jueves, 16 de marzo de 2023

VIAJE A LA RESPUESTA INALCANZABLE (Poesía de la Ciencia)

0) Al Volcánico Dios del Monte Sacro, Prefacio.-

 

Hay un diablillo que me manipula

la suerte y me la gafa, y me margina.

Un mal genio sin lámpara que trina

para atraerme, pero luego ulula

            y se lanza a por mí, que soy un topo

para sus amplios ojos, y estoy ciego

porque es de noche, y con la luz del fuego

de la vida brillante ni me topo.

            Me pone cebos y me pone trampas

y me pone celadas por celoso

como Yahvé, que pretendía al foso

tirar a todo dios y sus estampas

            y estatuas, para así quedar él solo

el único adorable; y fue sañudo

con los desobedientes, y harto rudo

con el infiel su ira de vitriolo

            -ácido azufre-, hasta la cuarta incluso

generación punía su cabreo

la falta, causa de su cruel mosqueo

de Belcebú o de Baphomet al uso

            e inocentes pagaban los delitos

del pecador. Llamaba vil ramera

a su pueblo elegido, cuando fuera

de su culto adoraba a los precitos

            baales, que eran dioses más simpáticos

al parecer -¡pese a sus sacrificios

humanos!-, y gustosos, de fenicios

y Canaán, plurales, democráticos

            al menos más que aquel dios absoluto:

quería incompetancia: un monopolio

mono-henoteo deseaba y solio

exclusivista en donde el atributo

            de su divinidad fuera invisible,

para ser distinguido de baales

que, esculpidos, mostraban sus rivales

ser, tentadores de atracción terrible,

            porque había en sus ritos sexo sacro

con hieródulas y sacerdotisas,

santa prostitución, que eran sus misas

como follar con diosas de ese macro-

            cosmos al que iba el micro- en tal acceso:

Moisés por ello fue al volcán y el Sexto

trajo incluido en la Tablas, ese texto

que rompió a contemplar el retroceso

            a la infidelidad, pues al buey Apis

vio a su pueblo entregado y en orgías.

Terrible fue el castigo. No querías

dios, que tus hijos fueran de otros papis

            o mamis como Háthor. Y el becerro

que los representaba, recordando

la abundancia de Egipto, tan infando

te resultó que los pasaste a hierro.

            Nos llenaste la tierra de dïablos

que diseñara tu autoritarismo

-e inventaste el infierno, un cruel abismo

para tus réprobos, que tus venablos

            padecieran o espetos, tras la muerte-:

uno de ellos me temo que conspira

para atraerme al mal y la mentira,

y se empeña en traerme mala suerte.

            Quién ha dado la orden: si tú has sido,

no veo qué interés puedas tenerme

si no soy nadie y, además, inerme,

qué daño puedo hacer. En este olvido

            condenado por ti, ya ni me importo,

aunque a veces me indigna tu injusticia.

Tú no eres dios, si impides la leticia

de Ceres, y le das su fruto al corto

            de corazón, avaro; al generoso,

aquél que generara el universo

en nada te pareces: con perverso

egoísmo soberbio al poderoso

            favoreces y atontas a las masas

que adoran a esos ídolos de huesos

que a su costa se vuelven más obesos,

 a sus siervos robándoles sus casas

            y sanidad y educación. Tu Pablo

me ha dejado más solo que la una.

Y en el desierto contra tu cabruna

maldad clamo, tan propia del dïablo.

            Tú nunca me has querido: tu impostura

usurpadora del creador me envidia.

Mas no voy a rendirme en esta lidia

contra tu disfrazada dictadura.


1) Introducción.-

 

En el principio fue la Paradoja:

un masa infinita en un volumen

cero -y sigue, en el fondo, y el cacumen

no entra en su roja,

            interna actividad, un orificio

negro por fuera -pero inverso-, inmerso

en su nada, creador el universo

en sacrificio

            crucial hasta su muerte: En sí la cosa

es semilla y raíz, y, al verse, crea,

como Dios, la Ilusión de lo que sea

que piense, o Diosa.

            La improbable Ocurrencia -lo atractivo

(de tanta gravedad) casi imposible

hacía su eclosión- se hizo visible,

como lo vivo.

            Orden complejo o caos, que tus órganos

organizas en lúcido Organismo,

que a través de mí suena y soy yo mismo

y todo, otórganos

            esa tu música de esferas todas

y déjame cantarnos, las estrellas

otras y el sol tu Amor moviendo fuellas

por tus creodas:

            Entre esa paradoja o ese absurdo

y nuestro seso, en interfase, luce

nuestra lueñe visión, y la produce,

aun siendo un burdo

            mapa de un territorio que se escapa

siempre, por él velado, aunque algo indica

por sospechas qué puede ser. Y pica,

en tierra, el mapa.

