0) Al Volcánico Dios del Monte Sacro, Prefacio.-
Hay un diablillo que me manipula
la suerte y me la gafa, y me margina.
Un mal genio sin lámpara que trina
para atraerme, pero luego ulula
y se lanza a por mí, que soy un topo
para sus amplios ojos, y estoy ciego
porque es de noche, y con la luz del fuego
de la vida brillante ni me topo.
Me pone cebos y me pone trampas
y me pone celadas por celoso
como Yahvé, que pretendía al foso
tirar a todo dios y sus estampas
y estatuas, para así quedar él solo
el único adorable; y fue sañudo
con los desobedientes, y harto rudo
con el infiel su ira de vitriolo
-ácido azufre-, hasta la cuarta incluso
generación punía su cabreo
la falta, causa de su cruel mosqueo
de Belcebú o de Baphomet al uso
e inocentes pagaban los delitos
del pecador. Llamaba vil ramera
a su pueblo elegido, cuando fuera
de su culto adoraba a los precitos
baales, que eran dioses más simpáticos
al parecer -¡pese a sus sacrificios
humanos!-, y gustosos, de fenicios
y Canaán, plurales, democráticos
al menos más que aquel dios absoluto:
quería incompetancia: un monopolio
mono-henoteo deseaba y solio
exclusivista en donde el atributo
de su divinidad fuera invisible,
para ser distinguido de baales
que, esculpidos, mostraban sus rivales
ser, tentadores de atracción terrible,
porque había en sus ritos sexo sacro
con hieródulas y sacerdotisas,
santa prostitución, que eran sus misas
como follar con diosas de ese macro-
cosmos al que iba el micro- en tal acceso:
Moisés por ello fue al volcán y el Sexto
trajo incluido en la Tablas, ese texto
que rompió a contemplar el retroceso
a la infidelidad, pues al buey Apis
vio a su pueblo entregado y en orgías.
Terrible fue el castigo. No querías
dios, que tus hijos fueran de otros papis
o mamis como Háthor. Y el becerro
que los representaba, recordando
la abundancia de Egipto, tan infando
te resultó que los pasaste a hierro.
Nos llenaste la tierra de dïablos
que diseñara tu autoritarismo
-e inventaste el infierno, un cruel abismo
para tus réprobos, que tus venablos
padecieran o espetos, tras la muerte-:
uno de ellos me temo que conspira
para atraerme al mal y la mentira,
y se empeña en traerme mala suerte.
Quién ha dado la orden: si tú has sido,
no veo qué interés puedas tenerme
si no soy nadie y, además, inerme,
qué daño puedo hacer. En este olvido
condenado por ti, ya ni me importo,
aunque a veces me indigna tu injusticia.
Tú no eres dios, si impides la leticia
de Ceres, y le das su fruto al corto
de corazón, avaro; al generoso,
aquél que generara el universo
en nada te pareces: con perverso
egoísmo soberbio al poderoso
favoreces y atontas a las masas
que adoran a esos ídolos de huesos
que a su costa se vuelven más obesos,
a sus siervos robándoles sus casas
y sanidad y educación. Tu Pablo
me ha dejado más solo que la una.
Y en el desierto contra tu cabruna
maldad clamo, tan propia del dïablo.
Tú nunca me has querido: tu impostura
usurpadora del creador me envidia.
Mas no voy a rendirme en esta lidia
contra tu disfrazada dictadura.
1) Introducción.-
En el principio fue la Paradoja:
un masa infinita en un volumen
cero -y sigue, en el fondo, y el cacumen
no entra en su roja,
interna actividad, un orificio
negro por fuera -pero inverso-, inmerso
en su nada, creador el universo
en sacrificio
crucial hasta su muerte: En sí la cosa
es semilla y raíz, y, al verse, crea,
como Dios, la Ilusión de lo que sea
que piense, o Diosa.
La improbable Ocurrencia -lo atractivo
(de tanta gravedad) casi imposible
hacía su eclosión- se hizo visible,
como lo vivo.
Orden complejo o caos, que tus órganos
organizas en lúcido Organismo,
que a través de mí suena y soy yo mismo
y todo, otórganos
esa tu música de esferas todas
y déjame cantarnos, las
estrellas
otras y el sol tu Amor moviendo fuellas
por tus creodas:
Entre esa paradoja o ese absurdo
y nuestro seso, en interfase, luce
nuestra lueñe visión, y la produce,
aun siendo un burdo
mapa de un territorio que se escapa
siempre, por él velado, aunque algo indica
por sospechas qué puede ser. Y pica,
en tierra, el mapa.
