silla
de montar -a la plebe- gestatoria
-soberana- usurpada, tal tirano
tirado para el tiro hasta la gloria.

Porque se puede comprobar, si escribo
y se me lee con crítico jüicio,
que yo no soy un expiatorio chivo,
sino más bien un pobre Pan de falo
lascivo sin su ninfa meretricio,
y esto me pasa sólo por ser malo.

martes, 24 de diciembre de 2019

EL COLOQUIO DE LOS CÁNIDOS

(Épodo en sáficas.)

La voluntad, siguiendo a Schpenhauer,
de poder o dominio, dijo Nietzsche,
sobre otro can, caniche, si eres dóbermann,
es de la especie

humana rasgo; y ser una figura
mítica, digo yo, en la voz sofística
mundial, característica, igualmente
lo es, o en la imagen

mental de todo cristo, el anticristo
inclusive: el desprecio al más humilde
energética tilde es que acentúa
tus dadas ganas

de ser don Alguien, y eso es lo que explica
la vía mala láctea que te sube
a la más alta nube vanidosa
de tu ego fatuo.

Es la causa del Mal y de lo Inicuo.
Y si tienes poder, el de la guita
o las armas, le quita al indefenso
tu perro morro

de caninos caníbales lo suyo,
si eres rottweiler y él chico chiguagua:
lo dejas a pan y agua, y aun sin eso,
aunque te sobre.

Y luego te me quejas de políticos
corruptos  y en el mismo y vasto saco
metes al anti-Caco, heroico Heracles
soteriológico.

Ganas me entran a veces de a paseo
o antidisturbios a la (cachi)porra
mandarte por cotorra que repite
las letanías

que dicen por la tele, que es tu ara
sacrificial, y sirve al sacerdote
que te chupa del bote, y lo consientes,
toda tu sangre.

Sé que tienes terror a rebelarte,
pues sabes cómo se las gasta el bruto
que mete tu tributo en su bolsillo:
tu eres idéntico.

Con el mando disfrutas: si lo tienes,
al pekinés maltratas con tu hocico
de dogo que ser rico, por esbirro,
cree, pobrediablo,

de perros policía del gran Galgo
fugado a las Caimán y el Perrolobo
renegado, al que bobo reverencias
dándole coba,

y es pastor alemán estilo Hitler,
que gayo adoras como hebreo gallo:
crees ir a caballo, y es un zorro.
Si no te dejo

tirado en tu avidez de, como spaniel,
verte lebrel, cuando eres un gazapo,
de moral nada guapo, es porque soy
tu sanbernardo.


EXPERIMENTO CRÍTICO LITERARIO

 (Sobre la adaptación de las estrofas de Alceo al metro de nuestro castellano). A Ramiro Rosón.


Si un día Alceo, por ficción de hipótesis
fantástica, la crisma levantara,
pese a lo adverso de ambas lenguas
el resultado de experimentos

como este mío ¿los vería logros
de un buen discípulo heredero, grato,
de su maestría legendaria?
¿Me premiaría con oraciones

de agradecido y entusiasta laude?,
como yo haría si, salvando, humilde,
respetüosas las distancias,
algún pupilo sobresaliente

de un porvenir, si poco cierto, digno,
un homenaje a mis esfuerzos torpes
me dedicara. Con orgullo
celebraría desde mi tumba

su devoción y, reencarnando el alma
en sus estrofas, con buen seso, el propio
de su mensaje, si cuadrara
con mi poema, que imitó Horacio,

el de la nave del Estado, me re-
fiero, en zozobra, dada el diablo fiero,
que llaman dios, de la galerna
de los corruptos o los piratas

o la fulanas que engatusan, pobres,
a sus amantes, u oprimidos pueblos,
tal varonas bajo dominio
de los barones bipartidistas

(que he re-imitado eslabonando el estro
de su enseñanza): sentiría orgullo,
que no soberbia, del trabajo
técnico de arte de buen poeta.

Y es que el Amor a todo mundo salva,
dada su Luz, al pueblo, aun indolente:
iluminemos las tinieblas
con el esfuerzo de la poesía.

Y, si al final todo resulta nada,
digna es la lucha y a gustar convida.
Pero esa poma no es de Tántalo,
sino motivo para la honra.

lunes, 23 de diciembre de 2019

CRISIS DE NAVIDAD

Asclepiadeas heterodoxas adaptadas al castellano. A Ramiro Rosón, y a todos, deseándoos felicidad para todo el año.

