miércoles, 23 de noviembre de 2022

CORRUPCIÓN

A los poetas auténticos 

¿Puedo mirar la pena ajena

y no sentir en mí esa pena?

Blake (trad. mía) 

… Cuando se miran de frente
Los vertiginosos ojos claros de la muerte,
Se dicen las verdades:
Las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Celaya 

I) Como un cosmos se expande la mentira

alternativo y sucedáneo, y hiede.

Se empeña en repetir que no se puede

cambiar nada a mejor. Y nunca expira.

  Encumbra al más mediocre, sin más mira

que su carrera, a la más alta sede

del poder, y si algún sapiens lo excede

en calidad, caliéntese en su pira.

  Perece que hablo de rüín política.

Y en cierto modo puede que así sea.

En dónde no va a haber hipocresía.

  Pero si aquélla es ruin, esta es mefítica,

porque si una es malvada, la otra es fea.

Estoy hablando, sí, de poesía.

 

  II) Si ha habido alguna época de mala

poesía es la nuestra sobre todas.

Están forrando al decidor de odas

a la Norma con vana martingala.

  Lo digo y lo repito, y se propala

lo contrario a lo cierto: que las modas

de los 40 últimos son codas

de lo mejor del XX, visto a escala.

  Y el XX se cargó la poesía

escrita. Si perdono experimentos,

es sólo por su audacia y valentía.

  Y en el peor de los aburrimientos

me dejan los epígonos, al día

picando en los sembrados Cenicientos.

 

III) El triunfo del fascismo soterraño,

autoexhibido en porno, está en la prensa

y en la tele y la Red -y en quien no piensa

en lo que mira, y cae en el Engaño.

  El triunfo del poeta, en el apaño

urdido en interés de su dispensa

de hacer poesía auténtica, si densa,

ardua: pensar es duro y hace daño.

  Que no es lo mismo inteligencia astuta

que lúcida conciencia del Embuste

en que vivimos todos, en la gruta

  de Platón, al acecho de la sombra,

predico en el desierto, aunque no guste.

Por eso en público jamás me nombra.

 

IV) Y en secreto me pone zancadillas

de los jurados el eterno miembro.

Pero en olvido pica en lo que siembro

y cosecha un sinfín de maravillas.

  La gente se lo traga de rodillas

adorando a su Ídolo, y remiembro

que el hecho de que no me machihembro

con él, sola es razón de sus rencillas.

  Al editor insufla con su influjo

la idea de que yo no soy negocio.

Y, aunque en el fondo es un malvado brujo,

  se vende como rey del sacerdocio.

O como el dios ateo que condujo

a su pueblo al desierto, por beocio.

 

Y V) Y el pueblo mansamente se le suma

sumiso, y se estrangula con su voto.

Lo bueno conocido, que ya ha roto

su bienestar, adora: así se abruma

  con la mentira pública, y se ajuma

y se hace dependiente, pieza en coto

de caza para el noble de la foto

del Corazón, de destemplada pluma.

  Culto el lector de vocación, se deja

llevar por lo que suena, que es dinero

siempre, y cree saber que mi alma es vieja

  porque escribo en estrofas con esmero.

Y, si medra el compadre comadreja,

es por influjo de García Montero.

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