jueves, 29 de diciembre de 2022

POÉTICA DE LA DESINFORMACIÓN

 I) Mientras el mundo se derrumba, canta

el organillo del poetilla tonta

letra de amor narciso que remonta

a sí, en el charco de su gloria santa:

  “Quién es más guapo -inquiere- que yo. Cuanta

gente lo sea muera so la impronta

de mi bota de clavos siempre pronta

para el que tenga una mejor garganta”.

  La realidad su dramaturgia inventa

que sale por la tele, y la de vero

ignora activo, y propaganda cuenta

  de amor cortés, de Elisa caballero.

Y, mientras tanto, lo demás revienta.

(Sólo busca la fama -y más dinero.)

 

II) Real es lo que sale por la tele.

Lo que no sale ni siquiera existe

como fantasma, ingenuo en su despiste,

de quien te canta la verdad, que duele.

  Puede sufrir la Empresa un mal telele

si la verdad real se sabe, triste:

que ese tu dios de amor es como un quiste

o cáncer de odio que por dentro muele.

  La fama del ilustre que no ilustra

-lo contrario más bien- en que confías

toda felicidad del pobre frustra

  y aún más la de la viejas y marías.

Tus dioses son demonios: Zaratustra

te lo vuelve a decir todos los días.

 

III) Canta un solo de amor, mierdoso, el bardo

a su querida realidad infanda,

indiferente a tanta propaganda

pagado de Narciso, y a Abelardo

  castra, por dar en Diana con su dardo

de Cupido, en Verdad. Sigue a quien manda

por omisión, y peras roba, escanda

o no por la corona de su cardo,

  confesándolo rosa -de novela.

Pero en verdad la realidad no vela,

y no la ve porque se mira solo.

  Cuando cae en la cuenta, disimula

y, plagiando perales, viola: encula

a quien desposeyó en su mauseolo.

 

III) Dado el golpe de Estado poco a poco

mediante media hipnóticos, ahora

armas no necesita, que mejora

en sofisticación -con comecoco

  consiguió la adhesión del diplodoco

popular en sus castra- la Señora

del Crimen y el Narcótico, y ya implora

el siervo que le den más soplamoco.

  Tribunales y tele estrechan mano

prensando al elector que, soberano,

designa a quien lo aplasta: ya le aterra

  la Justicia, y prefiere a la Gamberra

que la salud le roba, y al tirano,

porque una tonta se han cogido Perra.

 

V) La verdadera realidad no importa.

Importa la mentira de la fama.

Lo que sale en la tele la proclama.

Corta con la verdad y no se corta

  el sinvergüenza y la gestión aborta

de quien se opone al sórdido programa

de su noticia falsa, y más lo infama

cuanto más dice la verdad absorta,

  valga la hipálage. La boca abierta

llenan las moscas del mojón gustoso

y así quieren callarla. No deserta

  la lucidez y escupe sin reposo

contra el poder mediático, y le acierta

en su hipócrita jeta al mentiroso.

 

Y VI) Debe decir lo cierto el buen poeta

mediante su ficción o dicho en plata.

De nuevo vuelves a meter la pata

diciéndolo, y te vas a la puñeta.

  Pero habrá que insistir, que mucha jeta

tiene el corsario de la tele chata

-o el indolente de la timorata

conciencia ciega-, propio proxeneta.

  Prostitüido, el vate no adivina.

Y el periodista falso la doctrina

predica del patrón al que se ofrece

  por unas rupias. Pero el vulgo terco

prefiere ser en su pocilga puerco.

Y la verdad se ignora, porque escuece.

domingo, 11 de diciembre de 2022

DESPEDIDA TEMÁTICA

I) Agria mi musa ya no me visita.

Sólo de un tema trato, y ya estoy harto.

Puesto a parir, con el dolor del parto

me quedo solo, igual que un estilita.

  Sé que soy más bien raro, y que eso irrita

a la Normalidad, que con esparto

teje su texto con textil infarto

que al silencio de seda, burdo, imita.

  Sobre el malogro del presente alerto

poético -prosístico-, y ni caso.

Medra el poeta experto en verso muerto.

  Y qué más da. La realidad un paso

está dando a mejor -eso es lo cierto-

con otras leyes, contra tanto atraso.

 

II) La poesía más conservadora

que sólo el viejo verso libre tiene

de nuevo, sin la poda, pulcra higiene,

del metro y de la rima, desmejora

  al poeta: parece que su hora

se acerca: dicta un verso lene

pero plúmbeo por gris: al mundo apene

con pena que no tiene: su Señora

  se ha ido y lo ha dejado melancólico

por terca obligación, y lo aparenta

tanto que se lo traga, y le da un cólico

  si se siente feliz, dada su renta

de fama. Como Pablo el Apostólico

ha visto a Dios. Y no se ha dado cuenta.

 

III) Así que no me canso más: inerve

la sencillez -o la simpleza- el seso

y su textura y lo trivial, y un beso

le dé al vacío el viejo por imberbe

  y Dios su buen el olfato le conserve,

porque el oído -y la visión- ya tieso

lo tiene -y ya difunta-, y que su leso

poema medre, porque hervir, no hierve.

  Y viva la torpeza y muera el sesgo

del genio que se enfrenta a cuanto riesgo

le supone el lenguaje y el estilo.

  Viva la prosa de mendaz periódico.

Y el ritmillo repítase prosódico

de organillo robot, de anciano asilo.

 

IIII) El mundo una esperanza, sin embargo,

me da de mejorías: un gobierno

legisla para el bien, si bien discierno,

de su pueblo, aceptando el zurdo encargo

  del coaligado socio, y del letargo

habitüal lo saca del invierno

reptil, que es lo Normal y sempiterno,

cuando no es egoísmo diestro y largo.

  Tanto chorizo previo te acostumbra

tanto a esperar lo mismo que sorprende

que se haga lo contrario y te deslumbra.

  ¿Justo un gobierno? Sí que es esto nuevo.

En lugar de jodernos, nos defiende.

Y a los poetas les importa un huevo.

 

V) No veo por aquí quien cante albricias

por la justicia del común sociata.

Acostumbrado a tanta sucia rata

de cloaca, escuchando estas noticias,

  cómo es que no se cantan las leticias

de tan sublime novedad, que epata.

¿Será que la poesía timorata

es partidaria de las injusticias?

  De mi tiempo intentando ser testigo,

las canto yo: qué extraño lo que ocurre.

Mientras siguen mirándose el ombligo

  los poetas normales, que les zurre

con palabras, es propio de un amigo.

Su poesía hace tiempo que me aburre.

jueves, 1 de diciembre de 2022

LA VANIDAD DEL EGO

 Tal como están mis cosas a nadie necesito,

salvo a Isabel, que endulza mis días solitarios.

Y sabe el que lo sepa que al conceptista cito.

¿Se entera su agudeza? Mirad que sois precarios.

  El orden y las órdenes imponen su consigna:

ignórese el talento o el genio del distinto:

lo fatuo de lo ufano se afane en tan indigna

maquinación superflua de un cero platelminto

  (parásito gusano, de cuerpo plano -aclaro-) ,

que ignora activamente complejas escrituras

y estilos donde habito remunerado en paro

como estilita, al margen de cuantas dictaduras

  extienden su reglaje soberbio sobre masas

exiguas de conciencia. La nada es lo que peta

bajo disfraz de cosmos sumiso bajo tasas

y aprecios de diseño. Se quiere ser poeta

  diciendo naderías en prosa taciturna

con ritmo de pianola que rigen agujeros

en un papel hipócrita, pasado por la urna:

ha tiempo que no hay sangre que llene los tinteros.