Y llega la fecha de las navidades:
su símbolo flota sobre el Arquetipo,
alto globo de fronda
que hunde su cofia en la entraña

del alma  inconsciente tronada sub ínferos,
buscando una excusa, rebelde sin causa,
para ser infelices,
porque te obliga la Norma

del hábito a alegres festejos, pues nace
en nuevo solsticio invernal -con retraso,
a 3 días-  Dios Niño
(Helios o Mitra o Apolo)

venciendo a la muerte más larga del año;
y rabia tu Sombra, y al primo que pille
acicala de culpas
nunca existentes, por fatua

revuelta: no tienes familia, y la Noche
no es Buena, y tu aciaga ansiedad,
que jamás reconoces,
infla un fantasma de sangre

o genes que el cielo y sus astros dirigen
en un todo harmónico, y su contrapunto
a 2 voces enfrenta
no compatibles: y expulsas

el mal, o se expresa, atacando a una víctima
o chivo expiatorio que cargue con tanta
impotencia, y la fiesta
célebre invierte su seso

y vuelve a lïarse el pifostio de todos
los días nefastos, y en tu Soledad
te refugias, so pena
ímproba de otra ruptura

por nada. Y al fin, bien lo sabes, se pasa
el hondo conflicto: Noel ya no anuncia
el deber de tu dicha,
ardua sin proles reales

de infantes alzados a príncipes garzos
que traigan encanto a una casa sin fuego
en el lar, y hace un frío
íntimo, y tiemblas, y erizas

el vello agresivo de miedo insufrible,
y, gata sitiada por nadie o fantasmas,
a no ser por tu angustia,
cruel e insensible le ladras

a todo el que ría o incluso demuestre
la calma absoluta de su indiferencia;
el colmillo y la zarpa
muestras al Baco festivo.

Así es el humano: en lugar de enfrentarse
a Urano estrellado o la Ley que lo oprime
al autarca libérrimo
ícara ofende su envidia.

No obstante, poeta, celebra este tiempo,
desea paz próspera al orbe del mundo
anüal en su órbita,
canta la sabia esperanza.

domingo, 22 de diciembre de 2019

EL CRÍTICO DISIDENTE I & II. y III.

I. En algún otro ensayo me atreví una vez a defender que frente a la lectura de Madame Bovary, yo prefería Las tentaciones de S. Antonio. Y recuerdo que el pedantuelo de turno se llevó las manos a los parietales escandalizado, y me atacó calificando todos mis escritos de “bobadas”, porque yo “no había leído a Flaubert...” o algo así. Ni contesté. Porque era evidente que sí lo había hecho: si no, no estaría hablando con conocimiento de causa de Emma o de s. Antonio. Sólo había dicho que confesaba no haber podido acabar la 1ª de las aludidas lecturas porque la encontraba soporífera. Pues bien: como hago a menudo, he retomado la gran obra y me he sometido al ejercicio crítico de su relectura, y he comprendido algo: la razón por la que ese culmen flaubertiano me resulta insufrible nada tiene que ver con la indiscutible calidad de la nítida prosa y construcción armónica de ese disfrutabilísimo edificio literario.
No: se trata sólo del asunto sobre el que versa: los problemas de una mediocre snob provinciana para salir de la prosaica grisura mate de su mundo me resulta de escaso interés, sobre todo cuando observo que hay caracteres literarios muchísimo más dignos de estudio, y no sólo me refiero a Hamlet, don Quijote, Iván Karamazov, Lady MacBeth y la Medea de Eurípides y la Maupin de Gauthier, sino, por paralelismo con Emma, a un par de Anas: la Ozores y la Karenina. Y podríamos seguir.
Las Tentaciones… es un texto espectacular: las alucinaciones visionarias del eremita son una exhibición documental de referencias artísticas plásticas. Pero es que,  además, el tema de la santidad y lo demoníaco es una de mis favoritos por lo que tiene de raíces antropológicas, como demuestra mi culto al miltoniano Paradise Lost, o mi obsesión con todos los Faustos que el mundo han sido fingidos: desde el anónimo originario, que recoge una leyenda medieval, al de Valery o Pessoa, pasando por Marlowe y el Manfred de Byron y, cómo no, el de Goethe, incluyendo en esta lista los rasgos fáusticos de otros caracteres arquetípicos como los donjuanes, ya sean Tenorios, Montemares, byronianos donJoans o Bradomines, etc., y, en otros orden de cosas, el Felix Krull, de Mann, impostor por vocación, dado su gusto de “vivir en la metáfora”.
Y por qué.
Es obvio: todos ellos son personajes rebeldes que se enfrentan con valentía y audacia a la mediocridad de su mundo estructurado por jerarquías anquilosadas por la tradición y la costumbre y las normas de la normalidad, que suelen con frecuencia fungir como refugio de los cobardicas y los tontos que no se deciden a pensar fuera del esquema auroritarista de sus prejuicios ideológicos insuflados por una mala educación que hace coincidir sus creencias con las mentiras propaladas por los poderosos, contrarias siempre a los intereses de esos mismos insensatos que son seguidores óvidos de las mismas, que se engañan creyendo que, ladrando al Enemigo oficial de su Dueño, van e alzarse a su alta categoría de cánidos lupinos.

