lunes, 21 de octubre de 2019

REFLEXIONES DE MENON ANTE EL FENÓMENO DEL DIVORCIO

Ya son 8 las veces que contraigo consorcio.
Y un consorte es un cónyuge, o unidad que, so yugo
común a otra unidad de pareja, es verdugo
de sí mismo o del otro, por lo cual el divorcio

es final panacea obligada que evita
que el torpe melodrama se convierta en tragedia:
cuando a uno de ambos se le acosa o asedia,
sájese por lo sano o súfrase infinita,

o en aumento, la inquina recíproca que surje
espontánea un mal día. El  amor maravilla,
pero la convivencia doméstica te humilla
la pasión de aventura, y es tragarse un menjurje

amargo cada paso que fuera de rutina
se dé por el fastidio que es siempre obrar conforme
a una Norma que dicta un Octópodo enorme
llamado Superego, si bien la disciplina

análitica-psico lacaniana al Gran Otro
acusa de culpable del típico disenso
que adviene con el hábito de no-existo-si-pienso
de manera distinta: todo hereje en el potro

de tortura termina si su error se descubre,
o vuelan sus cenizas con el humo y la llama.
El divorcio es más sano. Aunque es triste si se ama
aún. Odiarse, empero, es fatal e insalubre.

Ha llegado de nuevo el divorcio. Y el pacto
acordado civili- zadamente nos salva
de una contrariedad adversaria que un Alba
nublaría. Lo siento. Largo ha sido el contacto

y cálido. Si ahora descubrimos que somos
incompatibles, causa del vértigo y colapso
que hemos sufrido un tiempo, mejor que ser relapso
será reconocerlo. No gusto de progromos

tan propios del Gran Otro y el Quedirán que mandan
y prohíben al Ego, Superego mediante,
que uno haga su santa voluntad tan campante,
y hacen una montaña de una guija y agrandan

lo que sólo es minucia. Porque a mí qué me importa
lo que opine un beocio de mi comportamiento.
Yo no guardo el decoro. Y, si hablo, no miento.
Y demasiado hablo. Y a mí nada me corta.

Nos unió nuestra mutua admiración, y luego
ese misterio estroso, que es luz negra que brilla
como charol de día, y es electro-cosquilla
química de imán grávido que del hielo hace fuego.

Y otra vez el divorcio. Pero ya la costumbre
y la larga experiencia me darán sus consuelos.
Salí siempre adelante. Ya se alzará otra lumbre.
Aunque ahora me sienta tirado por los suelos.


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