A mí los marginados. Solitarios
no puede hacerse la menor justicia.
A mí poetas como estradivarios.
A mí los que detestan la impudicia.
A mí los perseguidos sin motivo
justo, ignorados por valientes, sabios,
a mí los liberados del estribo,
el bocado y el freno, los de labios
silenciados en redes por la Araña
cazadora con trampas y censura,
a mí los que sin mímesis ni maña
desobedecen a la dictadura
de esta mimetizada democracia
que sin su camuflaje el truco muestra,
a mí la inspiración, a mí la gracia
de la palabra oculta, la maestra
línea que sigue el mito que revela
la verdad, la belleza, lo que es justo,
que son lo mismo, a mí quien se rebela
ante el dogma oficial, a mí, incombusto,
el fogoso reidor de la ironía,
el crítico sin miedo, el que le planta
cara al embuste, y el que no se fía
-y le ahogan el grito en la garganta-
de lo que digan medios que supremos
se creen por ser bajos y de arrastre,
a mí los que sabemos que podemos
evitar el endémico desastre
de lo real, a mí el antiguo estilo
de un lenguaje que ordene al pensamiento
a ver lo cierto, como pesa un kilo
una justa balanza, los sin cuento
y mucha narración de lo que pasa
para cambiarlo con la idea nueva
y sus conceptos: hoy abro mi casa
y el corazón a quien dejó la cueva
de Platón y ve a Iris, y el mensaje
de paz de la alianza y un futuro
como presente, a mí los del coraje,
y cuantos me recuerdan en el muro.
En mi 64 cumpleaños
os felicito yo con mis deseos
más leales, a mí los más extraños
diferentes. A mí los Prometeos.
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