            Enredado en sus signos meridianos

y para lelos como laberinto

vïajo y pierdo el norte, me lo pinto

con mis dos manos

            ambizurdas, cartógrafo, en la gasa

de la niebla, y corrijo poco a poco

cada error, del que aprendo -si te invoco -,

            la Terra Ignota con la cruel respuesta

de la mejor pregunta, que no tiene.

Y la ficción se trasparenta, y viene

la verdad ésta:

            Para qué tanto cavilar. ¿No agota?

(Pero sentir no basta: se hace el burro

si no se piensa -y, además me aburro,

como marmota).

 

2) El Mito de la Materia.-

 

La materia, común a cada cosa,

es hipótesis sólo por metáfora

y concepto después -todo reposa

en ella- y diáfora

            o antanaclasis para polisemia:

unas a otras comparadas, vese

su unidad, variopintas,  en pandemia

de Urania, pese

            a su plural diversidad. Ya puesta

a dar clase con clase, de una clase

todo lo no soñado es -extra testa-,

predica, en base,

             y eros las hace üna como, grávida,

en mi embarazo fueron y en preparto.

Símiles, son distintas, dice impávida,

todo hecho cuarto.

            Los 1ºs filósofos, poetas

quizá, notaban eso común propio

de todo lo diverso, y con anfetas

acaso u opio

            soñaron esa idea, y lo creímos,

y no se entiende cómo el alma es una

con la materia, el cuerpo, y en arrimos

tras de fortuna

            en la ignorancia oceána farándula,

el sabio boga y saca, nada, el cuento

de en máquina un fantasma sito en glándula

pineal: Siento

            el autoengaño cartesiano: un diablo

si me engaña, es que existe la conciencia

de mi engañado Yo, y, por tanto, establo,

aun con demencia,

            que el no-yo material es mecanismo

que dirige esa homúncula y lo anima,

y existe y es espíritu, psiquismo

que por encima

            está de la materia. Y la materia

en sí misma no existe: es sólo un mito

poético, hecho Diosa, y dogma, Pieria:

Hoy es delito,

            siendo intelectüal,  no ser ateo

ni ser determinista por sistema

(y al Prejuicio enfrentarse Prometeo

es anatema)

            ni ser materialista ni un mecano

considerar el cosmos que funciona

por azar, al dictado del tirano

de, sin persona,

            la Opinión general. Se considera

un asno desfasado al que comprende

que sin ánima -o ánimo- no hay vera

visión, y enciende

            las piras para herejes: quien no existe

es Dios, llámese Espíritu, o se llame

con otro nombre, (¿Numen?): y ella, el quiste

terco e infame

            ese se extirpa, y nos quedamos solos:

nada tiene sentido, y esta vida

es única, aunque digan los manolos

con desmedida

            métrica de enmanueles lo contrario.

Pero sin el espíritu -o el viento-

o el alma -soplo- no anda el binario

comedimiento,

            y el alma es forma, y ya desde Aristóteles

 se sabe, y causa, y sin la forma nada

es la materia, que a los quanta acóteles

su esencia dada,

            el metro no es usual; el sin medida

se mide con la media que le sopla

el chisme falso que se acopla en brida

y se cree copla:

            la vela del esquife no se hincha

sin la energía que expelió el origen:

sin ella el globo de la mente pincha.

No se corrigen,

            no obstante, y regir quieren ellos todo

el material por ablación del módulo

neural que hace al fantasma, en torno a un nodo,

que achican nódulo,

            porque hay que eliminar la paradoja

del aquel primer oxímoron. Empero

tiene el absurdo un seso, aun si bisoja,

por bravo esmero,

            nos deja la visión: no son robotes

los cuerpos nuestros, animados, ni los

animales, y hay ánima, y los botes

de los estilos

            en punción y sin com-, esos de vate

inteligente propios sin prejuicios,

de contrarios penetran el empate

de los inicios

            -y valga el calambur, si no lo pillas:

no hay debates: se excluye al distinguido

con activo silencio, por cosquillas

que hace, al olvido.

            La paradoja existe y “el problema

difícil” del ensamble se resuelve

mejor si con el arte del poema

el seso vuelve

            filosófico a tino y se elimina

el mitema “materia”, y todo encaja:

Lo captado en la mente se cocina,

fragua o se cuaja,

            y está acá en nuestro espíritu, que al Suyo

a propia imagen hace y se emparenta,

trovando, y semejanza; y, lo construyo,

descubro: inventa.

            Todo es mental en apariencia, y más a-

llá que se sabe, si jamás se llega;

los qualia de las cosas, aun la masa,

primaria, ciega,

            y el color, secundario, o el sonido

están en el espíritu y, entonces,

se comprenden sentido con sentido

almas y bronces.

