Tal como están mis cosas a nadie necesito,
salvo a Isabel, que endulza mis días solitarios.
Y sabe el que lo sepa que al conceptista cito.
¿Se entera su agudeza? Mirad que sois precarios.
El orden y las órdenes imponen su consigna:
ignórese el talento o el genio del distinto:
lo fatuo de lo ufano se afane en tan indigna
maquinación superflua de un cero platelminto
(parásito gusano, de cuerpo plano -aclaro-) ,
que ignora activamente complejas escrituras
y estilos donde habito remunerado en paro
como estilita, al margen de cuantas dictaduras
extienden su reglaje soberbio sobre masas
exiguas de conciencia. La nada es lo que peta
bajo disfraz de cosmos sumiso bajo tasas
y aprecios de diseño. Se quiere ser poeta
diciendo naderías en prosa taciturna
con ritmo de pianola que rigen agujeros
en un papel hipócrita, pasado por la urna:
ha tiempo que no hay sangre que llene los tinteros.
El arte del ingenio latente en el olvido
del áureo libro yace, y sólo resucita
en los excepcionales que buscan un sentido
en este creativo Absurdo del que imita
Su realidad, inquieta, que desde el fondo surge,
de lo insondable, al tiento del pensamiento-mito
científico en vanguardia, espeso en su menjurje
de extremas diferencias. La mente al infinito
o indefinido forma como banal vivencia
-la Cosa en Sí, el Sí Mismo, el Dios que no se atrapa,
y cuando se le hurga detrás de la conciencia
es ninfa que del fauno, como horizonte, escapa.
Cantarse sin sonido o con rüido es lerdo.
Un ego es el producto de un cínico programa.
Y más allá está el vértigo de la verdad: lo izquierdo.
Sin reconocimeiento del Otro, ni la fama.
El Otro está en nosotros. Él somos. Nos somete
a su dictamen necio. La mayoría humana
es inconsciente y niña: en asno de juguete
conquista a su vecino y ejerce de tirana
obedeciendo al bruto que entre la sombra grita
su orden, y asesina, que es falso, pero oprime.
Mi menda es solitario y a nadie necesita.
Y sabe el sabio cómo se ignora lo sublime.
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