Coronavirus, cruel coronavirus
del triunvirato amigo, qué nerviosa
me pones a la gente, cuya sosa
caústica está de mal humor: a tiros
responde irresponsable el fascistoide
a quien le dices la verdad más clara:
lo que antes risa fue es soberbia cara
dura de mula terca y paranoide.
La culpa se nos echa. Se aprovecha
la crítica pandemia para todo:
sacar partido como sea, el modo
no importa nada; y préndese la mecha
para hacer explotar la dinamita,
en la que está sentado al buen gobierno,
que han dejado en herencia,
y de su infierno
lo imputan, y la casta se me irrita
si le muestro la causa de su impúdica
postura ciega por su ideología,
que consiste en hacer apología
del Mal, ladrando al Bien. Con calma búdica,
encerrado en mi hogar, sufro amenazas
de necios que me insultan, un retrato
haciéndose de sí, pasando el rato
riéndome de locos y bocazas.
Bloqueo en internet a cuanto bruto
voces da de alacrán para justifi-
car su agresión, y desconecto el wifi,
libre señor de mí, como absoluto
soberano de un mundo que es el mío,
por aislarme del virus: la mentira,
el insulto y del loco que delira
el bárbaro dislate en desvarío,
propio del impotente que se husma
que se la acaba el chollo de su medro,
y maldice a los diablos Pablo y Pedro,
por predicar verdad Uno a la chusma
que nada tiene que perder, y tiene
las llaves de este Reino de los Cielos,
el Otro, de este Mundo, y roen celos
y rabia a quienes pierden toda higiene
moral y los papeles, y en la charca
de su grosera envidia puerco-espina
hozan a coro, mientras su Corina
corona o corifea a su monarca
por coriguapa, que la cornucopia
fraguó con pucherazo, de las ollas
rapiñando de un pueblo gilipollas,
defensor de ladrones y en la inopia.
por coriguapa, que la cornucopia
fraguó con pucherazo, de las ollas
rapiñando de un pueblo gilipollas,
defensor de ladrones y en la inopia.
Me da lástima tanta paranoia
y esta explosión de colectiva histeria.
En estos campos de la insana Iberia,
nos falta Helena o la Sofía Ennoia
que el Mago rescató de su prostíbulo
que es este mundo de ángeles demiurgos,
que lo hicieron, salidos de los burgos,
para forrarse, a base de patíbulo
para el que sólo tiene por riqueza
y capital sus brazos y su prole.
Y aun los aman los siervos, y a su cole,
a aprender que les coman la cabeza,
marchan contentos, y amenazan miedo
señalando la frente
a aquél que busca
librarlos de su mal: la cosa es chusca
-por aludida guasa de Quevedo.
Los responsables últimos del Lío
con el que nos enredan son la basca
que adora a su antropófago, y se rasca
en donde no le pica, y tiene frío
por no poder pagar el progresivo
aumento de los precios de sus luces
y, condenados a sufrir las cruces
ajenas merecidas, en tiovivo
vicioso se empecinan en la misma
desgracia mantenerse per
saécula
y ser sólo invariante una molécula
de un pie obediente a su tirana crisma.
Pues la testa invisible que gobierna
a ese coro de harpíos y de grillos
que cantan a la luna
como pillos
que en ella viven, porque meten pierna
perpetua, es la de siempre: el Mandamasas
y dueño de los media,
que corpora
a una parte del pueblo que se escora
a la gracia del Caco de la casas
de la gente, que a salvo el agujero
negro puso del Mismo, y lo agradece
así; y en tanto su riqueza crece
robándonos a todos el dinero
con recortes en públicos servicios,
cuya enjundia le dimos. Y ahora tantos
son los que rajan frente a sus espantos
por defendido haber los estropicios
sociales que en conciencia, que no tienen,
habiendo alzado a sus depredadores
a ejecutivo el órgano, sus flores
se echan a sí, pidiendo que envenenen
el aire, y que enfermemos, pero nunca
reconocen errores, pues no yerra
nunca un tozudo, y ¡venga a darnos guerra!
huyendo hacia adelante, que no trunca
ni tuerce el brazo ni del burro baja
el soberbio, por no hacer el ridículo,
y lo hace más: se empeña en el artículo
o en la pantalla de la tonta caja
o en la web repetir el mismo embuste
que dijo cuando hizo el descalabro.
Y un esperpento de lo más macabro
interpreta con el desbarajuste
que tiene en el cerebro: “Mi enemigo,
aun haciéndolo bien, ¡qué mal lo hace!
Yo, en vez de ver verdad, requiesco in pace,
porque no me equivoco, que mi ombligo
es omnisciente: yo no rectifico:
ayudar a los pobres es la ruina
de todos, es mejor una Corina
y un rey que haga más rico al que es ya rico.”
El aferensis australopiteco
tuvo más seso que esos cabezotas,
porque no se extinguió, y estos idiotas
sí van a hacerlo: aquel soltó algún fleco
de su ADN y evolucionando
pervivió en los
homínidos siguientes.
Algunos continuamos, y las mentes
abrimos a lo nuevo; pero, al mando
del Patrón homicida, sus caninos
perros guardianes fieles a mordernos
se disponen, pacíficos y tiernos
e indefensos nosotros, y asesinos
ellos de presa-víctima expiatoria:
con su ruido nos cuelgan sambenitos
imputándonos, putos y malditos
su culpa de su palo y zanahoria.
¿Pretendéis que me crea las falacias
de costumbre? Ya es tarde, sí, muy tarde.
Hoy el hereje vence: ya no arde
vuestra pira del Auto. Muchas gracias
por poneros en clara la evidencia
de que no sois humanos, sino simios.
Por valientes rebeldes, los eximios,
pues nos habéis colmado la paciencia,
mientras la cosas sean problemáticas
os vamos a poner en vuestro sitio:
como en el Hades el gigante Titio,
vais a pagar, por antidemocráticas
vuestras vilezas, y el castigo acre
de sufrir la rapiña en vuestra entraña
del ave prometea, que os araña
y os remuerde, por ser de la masacre
vírica cómplices . Y tanto escándalo
es sólo porque allá, en el subconsciente
sabéis que sois culpables, y ese diente
furioso es duro, si habéis hecho el vándalo.
Pero si la conciencia no os remuerde
y graznáis por dolores de otro signo,
es que conciencia, la que tiene el digno,
poca tenéis, y sólo ponéis verde
al justo porque no llegáis a humanos,
y sólo sois homínidos mandriles,
como alimañas, de garrotes viles
carne microbia, mentalmente enanos.
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