  El arte del ingenio latente en el olvido

del áureo libro yace, y sólo resucita

en los excepcionales que buscan un sentido

en este creativo Absurdo del que imita

  Su realidad, inquieta, que desde el fondo surge,

de lo insondable, al tiento del pensamiento-mito

científico en vanguardia, espeso en su menjurje

de extremas diferencias. La mente al infinito

  o indefinido forma como banal vivencia

-la Cosa en Sí, el Sí Mismo, el Dios que no se atrapa,

y cuando se le hurga detrás de la conciencia

es ninfa que del fauno, como horizonte, escapa.

 Cantarse sin sonido o con rüido es lerdo.

Un ego es el producto de un cínico programa.

Y más allá está el vértigo de la verdad: lo izquierdo.

Sin reconocimeiento del Otro, ni la fama.

  El Otro está en nosotros. Él somos. Nos somete

a su dictamen necio. La mayoría humana

es inconsciente y niña: en asno de juguete

conquista a su vecino y ejerce de tirana

  obedeciendo al bruto que entre la sombra grita

su orden, y asesina, que es falso, pero oprime.

Mi menda es solitario y a nadie necesita.

Y sabe el sabio cómo se ignora lo sublime.

viernes, 25 de noviembre de 2022

ALGEDONIA

Una tendencia al mal todos tenemos

que dominamos embridando al bruto.

Y éste engaña al jinete, que es astuto

el bruto y, al ser memos,

  se escapa de la trampa haciendo trampa

y se infiltra en el ego y nos lo infla

y a la conciencia se la refanfinfla,

y entera se la zampa.

  Creímos que el humano, si está sano,

es siempre de alma noble, pero aprendo

por experiencia que, bajo su atuendo,

insano es todo humano.

  Creíamos que todos, con esfuerzo,

podríamos ser ángeles, Mirándola

lo dejó dicho con su sabia péndola.

Pero se hace un escuerzo.

  Funciona como casi un termostato

inteligente: si el dolor, el algia,

aprieta, cede, y siente la nostalgia

del placer, que es más grato,

  el hedón, que si es mucho te enloquece,

te atonta y, por ejemplo, te enamora

o te vuelve un fanático que adora

hasta a su mal, si crece.

  A cada cual le peta y le repugna

lo que le dicta su inconsciente, y hace,

aun sufriendo su mal, lo que le place,

y ni siquiera pugna.

  Yo soy enfermo alcohólico y me priva

la priva y, aunque sé que me destroza,

he estado 20 años hecho broza

que nunca trepa arriba.

  Y todo el que ambiciona aquello o esto

pasa su vida por la enredadera.

No he sabido subir, y sigo fuera.

Pero ahora protesto.

  Un día me bajaron el salario

y sentí el sinsabor de la carencia.

Y tuve miedo y me empeñé en conciencia

tener de mí, sagrario

  del espejismo egoico que se engaña

creyendo ser lo más, y me vi poca

cosa, y en depresión caí, y ya toca

salir de tal compaña.

  Y así, privaba más. Ahora me privo

de toda priva, y la melancolía

a ladridos espanto de jauría

a la caza del chivo

  expiatorio que siempre es otro, abyecto

culpable de mi morbo, y no me curo

de cuidado ninguno; y me da apuro

de pronto: me proyecto

  o proyecto mi culpa en el vecino

que pille a tiro. Pero no funciona.

Desenmascaro entonces mi persona

y mi terco destino,

  que es el carácter, como dijo el viejo

Heráclito, y me miro y veo al bestia

que gobierna mi fondo, y su molestia

me frunce el entrecejo.

  Hay que cambiar. Sin cambios no se vive.

Si se escacharra el chisme o su sintaxis

hay que engancharse a alguna profilaxis

y mi mano me escribe:

  inventa otro Fortuny más sensato

y descubre ese invento, cuando trovo,

-es la trova mi prótesis- lo bobo

que he sido tanto rato.

  Y miro a los demás y, al menos, veo

que hacen todos lo mismo que yo hice,

cada cual con su aquél, y eso me dice

que no soy el más feo.

  Hay gente que venera las maldades

y hasta a veces en masa vota Pepe

o, peor, Vox Impópuli, y julepe

piden, y no igualdades,

  porque odian al Otro que lo enjuicia

y puede darle reconocimiento

y es caprichoso el público, y su aliento

da en ansiedad, y vicia.

  Pero no existe el vicio, sólo el morbo.

Y el morbo más común es mal de insania

que con frecuencia frisa en la vesania

de garra y pico corvo.

  Defiendes la igualdad y al pronto observo

que el de rapiñas grazna y saca uña

e insulta a la Mujer -o a Cataluña-

igual que, torvo, un cuervo

  o un buitre carroñero. Desespero

de que la bestia alguna vez se eduque

y cambie a bien, y no se me trabuque

-trabuco carroñero.

  El bruto con el freno se incomoda.

No siempre caballero es el jinete.

Que aprenda con un jaco de juguete.

Pero que no nos joda.

ESTILO CONFORMISTA

Maldigo la poesía…

Celaya

 

Yo denuncio una trampa y una estafa:

nos venden por genuino un sucedáneo,

por verdad un embuste, por un cráneo

privilegiado a un listo, y no se zafa

  de esa celada el más inteligente

de los intelectuales más sabiondos

que traga el bolo de esos altos fondos

de la cloaca patria, sobre el puente

  pregonando al de abajo, en donde vive

su miseria feliz y contagiosa.

He visto cómo alivia el de la prosa

sin poesía al tonto que percibe

  como un bien su rüina, porque clama

la chusma altiva que lo bueno es malo,

y ella nos librará del varapalo

que nos caerá en el lomo si la llama

  de la justicia prende verdadera

y la equidad que, al ser cosa de rojos,

nos va a tumbar: permanecer de hinojos

es mejor, con vacía la nevera

  por reducción de prestación y ayuda

al ya desposeído, que se queda

en tal caso con toda la moneda

nuestra que no tenemos ya. Menuda

  la que nos viene con el Bien, por tanto.

Yo denuncio un discurso engañabobos

que nos vende, borregos, a los lobos

que dicen ser pastores, con su canto

  de duro golpe de fatal karate.

Yo denuncio ese canto, que es un fata

morgana que camufla a la gran rata

de ternura de blando chocolate.

  Yo denuncio ese canto sin estilo

que no punza en la pulpa ni la pipa.

Se vende un zombi zampante tripa

por un poeta vivo. Cuesta un kilo.

jueves, 24 de noviembre de 2022

PUBLICIDAD PARA MI /ÉPICA DEL COSMOS/

 No bebedor alcohólico y enfermo

en proceso de cura, me hago cargo

de que el aguante debe ser muy largo

de la dieta abstinente, y es un muermo.

  No escritor de poesía, versifico

de memoria futura, puesto al día

en ciencias duras y filosofía,

y así mi falta de lector me explico:

  si el humanista o el letrado sabe

tan sólo de lo suyo, cómo quiero

tener lectores, ventas y dinero,

si las aludo. Yo os saludo: ave,

  purísimas conciencias inconscientes

de casi todo salvo de sí mismos,

pero no del Sí-mismo, en ostracismos

de lo real de vero, blancas mentes

  perladas entre valvas informáticas

y desinformativas y autoengaño:

con desprecio ignoráis todo lo extraño

a la norma común, sin matemáticas

  ni física, ni aun antropología:

lo que se sale de la norma espanta;

y ¡venga a remedarse a la voz santa!:

lo que diga la santa mayoría.

  Pero la mayoría sólo expresa

lo que dice la tele y demás media:

purísima mentira de comedia

montada para tontos como aviesa

  propaganda de cutre periodismo:

cómo tragarse semejante bolo.

Pues también lo digiere y, luego, Eolo

suelta su hez, quedándose lo mismo.

  Un crítico, un poeta, sin embargo,

debería aprender de eso a que aludo:

tener curiosidad, ser más sesudo:

no quedarse en la gloria de su cargo.

  Ay, Pepillo es así. Pequeño el Pepe

se cree el nombramiento y lo asimila

como propio de sí. No su pupila

ve su motivo real: su infame trepe.