II. También expresé mi preferencia por Krull frente los Buddenbrook o La montaña mágica, de Mann, pero también me hubiera gustado hablar de la tetralogía José y sus hermanos, cuya 3ª entrega, José en Egipto, acaba de remembrar esta mi afición de relector.
Sabía que ese tomo me interesaba en especial, pero no conseguía recordar por qué, y ya hacia el final  de la relectura encuentro la respuesta. Estaba a punto de decir: “todos ustedes conocen la historia de José”. He caído de súbito en la cuenta de que, no obstante, esa suposición es aventurada. Quienes hayan pasado por la ESO o los Bachilleratos LOGSE y sucesivos, como no hayan cursado Literatura Universal, poco sabrán de ella, como demuestra mi experiencia docente.
Para ellos y con brevedad: José, penúltimo y undécimo hijo del patriarca hebreo Jacob, según el Génesis bíblico, tocado por la Gracia de Adonai y, por ende, favorito de su padre, motiva la envidia de sus hermanos que lo venden en represalia como esclavo a unos mercaderes árabes que lo revende a un aristócrata egipcio. allí este protagonista irá ingeniándoselas, valiéndose de su natura y divino encanto para medrar en la jerarquía de servidores domésticos de rico noble hasta lograr convertirse en el número uno de la misma, suscitando una terrible pasión amorosa en la esposa de Amo, Putifar, quien terminará, la esposa, no el Amigo del Faraón, requiriendo de amores al encantador guaperas. Pero José, por fidelidad a si filo-faraónico dueño y, lo que es más importante, a su Dios y verdadero Señor, a quien fue consagrado, se niega a aceptar las lujuriosas solicitudes del ama, por lo que ésta pierde la cabeza y cuenta su inconfesable secreto a medio Egipto. Enterado el sumo sacerdote de Amón-Ra, por encima del cual sólo se halla el Faraón, se queda patidifuso ante tan soberbia desfachatez, pero no la de la pecaminosa ama amante, sino la del esclavo que ha osado rechazar a guayabo de tan altísima alcurnia, cosa que considera un deshonor para la clase dominante egipcia, a ver que se habrá creído el chusma ese. Y, así pues, la autoriza y casi obliga a pecar contra su honra, conminándola a beneficiarse al gallardo siervo, pese a la castidad o fidelidad al marido que por norma política y religiosa debe ser siempre observada por toda hembra que se precie de notable, so pena de capital castigo.
Ni que decir tiene que la pobre mujer nada consigue y se lía la de Dios es Amón-Ra, aunque, como sabe -o no- el santo héroe se salvará providencialmente, ya en la 4ª novela.
Por supuesto que el final del cuento es interesante. Mas lo que a mí más me prendó, y prendado aún me tiene, es lo que acabo de resumir.
Una clase dominante y brutalmente explotadora, y no sólo de los esclavos, que, como suele ocurrir, no sólo se identifica con toda la teocrática patria egipcia, obsesionada, igual que en todas las civilizaciones patriarcales con autenticidad legítima de los humanos herederos, impone en las féminas, jamás en los machotes, la rígida norma de su fidelidad servil y esclavizante al esposo única que, ese sí, puede tener más esposas y concubinas que solicita de su harén cuando así les apetezca. Sin embargo, la causa socio-antropológica de rigurosa norma contra la libertad de la mujer, si no es desconocida, al menos no se tiene por prioritaria, puesto que para explicar las cosas todo teologismo se vale de su sacralidad normativa: la Ley es de origen divino y así no podemos cuestionárnosla.
Y el hecho de que dicha sacralidad pasa a 2ª fila entre las consideraciones del egipciaco papa implica el grado de importancia que otorga ese divino vicario del Sol a la religiosidad que representa como máximo jerarca: en primer lugar está, y por encima de todo lo demás la conservación del orden político que su casta determina de las alturas. Qué sería del Estado si los esclavos despreciaran los favores de sus Señores, por más que la oferta de la favorecedora sea inmoral desde la perpectiva de un sagrada disposición de los dioses para con, sobre todo, las dómina de los ricos-homes.
La hipocresía de la inmutable -por dictado teológico- Ley, intocable por sagrada, es evidente: en el subconsciente superegoico del so-cerdote (sic) predomina ante todo la dominación de los explotados antes que lo sacro de la Regla, que reverente mandamás no tiene inconveniente en pasarse por el forro, profanando su Origen Superior.
Pero lo que más me hace gracia es que el pueblo llano egipcio se postra ante la opresión ideológica y, en este caso, arbitraria y testicular de la prédica interesada de los poderosos que los maltratan sin reparo.
Para ellos es el cinismo de la curia solar no sería jamás el malo de la mítica peli: lo es la fiel pureza de José para con su propio Dios, espécimen salvaje del desierto extra-egipciano.
Qué poco, en el fondo, ha cambiado el ser de las masas humanas desde entonces.