Enredado en sus signos meridianos
y para lelos como laberinto
vïajo y pierdo el norte, me lo pinto
con mis dos manos
ambizurdas, cartógrafo, en la gasa
de la niebla, y corrijo poco a poco
cada error, del que aprendo -si te invoco -,
la Terra Ignota con la cruel respuesta
de la mejor pregunta, que no tiene.
Y la ficción se trasparenta, y viene
la verdad ésta:
Para qué tanto cavilar. ¿No agota?
(Pero sentir no basta: se hace el burro
si no se piensa -y, además me aburro,
como marmota).
2) El Mito de la Materia.-
La materia, común a cada cosa,
es hipótesis sólo por metáfora
y concepto después -todo reposa
en ella- y diáfora
o antanaclasis para polisemia:
unas a otras comparadas, vese
su unidad, variopintas, en pandemia
de Urania, pese
a su plural diversidad. Ya puesta
a dar clase con clase, de
una clase
todo lo no soñado es -extra testa-,
predica, en base,
y eros las hace üna como, grávida,
en mi embarazo fueron
y en preparto.
Símiles, son distintas, dice impávida,
todo hecho cuarto.
Los 1ºs filósofos, poetas
quizá, notaban eso común propio
de todo lo diverso, y con anfetas
acaso u opio
soñaron esa idea, y lo creímos,
y no se entiende cómo el alma es una
con la materia, el cuerpo, y en arrimos
tras de fortuna
en la ignorancia oceána farándula,
el sabio boga y saca, nada, el cuento
de en máquina un fantasma sito en glándula
pineal: Siento
el
autoengaño cartesiano: un diablo
si me engaña, es que
existe la conciencia
de mi engañado Yo, y,
por tanto, establo,
aun con demencia,
que
el no-yo material es mecanismo
que dirige esa
homúncula y lo anima,
y existe y es espíritu, psiquismo
que por encima
está de la materia. Y la materia
en sí misma no existe: es sólo un mito
poético, hecho Diosa, y dogma, Pieria:
Hoy es delito,
siendo intelectüal, no ser ateo
ni ser determinista por sistema
(y al Prejuicio enfrentarse Prometeo
es anatema)
ni ser materialista ni un mecano
considerar el cosmos que funciona
por azar, al dictado del tirano
de, sin persona,
la Opinión general. Se considera
un asno desfasado al que comprende
que sin ánima -o ánimo- no hay vera
visión, y enciende
las piras
para herejes: quien no existe
es Dios, llámese
Espíritu, o se llame
con otro nombre, (¿Numen?): y ella, el quiste
terco e infame
ese se extirpa, y nos quedamos solos:
nada tiene sentido, y
esta vida
es única, aunque digan
los manolos
con desmedida
métrica de enmanueles lo contrario.
Pero sin el espíritu -o el viento-
o el alma -soplo- no anda el binario
comedimiento,
y el alma es forma, y ya desde Aristóteles
se sabe, y causa, y sin la forma nada
es la materia, que a los quanta acóteles
su esencia dada,
el metro no es usual; el sin medida
se mide con la media que le sopla
el chisme falso que se acopla en brida
y se cree copla:
la vela del esquife no se hincha
sin la energía que expelió el origen:
sin ella el globo de la mente pincha.
No se corrigen,
no obstante, y regir quieren ellos todo
el material por ablación del módulo
neural que hace al fantasma, en torno a un nodo,
que achican nódulo,
porque hay que eliminar la paradoja
del aquel primer oxímoron. Empero
tiene el absurdo un seso, aun si bisoja,
por bravo esmero,
nos deja la visión: no son robotes
los cuerpos nuestros, animados, ni los
animales, y hay ánima, y los botes
de los estilos
en punción y sin com-, esos de vate
inteligente propios sin prejuicios,
de contrarios penetran el empate
de los inicios
-y valga el calambur, si no lo pillas:
no hay debates: se excluye al distinguido
con activo silencio, por cosquillas
que hace, al olvido.
La paradoja existe y “el problema
difícil” del ensamble se resuelve
mejor si con el arte del poema
el seso vuelve
filosófico a tino y se elimina
el mitema “materia”, y todo encaja:
Lo captado en la mente se cocina,
fragua o se cuaja,
y está acá en nuestro espíritu, que al Suyo
a propia imagen hace y se emparenta,
trovando, y semejanza; y, lo construyo,
descubro: inventa.
Todo es mental en apariencia, y más a-
llá que se sabe, si jamás se llega;
los qualia de las cosas, aun la masa,
primaria, ciega,
y el color, secundario, o el sonido
están en el espíritu y, entonces,
se comprenden sentido con sentido
almas y bronces.