  Y ella obedece ciega y ve un fantasma

angélico, que es diablo: su maestro:

el ego puro más rüín: el nuestro,

que debe superarse, pero pasma

  la verdad con su ofensa, y preferimos

volver a lo de siempre, sin la audacia

de aprender los distinto a la Falacia.

Y estados atrapados por sus timos.

  Yo, al menos, me conozco un poco: algo.

No bebedor, soy un borracho inmundo.

Mas, viendo doble, me conozco el mundo.

Por eso el gran montero me echa el galgo.

  Y, si no me da crédito su crédito

y duda, lea mi poema meta-

físico cuántico, y piense en su poeta.

(Ay, me olvidaba de que aún sigue inédito).

COMPLETAMENTE EGO

 No soy normal. Cantar esas memeces

cúrsiles a mi dama de amor tópicas

me hace verme: lombriz de recto y heces

a escalas microscópicas.

  Soy anormal. Usar usual la prosa

del periodista facha por pelele,

para rehacer de amor la vieja rosa,

y salir en la tele,

  puede ser un recurso, jamás base

de ninguna -que quiera ser- poética.

Ese amor que define está en desfase

como su Unión Soviética.

  Ladrón Primero, luego me censura

porque quiere en el siglo ser el único,

y por eso me tira a la basura

como el romano al púnico.

  Porque si Aníbal nunca atacó Roma,

fue por error de exceso de prudencia.

Al Imperio en un su punto puso. Coma

sufres de gaya ciencia.

  Expresar tanto amor fingiendo un tono

sentimental que no conmueve, o misma-

mente sólo al que canta, será mono,

pero es vano sofisma.

  El amor es igual que el espejismo

del Arco Iris: sientes su belleza,

pero consiste en sed. Y por lo mismo

continuamente empieza.

  Yo he cantado mi amor: canté locuras:

por nuestro amor existe el Universo.

Nadie espera un amor estando a oscuras

su conciencia, con un sencillo verso,

  que da en simple, dejando libre al bruto

del inconsciente que tan sólo inspira

mejoras de fachada de absoluto

rey estrecho de mira,

  que solo tiene luces para el ego

y su triste carrera de victorias.

Sólo el valiente que ha perdido el juego

y naufraga entre borias

  espera salvación, no el que se mira

el ombligo, creyendo ser el centro

del mundo. Sólo ama el que delira.

No el que está preso dentro

  de su autoengaño: si alzas un montaje

para estar en la gloria, y te lo tragas,

y olvidas tu estrategia de pillaje,

no hurgas en tus llagas

  y, así, siempre te ignoras. Y, así, cantas

tu amor y das lecciones: “Nada sabe

de amor”…Y lo repites unas cuantas

veces, sin que se trabe

  tu pluma y su desprecio gratüito:

Soy el mejor en todo, so ignorantes.

También en el amor yo soy el Hito;

y vosotros, infantes

  que no sabéis hablar como hablo solo

yo, que soy El-que-Soy, y el resto nada

a mi lado... Y así, tu protocolo

es darme la estocada.

  Pero tanta soberbia no compate

con el amor, excepto a tu persona.

Uno te da amistad. Tú, jaque mate.

Y eso no se perdona.

  Quien pone zancadillas a un amigo

de amor sabe muy poco. Y a tu vera

no me has querido y como ruin castigo

me has expulsado fuera

  de tu vicioso círculo, pues valgo

más que tú, y tu inconsciente bien lo sabe.

Un mal amigo ¿podrá saber algo

de amor? El caso es grave,

  porque has errado: soy un hombre grato

que no olvida un favor, y siempre tácito

hubiera mantenido tu retrato,

dándote el beneplácito,

  porque no soy un dios y me equivoco

y caigo en tentación. Pero me sana

la lección de humildad que poco a poco

me ha dado tu tirana

  marginación. Por qué lo necesitas:

¿no quieres competencia, y la suprimes

con tu influencia? Pues me precipitas

a mundos más sublimes.

  Has pregonado tu enamoramiento.

Y tu amor es al éxito y la fama.

Toda inflación del ego es sólo viento.

El egoísta no ama.

  Si uno canta al amor pero te plagia

ideas y fusila, y te margina,

por copia de tu fuente de hemorragia

sentimental, e inquina

  te toma, y disimula ante secuaces

suyos incluso -a los que me hipnotiza

con favores y enchufes y antifaces-

y a ti solo te atiza,

  será por algo. Yo qué te habré hecho

para sufrir tu velador ataque

de silencio y de freno, a mi derecho

público dando jaque.

  Sólo un año después del bravo parto

de mi Fata Morgana, y de mi envío,

salió Completamente, y estoy harto

de que robes lo mío.

  Nada sabe de amor quien lo publica

para obtener más fama, por negocio.

Me dirás: “Comes ajos, y eso pica”.

La verdad, más, ex socio.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

CORRUPCIÓN

A los poetas auténticos 

¿Puedo mirar la pena ajena

y no sentir en mí esa pena?

Blake (trad. mía) 

… Cuando se miran de frente
Los vertiginosos ojos claros de la muerte,
Se dicen las verdades:
Las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Celaya 

I) Como un cosmos se expande la mentira

alternativo y sucedáneo, y hiede.

Se empeña en repetir que no se puede

cambiar nada a mejor. Y nunca expira.

  Encumbra al más mediocre, sin más mira

que su carrera, a la más alta sede

del poder, y si algún sapiens lo excede

en calidad, caliéntese en su pira.

  Perece que hablo de rüín política.

Y en cierto modo puede que así sea.

En dónde no va a haber hipocresía.

  Pero si aquélla es ruin, esta es mefítica,

porque si una es malvada, la otra es fea.

Estoy hablando, sí, de poesía.

 

  II) Si ha habido alguna época de mala

poesía es la nuestra sobre todas.

Están forrando al decidor de odas

a la Norma con vana martingala.

  Lo digo y lo repito, y se propala

lo contrario a lo cierto: que las modas

de los 40 últimos son codas

de lo mejor del XX, visto a escala.

  Y el XX se cargó la poesía

escrita. Si perdono experimentos,

es sólo por su audacia y valentía.

  Y en el peor de los aburrimientos

me dejan los epígonos, al día

picando en los sembrados Cenicientos.

 

III) El triunfo del fascismo soterraño,

autoexhibido en porno, está en la prensa

y en la tele y la Red -y en quien no piensa

en lo que mira, y cae en el Engaño.

  El triunfo del poeta, en el apaño

urdido en interés de su dispensa

de hacer poesía auténtica, si densa,

ardua: pensar es duro y hace daño.

  Que no es lo mismo inteligencia astuta

que lúcida conciencia del Embuste

en que vivimos todos, en la gruta

  de Platón, al acecho de la sombra,

predico en el desierto, aunque no guste.

Por eso en público jamás me nombra.

 

IV) Y en secreto me pone zancadillas

de los jurados el eterno miembro.

Pero en olvido pica en lo que siembro

y cosecha un sinfín de maravillas.

  La gente se lo traga de rodillas

adorando a su Ídolo, y remiembro

que el hecho de que no me machihembro

con él, sola es razón de sus rencillas.

  Al editor insufla con su influjo

la idea de que yo no soy negocio.

Y, aunque en el fondo es un malvado brujo,

  se vende como rey del sacerdocio.

O como el dios ateo que condujo

a su pueblo al desierto, por beocio.

 

Y V) Y el pueblo mansamente se le suma

sumiso, y se estrangula con su voto.

Lo bueno conocido, que ya ha roto

su bienestar, adora: así se abruma

  con la mentira pública, y se ajuma

y se hace dependiente, pieza en coto

de caza para el noble de la foto

del Corazón, de destemplada pluma.

