Algo pasa en mi facebook, que me borra
del mapa lo que escribo y que publico.
¿Hasta ese extremo llega la Camorra
del poderoso rico?
¿Ni siquiera he de hablar por la pantalla?
Pero nadie me calla,
como tampoco se calló Quevedo,
por más que me lo impida la canalla
con su crático dedo.
Ya lo he perdido todo
por defender lo justo.
¿Queréis que más me pierda?
Hundido en cieno y lodo
me revuelvo y os doy otro disgusto
diciendo la verdad, siempre a la izquierda
de la oficial versión: los galardones
que lográis conformistas
con el injusto status quo del mundo
literario, negando sus opciones
al que figura en listas
negras por rojo y negro -inverecundo
vuestro espíritu crítico ambicioso
censor exclusivista, de perfecta
factura satisfecha mis estrofas
siendo, el mío genuino, frente al soso
vuestro, dilectas de la Secta
no: de la musa honesta; las estofas
bajas tomando altura
de oculta dictadura
mediática neolibre por chorizo-
me han convertido a erizo
en personal defensa.
Perdí el papel y los papeles. ¿Pierdo
mi gloria por izquierdo
y mi crédito, y toda recompensa
se me niega? La tirria hacia la rima
¿es único el motivo
para marginaciones, o la opima
carga de estilo vivo,
que brilla por su ausencia
en vuestro simple texto,
el mismo siempre? Nada me influencia
vuestro, que vais erróneos
sin un sentido sexto
que os haga ver mejores, más idóneos
otros modos, o alguna alternativa.
Conspiráis por pirados, y yo el loco
soy, y el que priva,
si vosotros los cowboys de la peli.
Yo me quedo en mi queli,
mientras andáis por vuestro propio moco,
como babosa acorazada, al lucro.
Y, mientras, la poesía se os naufraga.
Yo ya no me involucro.
Aunque cobréis mi involuntaria paga.
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