Como piensas que estoy enloquecido
con la política, me haré apolítico:
entontecido ahora, seré acrítico
y cantaré a la rosa y al olvido.
Me olvidaré de darte más lecciones
para que no te engañe la ignorancia,
y en versolibre o versiprosa rancia
haré las cosas como tú dispones.
Te imitaré los versos y los temas
y no hablaré de nada interesante,
y como a ti ya habrá quien me lo aguante
todo -han sido muy raros mis poemas:
rimaban y ritmaban, qué osadía,
sobrevivían en cualquier registro,
del vulgar al más culto, y el ministro
de mi interior fui yo y de mi poesía.
Ahöra seré igual que todo el mundo.
Uno más entre tantos. Me dispongo
a ser normal a ritmo de tu bongo
de cómitre, infeliz por infecundo.
No daré a luz a Nada: seré macho
o fémina feroz de estéril vientre
y cantaré el silencio hasta que centre
mi experiencia en lo tibio hasta el empacho
y la náusea, y me des entonces premios
y acceso a tu editor, y tu prestigio
me dará de lo dado, y el prodigio
de no dar por mis hábitos abstemios
nada de mí, sino a los Míos trucos
con jurados mediocres conjurados
para dar al mediocre tus Estados
Mayores y arrüinen con trabucos
de precisión a ojo de cubero
sin paladar la pródiga vendimia.
No de tu prosa haré con sana alquimia
verso y belleza, y ganaré dinero.
Así, me cambio de chaqueta al gusto
del buen consumidor de tu basura
trivial de Hamburgo y pizza y cara dura
y olvidaré mi vocación de justo.
Me rindo y me desdigo de lo dicho.
Estuve en un error. A la derecha
me paso: voy a hacer mi mente estrecha
y voy a comportarme como un bicho
doméstico, domado. La justicia
no volverá a ser nunca un objetivo
de mi canto ni mío: nunca chivo
expïatorio seré más: me envicia
la droga del Poder. Si pillo un cargo
lo invertiré en mí mismo, y mucho cepo
le pondré a los rivales: cómo trepo
verá cualquiera vista y cómo alargo
las manos a lo ajeno. Que mi fama
será de heroico santo que conquista
el país del vecino, carterista
de fuste al por mayor, porque se llama
ladrón sólo al que roba una minucia
y héroe patriota al que a lo grande roba.
Dejaré mi inocencia altruista y boba.
Hoy empiezo a entrenar mi sucia astucia,
sólo por darte coba.
Me haré, así pues, sociata de Felipe:
me leerán catedráticos egregios
que la gran grey adora en los colegios
y facultades, que no tienen. Gripe
mi azúcar el Motor Inmóvil, suave
cantando amor, del cual yo sólo entiendo:
no importa si de escándalo es estruendo
tal dulce suavidad. El arquitrabe
me sostendrá y el friso será liso,
frisando lo perfecto de la nada
por dejarme el ingenio en la estacada,
pero el rebaño exclamará: ¡qué friso!
No habrá razón poética ninguna
para la admiración que me profesen.
Pero Babel dirá: delicatesen.
Y el redil lo creerá, y haré fortuna.
Y me habré traicionado, y no la pena
habrá valido hacer tantos esfuerzos
en ser mi singular. Y entre mastuerzos
acabaré sin mérito, en cadena
y serie mis escuerzos.
al acecho de cargos sine cura
tiraré sobre fea donosura,
donosa por su fama, si me acuesto
y me caso. Y cantando amores falsos
me haré de piedra como estatua ecuestre
y cojo de ambos pies por el pedestre
verso habré de rodar hacia el cadalso
con propulsión a cámaras y gases
hediondos, que husmearán mis jaürías
y a lo lunar de mis galimatías
aullarán y a mis triunfos en sus bases.
Voy ser franco con disfraz liberio
(neologismo que viene de Liberia,
una tierra de esclavos) y en Iberia
rapiñaré, como en el hemisferio
del sur el liberal que los explota
comprando los favores del tirano
local, al cual le tomaré la mano
y luego el cuerpo entero, por idiota
y malévolo: el bien no lo haré nunca
porque es mal para mí, que lo reparto.
Desde ahora no suelto más ni un cuarto,
puesto que dar a los demás me trunca.
Y nada me agradecen y me falla
su ingenerosidad (más neologismos,
ahora derivando), los fascismos
blanqueando sus egos de canalla.
Y me harán un soberbio reportaje
en que larguen que Jaime Gil, contando
con mi permiso es el mejor del bando
de los poetas máximos. Qué ultraje
a ultranza por su falta de respeto
a Hernández, Juan Ramón, y el 27.
Pero actuaré como inmoral zoquete,
despreciando las artes del soneto.
Y redacciones de bachillerato
en versillos sencillos haré cientas,
y el coro de los grillos, por sus ventas,
poemas llamarán al garabato
primero que me venga. Habré logrado
el triunfo a cambio de vender mï alma
al negocio rüín, para la palma
en mi honor, que no tenga, y me sea dado.
Jalando de mi enjalma.
Me sentaré a la puerta de mi tipi
para ver cómo pasa tu cadáver
de Hábilis Homo o Neandertal o Fáber:
habrá muerto lo fácil y repipi
puesto de moda por tu necia astucia:
tras de tus suntüosos funerales
verás que tus rapiñas liberales
no se defienden con ninguna argucia.
Y pasarás, ya dada la gran vida
a la intriga y el tráfico de influencias,
y no quedará nada, aun si te agencias
siempre todo en menuda tu comida.
A imitarte me puse, y la imitatio
no me pudo salir: tan mal no escribo,
no puedo hacerlo, y si subí a tu estribo,
me acalambré de mucho kilovatio
y kilovoltio y, pues, me vi de bruces
comiendo tierra, y fracasé: el fracaso
parece ser mi sino, ningún paso
en traicionarme útil di; mis cruces
he cargado de nuevo. No: no sirvo,
ni serviré. Pero me siento ahora
mejor y más feliz: si se empeora
cuando, a pesar de asaltos para ïr vo-
luntario hacia el Poder, me encuentro en casa,
gozando de mis ocios sin negocios
en compañía sólo de 2 socios,
mi mujer y mi gata, nada pasa,
ni ha pasado, es pasado, pero gozo
de lo que me entretiene y me divierte,
mientras voy caminando hacia la muerte,
sin dedicarle un mínimo sollozo,
y quedo como quise ser denantes
de tener tentaciones demoníacas,
y depresiones padecer maníacas,
pero ahora sano como los infantes,
con venas dionisíacas.
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