  Culto el lector de vocación, se deja

llevar por lo que suena, que es dinero

siempre, y cree saber que mi alma es vieja

  porque escribo en estrofas con esmero.

Y, si medra el compadre comadreja,

es por influjo de García Montero.

martes, 25 de octubre de 2022

El poeta Francisco Fortuny, por Miquel de Palol

 La República setembre-octubre 2022


«O frate», disse, «questi ch’io ti cerno/ col dito», e additò un spirto innanzi,/ «fu miglior fabbro del parlar materno», diu il Dante d’Arnaut Daniel, sembla que inventor de la sextina, i segles més tard T.S. Eliot se n’apropia per aplicar-ho a Pound. L’aprenent autor d’aquestes línies ha tingut la inmensa sort de conèixer i de fer amistat amb grans poetes de gèneros diversos, i no ha gosat mai practicar de tercera mà cortesia de tal calibre. L’obra del malagueny d’arrels catalanes Francisco Fortuny permet rendir el compte pendent.
Entre altres coses, i depenent de l’aspecte que es consideri, la poesia és l’art d’escriure seguint un ritme, que pot ser de natures diverses, i això i el color de les imatges l’acosta a la música i a la pintura. La disciplina d’aquest ritme, vulgarment coneguda com a «mètrica», és el que formalment diferencia la poesia de la prosa, tot i que la frontera és objecte d’un variat espectre de desdibuixaments, i en casos radicals però gens infreqüents s’arriba a dir que no hi ha tal frontera.
L'ús de la mètrica té un aspecte fascinant, i segurament el nucli de l’essència de la poesia: la conjunció amb la sintaxi. Els grans poetes es coneixen per ser capaços de fer que lectores i lectors surtin dels seus textos transformats –per enriquiment, consol o trasbals. I també per l’habilitat –pel do?– de fondre mètrica i sintaxi en una sola operació.
En aquests dos trets, Francisco Fortuny es revela magistral. Posseeix la tècnica dels grans mestres del Segle d’Or espanyol, i els continguts són d’una actualitat que s’endinsa en l’anticipació. De forma estranyament constant exhibeix la fascinant habilitat per conciliar saviesa del vers tradicional amb espasmes i funambulsimes de postmodernismes, tardohumanismes i altres ecosistemes sorgits de la ciència i el pensament. Els accents li respiren amb les idees, amb les imatges. La seva poesia té arrels tan profundes i es projecta tan endavant que no sembla arriscat dir-ne intemporal.
Nietzsche, immisericorde regirador del pensament occidental, era professor de filologia clàssica; Fortuny verseja com Góngora i parla fins i tot de física de partícules. Deixem constància dels llibres de poesia Casandra maudite, Sapere aude raps, Horación, Fata Morgana o Los efectos de la causa, Fuera de sí y otros poemas extensos, i Gaya ciencia y otros poemas anteriores; de la novel•la Ventura Egea, i també la Fuente de Proteo, i de l’obra de teatre Tres dramas subversivos.
Es pot dubtar de la existencia del tot i de qualsevol. Si es resol en afirmatiu, Fortuny és il miglior fabbro, certament.

MIQUEL DE PALOL

 

lunes, 17 de octubre de 2022

Preludio a Las Microépicas de F. Fortuny (en prensa)

En los tiempos que corren, los corrientes, cuando se habla de poesía, parece que todo el mundo, o la mayoría, piensa en, o la reduce a, poesía lírica. Es decir: la que en origen se compuso para ser cantada al son de una lira. Lo cual entra en contradicción con el hecho de que mucho inculto crea despectivo, o en tal sentido lo use, el término versificador, o incluso despreciable la actividad de la persona que, como yo, se precia sin falsa humildad de serlo a conciencia.

  (Y eso que ya en el siglo pasado el gran poeta Valery dejó dicho en sus Cahiers que él prefería auto-aludirse como versificador antes que como poeta, porque lo 1º se sabe qué es, mas no así lo 2º).

  Pero póngale usted música (de lira o de cualquier otro instrumento) a la prosa. Que, si lo consigue, terminará haciendo versos.

  Es como si se creyera que por el mero hecho de no ser versificador, de no escribirse en verso, ya se estuviera haciendo poesía. Razón por la cual hasta una sentencia judicial, y hasta un telegrama, sería ya no sólo poesía, sino poesía lírica. Y, mire usted: como que no. ¿Verdad? La poesía puede hacerse en prosa poética. Lo que significa que esa prosa habrá echado mano de los típicos recursos del verso: puede ser buena, como la prosa de Bécquer o Valle-Inclán, por poner algún ejemplo evidente. Pero eso no la exime de ser una mera imitadora del estilo versal, por no decir cosas peores.

  Son muy escasos hoy en día los casos en que, por otro lado, puede hablarse de poesía narrativa. La hicieron los épicos y los románticos, valga, como muestra, el botón de tan corta lista. Pero ha desaparecido, secuestrada por la casi siempre telegráfica prosa novelesca (incluida la de tanto poeta convencional al uso, galardonado hasta la extenuación, que suele ser prosa como de barato fascículo de kiosco, sometida -en el mejor de los casos- a la pauta de una versificación facilona) o, lo que da la impresión de ser peor: la del cuentista.

  Hasta la poesía lírica, más que expresar sentimiento, que también, refiere siempre algún hecho, por lo que, aunque una sea mera pizca, siempre nos cuenta algo; y, si no fuera así, cómo expresar sentimiento alguno: ¿son posibles los sentimientos sobre nada? ¿Los porque sí?

  De la misma manera, toda poesía narrativa se diferencia de la mera prosa porque, a la vez que nos cuenta con más amplitud y desarrollo que en la lírica una serie de cosas relacionadas -o relatadas-, trasmite algún tipo de emoción, de esa que asociamos al lirismo.

  Válgame el vulgo si se cree que poesía es, y no es más que, y tan sólo, exposición de sentimientos. No sé si se debe hablar de confusión, o, lo que es peor, de ignorancia, pero la palabra “poesía” es voz griega que significa “producción”: la acción de transformar mediante el trabajo materias primas naturales, en este caso el registro coloquial del lenguaje, en productos más elaborados y complejos, enriquecidos precisamente por ese trabajo o esa labor (trabajo de laborador o labrador, que son la misma palabra en 2 estados evolutivos diferentes), para los cuales se necesita un conocimiento técnico: un arte. Un arte de labrador, de cultivo. O de cultura.

  Desde toda la vida de Dios, los seres humanos se han contado cuentos, incluso cuando su primera intención no era sino comunicar unos hechos objetivos. Siempre cito a este respecto -y no me cansaré de hacerlo, porque es vital de necesidad-, por un lado, la reveladora etimología de la palabra “palabra”, del griego “parabolé”, “parábola”, o sea “rodeo”: ése que damos para hablar de cualquier cosa sin aludir directamente a esa cosa misma de la cual queremos hablar. Y, por otro, la de la misma palabra “hablar”, del latín “fabulare”: contar fábulas, cuentos fabulosos, mitos, palabra esta, “mito”, que en su origen griego venía a significar mera “narración”: cuento. Y de cuento, como se sabe, los mitos tienen lo suyo.

  Y, desde toda la vida del Homo Sapiens, a los hómines sapientes siempre les ha encantado cantar, cosa que ha siempre encontrado divina, y de ahí el eterno simbolismo del pájaro que trina y vuela, remitido siempre al concepto de elevación. Y, por contagiosa metonimia, el Canto ha sido relacionado siempre con el Ala o las Alas que nos llevan a las alturas. Cuando cantamos, no elevamos por encima de la normalidad.

  Como los ángeles (verbigracia).