3) Inmaterial materia.-
Si espiritual toda materia fuera,
como Eddington dijera, el que probara
la Relatividad, como dijera
Pessoa, o para
Sheldrake o Kastrup es, si filosofa
y ése investiga, y el experimento
comprueba o la teoría, y yo en mi estrofa
este momento,
contradicción no habría entre materia
y espíritu, y los 2 serían la misma
natura de Spinoza, sin miseria.
Fiesta en la crisma
haya, ya no escindida, por cisoria
censura. La apariencia está en la mente:
fenómeno, el cerebro a la ilusoria
no es diferente:
un objeto aparente más. Arguye
algún sujeto que de su sujeto
lo subjetivo es falso -Todo fluye-,
y acepta el reto
de probar que no existe: la conciencia
engaño es de la gris materia, y blanca,
y a muerte la condena su sentencia
y no se atranca
con el dilema de que un ser consciente
niegue tener consciencia, mientras usa
la conciencia, al negarla, y argumente
que es sólo ilusa
visión de visionario por demencia
que ve lo que no debe verse. Busca
demostrar que evidencia es invidencia:
charada chusca.
Obsesión ideológica no verme
yo, como soy, sería, y sé que pienso
y, existo -luego- en mí, y quadarme inerme
frente a ese censo
censor de lista de padrón prosélito
de mecana sin hálito la élite
por vocación, que te desea anhélito
como satélite
de patrón desalmado que desalma
al mundo o eso quiere, y más, sus sumas
que te resta para que, así te enjalma,
que más le consumas.
Materiales seamos y en su trampa
caigamos para ser carne de obuses,
ya agotados los nuestros, para el ampa,
pobres jesuses.
Sé que mi Yo se irá con brisa fresca
a otra parte ninguna con su música.
Y me haré üno con la neo dantesca
y ácida -prúsica-
nada queveda del vacío cuántico,
desde donde salió todo al Comienzo.
Habrá que renacer. Y ése mi cántico
que en verso trenzo.
4) Postvida inmaterial.-
Vida eterna no habrá, ni paraíso
celestial, que nos premie por ser justos,
ni infierno que castigue al más narciso
-justos disgustos-
de los malvados, poderosos, egos
que se creen sus propias añagazas,
argucias y mentiras, como ciegos,
ganando bazas
con trampas de tahúr. Pero les viene
muy bien la ideología religiosa
de que no hay nada más que carne, y pene
el que la cosa
de ocasión no aproveche, y se aprovecha
de la incredulidad en la esperanza
de algo mejor, y se hace de derecha:
llena su panza
de ese modo y así deja vacía
la del rival posible, y se hace vano,
y a los demás explota, o bien desvía
al mar al sano
-: quien no se deja y que no acepta al clepto
ni su embuste- o lo veda con su acoso.
Si luce esa verdad (contra el inepto
irreligioso
que feroz Trinca el Día y santas pascuas),
la del creador sentido del absurdo,
al menos muchos vais a estar en ascuas:
números urdo
estos, que labro y aro y zanjo y trazo
para cantarla a gritos: si conecta
la conciencia implicada en entrelazo
cuántico, yecta
en el junguiano Selbst tras Ello, ya que
no hay decoherencia y estuvimos juntos
y todo Allá al Principio, y cada escaque
a sus asuntos
es parte del Tablero, y el Tablero
entero, y cada efecto al Todo afecta,
y la Tabla es redonda, y caballero
quien la detecta
por desmarque del cuadro. No hay Arturo
por cierto, o es entable del Retablo
de Cervantes sin truco, ni conjuro
de ningún diablo
ni de bruja malvada, ni hay de miedo
a ser judío nada, ni el hechizo
o ensalmo de Illán, mago de Toledo,
que al Deán hizo
-de El conde Lucanor, según Patronio-;
o el rey está desnudo y lo ve niño
quien quiera hacerse, pávulo demonio,
y aquí me ciño
a la Unidad de todo solidaria:
cuál es tu triunfo, muerte: todo es uno
y sólo aquí sufrimos la malaria
de inoportuno
ese mundo individuo que en segmentos
nos separa y enfrenta como tontos.
A superar esta estrechez, sargentos
de pocos montos
de honra, chuscos, sin galón siquiera,
adversos sobre todo del recluta.
y que ante el capi sufren cagalera,
hijos de puta.
Renaced ya la nueva edad de oro,
o tomad ruta al terco retroceso
a lo mismo sin éxit, como un loro
contra el progreso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario