VII.
Afrodita (entrando) Qué piedad, qué piedad me da
que huya
de esos acosos esta pobre Ío.
Prometeo Si huye
Ío es por culpa tuya:
tuyo es el brío
que al Dios posee y lo convierte en bestia
erótica, perdido de deseo,
capaz de hincarse hasta a la casta Hestia.
Yo, Prometeo,
podré ser inculpado por el robo
que hïce por el bien de los humanos.
Que por amor la oveja no sea lobo
obra en tus manos.
Afrodita Qué
culpa tengo de la incontinencia
de Zeus, Dios, el soberano terco.
Prometeo Tú le
has dado el deseo y su potencia.
¡Ahora es un
puerco!
Afrodita ¿Y tú
quieres ganarte así la gracia
del Dios, para que indulte tu mal hecho?
Prometeo Yo nada
quiero de él: la democracia
es un derecho.
Nada quiero del Dios, tengo paciencia
para esperar de sobra mi momento.
Frente al poder ¡yo soy la resistencia!:
No habrá tormento
que doblegue mi orgullo y por la tarde
o la mañana, como tu planeta
Lucifer, no seré nunca un cobarde.
Esa es mi meta.
Afrodita Planeta
es Venus para el placentero
regocijo de amor, que no de odio.
Te has subido soberbio a un podio huero.
Baja del podio
O no tendrás amor.
Prometeo Amor me sobra,
Pero no por los príncipes augustos:
Amo al pobre oprimido, que mal cobra.
Y amo a los justos.
Y, aun siendo tu
belleza tan soberbia,
Y aunque me tientes con tu amor divino…
Jamás me rendiré ante la protervia
De un dios cretino.
Afrodita ¿Así
quieres salvarte de tu pena?
¿Así quieres librarte de tu carga?
Insisto en que tu orgullo te condena
a pena larga.
Prometeo Larga
será mi pena, y fuerte y recia.
Pero tiene su fin, y la desdicha
del Dios rüín por su conducta necia
Ya está predicha.
Retira ya del Dios, yo te lo ruego,
para que a nadie más desgracie, el rijo
que tú le impones con tu ardiente fuego,
o el de tu hijo.
Afrodita Verdad
es: culpa es de mï hijo Eros.
Yo sólo doy bellezas a los seres.
Él tira de su aljaba y sus aceros.
Si luego mueres
por el veneno del placer gozoso
que su poder te da, cuando la pulpa
de tu carne se enciende sin reposo,
suya es la culpa.
Prometeo Ay, diosa del amor y la belleza
que prodigas tu don a todo el mundo
con tu alegría loca y tu tristeza:
Si tu fecundo
influjo de poder, que sobrepasa
las fuerzas de los dioses y mortales,
entra en la carne, que en tu ardor se abrasa,
sufren tus males
los pobres condenados que te miran
reflejada en tus cuerpos esculpidos.
Tú los inyectas y después deliran.
Ya están perdidos.
También eres perversa, pues repartes
el dolor a inocentes criaturas.
Conozco ya tus bellas malas artes,
artes oscuras.
Afrodita Ay,
Prometeo, mucho te equivocas;
Como tú, yo reparto el bien, comprende:
Si vuelvo tiernas a las duras rocas
cuando se enciende
el amor en sus médulas y huesos,
y por un rato tienen alegría
y ácidos sufren luego sus excesos
no es culpa mía.
De Amor no es culpa sólo: es de ellos mismos.
No saben cómo administrar mis dones
y la alegría muere en los abismos
de sus pasiones.
No me seas injusto: yo en tu pecho
no he vertido mi llama ni mi hechizo.
No me hables así, por tu provecho.
No te deshizo
la locura de amor que a otros afecta,
pues mujer yo te di que nadie tiene.
Tu pena no es de amor, ella es perfecta:
Buena es Climene.
Si me sigues hablando en ese tono,
tendré que retirarme a mi morada.
Y, aunque pidas perdón, no te perdono:
¡No entiendes nada!
Te puedo castigar por el insulto
mandándote un amor que te dé penas.
Ay astuto titán, no seas estulto.
que te condenas.
Frente la gracia de la diosa antigua
del amor, la belleza y el Deseo.
La fuerza de tu verbo es tan exigua…
Ay, Prometeo.
Prometeo ¿Me
quieres condenar a otro martirio
tú también?, ¿no querías condolerte?
¿Me amenazas a mí con un delirio
peor que la muerte?
Afrodita No,
Prometeo: tu modelo es digno
de amor, por tu grandiosa resistencia.
Eres la libertad y eres su signo:
Tenga clemencia
y te admire el rey Dios y te perdone
y te libere de tu pena larga.
O le daré un amor que lo abandone:
Sufra esa carga.
Prometeo No quiero su clemencia, sí justicia,
ni tampoco perdón, sí su conciencia
moral, no su ambición ni su avaricia.
Pandora Tenme paciencia.
que haré que se encapriche, y pierda el seso,
con pasión imparable de una roca
que no podrá forzar ni aun el exceso
de dura broca.
Cuando no quiera más sufrir el fuego
del amor ya jamás correspondido
tendrá que oírme, acatará mi ruego,
si quiere olvido.
Entonces yo le exigiré que deje
de castigarte y templará su orgullo.
La Moira el hílo de la vida teje.
El triunfo es tuyo.
Prometeo Enamóralo
pues de esa divina
diosa que le dará un hijo divino
más poderoso que él, bestia de inquina.
Cúmplase el sino.
Afrodita Yo su
nombre no sé, que no se entere,
pero dímelo al fin, y yo lo hago.
Prometeo (sottovoce) Si te lo digo, el Dios cae y
se hiere
con cruel estrago.
Afrodita (sottovoce) Dime su nombre, que yo haré
que acabes
de sufrir. Yo te admiro por tus dones.
Prometeo: (sottovoce) Es la nereida Thétis. Ya lo
sabes.
No me traiciones.
Coro Mira: ahora
se acerca el fiel correo
de Zeus, su hijo Hermes, que vendrá
a traerte noticias de su padre.
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