  Por eso siempre he detestado la aseveración que define la poesía postvanguardista como el resultado de una normalización. Porque hay que preguntarse: normalización ¿conforme a qué Norma? ¿La de la coloquialidad de la conversación usual? Pues vale: me parece legítimo. Pero también y por ende, muy poco elevado. Parece que la poesía actual quiere volar, sí, pero con un vuelo tan rasante que, a veces, las más, no se distingue de una mera -y terrenísima- charla de salón mundano. O de bar. Y ojo: no es que el uso de coloquialismos en poesía no sea lícito. Lo es: pero siempre que esté al servicio de la elevación del tono por encima de la Norma usual, que se ha vuelto obligatoria, como antes lo fue la preceptiva literaria de la que quisieron deshacerse los vanguardistas.

  Las vanguardias están viejas, y hay que superarlas: cierto. ¿Pero cómo? Pues no hay otro medio ni remedio: echando un ojo a las retaguardias o, al menos, a lo que hubo antes de esa modernización, que fue más destructiva que constructora. Pero la normalización de la poesía no puede consistir en su acercamiento a la prosa coloquial, y aun en identidad o identificación con ella, que es lo que suele hacerse por regla general, porque entonces nos quedamos sin lo específico de la poesía, que es su música, que es de entre las Artes la más pura.

  Y aquí debe recordarse que el poema y el canto nacieron juntos.

  Hoy parece que es como si música y poesía, al menos si nos referimos sólo a la música culta, esa que llaman “clásica” y que a menudo no es clásica, sino barroca o romántica, etc., se hubieran independizado la una de la otra, pero no es así en absoluto: lo que tiene de hermoso -y nos conmueve de- la mera música instrumental es su poesía; y lo que tiene de hermoso y conmovedor un poema que lo sea es su música, si bien es cierto que esa música también tiene que ser en cierto modo una música de la ideas: estamos hablando de Harmonía. Y la armonía esta siempre relacionada con el Contrapunto, gran reto de cualquier poeta que aspire a producir música con los significados, meta tan utópica que, con frecuencia, nos conformamos con la música de los significantes, siendo así que estos suenan y aquellos no.

  Esa música, obvio, no está sólo en la métrica, la estrofa o la rima, o en la disposición de los acentos más o menos bien o mal dispuestos en su aproximada distancia, como suele suceder con los mejores versos libres: también debe estarlo en al fraseo de los contenidos, en las simetrías sintácticas, en las homofonías fonéticas y fonológicas. Y en la isodistribución de todas las figuras, también aquellas que podamos figurarnos, o imaginarnos con nuestra imaginación e incluso nuestra fantasía, además de las que figuren en lo que podríamos llamar preceptiva del Arte de Figuración. O Arte del Sentido Figurado. Que es la Música del Sentido. Que siempre es imaginario, aunque no siempre fantástico, como realmente fantástica es la misma Realidad, cosa que no solemos ver cuando la miramos con las prismáticas lentes empíricas de nuestra visión cotidiana -o normal- de los hechos y las cosas (piénsese en la Relatividad de Einstein o en las paradojas de la eficientísima Mecánica Cuántica, gracias a la cual de algo me sirve teclear en este ordenador).

  Se dice que la música amansa a la fieras, lo cual no es científicamente cierto, a no ser que el aserto se refiera sólo a la fieras humanas, porque humano en exclusiva es el don del ritmo y la melodía cuando corren parejas con la voz que las entona pronunciando palabras que nos cuentan cosas y hechos interesantes.

  Por supuesto que yo no presumo de haber conseguido todo esto en los poemas que aquí se publican, pero ésa sido mi aspiración y, si no la he alcanzado, al menos lo he intentado, y me parece que no alcanzar una meta inalcanzable y quedarse en el camino es acto de heroica dignidad, sobre todo si ese camino es el ambicioso camino a la Poética Utopía.

  Cosa que me parece que ni siquiera se plantea tantísimo poeta al uso, galardonado hasta la extenuación.

 

Escribir poemas narrativos ha sido para mí un experimento y un desafío.

  Siempre me ha gustado hacer poemas largos en verso, y siempre había escrito narraciones, pero pocas veces, si bien creo que significativas, al menos para mí, había escrito narraciones en verso.

  Fue cuando tuve la oportunidad de leer un poema en octavas reales sobre la vida de Yuri Gagarin, el primer astronauta, incluido en El llanto del Demiurgo, de Ramiro Rosón, luego publicado en esta colección, cuando se me contagió el gusanillo de poner en verso cierta ideas de potenciales narraciones que no me habían querido salir en prosa.

  Para el primer poema de los aquí incluidos, “La Bethelíada”, me basé en la biografía aún no, por desgracia, escrita de una personaje real, que sin embargo ha tenido la amabilidad de no existir en el poema: quiero decir que si la vida de mi siempre amiga y hoy compañera, la poeta Isabel Pérez Montalbán, me ha servido de inspiración, la personaje protagonista del poema no es ni puede ser ella misma, porque el asunto lo he desarrollado, pese a su realismo, según los fundados caprichos de mi propia fantasía, poniendo y quitando elementos biográficos en función de un mayor dramatismo. He querido que tenga un toque final como de cuento de hadas: aquello de: y fueron felices y…

  En el 2º, “La Ciberquijotea”, he sido aún más ambicioso: me ha basado en Cervantes y en su Quijote, mirando de cerca el Amadís de Gaula, dándole la vuelta a su metafísica, o a la que es común en las interpretaciones catedráticas, con un añadido zoroástrico o mazdéista también invertido sobre la lucha cósmica de Ormuzd y Ahrimán, o del Bien y el Mal: la verdadera realidad no es la que ven Sancho y el realismo empírico: aquí lo real de verdad es la visión de don Quijote, esa locura visionaria que le lleva, lanza en ristre, a reclamar Justicia para los desposeídos y los débiles: los menesterosos, las viudas y los huérfanos. Y en ese mundo de inversión metafísica de pura ficción fantástica, por una vez en la Historia de la Humanidad, he querido que no pierda, como siempre, el Bueno.

  En el siguiente, “Cuando los Dioses curraban…”, me he basado en los estudios y ediciones del erudito Jean Bottéro, en especial en su monumental e imprescindible Cuando los dioses hacían de hombres, sobre los antiguos poemas mesopotámicos, casi todos de origen sumerio, si bien con muchos añadidos de mi cosecha propia en un intento de hacer valer la universalidad de tan arcaicos arquetipos míticos, todavía activos, al menos según Jung, en nuestro actual inconsciente colectivo.

  Si la “Fábula de Hispán” hace uso del simbolismo de la Caverna Platónica, no es más que sólo, o sobre todo, para comentar el estado de inconsciencia política a que en nuestros tiempos los medios de incomunicación y desinformación tienen sometidos, ya no sólo al vulgo o a las masas, sino a incluso ciertos intelectuales de pro que todavía no se han decidido a liberarse de la sistemática mentira propagandística televisionaria, cuyas víctimas son, y somos todos: “¡Es tan difícil ser plenamente consciente!” Es más fácil dejarse llevar… Y hay momentos en que todos, yo el primero, sucumbimos a esa suerte mala de pereza. (Mi único mérito es que uno padece una casi enfermiza compulsión obsesiva por localizar sus errores y corregirlos, cosa que me da cierta ventaja sobre el común, al precio de caer con frecuencia en estados depresivos, con otras consecuencias que de ellos se derivan).

  Por fin, la fantasía “Fábula del nuevo trovador” es una, en todos los sentidos de la palabra, fuga, tomada de la Comedia dantesca.