III. Pero hay curias sacerdotales no sólo dentro de las iglesias, sino también en todas las jerarquías sociales, aunque no sean religiosas: la de los críticos y criticones literarios es una de ellas. Nací a la escuela con la firme sentencia y dogma que defiende que nuestra literatura del siglo XX empieza con la espectacular Generación del Desastre del 98. Años tardé en comprender que el único desastre literario de la Generación fue el de los críticos institucionalizados: en los manuales oficiales de Historia de la Literatura, los de mi tierna edad, exhibían a los Unamuno, Azorín, Baroja, Valle-Inclán, Machado como hitos indiscutibles, y también a Maeztu o a D'Ors, razón por la cual se dedicaban a su estudio a los aprendices dirigido grandes espacios y números de páginas, dejando una breve nota que dejara constancia de que coetáneo de esa Generación ¡pero no perteneciente a ella era un "naturalista" llamado Vicente Blasco Ibáñez. Era hábito de los profesores no dictar lecciones sobre ese autor secundario para aligerar los contenidos del manual con vistas al examen de Selectividad.
Muchos años después recordaría el día, no en que vi por 1ª vez el hielo, sino aquel en que se dio la ciscunstancia de que me topé en una librería de ocasión con un libro, Mare Nostrum, del discriminado autor de autos, y quedé enganchado y fascinado con la calidad y altura de la obra. Luego vendrían El Papa del Mar, A los pies de Venus, Sangre y arena, La araña negra, y empecé a comprender en mi joven inocencia cómo ese artista de la narración novelesca trascendental había llegado a frisar en el olvido de los críticos y docentes. Pero fue, ya adulto, cuando leí Los 4 jinetes del Apocalipsis, cuando intuí las razones de su marginación en Institutos y demás Instituciones de enseñanza. Y como siempre, tras una dedicada investigación, comprendí que las razones de exclusión habían sido, como siempre que no las hay critico-literarias, ideológicas. A pesar del éxito espectacular que el libro llego a tener en el extranjero, de hecho llegó a Hollywood hecho filme, en mi juventud se oía hablar poco de críticas evidentes contra la Alemania de Hitler ni de las raíces del racismo nazi que, como en la novela que comento se puede ver conspicuo modo, hunden sus raíces en la mentalidad que después de la triunfal victoria germánica en Guerra Franco/Prusiana floreció como una atmósfera tóxica -para el resto de la Humanidad- en el Imperio del Káiser. La historia de una familia cuyas ramas se despliegan en despliega caria dirección nos ofrece discursos ideológicos por parte de mentes cuadradas y frankensteinas y robóticas sobre la teutona superioridad racial del volkgeist alemán que autorretratan a los personajes como indisculpables gestores de lo que luego llegaría a ser en 2º Guerra Mundial una psicopatía asesina institucionalizada en origen con los votos de los embrutecidos elemnteos en masa de vulgo hitleriano.
En la España de Franco esa crítica autoevidente no convenía ni cuadraba ni encajaba demasiado: los franquistas de pro -y los avant-la-lettre germanófilos-  habían sido aliados de los nazis y de los fascisti con cuya asesina ayuda (recordemos la malagueña Desbandá de la carretera de Almería) ganaron la Guerra Civil.
Aquel escritor anarquista y cosmopolita no podía ser rival del castizo 98, alguno de cuyos miembros acabaron, si no extendiendo el brazo y cantando el Cara al Sol, pasando de todo e inhibiéndose de tomar partido y, aunque en nada resta lo que sigue a, por ejemplo, Baroja como novelista inmenso, que lo es, no olvidemos que hacia el final de sus días proponía como solución al Problema de España la institución de (cito de memoria) un "tirano bondadoso", contra lo cual nada mejor que lo que le hubiera dicho el empirista británico, hito del más -no como el de don Pío- sano escepticismo:


las limitaciones y restricciones del gobierno civil pueden defenderse por la razón que, reflexionando sobre la gran fragilidad y corrupción de la naturaleza humana, enseña que a ningún hombre se le puede confiar una autoridad ilimitada; o por la experiencia o por la historia que nos participa los enormes abusos que ha cometido en toda época y país, gracias a confianza tan temeraria.

(David Hume: Investigación sobre el conocimiento humano.)

(Continuará)

viernes, 13 de diciembre de 2019

Otro Poema Radicalmente Antifascista de Casandra Maudite


ÉPODO A VULGUICIO

Qué delito cometí
contra vosotros
Calderón

Odi profanun vulgum
Horacio

Os oía de pie junto al pupitre,
Orfeón oficiando de biomega-
fonía nazional, de acorde estrépito,
para la voz cantante
de aquel catolicista, cruel belitre
que servía, con faldas, de estratega
al dictador decrépito ˗gran Buitre
de aquella patria muerta o protestante˗
en cuanto a Educación, que no tenía.
Cantábamos de coro y a porfía
a diario el catecismo y, tras la tabla,
floridos sacros himnos a María,
y a Isabel y Fernando,
cuyo espíritu impera.

