I) Agria mi musa ya no me visita.
Sólo de un tema trato, y ya estoy harto.
Puesto a parir, con el dolor del parto
me quedo solo, igual que un estilita.
Sé que soy más bien raro, y que eso irrita
a la Normalidad, que con esparto
teje su texto con textil infarto
que al silencio de seda, burdo, imita.
Sobre el malogro del presente alerto
poético -prosístico-, y ni caso.
Medra el poeta experto en verso muerto.
Y qué más da. La realidad un paso
está dando a mejor -eso es lo cierto-
con otras leyes, contra tanto atraso.
II) La poesía más conservadora
que sólo el viejo verso libre tiene
de nuevo, sin la poda, pulcra higiene,
del metro y de la rima, desmejora
al poeta: parece que su hora
se acerca: dicta un verso lene
pero plúmbeo por gris: al mundo apene
con pena que no tiene: su Señora
se ha ido y lo ha dejado melancólico
por terca obligación, y lo aparenta
tanto que se lo traga, y le da un cólico
si se siente feliz, dada su renta
de fama. Como Pablo el Apostólico
ha visto a Dios. Y no se ha dado cuenta.
III) Así que no me canso más: inerve
la sencillez -o la simpleza- el seso
y su textura y lo trivial, y un beso
le dé al vacío el viejo por imberbe
y Dios su buen el olfato le conserve,
porque el oído -y la visión- ya tieso
lo tiene -y ya difunta-, y que su leso
poema medre, porque hervir, no hierve.
Y viva la torpeza y muera el sesgo
del genio que se enfrenta a cuanto riesgo
le supone el lenguaje y el estilo.
Viva la prosa de mendaz periódico.
Y el ritmillo repítase prosódico
de organillo robot, de anciano asilo.
IIII) El mundo una esperanza, sin embargo,
me da de mejorías: un gobierno
legisla para el bien, si bien discierno,
de su pueblo, aceptando el zurdo encargo
del coaligado socio, y del letargo
habitüal lo saca del invierno
reptil, que es lo Normal y sempiterno,
cuando no es egoísmo diestro y largo.
Tanto chorizo previo te acostumbra
tanto a esperar lo mismo que sorprende
que se haga lo contrario y te deslumbra.
¿Justo un gobierno? Sí que es esto nuevo.
En lugar de jodernos, nos defiende.
Y a los poetas les importa un huevo.
V) No veo por aquí quien cante albricias
por la justicia del común sociata.
Acostumbrado a tanta sucia rata
de cloaca, escuchando estas noticias,
cómo es que no se cantan las leticias
de tan sublime novedad, que epata.
¿Será que la poesía timorata
es partidaria de las injusticias?
De mi tiempo intentando ser testigo,
las canto yo: qué extraño lo que ocurre.
Mientras siguen mirándose el ombligo
los poetas normales, que les zurre
con palabras, es propio de un amigo.
Su poesía hace tiempo que me aburre.
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