Yo te untaré las barbas con tocino
Quevedo
Me parece que todo lo que puedo
hacer es protestar contra lo injusto
para no ser oído. Me da miedo
tanto poder en manos del augusto
que se eligió a sí mismo con el dedo
de un golpe de su mano con intriga
cortesana, vendiéndose al demonio
de la ambición, por medio de una liga
de mediocres. Nos roba el patrimonio
y su discrimen criminal su figa
nos da a los disidentes, y nos calla:
tanta censura omnímoda no es propia
de un demócrata. Toda su canalla
canina que a la presa canas copia
de experiencia en el verso como malla
tejido -o texto, de textil urdimbre-
trasmina a monterías de política
editorial, y su costura o mimbre
abole arquitectónico, y ya es mítica
y legendaria esa verdad de timbre
de sirena no harpía, que él prohíbe
se escuche oficialmente y que se diga.
La poesía se muere del que escribe
con el fin de llenarse la barriga
de gloria vana, y el distinto vive
aislado en soledad, sin voz ni voto,
vetado por grumetes que tripulan
la nave sin oficio de piloto,
y todos los compinches disimulan
auto-engañándose en grisácea foto.
Confunden el saber con la victoria
mediática y logrera de avaricia
improductiva, impoética, ilusoria
avidez de riqueza por codicia
de reconocimiento transitoria
hasta la muerte. Sufro mi derrota
resignado: es mi signo, que hoy es sino,
un designio supremo que me dota
de Gracia, que me niega, porque empino
demasiado mi cuesta: soy ilota
bajo razzia espartana, y tú un fascista
cuya arbitraria voluntad de clero
ideológico calla al que te chista
con bravo genio, pobre majadero
te creíste poeta, por conquista
y anexión sin derecho del vecino
país, y así eres héroe, por gran Caco:
gallina, pavo, pájaro, cochino,
no robas sino Estados, y tu atraco
es pura corrupción, neolibertino.
Has cometido un crimen, pobre bruto
egoico, y envidioso, e indiscreto.
¿Qué tipo te has fumado de canuto,
imbécil? ¿Qué te crees, so cateto?
Si me quitas de en medio, prostituto
vendido al capital, es mi consuelo
ése. Me temes. Nunca tus esbirros
lo piensan. Que no piensan. Y su celo
es celar y oclüír a cuantos Pirros,
aun vencedores, se les caiga el pelo.
¡Impedir que un poeta cante en foro
público su canción!, por no la misma
ser que la tuya: flébil lo deploro,
mas la vergüenza es tuya, que el carisma
no justifica la avidez del oro
absolutista y de la fama tonta
que te hace tan feliz. Habrá poesía,
y no será la tuya, pues su impronta
no va a dejar ni rastro o de entropía
sólo. Y un niño ve cómo se monta
o te montas tu Imperio: “Va desnudo
el nuevo Emperador, no trajo traje”.
Como el niño tu trama desanudo:
no está tan bien atado tu blindaje
ni tan bien, tirador de tiro franco
de carroza por necios: ya no envidio
nada tuyo de ti. Tu falso orgullo
es de cambio de piel, como el ofidio,
y de chaqueta: ¡izquierda, tú! Farfullo,
pero digo bien claro quién presidio
debe sufrir por timador y preste
estalinista, o papa. Tu franquismo
disimulado, cueste lo que cueste
-hay que ser democrático-, es lo mismo,
al fin, que aquel zarismo del mal este.
Y, al fin, de nuevo, eres un idiota.
Un propio o un cateto, o un palurdo
inseguro de sí que, como nota
que no llega, se abaja hasta el lo burdo
de abajar al mejor que tú, y pelota
no te hace. ¿Te sientes satisfecho?
¿Ya te sientes mejor? ¿Ya bien te estimas?
¿Has crecido? Soberbio contrahecho
que, aunque sabes rimar, poco me rimas,
por dar menos trabajo, y más provecho.
Tienes Poder: el Mal, que representas,
aunque el mundo se crea la mentira
de que tú eres el Bueno, que alimentas
la poesía del mundo, que te admira.
El mundo es tonto, inculto, y tú lo cuentas
al revés: vete ya a oprimir a esclavos
de inocencias ingenuas: de mí pasa.
Ya me has dado el disgusto: llevo clavos
en los miembros. Me heriste, y ya mi casa
es mi único bien: vivan los pravos
tibios sin cosa interesante o tiesa:
tu poesía es la única, y el demos
es oprimido por tu bestia empresa.
De cantar tu dictado, bien podemos
mucho mejor cantarlo. Pues con ésa
manera de escribir, a dónde vamos.
Tu poesía es anémica, y por eso
la nuestra quieres anular, mas gamos
huidizos somos, y tu grave peso
te traba el corso, aun si patentes ramos
de palmeras y palmas y autoengaño
te hacen creer poeta por tu medro
estratégico ruin, por ese apaño
mafioso y trepador en el poliedro
del sistema aristado, con amaño
corrupto. Me das pena, personaje
de farsa que conspira contra el débil
de armamento, indefenso, que es el gaje
del Oficio, por miedo triste y flébil
al talento genuino, de coraje
contra quien te supera en el dominio
de la forma, que llena de materias
futuribles: alude su escrutinio
cultural, en verdad, a cosas serias,
contra las que no puede tu exterminio.
Mas si tu indignidad no te molesta
y la llevas a orgullo, yo qué puedo
hacer sino cantarlo: mi protesta
no es para hoy, pero no cejo o cedo.
De todos modos, ya perdí mi apuesta:
jugué fuerte yo solo mi fortuna
y ahora estoy desahuciado, y se me escapa.
Pero, ya muertos ambos, la Importuna
podrá las cosas en su sitio, Papa.
Porque ya fuerza no tendrás ninguna.
Habrás gozado el día. Mas no menos
yo: disfruté de hacer mejor las cosas.
No usé de intrigas, trucos o venenos.
Y, siempre abriendo mi cajón de truenos,
entoné mis canciones, más hermosas.