sábado, 30 de abril de 2022

EL NUEVO RETABLO DE LAS MARAVILLAS

                                                           Yo te untaré las barbas con tocino

Quevedo

 

Me parece que todo lo que puedo

hacer es protestar contra lo injusto

para no ser oído. Me da miedo

tanto poder en manos del augusto

que se eligió a sí mismo con el dedo

            de un golpe de su mano con intriga

cortesana, vendiéndose al demonio

de la ambición, por medio de una liga

de mediocres. Nos roba el patrimonio

y su discrimen criminal su figa

            nos da a los disidentes, y nos calla:

tanta censura omnímoda no es propia

de un demócrata. Toda su canalla

canina que a la presa canas copia

de experiencia en el verso como malla

            tejido -o texto, de textil urdimbre-

trasmina a monterías de política

editorial, y su costura o mimbre

abole arquitectónico, y ya es mítica

y legendaria esa verdad de timbre

            de sirena no harpía, que él prohíbe

se escuche oficialmente y que se diga.

La poesía se muere del que escribe

con el fin de llenarse la barriga

de gloria vana, y el distinto vive

            aislado en soledad, sin voz ni voto,

vetado por grumetes que tripulan

la nave sin oficio de piloto,

y todos los compinches disimulan

auto-engañándose en grisácea foto.

            Confunden el saber con la victoria

mediática y logrera de avaricia

improductiva, impoética, ilusoria

avidez de riqueza por codicia

de reconocimiento transitoria

            hasta la muerte. Sufro mi derrota

resignado: es mi signo, que hoy es sino,

un designio supremo que me dota

de Gracia, que me niega, porque empino

demasiado mi cuesta: soy ilota

            bajo razzia espartana, y tú un fascista

cuya arbitraria voluntad de clero

ideológico calla al que te chista

con bravo genio, pobre majadero

te creíste poeta, por conquista

            y anexión sin derecho del vecino

país, y así eres héroe, por gran Caco:

gallina, pavo, pájaro, cochino,

no robas sino Estados, y tu atraco

es pura corrupción, neolibertino.

            Has cometido un crimen, pobre bruto

egoico, y envidioso, e indiscreto.

¿Qué tipo te  has fumado de canuto,

imbécil? ¿Qué te crees, so cateto?

Si me quitas de en medio, prostituto

            vendido al capital, es mi consuelo

ése. Me temes. Nunca tus esbirros

lo piensan. Que no piensan. Y su celo

es celar y oclüír a cuantos Pirros,

aun vencedores, se les caiga el pelo.

            ¡Impedir que un poeta cante en foro

público su canción!, por no la misma

ser que la tuya: flébil lo deploro,

mas la vergüenza es tuya, que el carisma

no justifica la avidez del oro

            absolutista y de la fama tonta

que te hace tan feliz. Habrá poesía,

y no será la tuya, pues su impronta

no va a dejar ni rastro o de entropía

sólo. Y un niño ve cómo se monta

            o te montas tu Imperio: “Va desnudo

el nuevo Emperador, no trajo traje”.

Como el niño tu trama desanudo:

no está tan bien atado tu blindaje

ni tan bien, tirador de tiro franco

            de carroza por necios: ya no envidio

nada tuyo de ti. Tu falso orgullo

es de cambio de piel, como el ofidio,

y de chaqueta: ¡izquierda, tú! Farfullo,

pero digo bien claro quién presidio

            debe sufrir por timador y preste

estalinista, o papa. Tu franquismo

disimulado, cueste lo que cueste

-hay que ser democrático-, es lo mismo,

al fin, que aquel zarismo del mal este.

            Y, al fin, de nuevo, eres un idiota.

Un propio o un cateto, o un palurdo

inseguro de sí que, como nota

que no llega, se abaja hasta el lo burdo

de abajar al mejor que tú, y pelota

            no te hace. ¿Te sientes satisfecho?

¿Ya te sientes mejor? ¿Ya bien te estimas?

¿Has crecido? Soberbio contrahecho

que, aunque sabes rimar, poco me rimas,

por dar menos trabajo, y más provecho.

            Tienes Poder: el Mal, que representas,

aunque el mundo se crea la mentira

de que tú eres el Bueno, que alimentas

la poesía del mundo, que te admira.

El mundo es tonto, inculto, y tú lo cuentas

            al revés: vete ya a oprimir a esclavos

de inocencias ingenuas: de mí pasa.

Ya me has dado el disgusto: llevo clavos

en los miembros. Me heriste, y ya mi casa

es mi único bien: vivan los pravos

            tibios sin cosa interesante o tiesa:

tu poesía es la única, y el demos

es oprimido por tu bestia empresa.

De cantar tu dictado, bien podemos

mucho mejor cantarlo. Pues con ésa

            manera de escribir, a dónde vamos.

Tu poesía es anémica, y por eso

la nuestra quieres anular, mas gamos

huidizos somos, y tu grave peso

te traba el corso, aun si patentes ramos

            de palmeras y palmas y autoengaño

te hacen creer poeta por tu medro

estratégico ruin, por ese apaño

mafioso y trepador en el poliedro

del sistema aristado, con amaño

            corrupto. Me das pena, personaje

de farsa que conspira contra el débil

de armamento, indefenso, que es el gaje

del Oficio, por miedo triste y flébil

al talento genuino, de coraje

            contra quien te supera en el dominio

de la forma, que llena de materias

futuribles: alude su escrutinio

cultural, en verdad, a cosas serias,

contra las que no puede tu exterminio.

            Mas si tu indignidad no te molesta

y la llevas a orgullo, yo qué puedo

hacer sino cantarlo: mi protesta

no es para hoy, pero no cejo o cedo.

De todos modos, ya perdí mi apuesta:

            jugué fuerte yo solo mi fortuna

y ahora estoy desahuciado, y se me escapa.

Pero, ya muertos ambos, la Importuna

podrá las cosas en su sitio, Papa.

Porque ya fuerza no tendrás ninguna.

            Habrás gozado el día. Mas no menos

yo: disfruté de hacer mejor las cosas.

No usé de intrigas, trucos o venenos.

Y, siempre abriendo mi cajón de truenos,

entoné mis canciones, más hermosas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario