Amada Hada Mermelada: antes
de que en banda te cierres, ya que ahora
convivimos en paz, para que luego
no digas como siempre
lo que no deberías casi nunca
haberme dicho, escucha y dale al tiempo
una oportunidad, y reflexiona:
cuando te ofendes,
a modo de defensa, con alguna
palabra que me salga inofensiva,
sin intención de herir, me haces espejo:
en mí proyectas
tu filme de complejos, acusándome
de ser lo que no soy: no soy tú misma.
Bruja Maruja, si eres siempre Jekyll,
Hide te me vuelves,
Fata Morgana para Arturo, y para
Merlín, Viviana, y lanzas tu ofensiva
crítica en plena crisis psicopática,
como si un virus
ajeno contagiara tu alma tierna
y te volviera fiera cruel y dura,
y dictas a tus siervos, los fantasmas
de tu inconsciente
órdenes conjurantes, nunca ensalmos,
pues que te pones mórbida y enferma
de un mal de amor narciso herido aguda-
mente en el alma,
cuando el cimento tiembla de tu ego
por inseguridad. Si tu alta magia
sabe salvar mi mundo, porque al mundo
amas del Homo
Sapiens y quieres solidaria, empática
influir con tu encanto
de esperanza
y vida e ilusión,
por pesimismo
crítico y rea-
lista, tan lista Rea, de Saturno
esposa, el de la Edad de Oro, cuando
Gea en común a todos bienes gratis
daba pacífica,
y a lobos y corderos generosos,
y escualos y pirañas, y palomas
y halcones, dando frutos en los árboles
de la inocencia
sabia, que en el Pasado nunca estuvo,
sino en un Porvenir que ahora debemos
construir combatiendo la tendencia
típica humana
de poner zancadillas al vecino
que nos supera, por insana envidia,
en vez de estar unidos como pueblo
victorïoso,
¿no crees que también puedes salvarte
de verdad siendo revolucionaria
no sólo socïal, sino intra-atómica?
No te me enfades,
al menos esta vez, que el fado o fátum,
en plural fata del que viene hada,
canta a través de mí, como el gran Otro
en plan Maestro
de Lacán, y el carácter que es destino,
según dijera Heráclito, se puede
reinventar, en recreo; y la balanza
psíquica inclina
hacia tu ser mejor, que es el que luces
cuando no te domina el basilisco
que todos reprimimos en la cárcel
o cueva interna,
ojalá monasterio, donde en éxtasis
meditativo trascendente, se haga
a la enseñanza dócil y al docente,
no un mal discípulo
que, pese a su ignorancia, cree que el profe
es a él inferior, y se amaestre.
Yo voy a a hacer lo mismo, porque el virus
decimonónico
ha vuelto y, si es pandémico,
no uránico
ni celeste parece,
aunque venéreo
sea en sentido interno, porque Venus,
madre amorosa,
nos ha querido unir en la desgracia
a todos, que felices cuando prósperos
no supimos rendirle su homenaje.
No es el momento
del culto a Marte ni a Plutón o Hermes,
dios de ladrones y de comerciantes,
ni a la Discordia o Eris; más bien Iris,
la mensajera
de alianza y de paz sea la Diosa
veneranda de rojos y de añiles
y violetas y verdes ecológicos
y de amarillos
y todos los matices y mixturas
suyas; y juntos, firmes en el Arco
de la promesa de que nunca otro
habrá Diluvio
ni ecpirosis, luchemos contra el Bestia
Apocalíptico. Que, mientras tanto,
linkaré con Sofia, incontagiable,
el instrumento
con que Dios creó Cosmos y Natura,
según cuenta en Proverbios
(13, 9),
por si encuentro otra clave que nos sirva
para salvarnos.
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