Pero ya nadie habla,
tras tanta pelotera de recreos
sucesivos in cursu y en komando,
de aquellos entusiasmos torpes, feos,
con que todos, hablando,
y con las palmas, con la voz en grito,
alzadas, defendíaïs sin pausa
las limpiezas políticas y aseos
de “la Cruzada, glorïosa Causa                     
del Caüdillo ˗siempre sea bendito”,
echando a los arreos
retóricos manidos muchas manos
y mucho sanbenito.
Erais todos franquistas y cristianos.
Hoy todos sois demócratas y ateos.
Por lo que os felicito.

Pero yo, que en aquel tirano entonces
criticaba al Caudillo (igual que al Duce
o al Führer), era, por decirlo, el Tonto
del Pueblo, un pueblo de robots, con gonces,
del Imperio, grillados y de buche
pancista y pancho y por muy poco pronto
a ofenderse iracundo ante el escándalo
que eran mis disparates y dislates
y mis palabras de inocente vándalo,
sólo propias de rojos o de orates.

En fin, pasó aquel tiempo de fascismo;
también, la Transición. Y el tipo mismo,
uno de aquellos que antes me llamaba
necio, loco, inconsciente,
con lengua que de escándalo se traba
todavía me lo dice;
pero al día presente
no es por el mal, o el bien, que entonces hice.
            Más bien, por lo que veo,
es que él, inquisidor, me cree creyente,
y, hereje, yo no creo,
por más que con su dedo catequice,
en esta su corrupta democracia.

La cosa tiene gracia.
           
(Ay mísero de mí, ay infelice.)

jueves, 12 de diciembre de 2019

POEMA RADICAL



El mal es ausencia de bien, ergo no tiene ser de por sí
S. Agustín

Farai un  vers de dreit nien…
Guilhem de Peitieus

Voy a hacer un poema
que no trate de nada:
no hablaré de lo mema
que es el Alma Alienada,

ni hablaré del gran Ego
del Patrón absoluto,
pobre hombre al que ciego
lo ha dejado el esputo

que rebota reflejo
como bola en su muro
de frontón o en su espejo
su fotón, que es oscuro

su trasunto, y que deja
la mitad de la lumbre
traspasar y refleja
la otra media, de herrumbre

mercurial y marciana,
pues lo empaña su aliento
venenoso, y profana
el sagrado alimento

para sus semejantes
cuando arrambla con todo,
y se pudre denantes
de que trague su diodo,

que no da ni la vuelta,
tu total energía
que hurtará si está suelta,
y, si no, con la CIA

la libera, y ya es suya:
¿Veis? No hablo de nada
ni de nadie: ¡aleluya!
Que eres nadie, si, dada

al mal, lastras tu mente
con la carga del Alien:
and this guy non é niente,
weil er macht que le palien

sus atracos sus presas,
faccia quello chi faccia
e chi facciono ésas.
Pues la nada es muy facha

y los fachas son nadie:
hablaré de la nada,
aunque muerda e irradie
nuclearmente su espada.

Pues que ser, siendo sólo
ser, no es nada, y ser digno
es ya ser, como Apolo
o Jesús; ser benigno,

como Dios. Al Sujeto
le hacen falta Atributos.
Si eres miembro cateto
de un atajo de brutos,

como el Mal es ausencia
de lo Bueno, y no existe,
¡alegría! (y paciencia,
que igual sigo de triste).

EL PODER APOLÍTICO


Cuando algún marisabidillo pretende darme una lección de politología económica sacada de Wikipedia, tiendo a la indignación. Para evitarme el disgusto, me tomo la graciosa molestia de fundamentar con ideas y hechos constatados la actual identidad en la prácica, o al menos proximidad entre neoliberalismo y fascismo.

