domingo, 24 de abril de 2022

CRÍTICA LITERARIA (Poema Didáctico)

Leo muchos poemas actüales

y me quedo a 2 velas.

Hay versos que en la mar son como estelas

y que son como vales

            de entradas para el círculo circense

de ningún espectáculo

interesante, porque siempre inmáculo

está el amanüense

            que obedece el dictado de la moda

omnipotente y vacua

de sentido genial, que sólo evacua

los vientos de la soda

            con la cual rebajara el verso, fuerte

licor que nos marea,

si no se agua y, si se agua, mea

culpa será si vierte

            en mí lo original de lo ya dicho

veces, veces y veces.

El poema de moda se hace de heces

de quien vive en su nicho

            funerario. No hay vida, o poca fuerza

tiene esa de su cuento;

tampoco muestra mucho pensamiento

ni parece que ejerza

            su letra de ambición, porque alma poca

o espíritu contiene.

Son textos sometidos a la higiene

que la nada provoca. 

            ¿Adónde fue el recurso, la metáfora

brillante por oscura,

el oxímoron, arte de figura,

y el ritmo de la anáfora

            sintáctico, y el son de luz del signo,

o la audaz sinestesia?

¿Dónde el culto pagano de la iglesia

del estilo más digno?

            ¿Adónde te escondiste, Amada mía,

aparte de en mí propio?

¿He de buscarte con el microscopio,

verdadera poesía?

            Contrato al Sherlock contra el gris misterio:

¿adónde te escondieron,

mi Venus Afrodita o Potnia Theron,

los socios de Liberio

            versus Líber y Orfeo? Sólo el triste

-apacible- derecho

tiene a llegar a la final del trecho

iniciático. ¿Viste

            triunfar a un iracundo que delata

la falsedad? La ïra

también es sentimiento; y la mentira

es Poder, y nos mata,

            también al mentiroso de estrategia

astuta, de la selva

rey no león, bonito como melva

o pedazo de regia

            carne de atún en sesos. Se autoengaña

cuando engaña. Y el trepa

se traga lo más fatuo que le quepa,

y ni le da migraña

            en la conciencia y, por sumiso, obtiene

el laurel. Y ya es uno

más de la Cosa Suya, por cabruno

bajo el Cabrón de pene

            violador de lo propio del ajeno,

en su ufano aquelarre,

censor de disidentes, y que barre

para adentro del seno

            toda la escoria que labró su astucia

del zorro con el cuervo

al que afanó el condumio con el verbo

adulador, y acucia

            hoy y acosa y bloquea al que difiere

de su obediencia impuesta

a todos, pero más al que protesta:

silenciador lo hiere.

            Y así sólo se admite el aguachirle

corriente de la mansa,

que acaba en lo que cansa porque transa

con lo que se le birle.

            Porque por arte de birlibirloque

él se birla a sí mismo

su conciencia, y escribe en eufemismo

-el tabú no se toque.

            ¿Adónde el verso que tocaba llaga

se fue, don del pellizco,

en dónde la visión, no la del bizco,

la sana, que era maga?

            ¿Y el encanto del seso de las cosas

miradas con amor y

no el falso amor experto del neo-tory

de las bandas mafiosas?

            Qué vanidad la del vigente Homo.

Sabe a qué debe fama

-a todo lo que urdió, inclüida cama.

De verdad, no se cómo

            puede mentirse tanto y su mentira

mantener, y lo cree

la Corte compinchada que le lee.

No ve cómo delira

            confundiendo la intriga con la lira

que además no posee.

Escribe el vividor como se pee,

cuando pedo se tira.

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