 

  Es evidente que todos los poemas aquí reunidos tienen un viso de byroniano malditismo. Lo cual, a estas alturas, no sería más que una grosera chabacanería demodé, si no fuera porque dicho malditismo es radicalmente actual: el pueblo español, que es el mío, por influencia mediática manipulada y manipuladora, se está neo-ultra-derechizando demasiado y, para la mayoría de los posibles lectores, apostar por una izquierda con programa socialdemócrata (llamado con malicia “socialcomunista”, para asustar al ignorante que, tratándose de ciencia política, lo es casi todo el mundo), es lo mismo que apoyar al demonio pinchapapas. Y hete ahí mi solitario -y solidario- malditismo luciferino: el de llevarle la contraria a ese canon ideo-mito-ilógico estándar y vigente, que defiende la Bondad del Latrocinio Neoliberal de derechas, vestido de remedio contra el maléfico e inexistente diablo rojo: puestos a eso, más prefiero yo pinchar a todos los papas y popes y gurúes que haga falta antes que ponerme de parte de (ni tan siquiera ser indiferente ante) cualquier nueva y actual versión o tentativa -o tendencia al- del “divino” y criminal nazi-fascismo.

 

domingo, 10 de julio de 2022

PREÁMBULO A El llanto del Demiurgo, De Ramiro Rosón

 Hoy en día la palabra romántico es voz desprestigiada, pues incluso hay quien la enarbola y arroja como descalificativo crítico, y aun con irónicos matices de desprecio; y esto es así por el uso habitual que los occidentales venimos haciendo de la misma, al menos en el registro coloquial, ya que para la mayoría de la gente se ha convertido en casi sinónimo de amor cursi, cuando no de disparatada irrealidad producto de una imaginación insensata. Pero por supuesto que no es ése el significado técnico del término en cuestión o del tecnicismo propio de la terminología de la Historia de la Literatura o de la Crítica Literaria.

Ese hábito usual y viciado procede, no obstante, de los tiempos previos al Roman­ticismo stricto sensu: si en francés roman significa novela, es porque las primeras novelas, que se escribieron en verso (como la alegoría de Le Roman de la Rose —que Chaucer tradujo como Romaunt of the Rose—), fueron a menudo de contenido temático fantasioso; y si en inglés romantic -al menos hasta Samuel Pepys e incluso Samuel Johnson, ya en el XVIII- funcionó como término crítico despectivo, fue porque, por regla general, se referían a ciertas narraciones fabulosas, en las que con frecuencia el amor cortés inducía a la caballería noble y andante a afrontar inverosímiles aventuras, a tal punto que en traducciones españolas de novelistas del XVIII, como Richardson y Fielding, los personajes padres y tutores riñen a sus hijos y pupilos, y sobre todo a sus hijas o pupilas, por la inconveniencia de sus amores apasionados y sinceros, inculpando de su locura a la perversa influencia de sus lecturas de “novelas románticas”, siendo así que Pamela o Tom Jones son novels, escritas ya en prosa, en la que se trata de las dificultades en que se encuentra el amor sincero ante las diferencias de clase. 

Confieso que hace años, cuando leí en Tom Jones eso de “novelas románticas”, aún no sabía que se trataba de una traducción castellana de romance o romantic story, y lo entendí como un anacronismo que me dejó perplejo. Yo no sabía entonces que dicha acepción sobrevivía en los diccionarios modernos, en donde romance todavía puede significar tanto chivalry story como love story. Y se refieren a creaciones literarias románticas anteriores al Romanticismo, lo cual no podía ser sino un contrasentido. 

Llegó el Romanticismo propiamente dicho, produjo una literatura en que acaso lo más característico fueron los largos poemas narrativos y novelescos (romantiques en francés), de los que son paradigma los de Byron, y pasó su época, y desde el auge del realismo decimonónico empezó a confundirse la crítica a los excesos románticos con la crítica al propio Romanticismo, y acabaron por ser identificados popularmente sus defectos por sobreabundancia con la totalidad de la propia poética romántica. 

Pero esto no es otra cosa que un lamentable error: para empezar, no pocas veces el amor romántico es orgiástico y meretricio, y el vuelo de la imaginación romántica implica reflexiones filosóficas y aun morales inspiradas por un espíritu de rebeldía ante la injusticia de las tiranías, que explica el enaltecimiento de figuras malditas como Caín, Prometeo o Lucifer. 

La poética del genuino Romanticismo, y sobre todo su acendrada culminación en Baudelaire y en el simbolismo francés, todavía no ha sido superada, salvo como no sea por los rasgos románticos que han perdurado en poetas posteriores, como en nuestro Modernismo y en Machado, Juan Ramón, el primer Lorca, Prados, Aleixandre o en especial el Cernuda del exilio, Hernández o incluso De Otero, y Claudio Rodríguez, y luego Colinas (por hablar ahora sólo de casos hispánicos); y la razón de que aun así se tienda a seguir usando el término de marras como crítica negativa a líricas actuales ha sido esa especie de culto al realismo de la experiencia neosentimental —o neocampoamoriano— que la mayoría de los poetas contemporáneos cultiva, quienes se han empeñado en aupar a un dignísimo poeta entre tantos —De Biedma— a la categoría de modelo a imitar, siendo la causa de esa devoción (jamás reconocida por ellos —excepto en actos fallidos reveladores del subconsciente—) la escasa dificultad que supone la susodicha imitación del Gil. 

De modo alternativo años pasé reivindicando una poética de síntesis entre lo mejor del Romanticismo y una temática de rabiosa actualidad, histórica, política, científica, con el respeto debido a las formas clásicas, sin que la tendencia hegemónica me hiciera el debido caso, cuando cuál no sería mi sorpresa al descubrir a un joven Ramiro Rosón, quien, sin conocerme, había escrito excelentes poemas y versos adscritos a esa inclinación de mi gusto y preferencia. 

Conseguí que me enviara el mecanos­crito de su hasta entonces libro más signifi­cativo, lo recomendé a amigos y editores y siempre obtuve la misma contestación por parte de los últimos: que se presente a uno de nuestros premios (para quedar eterno finalista): le estaba ocurriendo lo mismo que a mí: no era ésa la poesía que se vendía. 

Observé que una de las cualidades que más queridas me eran de su escritura (como el lector de mis prefacios de números ante­riores habrá de sobra notado) era que, si aquel libro estaba escrito en versos sueltos de 11 y 7, ciertos —y muchos— poemas suyos posteriores estaban compuestos en estrofas clásicas —liras, cuartetos, serven­tesios, octavas reales, silvas, pareados, sonetos, décimas y hasta un ovillejo y una sextina, y lo más emocionante, pies métricos grecolatinos—. Pero aún más llamativo me resultó mi súbita toma de conciencia de otro rasgo: su temática: la propia del viejo Simbolismo de raíz romántica, con su carga de mito, de esoterismo y de una mística panteísta atea o “no monoteística”, que se sintetizaba armoniosamente no sólo con anécdotas de la actualidad política, sino también de la Historia de la Ciencia y de la ciencia de vanguardia misma. 

Se atreve a cantar a la romántica (y simbolista) luna como una especie de poética excusa para una invitación a la solidaridad cósmica. Y a criticar, dejando fluir cierta vena gnóstica o hermética —y maldita (pese a su inocencia)—, al Demiurgo o Dios en tanto que Creador por su fracaso en su creativa actividad de chapucero consciente de su torpeza y arrepentido de sus fallos de diseño. E invoca al ángel exterminador Abbadón como desesperada solución al problema del mal y el sufrimiento (en tácita alusión a Leibnitz —y Voltaire—), consecuencias ambos de tanta imperfección, de las iniquidades y de los despotismos políticos —y económicos. Y hace hablar a Adán de su nada palindrómica, y a Eva de su ave, implicando tales textos una crítica al patriarcalismo y una defensa de la femineidad. Y el Ermitaño, la Muerte y la Torre del Tarot se elevan en seguida a símbolos del Todo que es la Nada, de Muerte y Renacimiento, de Caída, con alusión al moderno atentado contra las Torres Gemelas, entrañando una reflexión sobre lo efímero de las glorias humanas y su perpetua renovación natural en su progreso evolutivo. 

Y entonces, la gran sorpresa: en la tradición del poema épico renacentista nos cuenta la vida y peripecia de Yuri Gagarin, el primer cosmonauta de la Historia (con permiso de la perra Laika). 