Hay mucha gente que todavía se cree, basándose más en el pasado histórico de las sucesivas Sociedades y Civilizaciones Humanas, aún más en las segundas que en las primeras, y sin prestar demasiada atención a la rabiosa actualidad de nuestro presente, que los conceptos ínsitos en los términos Poder y Estado son equivalentes e incluso sinónimos.
Craso error.
Es, desde luego, un hecho que a lo largo de la Historia de las Civilizaciones, pero no siempre de las Sociedades, estos 2 aludidos entes de ficción, realísimos por llevados a cabo o realizados, id est, hechos realidad por la acción o la actuación de las competencias (Chomsky)  sociales humanas, se han dado juntos por un acuerdo tácito e inextricable de complicidad, porque las civilizaciones siempre se han organizado según una estructura jerárquica en cuya cúspide se asentaba una Autoridad que, si en las sociedades pre-civilizadas, esto es, sin ciudades, no fue siempre necesariamente autoritaria, en las sociedades civilizadas siempre o casi siempre lo fue: Antes de la aparición de las ciudades, las sociedades se organizaban en torno a una autoridad que se basaba más en el prestigio de su detentador que en la fuerza. Ese prestigio podía ser mágico, pero la mayoría de las veces era otorgado por la autoridad de la sabiduría que, si con frecuencia era atribuida en algún grado al mago por sabio conocedor de hechizos, no por ello dejaba de ser acompañada, y aun compartida y hasta identificada e incluso superada por la autoridad inherente a  la experiencia de la vida propia de los viejos, y  de ahí que en las antigüedad fuera usual que un senado de senadores senectos, que no seniles (voces latinas relacionadas todas con senex: anciano) fueran los señores más respetados de la comunidad y, por tanto, los naturales responsables de tomar decisiones en pro del bien común de la misma. No existía el Estado como administrador del Poder. Y sólo para la defensa y la guerra se nombraba a un caudillo provisional para que, ahora sí, organizara la fuerza del grupo con bélica eficacia. Es decir: que el Poder como fuerza para forzar al enemigo a la retirada -y a los cobardes propios para cooperar en tan terrible ejercicio- era algo ocasional que por desgracia se convertiría en permanente cuando la producción de excedentes económicos necesitara protección frente a la rapacidad de los bárbaros, salvajes movidos y motivados por el hambre.
En el Enuma Elish, Poema de la Creación mesopotámico se cuenta esto en clave mítica: Anu, el Padre (o el Abuelo) Cielo tuvo la Autoridad hasta que la monstruosa Tiamat, la descomunal dragona marina apareciera como una amenaza para la divina comunidad: fue entonces cuando el Dios del Rayo, Enlil -o Marduk, según se trate de las versiones sumeria o acadia del poema- se ofreció para librar a los demás dioses del peligro a cambio de, a partir de ese momento, detentar para siempre la autoridad que, antes fundamentada en la sabiduría prestigiosa de la senectud, pasaría ahora a cimentarse en el Terror a la Fuerza Armada de algo tan destructivo como el Rayo. Su Poder, el de la fuerza destructora, se hizo, insisto, permanente, y desde ese instante, no sólo se usó para rechazar al enemigo de la patria, sino además, para tener al pueblo trabajador sometido a un orden necesario para mantener en la cúspide de la jerarquía a la clase ociosa guerrera, que daría lugar a lo que luego se llamaría aristocracia y más tarde nobleza. Los aristoi en origen, así pues, no fueron los mejores en tanto a la calidad de su sabiduría o habilidad en el gobierno de la Polis o Estado, sino por el contrario los mejores en fuerza bruta y en crueldad agresiva, o los más brutos y salvajes (incivilizados) de la civilización, y con el tiempo los más expertos en aniquilar amenazas, ya fueran externas o de clase, puesto que las clases nobles o notables siempre lo fueron en especial por su barbarie para -también- con sus ilotas, que no siempre estaban dispuestos a malvivir a cambio de que sus supuestos defensores se dieran la gran vida: surgían rebeliones campesinas esporádicas -típicas de quien vive de tal manera que ya no considera que tenga nada que perder porque, al fin y al cabo, le termina dando igual morirse de hambre que decapitado por la espada patriótica de su ocioso explotador-  que eran por sistema aplastadas por la casta dominanate (del latín, dominus: señor o amo -del esclavo o siervo-).
En efecto, ésta ha sido la norma en nuestra Historia Civil. O Ciudadana. O Política.
Pero de esta Historia hay también una Versión Secreta o Sub-Urbana. O Sub-Versiva.
Obtuvo su primer triunfo con el breve experimento de la democracia ateniense.
Los Imperios (de Alejandro Magno, de Roma, etc.) se la cargaron.
Y empezó a renacer a partir de las Revoluciones Burguesas (Inglaterra, EEUU., Francia…). Y nótese que Burgo significa Ciudad, Urbe Civil, Polis, Comunidad Política, Ciudadanía, lo propio de la Civilización: el Estado Ciudadano se estaba Civilizando y , puesto que la Ciudad Política siempre había sido administradora legal de la Violencia, las Revoluciones Burguesas implicaron Terror: la ejecución de reyes traidores de su pueblo, las guerras de independencia, la guillotina. Pero como el Terror es, en esas circunstancias, Extraordinario, y el aspecto positivo de lo extraordinario es la Maravilla, esos fenómenos terroríficos fueron acompañados de lo maravilloso: el pilar de lo que luego daría lugar a la Declaración de los Derechos Humanos. Algo que nunca fue necesario en las sociedades pre-civilizadas arcaicas en donde todos los individuos se consideraban iguales por reciprocidad: todo lo tenían en común y todo se compartía según necesidad de cada cual y, si algún listillo o fortachón abusaba de su poder de astucia o fuerza para tomar de la comunidad más de lo propio, perdía ipso facto su prestigio, y se quedaba más sólo que la una: no sobrevivía, pues.
La revolución (a veces pacífica) burguesa se asentó en occidente después de la 2ª Guerra Mundial de una manera, más que muy civilizada, muy socializada. El miedo de la nueva clase dirigente burguesa a una revolución comunista interna ocasionó fenómenos sociales benéficos para todos como el New Deal o la Socialdemocracia, cuyo obejtivo fue elevar el nivel de vida de la comunidad para que no necesitara hacerse comunista.
Pero cuando el apoyo del Este a los comunistas occidentales y otros desapareció por colapso del Comunismo Estalinista, ese miedo desapareció, y la burguesía, que era una nueva aristocracia muy notable, la que administraba el Poder fáctico del capital, obró en consecuencia: ya no le interesaba el Bien Común, sino sólo el Propio. Y se produjo la (contra)revolución involucionaría neodecimonónica conocida como neoliberalismo o capitalismo salvaje: incivilizado y anti-social. Y el Estado, tradicional administrador del Poder -y la violencia-, ha empezado a perder Poder (“Estado pequeño”) y le ha ido cediendo el Poder a la clase autoritaria vigente que domina y enseñorea nuestra sociedad comunitaria en propio beneficio. Y como todo autócrata, individual, de partido o de casta, es cada más libre de hacer (neo)liberalmente lo que le da la real gana a costa de la mísera penuria in crescendo de sus dominados, que somos casi todos los seres humanos.
Indiscutiblemente, si consultamos un manual de política económica, veremos que fascismo y liberlaismo son 2 términos opuestos. Pero a los hechos me remito: el autoritarismo del potentado económico se ha convertido en práctico ejercicio dictatorial por tendencia a la opresión de casi todos por su poderoso grupúsculo. Y dictadura y fascismo son dos término afines.
Y esa agresión del Plutócrata contra los parias cada vez más prolíferos por empobrecimiento de la clase media pasa por una destrucción de lo político o de lo estatal, y eso ha comenzado a ocurrir justo cuando habíamos, ¡por fin!, conseguido que las políticas estatales se hubieran puesto de parte de la defensa interna de sus pueblos, hoy ya cada vez menos Demoi y cada vez más Vulgi.
Al final ha resultado que -paradojas de la cultura social, que no de la civilización- el capitalismo de origen burgués, se ha vuelto, por (su Poder) salvaje, más incivilizado, por apolítico (o anti-político), que la política tradicional de las administraciones estatales -o políticas.

