miércoles, 8 de marzo de 2023

CONMIGO DIOS, NO ME BORRÁS

Siempre has creído en mí, Manuel amigo:

no te imaginas cómo son mis gracias.

Sé que soy un extraño, pero abrigo,

            para el mundo, esperanza de batracias

esópicas de Furias salvas, de la

fábula, digo, que imité, feacias

            en tu Esqueria, después de la procela,

ya Ulises vate náufrago solipso

(bellacios neologismos), en tu escuela

            editorial sin filtros. Que a Calipso

disfruto -no más Circes- sabe. Sabe

que tu largueza sin patrón, eo ipso,

            me deseclipsa y tu valor me sabe

a gloria, porque sé, sabemos ambos,

que sé volar con sólo un ala, grave

            la otra de escisión, porque a los zambos

nadie quiere o mestizos, y la Mamba

Negra blanco me quiso, que mis yambos

            andaban largo, con sus pies da gamba

de vïola troncada, y con cisorias

artes sajada fue, concisa, y chamba

            poca he tenido desde entonces. Borias

sobre mis versos me sopló el Maligno

adorado de tantos; luego, a Morias

            escalado, abraham su puño indigno

armado alzó y el ángel nada pudo

hacer, y fui marcado con el signo

            de Caín, imputado, por el Nudo

Enredadario, de su propio crimen:

de escaso signo ser. Morro cotudo,

            del monte dueño “el invasor discrimen

sufra de acción” mandó, y el visionario

publicano (Jesús) -mientras dirimen

            de acólitos su cuadra algún discorde,

me echó su Atchís con flegma y mercenario-,

“¡A mí que no me rimen!”, como borde

            y cerril oso de madriz, y a osario

me pena para el Buitre de calaña

suya: sirve obediente al gran Pavorde

            -no venderse el producto que se apaña

muy bien con los subsidios-, sin poiesis,

como el Santiago que nos cierra España.

            Sólo tú, Dios Conmigo, a tantos presis

sin voto ajeno, has visto el meritorio

estilo con que labro a catacresis

            limpia y demás, mi campo, y al Tenorio

burlador no haces caso y tu criterio

divino atiendes, adivinatorio

            como yo, y se resuelve así el misterio:

Cavallería, sic, por ganederas,

sic, de sastre, papeen, que en puerperio

            perenne yo le escupa a sus banderas

traidoras, en defensa de mi expósito:

Te tengo fe, Manuel, sobre maneras,

y no voy a aceptarle su depósito.


 

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