jueves, 1 de diciembre de 2022

LA VANIDAD DEL EGO

 Tal como están mis cosas a nadie necesito,

salvo a Isabel, que endulza mis días solitarios.

Y sabe el que lo sepa que al conceptista cito.

¿Se entera su agudeza? Mirad que sois precarios.

  El orden y las órdenes imponen su consigna:

ignórese el talento o el genio del distinto:

lo fatuo de lo ufano se afane en tan indigna

maquinación superflua de un cero platelminto

  (parásito gusano, de cuerpo plano -aclaro-) ,

que ignora activamente complejas escrituras

y estilos donde habito remunerado en paro

como estilita, al margen de cuantas dictaduras

  extienden su reglaje soberbio sobre masas

exiguas de conciencia. La nada es lo que peta

bajo disfraz de cosmos sumiso bajo tasas

y aprecios de diseño. Se quiere ser poeta

  diciendo naderías en prosa taciturna

con ritmo de pianola que rigen agujeros

en un papel hipócrita, pasado por la urna:

ha tiempo que no hay sangre que llene los tinteros.

  El arte del ingenio latente en el olvido

del áureo libro yace, y sólo resucita

en los excepcionales que buscan un sentido

en este creativo Absurdo del que imita

  Su realidad, inquieta, que desde el fondo surge,

de lo insondable, al tiento del pensamiento-mito

científico en vanguardia, espeso en su menjurje

de extremas diferencias. La mente al infinito

  o indefinido forma como banal vivencia

-la Cosa en Sí, el Sí Mismo, el Dios que no se atrapa,

y cuando se le hurga detrás de la conciencia

es ninfa que del fauno, como horizonte, escapa.

 Cantarse sin sonido o con rüido es lerdo.

Un ego es el producto de un cínico programa.

Y más allá está el vértigo de la verdad: lo izquierdo.

Sin reconocimeiento del Otro, ni la fama.

  El Otro está en nosotros. Él somos. Nos somete

a su dictamen necio. La mayoría humana

es inconsciente y niña: en asno de juguete

conquista a su vecino y ejerce de tirana

  obedeciendo al bruto que entre la sombra grita

su orden, y asesina, que es falso, pero oprime.

Mi menda es solitario y a nadie necesita.

Y sabe el sabio cómo se ignora lo sublime.

No hay comentarios:

Publicar un comentario