jueves, 7 de abril de 2022

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Como piensas que estoy enloquecido

con la política, me haré apolítico:

entontecido ahora, seré acrítico

y cantaré a la rosa y al olvido.

            Me olvidaré de darte más lecciones

para que no te engañe la ignorancia,

y en versolibre o versiprosa rancia

haré las cosas como tú dispones.

            Te imitaré los versos y los temas

y no hablaré de nada interesante,

y como a ti ya habrá quien me lo aguante

todo -han sido muy raros mis poemas:

            rimaban y ritmaban, qué osadía,

sobrevivían en cualquier registro,

del vulgar al más culto, y el ministro

de mi interior fui yo y de mi poesía.

            Ahöra seré igual que todo el mundo.

Uno más entre tantos. Me dispongo

a ser normal a ritmo de tu bongo

de cómitre, infeliz por infecundo.

            No daré a luz a Nada: seré macho

o fémina feroz de estéril vientre

y cantaré el silencio hasta que centre

mi experiencia en lo tibio hasta el empacho

            y la náusea, y me des entonces premios

y acceso a tu editor, y tu prestigio

me dará de lo dado, y el prodigio

de no dar por mis hábitos abstemios

            nada de mí, sino a los Míos trucos

con jurados mediocres conjurados

para dar al mediocre tus Estados

Mayores y arrüinen con trabucos

            de precisión a ojo de cubero

sin paladar la pródiga vendimia.

No de tu prosa haré con sana alquimia

verso y belleza, y ganaré dinero.

            Así, me cambio de chaqueta al gusto

del buen consumidor de tu basura

trivial de Hamburgo y pizza y cara dura

y olvidaré mi vocación de justo.

            Me rindo y me desdigo de lo dicho.

Estuve en un error. A la derecha

me paso: voy a hacer mi mente estrecha

y voy a comportarme como un bicho

            doméstico, domado. La justicia

no volverá a ser nunca un objetivo

de mi canto ni mío: nunca chivo

expïatorio seré más: me envicia

            la droga del Poder. Si pillo un cargo

lo invertiré en mí mismo, y mucho cepo

le pondré a los rivales: cómo trepo

verá cualquiera vista y cómo alargo

            las manos a lo ajeno. Que mi fama

será de heroico santo que conquista

el país del vecino, carterista

de fuste al por mayor, porque se llama

            ladrón sólo al que roba una minucia

y héroe patriota al que a lo grande roba.

Dejaré mi inocencia altruista y boba.

Hoy empiezo a entrenar mi sucia astucia,

sólo por darte coba.

 

Me haré, así pues, sociata de Felipe:

me leerán catedráticos egregios

que la gran grey adora en los colegios

y facultades, que no tienen. Gripe

            mi azúcar el Motor Inmóvil, suave

cantando amor, del cual yo sólo entiendo:

no importa si de escándalo es estruendo

tal dulce suavidad. El arquitrabe

            me sostendrá y el friso será liso,

frisando lo perfecto de la nada

por dejarme el ingenio en la estacada,

pero el rebaño exclamará: ¡qué friso!

            No habrá razón poética ninguna

para la admiración que me profesen.

Pero Babel dirá: delicatesen.

Y el redil lo creerá, y haré fortuna.

            Y me habré traicionado, y no la pena

habrá valido hacer tantos esfuerzos

en ser mi singular. Y entre mastuerzos

acabaré sin mérito, en cadena

y serie mis escuerzos.

           

 Y francotirador desde mi puesto

al acecho de cargos sine cura

tiraré sobre fea donosura,

donosa por su fama, si me acuesto

            y me caso. Y cantando amores falsos

me haré de piedra como estatua ecuestre

y cojo de ambos pies por el pedestre

verso habré de rodar hacia el cadalso

            con propulsión a cámaras y gases

hediondos, que husmearán mis jaürías

y a lo lunar de mis galimatías

aullarán y a mis triunfos en sus bases.

            Voy ser franco con disfraz liberio

(neologismo que viene de Liberia,

una tierra de esclavos) y en Iberia

rapiñaré, como en el hemisferio

            del sur el liberal que los explota

comprando los favores del tirano

local, al cual le tomaré la mano

y luego el cuerpo entero, por idiota

            y malévolo: el bien no lo haré nunca

porque es mal para mí, que lo reparto.

Desde ahora no suelto más ni un cuarto,

puesto que dar a los demás me trunca.

            Y nada me agradecen y me falla

su ingenerosidad (más neologismos,

ahora derivando), los fascismos

blanqueando sus egos de canalla.

            Y me harán un soberbio reportaje

en que larguen que Jaime Gil, contando

con mi permiso es el mejor del bando

de los poetas máximos. Qué ultraje

            a ultranza por su falta de respeto

a Hernández, Juan Ramón, y el 27.

Pero actuaré como inmoral zoquete,

despreciando las artes del soneto.

            Y redacciones de bachillerato

en versillos sencillos haré cientas,

y el coro de los grillos, por sus ventas,

poemas llamarán al garabato

            primero que me venga. Habré logrado

el triunfo a cambio de vender mï alma

al negocio rüín, para la palma

en mi honor, que no tenga, y me sea dado.

Jalando de mi enjalma.


Me sentaré a la puerta de mi tipi

para ver cómo pasa tu cadáver

de Hábilis Homo o Neandertal o Fáber:

habrá muerto lo fácil y repipi

            puesto de moda por tu necia astucia:

tras de tus suntüosos funerales

verás que tus rapiñas liberales

no se defienden con ninguna argucia.

            Y pasarás, ya dada la gran vida

a la intriga y el tráfico de influencias,

y no quedará nada, aun si te agencias

siempre todo en menuda tu comida.

            A imitarte me puse, y la imitatio

no me pudo salir: tan mal no escribo,

no puedo hacerlo, y si subí a tu estribo,

me acalambré de mucho kilovatio

            y kilovoltio y, pues, me vi de bruces

comiendo tierra, y fracasé: el fracaso

parece ser mi sino, ningún paso

en traicionarme útil di; mis cruces

            he cargado de nuevo. No: no sirvo,

ni serviré. Pero me siento ahora

mejor y más feliz: si se empeora

cuando, a pesar de asaltos para ïr vo-

            luntario hacia el Poder, me encuentro en casa,

gozando de mis ocios sin negocios

en compañía sólo de 2 socios,

mi mujer y mi gata, nada pasa,

            ni ha pasado, es pasado, pero gozo

de lo que me entretiene y me divierte,

mientras voy caminando hacia la muerte,

sin dedicarle un mínimo sollozo,

            y quedo como quise ser denantes

de tener tentaciones demoníacas,

y depresiones padecer maníacas,

pero ahora sano como los infantes,

con venas dionisíacas.


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