martes, 10 de diciembre de 2019

POEMA RADICAL I.


“Si eres demócrata, debes
respetar lo que se vota,
ya sea en pro de las plebes
y el ilota,

sea a favor de la basca
que prefiere dictadura
a libertad” -dice el masca
caradura

de una ex estatal empresa
privatizada, de priva
inflada su panza obesa
y su altiva

testuz, ladrón de la Copia
o la Abundancia del Cuerno
doble que es nuestro y se apropia,
si el gobierno

se lo vende, por compinche,
y nunca tiene bastante
por más que trague y se hinche
el bergante.

Del Estado una colonia
quiere hacer para su esquilme.
Y la Guarra babilonia
cuenta el filme

de que es por crear empleo:
será que me cree tonto
o en el reino de Morfeo.
Me da un pronto

de indignación: −De cenizas
quieres todo hacer infierno,
¡No: si tú hasta privatizas
al gobierno,

si puedes!: ¡el  monopolio
del Poder puesto en tu mano!
Gobernarás en el solio
del tirano.

“Y tú ¿no harías lo mismo?”
Cree el Ladrón. Y el asunto,
es, por miedo al comunismo,
que el difunto

Demos, ya vulgo, prefiera
a ese gran Mammón plutocráta
y deje de ser demócrata
y se muera.

GARCIA

(Homenaje a un querido amigo)

