No bebedor alcohólico y enfermo
en proceso de cura, me hago cargo
de que el aguante debe ser muy largo
de la dieta abstinente, y es un muermo.
No escritor de poesía, versifico
de memoria futura, puesto al día
en ciencias duras y filosofía,
y así mi falta de lector me explico:
si el humanista o el letrado sabe
tan sólo de lo suyo, cómo quiero
tener lectores, ventas y dinero,
si las aludo. Yo os saludo: ave,
purísimas conciencias inconscientes
de casi todo salvo de sí mismos,
pero no del Sí-mismo, en ostracismos
de lo real de vero, blancas mentes
perladas entre valvas informáticas
y desinformativas y autoengaño:
con desprecio ignoráis todo lo extraño
a la norma común, sin matemáticas
ni física, ni aun antropología:
lo que se sale de la norma espanta;
y ¡venga a remedarse a la voz santa!:
lo que diga la santa mayoría.
Pero la mayoría sólo expresa
lo que dice la tele y demás media:
purísima mentira de comedia
montada para tontos como aviesa
propaganda de cutre periodismo:
cómo tragarse semejante bolo.
Pues también lo digiere y, luego, Eolo
suelta su hez, quedándose lo mismo.
Un crítico, un poeta, sin embargo,
debería aprender de eso a que aludo:
tener curiosidad, ser más sesudo:
no quedarse en la gloria de su cargo.
Ay, Pepillo es así. Pequeño el Pepe
se cree el nombramiento y lo asimila
como propio de sí. No su pupila
ve su motivo real: su infame trepe.
Y ella obedece ciega y ve un fantasma
angélico, que es diablo: su maestro:
el ego puro más rüín: el nuestro,
que debe superarse, pero pasma
la verdad con su ofensa, y preferimos
volver a lo de siempre, sin la audacia
de aprender los distinto a la Falacia.
Y estados atrapados por sus timos.
Yo, al menos, me conozco un poco: algo.
No bebedor, soy un borracho inmundo.
Mas, viendo doble, me conozco el mundo.
Por eso el gran montero me echa el galgo.
Y, si no me da crédito su crédito
y duda, lea mi poema meta-
físico cuántico, y piense en su poeta.
(Ay, me olvidaba de que aún sigue inédito).
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