i llegados son
iguales
los que viven de sus manos
y los ricos.
Jorge Manrique
Me place dedicar aquí esta poesía a Carmen Cortés, que me ilustró sobre el valor locativo
de ese manriqueño “i”, que también habita ahí
donde estoy.
I. Me salvaste una vez de la locura
de una aventura habida en tierra extraña,
de una patraña de una Circe oscura
y de una dura y prieta y fiera araña
que con su saña de cangrejo a dura
pena tu cura eliminó. Ya a España
vuelto -Espadaña
de Aúrea Dictadura
librada, y pura-, o Ítaca, que baña
de Penélope el mar, una pandemia
retiene a la bohemia y al trabajo
en su ermita, y apremia con el tajo
que trajo el Rajo, y consintió la anemia
del valor bajo nuestro: así nos premia.
Salva i de endemia
a nuestro humano hatajo.
II. Relaciona la cita con el texto
o el cuerpo de poema y esa cita
con la dedicatoria, que está escrita
por algo, que para algo es el contexto
que incluye el título, pues no pretexto
es mero u ornamento, si te evita
la desorientación, cuando en la ermita
confinado no puedes contra el sexto
pecar, porque estás solo, y no hay consorcio
para ningún consorte ni coyunda
y no hay comunidad: pido el divorcio
a Soledad por medios informáticos
y escribo a los comunes y me inunda
un clamor de furores democráticos.
Y III. Esta agresión de la real pandemia
cornúpeta que huyó del laberinto
y embiste ciega y bestia, y que proemia
suso el par de sonetos en que pinto
con letras la obsesión que por eufemia,
negación de tabú, nomino y finto
jugando a la evasión, como una Psique
o Papillón, por el canal distinto
expansiva volando sobre dique
por Dique alzada, o Mariposa Efecto
-déjame, Soledad que te lo explique-,
contra el contagio, la del Arquitecto
obrero de Justicia sanitaria
y Común, por nosotros, raro, electo,
con la que está cayendo sobre el paria
-que indefenso dejó aquel gRajo ignaro,
servidor de la Urraca mercenaria,
y a nuestra economía en cardioparo,
para inflar los bolsillos de sus socios
de empresas financieras, con descaro,
y así redondos promover negocios,
empobreciendo al mísero plebeyo
alienado por indo-sacerdocios
telemediáticos, sin regomeyo
sospechoso de ser víctima hipnótica,
desorientada por el leguleyo
oficial-; esta líneas, sin erótica
ya, Soledad, que indican el motivo
de las mismas, son ruego de una exótica
satisfacción vital. Porque te escribo
para acordar divorcio, y no repudio:
yo siempre te busqué del vulgo en vivo
huyendo y en directo, un interludio
en mis trabajos y mis laborables,
a fin de darle juego a algún estudio,
y hablarme sin rüido, “cuando hables
-diciéndome-, si no será el silencio
piensa más bello que tus verbas bables
-de balbus:
tartamudo-”, como Mencio
y Chuan Zu predicaran, de la absenta
bebiendo de Sofía o el asencio
de tu Interior Bodega,
como cuenta
y canta Juan de Yepes de su Fonte.
Quería, asceta en Biblos, hacer cuenta
nueva, por superar el horizonte
de mi Líbano interno a las Hespérides
cuesta arriba subiendo por el Monte
Carmelo, de ancestrales efemérides
rehaciendo la aventura de los viejos
viajeros, con Tartessos, Casitérides,
a por plata, y estaño, lo más lejos
posible, por destinos; y colonias
fundar hasta el Pacífico, reflejos
de Fantásias de Bux.
Las pandemonias,
empero, Soledad, me hacen tu esclavo,
y quiero libertades argantonias
sí, pero, aquí en mi pueblo, y como un bravo
sacudir las cadenas,
de esos bronces
y luego yerros, y doblar el Cabo
de la Buena Esperanza, como entonces,
pero dando paseos por mi barrio
y viendo a los vecinos, de los gonces
o eslabones librados y este zarrio
remedio de almadrabas, por atunes
amantes trinitarios, siendo Arrio
su defensor hereje, e impecunes
de diestra torpes, como si zocatos
zoquetes de Felipe, anti-comunes
pro empresarios, untados, insensatos
responsables de robo de defensas
a humildes y sufridos timoratos
del fantasma bermejo, por intensas
campañas de terror contra granates,
que ahora los salvan, pese a sus ofensas
y sus barbaridades y dislates.
Renuncio, Soledad, a tu refugio,
pues. Porque el mundo necesitas vates,
aunque se nos desprecie el artilugio
del estilo y el verso, y se someta
a aquel reconocido subterfugio,
por miedo a que su amigo se le meta
en gulag, y los lágueres del Capo
actüales destruya, y del poeta
es turno concienciar, con su guiñapo
o pipa para el troj. Si no lo alcanza,
estará por cantar, al menos, guapo.
Hay que llenar nuestra prosaica panza
de ilusiones y pan, que ya se agota.
Salvar a todos salva tu pitanza.
Y cuando tornas lúcido a un idiota,
un grano das de
vida y esperanza.