Pero es que, por si fuera poco, en “El peregrino cósmico” relata por boca de un misterioso personaje otro viaje hacia los confines del universo a través del cual, au­nando modernidad científica y tradición, y crítica social y reflexión filosófica, alcanza a una ignorada Astarté, nombre cananeo y fenicio de Venus, con quien se funde en clave de amor místico en la conclusión del imposible peregrinaje. 

Y, entre otros etcéteras, una desmitificación del Cid, más de una crítica al capi­talismo salvaje, una alquímica aseveración sobre la inexorabilidad de los cambios a mejor y una consecuente y final invitación a la poética esperanza. 

Todo lo cual, más que romántico, es necesario para la supervivencia de nuestra humanidad, y un método más radical de aludir a la realidad humana que el modo del realismo simplista, que, más que un método o una técnica, no es, en el fondo, más que una mera ideología que se basa en un pobre y estrecho concepto de realidad, y que es, como tal y, por lo tanto, falso. 

F. Fortuny

lunes, 9 de mayo de 2022

UN POLO PROPIO

Siberia propia

Isabel Pérez Montalbán

 

Invierno propio

Luis García Montero

 

Suprime al disidente, que por su nombre nombra

las cosas -y aun la tuya, allá en tu Solus Ipse.

Impide su progreso -no vaya a hacerte sombra-

y ponle zancadillas -no sea que te eclipse.

            Eleva la pirámide y, mientras dura, aplasta

a todos los extraños, y luego purga a propios,

y, dirigente único de la soberbia casta,

vigila a todo el mundo con largos telescopios.

            Apóyate en tus siervos, a quienes das tus migas

de falsa gloria en vida -y, en muerte, sólo muerte.

Te ayudan a cargarte las fuerzas enemigas

y luego los traicionas, si al fin te has hecho fuerte.

            ¿Por qué la convivencia del propio y el extraño

te sabe tan amarga? ¿Te aterra  el Otro: esperas

que pueda superarte? Y así con autoengaño

te blindas, engañando, y todo cuanto quieras

            obtienes. ¿No hay más vías que el golpe por la espalda?

Y ¿piensas que lo haces por nuestro bien? Casado

contigo sólo eres. Tu deuda no se salda,

porque no tienes nada que sëa tuyo, dado

            que tu inconsciente sabe que lo robó tu horda,

y en tu parcela egoica, ridícula, de medro

ladrón, tu carne fofa aplasta porque engorda.

Y así las llaves quieres del Cielo como Pedro,

            y mandas al infierno a toda competencia

que pueda desplazarte a tu Siberia impropia.

Y no te da vergüenza, porque no tienes ciencia

de ti, porque tu Delfos no está sino en la Inopia.

            Quien quiera verlo mira que mientes y te mientes.

Y quien no quiera verlo te tiene por modelo.

Si un día vieras lúcido tus rasgos evidentes,

rodando acabarías con náuseas por el suelo.

            Tú sigue como siempre. No puedes otra cosa

hacer a tal altura. “¿Verdad qué es? Muy poco:

seamos de mentira” -y sigue tu babosa

rastrera caminando sobre su propio moco.

            Enano como eres, para sentirte grande,

hiciste tu montaje superlativo de ego.

“En mi soberbio imperio que nadie se desmande.”

Qué pobre diablo soÿ: al lado tuyo, un lego.

            El coro de los grillos que loan tu planeta

total el eco -o plagio- te aplauda y te celebre

y activamente ignore la fuente y la poeta,

y achántese la greÿ, no vaya a ser que quiebre.

            Bardillo tras del premio por su obediencia ciega

defienda la estrategia de tal inteligencia

de agencia de diseño que dicta el estratega,

colaboracionista, a ver lo que se agencia,

            que así es el Mono Insapiens: un fiera en el rebaño

que imita al perro lobo que cree macho alfa,

pero ante el cual se humilla, y expulsa al que extraño,

no vaya a ser que el pobre se quede sin alfalfa.

            Humanidad: te falto, por ser yo más humano

que tú, que casi nada lo eres y, a pesar de

lo mismo, me procuro tu bien. Contra el tirano.

(Qué lástima que seas tan lerda y tan cobarde.)


 

miércoles, 4 de mayo de 2022

A MÍ

 A mí los marginados. Solitarios

no puede hacerse la menor justicia.

A mí poetas como estradivarios.

A mí los que detestan la impudicia.

            A mí los perseguidos sin motivo

justo, ignorados por valientes, sabios,

a mí los liberados del estribo,

el bocado y el freno, los de labios

            silenciados en redes por la Araña

cazadora con trampas y censura,

a mí los que sin mímesis ni maña

desobedecen a la dictadura

            de esta mimetizada democracia

que sin su camuflaje el truco muestra,

a mí la inspiración, a mí la gracia

de la palabra oculta, la maestra

            línea que sigue el mito que revela

la verdad, la belleza, lo que es justo,

que son lo mismo, a mí quien se rebela

ante el dogma oficial, a mí, incombusto,

            el fogoso reidor de la ironía,

el crítico sin miedo, el que le planta

cara al embuste, y el que no se fía

-y le ahogan el grito en la garganta-

            de lo que digan medios que supremos

se creen por ser bajos y de arrastre,

a mí los que sabemos que podemos

evitar el endémico desastre

            de lo real, a mí el antiguo estilo

de un lenguaje que ordene al pensamiento

a ver lo cierto, como pesa un kilo

una justa balanza, los sin cuento

            y mucha narración de lo que pasa

para cambiarlo con la idea nueva

y sus conceptos: hoy abro mi casa

y el corazón a quien dejó la cueva

            de Platón y ve a Iris, y el mensaje

de paz de la alianza y un futuro

como presente, a mí los del coraje,

y cuantos me recuerdan en el muro.

            En mi 64 cumpleaños

os felicito yo con mis deseos

más leales, a mí los más extraños

diferentes. A mí los Prometeos.

lunes, 2 de mayo de 2022

EL VIEJO TRAJE DEL EMPERADOR

Y “El rey no trajo el traje”, dijo el niño,

jugando con ingenua su videncia.

Pero esta vez no se atendió aquel guiño

de la santa inocencia.

            Sólo el de pura sangre puede verlo:

nadie lo ve y, empero, el mundo todo

lo finge ver. Y negro al blanco merlo

llaman, y el torpe apodo

            quiere decir lo que judío antes,

en tiempo de los nazis, el dïablo,

candidato a la cámaras. Cervantes

lo dijo en su Retablo,

            mucho antes que Andersen. La gorda

vista se hace, y se arma y, por desarme

indefensos, nos tira por la borda,

pirata, y ni un adarme

            nos deja del pastel, que da a sus moscas,

ni de la mosca, y al barranco empuja

al que distingue novas entre foscas

sin visor, con su aguja

            de marear que borda, porque el Pseudo

es Señor de la gleba que cultivas

y desprecia tu mérito: en su feudo

no caben almas vivas

            rebeldes, de sí propias, y las muertas

son de Gógol: las compra el personaje

aprovechando la ocasión de ciertas

cesiones del usaje

            estatal. Y está tal cada más muerto

vez -qué hipérbaton-, y ésta cada uno

recibe -y calambur- por vate cierto,

que el más mendaz y tuno

            se lleva al propio huerto lo de ambos

y lo parte con propios, y morcilla

nos da a los nunca suyos, ditirambos

acaparando, y pilla

            el chorizo süelto el botín, vuelto

-la diéresis lo marca- a sus andanzas

de patente corsaria en verso suelto

que llaman libre, chanzas

            irónicas del medio, y aun sarcasmos

sardónicos, inflándose pez globo

gordo del aire nuestro -los pleonasmos

valgan-, y a su alto arrobo

            a mano armada -aliterando- sube

como la espuma: nunca aquí se fuma

la mala pipa de la paz que estuve

ofreciendo a su espuma

            por una común causa de relieve

mayor que la escritura: la justicia

para la mayoría. Dijo breve

con escasa pudicia

            alguna afirmación que luego falsa

resultó, porque hïzo lo contrario:

en pro del bien común no está en su salsa.