Es lógico o, al menos, hasta cierto punto lícito, pensar, hasta que no se demuestre lo contrario, que cuando alguien no hace versos brillantes es porque no sabe hacerlo. Y a menudo es así. Sin embargo, hay casos que sorprenden. Siempre me he preguntado por qué en un libro como La noche junto al album de Alvaro García (Hiperión, Madrid, 1989) nos encontramos sus lectores con tantos versos mates, quiero decir correctos y suavemente melódicos pero sin el brillo de los grandes recursos estilísticos, sin los fuegos de artificio de los más llamativos procedimientos técnicos y formales, con una abrumadora carga de sencillez de tono prosaico y -diría yo- fotográfico que contrasta con el hecho de que, cuando ya el poeta nos tiene acostumbrados a esos pequeños poemas donde el brillo del estilo parece apagado por el polvo de la experiencia diaria ˗la prosa de la vida˗, de pronto nos sorprenda, hacia el final del libro, con una composición no solamente brillante sino filigranada, al tratarse de la ejecución de una estrofa, si bien heterodoxa, de tan ardua dificultad como es la sextina.
La sextina, en efecto, es por su dificultad una de las estrofas más difíciles de realizar con éxito poético, y acaso sea ésa la razón por la cual ha sido tan poco prodigada a lo largo de toda nuestra tradición literaria, desde que la inventaran los trovadores provenzales (acaso Arnaut Daniel) allá por entre los siglos XII y XIII. Hay que ser muy poeta y estar muy seguro de las propias habilidades para intentar empresa semejante, y conozco poetas de muy destacable habilidad versificadora que, aun con eso, no se han atrevido -confieso que yo tampoco- a intentar o, mejor dicho, a publicar los resultados de sus experimentos a la recherche de la endiablada sextina.
Para mí, salvar los escollos de la dificultad versal con gracia es síntoma de poeta a la vista, y saber que Cervantes -que dijo en tres versos encantadores, llenos de gracia y poesía, aquello de "Yo, que siempre trabajo y me desvelo/ Por parecer que tengo de poeta/ La gracia que no quiso darme el cielo"- compuso una (que más tarde sería imitada por Gil de Biedma) me lo convierte de repente en poeta interesante y no necesariamente segundón. Es más: creo junto con el maestro Cernuda que el maestro Cervantes es un poeta de primera fila y no sólo cuando escribe en prosa. Pero aunque no me lo hubiera dicho el maestro del XX, yo mismo me lo hubiera barruntado sólo por el hecho de haber hecho el maestro del Siglo de Oro una sextina. La sextina bien resuelta salva, por otra parte, no sólo al incondenable Cervantes, sino también al menospreciado Rioja, injustamente enjaulado en la casilla de poeta floral, así como con al muy -acaso demasiado- apreciado Gil de Biedma, ambos hábiles ejecutores de la estrofa aludida.
Haber escrito una sextina hacia el final de su libro ya nos hubiera obligado a los que gustamos de lenguajes poéticos más sofisticados a leer con minuciosa atención los otros versos de García; hecho lo cual se comprenden una serie de cosas: Álvaro García es de los que piensa que una cosa e ser versificador y otra muy diferente ser poeta, y así su absoluta vocación de lo segundo le invita a rehuir continuamente los brillos de lo primero; entiende García, además, que poesía es el acto de sentir la vida en su más brutal esencialidad, y que la labor de un poeta honesto es servir a la realidad como los petrarquistas servían a la Señora de su amor: cantándola.
Pero a diferencia de los poetas idealistas, Álvaro sabe que la verdad real es cruda y prosaica tal como lo demuestra la experiencia, por lo que si algún adorno debe llevar el poema es sólo paraqué funcione como un ramo de reflejos de las cosas evocadas tal como se han sentido. Nunca filigranas retóricas, nunca alardes formales que son lujo innecesario y que, según su punto de vista, tapan más que desvelan lo esencial. Nada por lo tanto habrá de ingeniosidad en este puñado de versos en que su obra consiste.

Sabe García, sin embargo, que las Musas son hijas del Rayo y Mnemósine, de la Luz heridora del padre Zeus y de la madre Memoria, por lo que toda su poesía es pura evocación y vive del recuerdo, de esa voluntad selectiva de fijar con palabras los momentos vividos más significativos de una vida que quiere ser poesía sin dejar de ser reflejo de la gris y triste realidad.
No obstante, la habilidad manipuladora del verso castellano por parte de Álvaro García ha manifestado su prodigio -salvando, por tanto, el riesgo que todo exceso de sencillez entraña, cuando se trata de arte y artificio, de rozar la linde vertiginosa del anodino precipicio de la simpleza- en otros dos graves sectores: la traducción y el periodismo.
En la primera García ya nos ha sorprendido varias veces por su habilidad versificadora a la hora de traducir no sólo los contenidos poéticos de los poemas de los poetas angloparlantes elegidos (Larkin, Atwood, Wiliam Carlos Williams, Walcott y sobre todo su ejemplar versión de Auden aparecida en 1994 en Pre-Textos) sino también a la hora de traducir los procedimientos formales y técnicos, métrica y rimas incluidas, de los dichos.
En la segunda, en el campo de sus columnas y artículos en diversas publicaciones periódicas, cada x tiempo vuelve a sorprendernos con un artículo en endecasílabos, o con forma de romance octosilábico o, recuerdo este artículo en especial, en serventesios o cuartetos rimados en consonante siguiendo la retórica de los epitalamios regios o principescos y aprovechando la noticia de las bodas de la Infanta.
Habilidad y gracia que dependen de unas facultades técnicas que en los más de sus versos originales Álvaro García se ha empeñado en camuflar o disimular, porque considera que la técnica es un fenómeno que tiene categoría de andamio: cuando ha cumplido su función constructiva debe desmontarse para que el edificio, la obra de arte terminada luzca a los ojos de los transeúntes y curiosos con todo su esplendor y crudeza.
Quizás, diría Álvaro, ya ha pasado la hora de las suntuosas catedrales y es el momento de los edificios utilitarios.
Así, la poesía de Álvaro García prefiere ser útil a quien se decida a visitarla antes que hermosa con esa hermosura de maquillaje de la cual un Argensola dijo:

"...Lástima grande
que no sea verdad tanta belleza".