jueves, 31 de octubre de 2019

SINERGIAS

Nuñez de Arce dijo que "en este siglo de sarcasmo y duda/sólo una Musa vive, Musa ciega,/implacable, brutal. ¡Demonio acaso/que con los dioses y los hombres juega!/La Musa del análisis..."
Y, en efecto, la obsesión por el análisis parece haber sido durante casi tres siglos -si no más- un rasgo que ha definido la cultura occidental y que la ha llevado a ser vanguardia de la tecnología -y, por tanto, del poder- en todo el mundo.
El método analítico, como se sabe, consiste en descomponer el todo hasta no poder más, esto es, hasta que aislemos sus partes elementales, las que ya no son susceptible de ulterior descomposición. En ellas debería hallarse la explicación última, la fundamental, del porqué y del cómo del comportamiento de todo.
Y en cierto modo tal esperanza era hasta cierto punto verosímil, porque es cierto que las partes explican en parte la naturaleza del todo. Pero también es cierto que no la explican del todo. Vayamos por partes: del mismo modo que un ladrillo puede ser explicación de la consistencia o solidez de un edificio pero no puede serlo de su estructura, un átomo puede explicar ciertas propiedades de la materia pero no puede explicar otras.
Así, según la visión viciosa del análisis, la interacción entre átomos podría explicar miles y miles de reacciones químicas, pero no podrían explicar el fenómeno de la vida ni el de la conciencia, a pesar de que los analistas a ultranza de los siglos XIX y XX, en vez de reconocer su incapacidad de explicar esos dos fenómenos incómodos por medio exclusivo de su método, prefirieron defender que tales fenómenos sí que estaban siendo explicados en verdad por la interacción de los indivisibles átomos, sólo que de una forma negativa. Si esas interacciones de puntos materiales no podían explicar la vida y la conciencia era sólo porque la vida consistía en un conjunto de reacciones demasiado complejas como para que la mente humana pudiera comprenderlo, mientras que la conciencia no era más que un conjunto de epifenómenos sintomáticos de unas reacciones químicas habidas en el cerebro, pero que en realidad no tenían existencia objetiva.
Todo lo cual era, a mi modesto entender, lo mismo que no decir nada, y para eso mejor hubiera sido quedarse calladitos.
El sentido común a veces tarda en llegar, mas -hasta ahora- siempre ha llegado. Al tercer o cuarto siglo de obsesión analítica -ya era hora- llegaron las primeras explicaciones alternativas con las teorías del Caos y de las Catástrofes, y en especial con el concepto de sinergia, sobre el cual recomiendo la lectura del libro Fórmulas del éxito en la naturaleza, de Hermann Haken (Salvat, Barcelona, 1994).
La sinergética pretende y consigue explicar las cosas que la obsesión analítica dejaba inexplicadas. Porque de entrada sinergética significa "estudio de la acción en conjunto". Y una de las primeras cosas que nos revela es que en cualquier sistema material, sean cuales sean las unidades básicas que lo componen, existe un punto crítico a partir del cual un incremento (o un descenso) de energía producirá un cambio cualitativo en la totalidad del sistema que lo convertirá en otra cosa distinta de lo que antes era. O dicho de otra manera: los cambios desde situaciones caóticas a ordenadas y viceversa se rigen por las mismas leyes matemáticas, sea cual sea el sustrato material sobre el que tal cambio se efectúe.
Si, por ejemplo, al sistema de las moléculas interactuantes que componen el agua que ocupa el interior de un cazo le añadimos energía calentándola, habrá un momento en el que las moléculas que antes estuvieran interactuando de una manera más o menos arbitraria empezarán a moverse ordenadamente formando remolinos o "rollos giratorios de convección", como si el calor hubiera sido una señal de mando que hubiera puesto de acuerdo a todas las moléculas que antes se ignoraban entre sé. Si volvemos a aumentar la energía las moléculas volverán a interactuar arbitrariamente pero a mayor velocidad que antes por lo que se habrá producido un cambio macroscópico y el líquido será ahora gas: vapor. Pero las partes componentes del sistema, los átomos, seguirán siendo las mismas.
Pues bien: un modelo matemático parecido sirve para explicar el comportamiento de cualquier sistema. Por ejemplo: el de la célula: un conjunto de moléculas carbonadas cuya interactuación ha superado un punto crítico produciendo a nivel macroscópico un fenómeno inexistente en sus partes atómicas: la criatura viva. Y de la misma manera una suerte especial de célula, la neurona, actuando en conjunto produce, una vez que sobrepasa su punto crítico, una cosa distinta de los componentes que la integran: la conciencia.
Pero lo más curioso es, como ya adelanté, que las reglas matemáticas que rigen estas transformaciones o "transiciones de fase" son las mismas para todos los sistemas posibles por lo que también podemos aplicar el método sinergético a la vida en su conjunto para comprender los cambios ecológicos que explican la Evolución; y también a la sociedad, de manera que podamos comprender sus trasformaciones a lo largo de la historia (v. gr.: las razones de la Revolución del Neolítico, que dio lugar al sistema socioeconómico agrícola, o las de la Revolución Industrial, que ha dado lugar a algo de cuya naturaleza aún no estamos del todo seguros pero que sabemos es, sin discusión posible, algo totalmente distinto a lo anterior, o la Revolución Financiera que, si no la paramos, va convertir el mundo en un estercolero de indigencia inhumana, camino de la miseria involucionista querida dirigida por una minoría de potentados, asesinos e potencia).
Haken afirma que en el interior de todos los sistemas materiales se produce, siempre que el incremento o descenso de energía los aproxima a su punto crítico, una especie de conflicto entre las partes (o partículas) constituyentes del todo que se parece mucho a una cosa con lo que estamos muy familiarizados en nuestra sociedad. De pronto una de las partes consigue someter a otra a su influencia, y estas dos a una tercera y éstas sucesivamente a la mayoría de las partículas restantes del sistema produciéndose lo que se llama técnicamente (es física) una moda. Pero mientras esta moda o movimiento general de las partículas del sistema se erige con la hegemonía, ha habido una lucha entre partículas y grupos de partículas muy parecida a lo que en economía llamamos competencia. Concepto también fundamental en el darwinismo, en donde se entiende que la lucha competitiva es uno de los motores de la evolución: si no se lucha, no se evoluciona, y quien no evoluciona o progresa se extingue.
En cualquier caso es interesante destacar el detalle de que todos los cambios empiezan por manifestarse con pequeñas fluctuaciones consecuencia de incrementos o descensos de energía.
En nuestra sociedad estamos sufriendo un brusco descenso de energía económica en sus bases y un incremento monstruoso en la cúspide de sistema, y las fluctuaciones han empezado a notarse en todos los niveles.
Y tras el punto crítico viene la diferencia.
Y ese punto crítico en la actualidad española empezó con Podemos, y con la reacción mediática y tramposa del Poder de Gobiernos mercenarios comprados por los líderes de la antidemocrática ideología neoliberal de moda.
Pero todas modas son pasajeras. Y esta también pasará. Porque podemos. Porque se puede. Y porque el capitalismo salvaje va a cargarse, no sólo el capitalismo, si no la misma Economía de Mercado, que no son lo mismo: la 2ª es legítima, siempre que el Estado la regule, para que no se desmande y se salga de madre.
A ver que nos trae este efecto mariposa: uno parecido acabó con los socialismos de Estado. Por una cuestión económica: sin competencia no se podía financiar las armas nucleares.
Y el capitalismo neoliberal se caracteriza por su monolítico ologopolismo de sus trusts, que elimina la libre competencia. También la de la evolución. Y toda.


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