Es el mejor, por ario,

            aunque vaya de rojo. Purpurante

será porque supura por marisco,

el múrice, fenicio, mareante,

o peñasco, o pedrisco

            -y polipotes, que de muchos potes

y botes chupa. Pero nadie observa

que no se ve su traje de empelotes

ni ve mala su hierba.

            Pero así es esta vida. Solo medra

aquí el astuto, el sinvergüenza, el cínico

en el peor sentido, en el de Fedra,

que acusa ante el Domínico

            de su falta lasciva al casto Hipólito,

su presa bajo piedra; el Rey Teseo,

su padre, es quien lo pune, y no es insólito

caso tan ruin y feo.

            Hay derecho a ese cuento que se narra

cada cual a sí mismo -se deprime

si no- pero el maltrato de la guarra

frustrada no es sublime

            jamás o del medroso del desbanque

que en todas partes teme al enemigo

que no lo es, y acaba en el estanque

su corriente de frigo

            estropeado, y le salen sabandijas,

y ha de aferrarse al puesto como yerro

apoyándose en fuerzas más canijas

con lealtades de perro.

            El poder hace pupa, porque atonta,

y al sin mérito más, si lo detenta.

Sin él me arriesgo a no dejar impronta

y, aun así, no me tienta

            ni tampoco la fama, dada a cama

como pública hembra, y transitoria.

Nunca he querido ni poder ni fama,

sino estar en la gloria.


sábado, 30 de abril de 2022

EL NUEVO RETABLO DE LAS MARAVILLAS

                                                           Yo te untaré las barbas con tocino

Quevedo

 

Me parece que todo lo que puedo

hacer es protestar contra lo injusto

para no ser oído. Me da miedo

tanto poder en manos del augusto

que se eligió a sí mismo con el dedo

            de un golpe de su mano con intriga

cortesana, vendiéndose al demonio

de la ambición, por medio de una liga

de mediocres. Nos roba el patrimonio

y su discrimen criminal su figa

            nos da a los disidentes, y nos calla:

tanta censura omnímoda no es propia

de un demócrata. Toda su canalla

canina que a la presa canas copia

de experiencia en el verso como malla

            tejido -o texto, de textil urdimbre-

trasmina a monterías de política

editorial, y su costura o mimbre

abole arquitectónico, y ya es mítica

y legendaria esa verdad de timbre

            de sirena no harpía, que él prohíbe

se escuche oficialmente y que se diga.

La poesía se muere del que escribe

con el fin de llenarse la barriga

de gloria vana, y el distinto vive

            aislado en soledad, sin voz ni voto,

vetado por grumetes que tripulan

la nave sin oficio de piloto,

y todos los compinches disimulan

auto-engañándose en grisácea foto.

            Confunden el saber con la victoria

mediática y logrera de avaricia

improductiva, impoética, ilusoria

avidez de riqueza por codicia

de reconocimiento transitoria

            hasta la muerte. Sufro mi derrota

resignado: es mi signo, que hoy es sino,

un designio supremo que me dota

de Gracia, que me niega, porque empino

demasiado mi cuesta: soy ilota

            bajo razzia espartana, y tú un fascista

cuya arbitraria voluntad de clero

ideológico calla al que te chista

con bravo genio, pobre majadero

te creíste poeta, por conquista

            y anexión sin derecho del vecino

país, y así eres héroe, por gran Caco:

gallina, pavo, pájaro, cochino,

no robas sino Estados, y tu atraco

es pura corrupción, neolibertino.

            Has cometido un crimen, pobre bruto

egoico, y envidioso, e indiscreto.

¿Qué tipo te  has fumado de canuto,

imbécil? ¿Qué te crees, so cateto?

Si me quitas de en medio, prostituto

            vendido al capital, es mi consuelo

ése. Me temes. Nunca tus esbirros

lo piensan. Que no piensan. Y su celo

es celar y oclüír a cuantos Pirros,

aun vencedores, se les caiga el pelo.

            ¡Impedir que un poeta cante en foro

público su canción!, por no la misma

ser que la tuya: flébil lo deploro,

mas la vergüenza es tuya, que el carisma

no justifica la avidez del oro

            absolutista y de la fama tonta

que te hace tan feliz. Habrá poesía,

y no será la tuya, pues su impronta

no va a dejar ni rastro o de entropía

sólo. Y un niño ve cómo se monta

            o te montas tu Imperio: “Va desnudo

el nuevo Emperador, no trajo traje”.

Como el niño tu trama desanudo:

no está tan bien atado tu blindaje

ni tan bien, tirador de tiro franco

            de carroza por necios: ya no envidio

nada tuyo de ti. Tu falso orgullo

es de cambio de piel, como el ofidio,

y de chaqueta: ¡izquierda, tú! Farfullo,

pero digo bien claro quién presidio

            debe sufrir por timador y preste

estalinista, o papa. Tu franquismo

disimulado, cueste lo que cueste

-hay que ser democrático-, es lo mismo,

al fin, que aquel zarismo del mal este.

            Y, al fin, de nuevo, eres un idiota.

Un propio o un cateto, o un palurdo

inseguro de sí que, como nota

que no llega, se abaja hasta el lo burdo

de abajar al mejor que tú, y pelota

            no te hace. ¿Te sientes satisfecho?

¿Ya te sientes mejor? ¿Ya bien te estimas?

¿Has crecido? Soberbio contrahecho

que, aunque sabes rimar, poco me rimas,

por dar menos trabajo, y más provecho.

            Tienes Poder: el Mal, que representas,

aunque el mundo se crea la mentira

de que tú eres el Bueno, que alimentas

la poesía del mundo, que te admira.

El mundo es tonto, inculto, y tú lo cuentas

            al revés: vete ya a oprimir a esclavos

de inocencias ingenuas: de mí pasa.

Ya me has dado el disgusto: llevo clavos

en los miembros. Me heriste, y ya mi casa

es mi único bien: vivan los pravos

            tibios sin cosa interesante o tiesa:

tu poesía es la única, y el demos

es oprimido por tu bestia empresa.

De cantar tu dictado, bien podemos

mucho mejor cantarlo. Pues con ésa

            manera de escribir, a dónde vamos.

Tu poesía es anémica, y por eso

la nuestra quieres anular, mas gamos

huidizos somos, y tu grave peso

te traba el corso, aun si patentes ramos

            de palmeras y palmas y autoengaño

te hacen creer poeta por tu medro

estratégico ruin, por ese apaño

mafioso y trepador en el poliedro

del sistema aristado, con amaño

            corrupto. Me das pena, personaje

de farsa que conspira contra el débil

de armamento, indefenso, que es el gaje

del Oficio, por miedo triste y flébil

al talento genuino, de coraje

            contra quien te supera en el dominio

de la forma, que llena de materias

futuribles: alude su escrutinio

cultural, en verdad, a cosas serias,

contra las que no puede tu exterminio.

            Mas si tu indignidad no te molesta

y la llevas a orgullo, yo qué puedo

hacer sino cantarlo: mi protesta

no es para hoy, pero no cejo o cedo.

De todos modos, ya perdí mi apuesta:

            jugué fuerte yo solo mi fortuna

y ahora estoy desahuciado, y se me escapa.

Pero, ya muertos ambos, la Importuna

podrá las cosas en su sitio, Papa.

Porque ya fuerza no tendrás ninguna.

            Habrás gozado el día. Mas no menos

yo: disfruté de hacer mejor las cosas.

No usé de intrigas, trucos o venenos.

Y, siempre abriendo mi cajón de truenos,

entoné mis canciones, más hermosas.