Maldigo la poesía…
Celaya
Yo denuncio una trampa y una estafa:
nos venden por genuino un sucedáneo,
por verdad un embuste, por un cráneo
privilegiado a un listo, y no se zafa
de esa celada el más inteligente
de los intelectuales más sabiondos
que traga el bolo de esos altos fondos
de la cloaca patria, sobre el puente
pregonando al de abajo, en donde vive
su miseria feliz y contagiosa.
He visto cómo alivia el de la prosa
sin poesía al tonto que percibe
como un bien su rüina, porque clama
la chusma altiva que lo bueno es malo,
y ella nos librará del varapalo
que nos caerá en el lomo si la llama
de la justicia prende verdadera
y la equidad que, al ser cosa de rojos,
nos va a tumbar: permanecer de hinojos
es mejor, con vacía la nevera
por reducción de prestación y ayuda
al ya desposeído, que se queda
en tal caso con toda la moneda
nuestra que no tenemos ya. Menuda
la que nos viene con el Bien, por tanto.
Yo denuncio un discurso engañabobos
que nos vende, borregos, a los lobos
que dicen ser pastores, con su canto
de duro golpe de fatal karate.
Yo denuncio ese canto, que es un fata
morgana que camufla a la gran rata
de ternura de blando chocolate.
Yo denuncio ese canto sin estilo
que no punza en la pulpa ni la pipa.
Se vende un zombi zampante tripa
por un poeta vivo. Cuesta un kilo.
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