Una tendencia al mal todos tenemos
que dominamos embridando al bruto.
Y éste engaña al jinete, que es astuto
el bruto y, al ser memos,
se escapa de la trampa haciendo trampa
y se infiltra en el ego y nos lo infla
y a la conciencia se la refanfinfla,
y entera se la zampa.
Creímos que el humano, si está sano,
es siempre de alma noble, pero aprendo
por experiencia que, bajo su atuendo,
insano es todo humano.
Creíamos que todos, con esfuerzo,
podríamos ser ángeles, Mirándola
lo dejó dicho con su sabia péndola.
Pero se hace un escuerzo.
Funciona como casi un termostato
inteligente: si el dolor, el algia,
aprieta, cede, y siente la nostalgia
del placer, que es más grato,
el hedón, que si es mucho te enloquece,
te atonta y, por ejemplo, te enamora
o te vuelve un fanático que adora
hasta a su mal, si crece.
A cada cual le peta y le repugna
lo que le dicta su inconsciente, y hace,
aun sufriendo su mal, lo que le place,
y ni siquiera pugna.
Yo soy enfermo alcohólico y me priva
la priva y, aunque sé que me destroza,
he estado 20 años hecho broza
que nunca trepa arriba.
Y todo el que ambiciona aquello o esto
pasa su vida por la enredadera.
No he sabido subir, y sigo fuera.
Pero ahora protesto.
Un día me bajaron el salario
y sentí el sinsabor de la carencia.
Y tuve miedo y me empeñé en conciencia
tener de mí, sagrario
del espejismo egoico que se engaña
creyendo ser lo más, y me vi poca
cosa, y en depresión caí, y ya toca
salir de tal compaña.
Y así, privaba más. Ahora me privo
de toda priva, y la melancolía
a ladridos espanto de jauría
a la caza del chivo
expiatorio que siempre es otro, abyecto
culpable de mi morbo, y no me curo
de cuidado ninguno; y me da apuro
de pronto: me proyecto
o proyecto mi culpa en el vecino
que pille a tiro. Pero no funciona.
Desenmascaro entonces mi persona
y mi terco destino,
que es el carácter, como dijo el viejo
Heráclito, y me miro y veo al bestia
que gobierna mi fondo, y su molestia
me frunce el entrecejo.
Hay que cambiar. Sin cambios no se vive.
Si se escacharra el chisme o su sintaxis
hay que engancharse a alguna profilaxis
y mi mano me escribe:
inventa otro Fortuny más sensato
y descubre ese invento, cuando trovo,
-es la trova mi prótesis- lo bobo
que he sido tanto rato.
Y miro a los demás y, al menos, veo
que hacen todos lo mismo que yo hice,
cada cual con su aquél, y eso me dice
que no soy el más feo.
Hay gente que venera las maldades
y hasta a veces en masa vota Pepe
o, peor, Vox Impópuli, y julepe
piden, y no igualdades,
porque odian al Otro que lo enjuicia
y puede darle reconocimiento
y es caprichoso el público, y su aliento
da en ansiedad, y vicia.
Pero no existe el vicio, sólo el morbo.
Y el morbo más común es mal de insania
que con frecuencia frisa en la vesania
de garra y pico corvo.
Defiendes la igualdad y al pronto observo
que el de rapiñas grazna y saca uña
e insulta a la Mujer -o a Cataluña-
igual que, torvo, un cuervo
o un buitre carroñero. Desespero
de que la bestia alguna vez se eduque
y cambie a bien, y no se me trabuque
-trabuco carroñero.
El bruto con el freno se incomoda.
No siempre caballero es el jinete.
Que aprenda con un jaco de juguete.
Pero que no nos joda.
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