sábado, 16 de abril de 2022

LA CORTE INDISTINGUIDA

Porque sois indistintos, como el caos de Hesíodo

o de Ovidio, en que todo era üno y lo mismo,

y -cual dice el Enuma, en remoto período-

no podía haber seres -no existían los nombres

(ni, por tanto, conceptos)-, si por oportunismo

en el sitio te quedas, será raro que escombres

            la rüina presente, o que de ellas construyas

algún mundo habitable. Siempre estamos en crisis,

mas hoy más: es la última. No te sirve que huyas

del rüido mundano, porque está en todas partes.

Hace falta más música: no más átona enclisis:

entonaos: ya es hora de dar culto a las artes,

            y no hay arte sin técnica. Y entendéis poco de eso.

Cuando leo al Modelo de la cárcel no escucho

sino sensiblerías y obstrucción del progreso:

unas frases corrientes, que se estancan por quietas,

de sentido superfluo de arroyuelo pachucho.

Y las canta “el más grande de todos los poetas

            presentes”. Qué seremos los humildes: ¿microbios?

La ilusión colectiva del lector es un fraude

o del crítico: niegan los efectos más obvios

de una causa sin gracia: el famoso es tan pésimo

que si no es por la hipnosis de la clac que le aplaude

no se entiende que guste su desfase vigésimo

            secular. Yo estoy harto de tragar la dogmática

del novel sentimiento, que se imita eclesiástico,

excepto cuando plagia sin pudor la temática

y el hallazgo del raro. Se casó con la fama

por la fe natural en sus flores de plástico,

ya que son feligreses por trepar a la rama

            de su planta; es muy triste, pero no por el capo,

por sus tibios lectores y sus mansos acólitos

-y los genios demonios que ponéis como un trapo

de fregar lamparones, inmorales y pobres-

que editores publican frescos, pochos y sólitos

de poesía, sin ella, por cobrar unos cobres

            públicos. Soy lo mismo: me corroe la envidia

y el rencor, porque el éxito me ha negado la mafia

dirigente, y que el pobre de recursos subsidia,

y, engañando, predica sencillez por simpleza

e incultura, y promueve general esta agrafia

literaria que nada sabe ya de Belleza.

            Yo no quiero ser eso. Y por ello modelos

a imitar libremente he elegido -Darío,

Rilke, Góngora, Yeats, Baudelaire…, los abuelos

que fraguaron con técnica su canción de harmonía

(que aprendí con estudio)-, y al común dejan hoy frío,

porque tras la vanguardia cualquier cosa es poesía.

            Aprended del origen y quebraos en líneas

que respeten el número de los versos, que el caos

de la prosa simétrica aniquila: apolíneas

ordenad baquedades desfaciendo el entuerto.

Y si no, decid nada y, sin música, daos

a esas formas deformes que ya apestan a muerto.

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