Leo muchos poemas actüales
y me quedo a 2 velas.
Hay versos que en la mar son como estelas
y que son como vales
de entradas para el círculo circense
de ningún espectáculo
interesante, porque siempre inmáculo
está el amanüense
que obedece el dictado de la moda
omnipotente y vacua
de sentido genial, que sólo evacua
los vientos de la soda
con la cual rebajara el verso, fuerte
licor que nos marea,
si no se agua y, si se agua, mea
culpa será si vierte
en mí lo original de lo ya dicho
veces, veces y veces.
El poema de moda se hace de heces
de quien vive en su nicho
funerario. No hay vida, o poca fuerza
tiene esa de su cuento;
tampoco muestra mucho pensamiento
ni parece que ejerza
su letra de ambición, porque alma poca
o espíritu contiene.
Son textos sometidos a la higiene
que la nada provoca.
¿Adónde fue el recurso, la metáfora
brillante por oscura,
el oxímoron, arte de figura,
y el ritmo de la anáfora
sintáctico, y el son de luz del signo,
o la audaz sinestesia?
¿Dónde el culto pagano de la iglesia
del estilo más digno?
¿Adónde te escondiste, Amada mía,
aparte de en mí propio?
¿He de buscarte con el microscopio,
verdadera poesía?
Contrato al Sherlock contra el gris misterio:
¿adónde te escondieron,
mi Venus Afrodita o Potnia Theron,
los socios de Liberio
versus Líber y Orfeo? Sólo el triste
-apacible- derecho
tiene a llegar a la final del trecho
iniciático. ¿Viste
triunfar a un iracundo que delata
la falsedad? La ïra
también es sentimiento; y la mentira
es Poder, y nos mata,
también al mentiroso de estrategia
astuta, de la selva
rey no león, bonito como melva
o pedazo de regia
carne de atún en sesos. Se autoengaña
cuando engaña. Y el trepa
se traga lo más fatuo que le quepa,
y ni le da migraña
en la conciencia y, por sumiso, obtiene
el laurel. Y ya es uno
más de la Cosa Suya, por cabruno
bajo el Cabrón de pene
violador de lo propio del ajeno,
en su ufano aquelarre,
censor de disidentes, y que barre
para adentro del seno
toda la escoria que labró su astucia
del zorro con el cuervo
al que afanó el condumio con el verbo
adulador, y acucia
hoy y acosa y bloquea al que difiere
de su obediencia impuesta
a todos, pero más al que protesta:
silenciador lo hiere.
Y así sólo se admite el aguachirle
corriente de la mansa,
que acaba en lo que cansa porque transa
con lo que se le birle.
Porque por arte de birlibirloque
él se birla a sí mismo
su conciencia, y escribe en eufemismo
-el tabú no se toque.
¿Adónde el verso que tocaba llaga
se fue, don del pellizco,
en dónde la visión, no la del bizco,
la sana, que era maga?
¿Y el encanto del seso de las cosas
miradas con amor y
no el falso amor experto del neo-tory
de las bandas mafiosas?
Qué vanidad la del vigente Homo.
Sabe a qué debe fama
-a todo lo que urdió, inclüida cama.
De verdad, no se cómo
puede mentirse tanto y su mentira
mantener, y lo cree
la Corte compinchada que le lee.
No ve cómo delira
confundiendo la intriga con la lira
que además no posee.
Escribe el vividor como se pee,
cuando pedo se tira.
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