 

3) Inmaterial materia.-

 

Si espiritual toda materia fuera,

como Eddington dijera, el que probara

la Relatividad, como dijera

Pessoa, o para

            Sheldrake o Kastrup es, si filosofa

y ése investiga, y el experimento

comprueba o la teoría, y yo en mi estrofa     

este momento,

            contradicción no habría entre materia

y espíritu, y los 2 serían la misma

natura de Spinoza, sin miseria.

Fiesta en la crisma

            haya, ya no escindida, por cisoria

censura. La apariencia está en la mente:

fenómeno, el cerebro a la ilusoria

no es diferente:

            un objeto aparente más. Arguye

algún sujeto que de su sujeto

lo subjetivo es falso -Todo fluye-,

y acepta el reto

            de probar que no existe: la conciencia

engaño es de la gris materia, y blanca,

y a muerte la condena su sentencia

y no se atranca

            con el dilema de que un ser consciente

niegue tener consciencia, mientras usa

la conciencia, al negarla, y argumente

que es sólo ilusa

            visión de visionario por demencia

que ve lo que no debe verse. Busca

demostrar que evidencia es invidencia:

charada chusca.

            Obsesión ideológica no verme

yo, como soy, sería, y sé que pienso

y, existo -luego- en mí, y quadarme inerme

frente a ese censo

            censor de lista de padrón prosélito

de mecana sin hálito la élite

por vocación, que te desea anhélito

como satélite

            de patrón desalmado que desalma

al mundo o eso quiere, y más, sus sumas

que te resta para que, así te enjalma,

que más le consumas.

            Materiales seamos y en su trampa

caigamos para ser carne de obuses,

ya agotados los nuestros, para el ampa,

pobres jesuses.

            Sé que mi Yo se irá con brisa fresca

a otra parte ninguna con su música.

Y me haré üno con la neo dantesca

y ácida -prúsica-

            nada queveda del vacío cuántico,

desde donde salió todo al Comienzo.

Habrá que renacer. Y ése mi cántico

que en verso trenzo.

 

4) Postvida inmaterial.-

 

Vida eterna no habrá, ni paraíso

celestial, que nos premie por ser justos,

ni infierno que castigue al más narciso

-justos disgustos-

            de los malvados, poderosos, egos

que se creen sus propias añagazas,

argucias y mentiras, como ciegos,

ganando bazas

            con trampas de tahúr. Pero les viene

muy bien la ideología religiosa

de que no hay nada más que carne, y pene

el que la cosa

            de ocasión no aproveche, y se aprovecha

de la incredulidad en la esperanza

de algo mejor, y se hace de derecha:

llena su panza

            de ese modo y así deja vacía

la del rival posible, y se hace vano,

y a los demás explota, o bien desvía

al mar al sano

            -: quien no se deja y que no acepta al clepto

ni su embuste- o lo veda con su acoso.

Si luce esa verdad (contra el inepto

irreligioso

            que feroz Trinca el Día y santas pascuas),

la del creador sentido del absurdo,

al menos muchos vais a estar en ascuas:

números urdo

            estos, que labro y aro y zanjo y trazo

para cantarla a gritos: si conecta

la conciencia implicada en entrelazo

cuántico,  yecta

            en el junguiano Selbst tras Ello, ya que

no hay decoherencia y estuvimos juntos

y todo Allá al Principio, y cada escaque

a sus asuntos

            es parte del Tablero, y el Tablero

entero, y cada efecto al Todo afecta,

y la Tabla es redonda, y caballero

quien la detecta

            por desmarque del cuadro. No hay Arturo

por cierto, o es entable del Retablo

de Cervantes sin truco, ni conjuro

de ningún diablo

            ni de bruja malvada, ni hay de miedo

a ser judío nada, ni el hechizo

o ensalmo de Illán, mago de Toledo,

que al Deán hizo

            -de El conde Lucanor, según Patronio-;

o el rey está desnudo y lo ve niño

quien quiera hacerse, pávulo demonio,

y aquí me ciño

            a la Unidad de todo solidaria:

cuál es tu triunfo, muerte: todo es uno

y sólo aquí sufrimos la malaria

de inoportuno

            ese mundo individuo que en segmentos

nos separa y enfrenta como tontos.

A superar esta estrechez, sargentos

de pocos montos

            de honra, chuscos, sin galón siquiera,

adversos sobre todo del recluta.

y que ante el capi sufren cagalera,

hijos de puta.

            Renaced ya la nueva edad de oro,

o tomad ruta al terco retroceso

a lo mismo sin éxit, como un loro

contra el progreso.


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