jueves, 29 de diciembre de 2022

POÉTICA DE LA DESINFORMACIÓN

 I) Mientras el mundo se derrumba, canta

el organillo del poetilla tonta

letra de amor narciso que remonta

a sí, en el charco de su gloria santa:

  “Quién es más guapo -inquiere- que yo. Cuanta

gente lo sea muera so la impronta

de mi bota de clavos siempre pronta

para el que tenga una mejor garganta”.

  La realidad su dramaturgia inventa

que sale por la tele, y la de vero

ignora activo, y propaganda cuenta

  de amor cortés, de Elisa caballero.

Y, mientras tanto, lo demás revienta.

(Sólo busca la fama -y más dinero.)

 

II) Real es lo que sale por la tele.

Lo que no sale ni siquiera existe

como fantasma, ingenuo en su despiste,

de quien te canta la verdad, que duele.

  Puede sufrir la Empresa un mal telele

si la verdad real se sabe, triste:

que ese tu dios de amor es como un quiste

o cáncer de odio que por dentro muele.

  La fama del ilustre que no ilustra

-lo contrario más bien- en que confías

toda felicidad del pobre frustra

  y aún más la de la viejas y marías.

Tus dioses son demonios: Zaratustra

te lo vuelve a decir todos los días.

 

III) Canta un solo de amor, mierdoso, el bardo

a su querida realidad infanda,

indiferente a tanta propaganda

pagado de Narciso, y a Abelardo

  castra, por dar en Diana con su dardo

de Cupido, en Verdad. Sigue a quien manda

por omisión, y peras roba, escanda

o no por la corona de su cardo,

  confesándolo rosa -de novela.

Pero en verdad la realidad no vela,

y no la ve porque se mira solo.

  Cuando cae en la cuenta, disimula

y, plagiando perales, viola: encula

a quien desposeyó en su mauseolo.

 

III) Dado el golpe de Estado poco a poco

mediante media hipnóticos, ahora

armas no necesita, que mejora

en sofisticación -con comecoco

  consiguió la adhesión del diplodoco

popular en sus castra- la Señora

del Crimen y el Narcótico, y ya implora

el siervo que le den más soplamoco.

  Tribunales y tele estrechan mano

prensando al elector que, soberano,

designa a quien lo aplasta: ya le aterra

  la Justicia, y prefiere a la Gamberra

que la salud le roba, y al tirano,

porque una tonta se han cogido Perra.

 

V) La verdadera realidad no importa.

Importa la mentira de la fama.

Lo que sale en la tele la proclama.

Corta con la verdad y no se corta

  el sinvergüenza y la gestión aborta

de quien se opone al sórdido programa

de su noticia falsa, y más lo infama

cuanto más dice la verdad absorta,

  valga la hipálage. La boca abierta

llenan las moscas del mojón gustoso

y así quieren callarla. No deserta

  la lucidez y escupe sin reposo

contra el poder mediático, y le acierta

en su hipócrita jeta al mentiroso.

 

Y VI) Debe decir lo cierto el buen poeta

mediante su ficción o dicho en plata.

De nuevo vuelves a meter la pata

diciéndolo, y te vas a la puñeta.

  Pero habrá que insistir, que mucha jeta

tiene el corsario de la tele chata

-o el indolente de la timorata

conciencia ciega-, propio proxeneta.

  Prostitüido, el vate no adivina.

Y el periodista falso la doctrina

predica del patrón al que se ofrece

  por unas rupias. Pero el vulgo terco

prefiere ser en su pocilga puerco.

Y la verdad se ignora, porque escuece.

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