sábado, 1 de junio de 2019

Égloga de Corrupcio y Sinistroso (ii)

(De Sapere Aude Raps, Litoral, 2018.)

Decían los esbirros de las élites,
mientras caían sus desahucios, bólidos
que todo hogar convierten en sepulcro,
guardadas sus espaldas por satélites
políticos, la escoria de su pulcro
beneficio a recaudo: «Ya no hay sólidos
negocios: no se puede
mover el Aparato, porque hiede
a caos». Y les dije: «Dadme un fulcro
y moveré este mundo». Y, tan estólidos
como animales de rebuzno y coces
ante lo que dijera el sabio Arquímedes,
mandáronle decir al Portavoces:
No hace falta, expiatorio, que tú a mí me des
consejos sobre cómo se administra
tu renta, que tu ristra
de soluciones a la cruda crisis
son sólo solución de electrolisis
para las viejas estructuras clave
de las Corporaciones Económicas,
sostén de todo: sólo üno sabe
cómo se hacen las cosas, aunque cómicas
resulten a tu cínico,
crítico humor. La crisis sí que es crítica.
Y tu crítica roja está ya artrítica
por vieja y fracasada y obsoleta.
Eres un caso clínico:
Vuelve al redil, a nuestro sacro Templo
de la patria, poeta so pro ETA.
¿Pro ETA, yo? ¡Quién dicta ese dicterio!
¿Acaso en alta fiebre me destemplo
de vïolencia contra el suelo patrio,
ése que es cuartos en el vasto atrio
el Arca del Imperio,
roque sin techo de tu Dánae ávida
de la áurea lluvia del logrero Jove,
que, por más que nos robe, sigue impávida,
sin terror a ese embate
que tras dejarla, como Banca, grávida,
a un Perseo para, que a tus monstruos mate?
¿Y aludes a qué patria?: ¿a la raquítica
y empobrecida por tus malos tratos,
o te refieres a otra patria, adversa,
de correcta política?
Nos hartan ya tus argumentos chatos
que hacen sentido sólo en viceversa.
Sólo quieres sostenes,
no para los pilares de los Bienes
Comunes de tus pueblos, los patriotas
verdaderos, sino para las ubres 
ubérrimas que encubres
para dar de mamar a tus compinches.
Mira, tú: de pelotas
adeptos al Padrino hasta las mismas
estoy; no me las hinches
ni me toques las trompas de falopio,
que mi razón abismas
en depresiones y en hiperestesias.
Yo a tu Templo no voy ni harto de opio.

Hay más Iglesias.   

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