sábado, 6 de abril de 2019

Poesía pura



            Existe sólo una poesía.
No es la basada en la inconsciencia,
o la vulgar bisutería
            de lo trivial que su experiencia
superflua dicta, el propio ombligo
admirándose en reverencia,
            poniendo al cielo por testigo
crepuscular de su congoja
existencial, e importa un higo
            a la Polis y al alma roja
del Gran Cañón de carne viva
que obuses críticos arroja
            contra un gobierno en comitiva
cometedora de delitos.
Ni la autómata que se priva
            de la razón, porque sus gritos
prosaicos quieren ser modernos,
de la vanguardia, en pos de mitos
            viejos, de un siglo ya, y eternos
para el estudio, mas caducos
para hoy. Si queremos vernos
            con la poesía, sobran trucos
de esos que ya al burgués ni epatan,
habituado por mamelucos
            del soberano pueblo, al que atan
como esclavos etimológicos
del Pez que engordan más y matan
            de hambre al chico demagógicos
sin censura, para que, rústico
tú, a quien someten en eglógicos
            áuschwitzes, tragues por acústico
tubo al nazi ˗por su careta
ciudadana, donjuán finústico˗
            y creas, si oyes a tal profeta,
que eres libre, en los reyes magos
y en panaceas de receta
            miedica: ¿Ignoras que en Chicago s-  
chool  ˗of banksters˗ a poner vetos
aprendió a tu líquido, a tragos
            malos darte? Y analfabetos
tele-educados en su cole,
se creen, jurados por poetos,
            que, aunque al poeta libre mole,
le está prohibido hacer sonetos.
¿Son como el padre de la Chole
o, simplemente, son catetos?

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