Quiero librar al mundo de su mala
poesía, que se estila
-y carece de estilo-, y de la pila
de sus bardos, que bala.
No saben bien rimar. Pues que no rimen:
están en su derecho.
Pero que saquen su verdad del pecho:
negarme el mío un crimen
es de lesa poesía. Qué despiste
negar un buen poema
porque rima: padezco el anatema
de la moda. Y es triste
obligatoriamente, o tierna, o suave
esa poesía-empresa
pretendida romántica inconfesa
de morbo leve -es grave.
¿No podemos rimar un nuevo asunto?
¿Debe hacerse lo mismo
siempre? A veces parece que es cinismo:
lo bueno es mío, y
punto,
aunque el extraño un mérito objetivo
tenga más que de sobra.
Tiene el poeta actual alma de cobra
y pica al nuevo, al vivo,
al diferente, al distinguido, al serio
que ríe, al que protesta.
Ese poeta, si lo es, apesta
a pobre en cautiverio
de la vana ambición que, por figura
ser entre otras, labra
su perdición, vendiendo su palabra
a la literatura
que más se vende, y se malogra, y peta
a la masa de incultos
que no tiene quehacer como sepultos
en su sí: el pseudo-poeta
nunca escribe baladas o romances:
su verso es libre o suelto:
observatorio del que ha mucho he vuelto
a otro de más alcance:
veo el futuro y el origen, veo
la presente rüina
y veo que la prosa contamina
ese futuro, feo
sin poesía. Que no es la rima el ripio:
saber la diferencia
es de poeta fino, que evidencia
la verdad. Si al principio
-o a los principios- no volvemos clásico,
romántico o barroco
o a los cantares -éticos- muy poco
podrá innovarse: el másico
lector es inocente y piensa lo que
dicta tanta reseña
de tanto falso critico, que leña
le endiña a quien del bloque
oficial se separa porque sabe
caduca la poética
vigente -o las-: ya no responde a ética
alguna: a la del ave
de rapiña tan solo, que no vuela:
en todo caso, corre;
y, hecha ya la carrera, allá en su torre
se aísla y en su escuela.
La fama es peligrosa: se auto-imita
el vencedor, que teme
perder el chollo y el chanchullo. Y heme
aquí, con esta grita
culta y plural en contrapunto, lucha
perdida ante el cateto
y el egoísta o ambos, que un soneto
se cree que es de escucha
desfasada, y más formas de cultivo
-porque no sabe hacerlas.
Y es como hacer de buscador de perlas
en un vaso votivo.
Pero nada contiene la ceniza
que no sea algún resto
de naufragio o cadáver. Tú, ya puesto,
mejor, si hay brasa, atiza
y combate la leña que te endiña
el silencio en conjura.
El modo más sutil de dictadura
es integrar la piña
que se lleva, ganancia de ganado
puesto en cargo oficioso
y santo, y que condena al buen celoso
con guita del Estado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario