A los poetas auténticos
¿Puedo mirar la pena ajena
y no sentir en mí esa pena?
Blake (trad. mía)
… Cuando se miran de frente
Los vertiginosos ojos claros de la muerte,
Se dicen las verdades:
Las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Celaya
I) Como un cosmos se expande la mentira
alternativo y sucedáneo, y hiede.
Se empeña en repetir que no se puede
cambiar nada a mejor. Y nunca expira.
Encumbra al más mediocre, sin más mira
que su carrera, a la más alta sede
del poder, y si algún sapiens lo excede
en calidad, caliéntese en su pira.
Perece que hablo de rüín política.
Y en cierto modo puede que así sea.
En dónde no va a haber hipocresía.
Pero si aquélla es ruin, esta es mefítica,
porque si una es malvada, la otra es fea.
Estoy hablando, sí, de poesía.
II) Si ha habido alguna época de mala
poesía es la nuestra sobre todas.
Están forrando al decidor de odas
a la Norma con vana martingala.
Lo digo y lo repito, y se propala
lo contrario a lo cierto: que las modas
de los 40 últimos son codas
de lo mejor del XX, visto a escala.
Y el XX se cargó la poesía
escrita. Si perdono experimentos,
es sólo por su audacia y valentía.
Y en el peor de los aburrimientos
me dejan los epígonos, al día
picando en los sembrados Cenicientos.
III) El triunfo del fascismo soterraño,
autoexhibido en porno, está en la prensa
y en la tele y la Red -y en quien no piensa
en lo que mira, y cae en el Engaño.
El triunfo del poeta, en el apaño
urdido en interés de su dispensa
de hacer poesía auténtica, si densa,
ardua: pensar es duro y hace daño.
Que no es lo mismo inteligencia astuta
que lúcida conciencia del Embuste
en que vivimos todos, en la gruta
de Platón, al acecho de la sombra,
predico en el desierto, aunque no guste.
Por eso en público jamás me nombra.
IV) Y en secreto me pone zancadillas
de los jurados el eterno miembro.
Pero en olvido pica en lo que siembro
y cosecha un sinfín de maravillas.
La gente se lo traga de rodillas
adorando a su Ídolo, y remiembro
que el hecho de que no me machihembro
con él, sola es razón de sus rencillas.
Al editor insufla con su influjo
la idea de que yo no soy negocio.
Y, aunque en el fondo es un malvado brujo,
se vende como rey del sacerdocio.
O como el dios ateo que condujo
a su pueblo al desierto, por beocio.
Y V) Y el pueblo mansamente se le suma
sumiso, y se estrangula con su voto.
Lo bueno conocido, que ya ha roto
su bienestar, adora: así se abruma
con la mentira pública, y se ajuma
y se hace dependiente, pieza en coto
de caza para el noble de la foto
del Corazón, de destemplada pluma.
Culto el lector de vocación, se deja
llevar por lo que suena, que es dinero
siempre, y cree saber que mi alma es vieja
porque escribo en estrofas con esmero.
Y, si medra el compadre comadreja,
es por influjo de García Montero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario