lunes, 16 de marzo de 2020

CONFESIÓN EPISTOLAR A LOS HIPOCONDRÍACOS

Y A TODOS LOS AFECTADOS Y CONTAGIABLES POR EL CORNONAVIRUS. Oración ecopagana por la empatía, la solidaridad  y la unidad humana frente a un enemigo común.

Yo también, tras escuchar a un supuesto experto muy pagado de sí, me pareció, a través de la radio, me creí en un principio que el maldito coronavirus había sido cultivado en un laboratorio, con el fin de hacernos cargar a todos nosotros, quiero decir a los medianos y menesterosos, con las cargantes cargas impositivas necesarias para contrarrestar, con la excusa de la sanidad universal, la re-crisis que se aproxima amenazante, cerniéndose como un buitre apocalíptico sobre estos semi cadáveres andantes o zombis hipnotizados en que los desigualitarios, egoístas y opresivos capitalistas neodecimonónicos han querido y en gran medida conseguido convertirnos a tantas de sus víctimas expiatorias de sus hábitos de bestias depredadoras de los por ellos cada vez más desposeídos.
Si hay algún rasgo que caracteriza y define esa inmunda ideología monetarista, incentivadora de la especulación financiera de alto riesgo, o de riesgo absoluto, mal llamada también, para engaño del crédulo, neoliberalismo, es el impune ejercicio de su rastrera actividad, lograda gracias al soborno a base de puertas giratorias con que premian a los políticos corruptos, con jubilaciones multimillonarias a cambio de una perpetua transferencia del dinero del pueblo llano y trabajador a las insaciables arcas y cajas de caudales y cuentas corrientes y fiscales paraísos de esa panda de tunantes y mafiosos que son los beneficiaros de nuestro empobrecimiento desde 2008.
Desde luego si esto nos pasa bajo un gobierno de derechas, estoy seguro de que la probabilidad de la exculpación de los culpables de la próxima re-crisis, propiciada y agravada por las contraproducentes medidas de austeridad y recortes en servicios públicos, y la consiguiente penalización onerosa de gravámenes sobre los recursos de los inocentes del precariado, ya habría comenzado, o poco le faltaría, o,  al menos, llegaría el momento, si no echamos antes a esa chusma cómplice de un potentado sindicato del crimen, en que se usaría la pandemia como excusa y justificación de la fustigante aplicación de esas medidas de represivo desposeimiento sobre nuestros ya doloridos lomos, blanco y diana de sus abusos estridentes y tenebrosos.
Era verosímil.  Siempre hacen lo mismo: gobiernan contra los intereses de las mayorías que los votan. Y mienten. Y apelan a fantasmas inexistentes que -mienten- son los culpables de nuestros males. Y nosotros, cándidos y crédulos, nos lo creemos y odiamos a los comunistas. Y votamos a nuestros enemigos, que vuelven a esquilmarnos para darle lo nuestro a sus patrones microminorotarios.
Estaba, pues seguro de que mis enemigos estafadores en el poder, los de toda la vida, los que se disfrazan de demócratas, aunque el que no sabe que son franquistas de corazón es porque no quiere saberlo o porque no quiere saber que es él mismo más franquistas aún en su in- o pre-consciente, pobres almas angelicales, o diablos cabroncetes sin empatía ni solidaridad por asnos, estaba seguro, decía, de que esos atracadores de todo el pueblo (del griego: pan y demos, de donde pandemia) habían fraguado un virus pandémico para fastidiar de nuevo a su presa tradicional, Todo-el-pueblo, para que luego el pueblo, con la coherencia lógica que le caracteriza, volviera a echar la culpa a los comunistas.
Y, además, esta vez, uno de los posibles y justamente imputables e inculpables reos de malevolencia o al menos de negligencia podían ser los comunistas chinos, esos traidores de ideal de la revolución de la democracia del campesinado y el proletariado de China, esos estalinistas, esos estato-capitalista neoliberales que tiene la cara de llamarse comunistas como si su partido único tuviera algo en común con nadie.
Luego, leyendo y reflexionando con calma sobre el asunto he llegado a dudar, lo que me honra, al menos ante mí mismo, porque como dijera el sabio y genial José Bergamín, “quien nunca duda nunca está en lo cierto”.
Desde Luego, si mi primera hipótesis o mera creencia aventurada e irreflexiva hubiera coincidido con la verdad, habría que considerar a los malévolos autores de la tropelía un tanto tontos por imprudencia temeraria, porque del contagio con este virus no está a salvo ni el impresentable presidente de los Estados Unidos, posiblemente el político más poderosos del mundo y lo bastante majarón como para concebir un plan tan psicopático, así que, de ser él el causante, le habría salido el tiro por la culata. Pero es que hubieran sido demasiado tontaina que los chinos rojos si, para contagiar al enemigo, hubieran infectado, no ya sus propios compatriotas, cosa de la que los creo muy capaces como ocurre con todos los dictadores o grupos dictatoriales, y en especial esos capitalistas de Estado sin escrúpulos morales para con el sufrimiento de su pueblo que son los estalinistas que, hoy por hoy, armados de poder fundamentalmente económico, están restringidos a ese gigante que es el Estado sinántropo moderno, sino más bien que hubieran estado tan lilas como para tirarse el primer petardo virológico justo a la vera de sus más adelantados laboratorios experimentales de cultivo biológico de esos tozudos microbichos.
