miércoles, 27 de abril de 2022

CRÍTICA LITERARIA (El Miedo a la Libertad)

 Quiero librar al mundo de su mala

poesía, que se estila

-y carece de estilo-, y de la pila

de sus bardos, que bala.

            No saben bien rimar. Pues que no rimen:

están en su derecho.

Pero que saquen su verdad del pecho:

negarme el mío un crimen

            es de lesa poesía. Qué despiste

negar un buen poema

porque rima: padezco el anatema

de la moda. Y es triste

            obligatoriamente, o tierna, o suave

esa poesía-empresa

pretendida romántica inconfesa

de morbo leve -es grave.

            ¿No podemos rimar un nuevo asunto?

¿Debe hacerse lo mismo

siempre? A veces parece que es cinismo:

lo bueno es mío, y punto,

            aunque el extraño un mérito objetivo

tenga más que de sobra.

Tiene el poeta actual alma de cobra

y pica al nuevo, al vivo,

            al diferente, al distinguido, al serio

que ríe, al que protesta.

Ese poeta, si lo es, apesta

a pobre en cautiverio

            de la vana ambición que, por figura

ser entre otras, labra

su perdición, vendiendo su palabra

a la literatura

            que más se vende, y se malogra, y peta

a la masa de incultos

que no tiene quehacer como sepultos

en su sí: el pseudo-poeta

            nunca escribe baladas o romances:

su verso es libre o suelto:

observatorio del que ha mucho he vuelto

a otro de más alcance:

            veo el futuro y el origen, veo

la presente rüina

y veo que la prosa contamina

ese futuro, feo

            sin poesía. Que no es la rima el ripio:

saber la diferencia

es de poeta fino, que evidencia

la verdad. Si al principio

            -o a los principios- no volvemos clásico,

romántico o barroco

o a los cantares -éticos- muy poco

podrá innovarse: el másico

            lector es inocente y piensa lo que

dicta tanta reseña

de tanto falso critico, que leña

le endiña a quien del bloque

            oficial se separa porque sabe

caduca la poética

vigente -o las-: ya no responde a ética

alguna: a la del ave

            de rapiña tan solo, que no vuela:

en todo caso, corre;

y, hecha ya la carrera, allá en su torre

se aísla y en su escuela.

            La fama es peligrosa: se auto-imita

el vencedor, que teme

perder el chollo y el chanchullo. Y heme

aquí, con esta grita

            culta y plural en contrapunto, lucha

perdida ante el cateto

y el egoísta o ambos, que un soneto

se cree que es de escucha

            desfasada, y más formas de cultivo

-porque no sabe hacerlas.

Y es como hacer de buscador de perlas

en un vaso votivo.

            Pero nada contiene la ceniza

que no sea algún resto

de naufragio o cadáver. Tú, ya puesto,

mejor, si hay brasa, atiza

            y combate la leña que te endiña

el silencio en conjura.

El modo más sutil de dictadura

es integrar la piña

            que se lleva, ganancia de ganado

puesto en cargo oficioso

y santo, y que condena al buen celoso

con guita del Estado.

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