Por otra parte, la negligencia y la torpeza o la falta de seguridad no es algo imposible ni aun  con respecto a los más peligrosos experimentadores, pero me extraña que cuando se trata de armas tan peligrosas y de tan largo alcance las medidas de seguridad no hayan sido extremas, sean los culpable quienes sean, bien la CIA de Trump, bien la China (in)comunista.
Por lo tanto, sólo me queda sino ponerme en lo mejor. No se trata de un arma virológica de infección masiva, que la Historia demuestra que al final, después de guerras, matanzas, masacres y desgracias de todo tipo y crímenes contra la humanidad, se descubre que nunca han existido. No: de lo que sí se trata es que como consecuencia de la dificultad de erradicación de este tipo de microengendros víricos, que tienen la capacidad de mutar para regenerarse conviertiéndose en versiones de sí mismos cada vez más resistentes al más feroz anticuerpo del inmunológico sistema, una de ellas nos ha desobedecido díscola, y ha asaltado nuestras defensas sin pedirnos permiso, y en un principio no nos lo hemos tomado lo bastante en serio porque a cosa tenía toda la pinta de ser un tema perfecto para ser manipulado por la prensa tendenciosa en manos los crea-crisis o crisígenos de siempre, para que no pensáramos en sus repugnantes añagazas contrarias al bienestar de todos los seres humanos, a los que, como ya una vez fracasaron pero reincidieron al encontrarse con el chollo de “si vuelvo a perder otra vez mis apuestas y negocios de riesgo sobre deudas no pagaderas e incluso impagables, no pasa nada, porque le vuelvo a exigir a mis esbirros políticos que me la repongan con el dineral público de sus contribuyentes”, y puesto que sabían que esta vez a más de uno iban a pillarnos confesados, y no in albis como la vez primera, y, además, formando parte del Gobierno de Coalición, quería hacer pagar de nuevo el pato de sus platos rotos, por lo cual necesitaban cegarnos con un electroimán que atrajera nuestra atención hacia algo en apariencia más preocupante, y el coronavirus le vino de perlas.
Pero, tranquilos: la cosa no es tan grave como parece: Cuba ya tiene una vacuna o antídoto que le ha pasado a China, y esta se muestra propicia a cedérnosla, y casi ya se ha obtenido otra en a Alemania, de la que Trump pretende el monopolio para vendérnosla cara el muy ladino; aunque si no somos demasiados soberbios y tontos deberíamos negociar en vivo y directo con los cubanos para parar la dichosa pandemia: la vida está por encima de todo, porque sin ella, obvio, no hay nada de nada.
Y tenemos un gobierno progresista o, lo que es lo mismo, pro pueblo, o a favor de las desfavorecidas vidas de los compatriotas a los que gobiernan y no pro entelequias abstractas como la Patria, Dios y el Rey, entidades por las que ya se han sacrificado demasiadas vidas en la Historia del Homo (In)Sapiens.
Ahora no es el momento de la desunión ni de la incentivación de las mezquinas diferencias ideológicas, y es muy ruin utilizar la amenaza universal para aprovechar la agobiante situación de un gobierno entre las espada y la pared, a fin de sacar un miserable partido para nuestro partido: que un gobierno haya tomado la impopular decisión de declarar el Estado de Alarma para aislarnos de tan virulento virus en nuestras casas dice mucho bueno de él: no está pensando en votos sino en salvarnos a todos los españoles, también a sus críticos y aprovechados rivales de malhomía.
Si nos dedicamos a intrigar como maldicientes y cotillas marujos del mentidero a ver qué sacamos con vistas a las próximas elecciones, nos estaremos comportando, ya no sólo como pescadores en río revuelto, de dudosa moralidad oportunista, sino como criminales contrarios a la Humanidad, mórbidos psicópatas obsesionados sólo con las ganancias y beneficios económicos de sus Grandes Jefecillos microminoritarios mundiales y, por ende, colaboracionistas con el Mal.
Sí: colaboracionistas con el enemigo de todo el pueblo (pandemos, pandemia), no cooperadores con los defensores y distribuidores del bien común.
Estoy seguro de que el Gobierno de Coalición, a diferencia de sus opositores, está cumpliendo con su deber. Y a los segundos invito a hacer lo mismo.
Y si no fuera así, si las medidas fueran exageradas o acientíficas o sólo en función de la salud de los ricos o, sencillamente, sólo se trtaba de como pensé al principio, en un asusta-mansos para tener fácil el atropello de nuestros derechos constitucionales, cosa que ahora no me creo para nada, de perdidos, al río: como de todas formas estaríamos condenados, concentrémonos, una vez traicionados, ante las puertas de las Instituciones públicas y a cada autoridad que pillemos démosle un beso de amor en los morros para que se contagien, y veréis como la sanidad empieza a funcionar en su sentido correcto.
Y, alcanzado el objetivo, procuremos que sea irreversible.

Laus Humanitate.

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