(V. nota final.)
Por Hugo de Los
Ah
de Fortuny. ¿Nadie me responde?
A
ver en qué nirvana se ha perdido.
¿O
le ha explotado el ego y le ha nacido
Un
agujero negro adentro adonde,
Absorto
en su universo, se me esconde?
¿En
dónde se ha metido? ¿Se ha metido
A
monje en su privado estado ido?
¿O
puede que sü alma ahora ahonde
Tanto que no ha salido? Si en cabalga-
Dura
hipérbaton monto y blando tmesis
A
diestro en anos psico- dando a Presis
Y
a siniestro y a Dires entre nalga
De
gris materia y nalga, y hago salga,
En
ristre el calambur con catacresis
Supositorias,
luz por anamnesis
De
laxado big bang, que Dios nos valga.
Contesta, dónde andas:
Bajo
vahos
Veristas
sobre nubes fantasmáticas,
Junto
a las bases quantum-democráticas
De
las ondapartículas del Caos
Mínimo
en explosión máxima, daos
Cuenta
de cuánto se alzan mis empáticas
Soledades
a alturas matemáticas
De
buen tono de coro en bravas naos
-Que han descubierto pólvoras y américas
Y
huevos de colón en altos rectos:
Orificios
de dioses, predilectos,
Ca
ponen Huevos Cósmicos de hystéricas
Estigmas
Ovariables esotéricas
Diseñadas
por Númina arquitectos,
Musa
en el fondo, bien si no perfectos,
Rebelados
creadores en mistéricas
Iniciaciones:
Nieto de Leonardo,
Viejo,
aprendiz de todo, nuevo nada
Enseño,
si, maestro no de grada,
Al
parco mando pillo leo pardo
La
cartilla, que agosto −y hago cardo
De
mi rosa− el jardín de mi morada,
Si
dejo, fresco, el sitio al camarada
−Y
no lo dejo en él− julio: me guardo
De cesáreas soberbias: soy humilde
Ca
jamás un hipócrita: no falto
A
la verdad si digo que soy alto
Pero
fino. Dejadme que me atilde
La
sílaba egoísta, como mil de
Cada
cien de vosotros, siempre falto
De
tanto para ser (de un sobresalto,
Por
ejemplo, la vez que se me tilde
De flaco rico porque ha sido el Gordo
Mío,
pobre de mí, según mantiene
La
opinión, general). De poco pene
Quien
me crea perdido como un sordo
Beethoven
navegando solo a bordo
De
su nave sinfónica, y condene
Mi
genio tras su tapia: me conviene:
Solo
y huraño salto al foso, al fiordo,
Al mar, al oceäno, a los abismos,
Al
non plus ultra y más allá, y fenómenos
Falsos
vïolo o crasos anadiómenos
Penetro
agudo velos o espejismos
Que
cree el vulgo realidad, los mismos
Que
impone el Coco que mis prolegómenos
Al
Trasfondo se come, como cómenos,
Como
si nada fueran, siendo sismos,
La moral que, si brava, vibraría
Rebelde
a su censura, contra el enza-
Patamiento
del alma, que comienza
A
tragar demasiado en pro del Guía
Del
vulgo, al que intimida la herejía,
Al
aún no demos ser, de Neoprovenza:
Todo
Estado es rüín y sinvergüenza;
Un
Estado moral, qué tontería.
(F.
Fortuny, Canto I de “El laberinto de Fortuny” en Gaya Ciencia, Centro Cultural de la Generación del 27, Málaga, 2015).
Cito
ampliamente este fragmento de Fortuny por la idea contenida en una semasia
seminal en la 3ª estrofa: “las bases quantum-democráticas/ de la ondapartículas
del Caos” que dan lugar -y tiempo-, en la 4ª, a “Huevos Cósmicos/ De hystéricas/ Estigmas Ovariables” -nótese la androginia del tropo: alusión a los Testículos y al Hýsteron griego, Útero-, protagonista
de tantas míticas cosmogonías, "de hystéricas/ Estigmas Ovariables esotéricas/ Diseñadas
por Númina arquitectos,/ Musa en el
fondo (…)” -y nótese tmabien el tambie en la 2ª aunciciado y, aquí, insinuado calambur "Ovariables"/ o variables (susceptibles de ser vaiadas en ovarios)-, que florecerá en las siguientes como razón poética de una rebelión
anarquista o, mejor, demarquista, “contra
el enza-/ patamiento del alma” (nótese la enfatiquísima tmesis, que ya anunció
usaría en la 2ª, que suelen mantener a los demoi
en su condición de vulgus, cuando se
emperran en apoyar a sus opresores acro-jerárquicos, y su metáfora metonímica
denigradora: el enzapatamiento es del alma o la psiké que, tradicionalmente
sita en el corazón y actual y neurológicamente en el cerebro, ocupa el lugar de los
pies -alusión al giro: pensar con los pies, pues- “en pro de Guía”, sic, con
mayúscula: Leader, Fürer, Duce, Conducator).
Y
lo hago sobre todo por sus implicaciones teológicas, o teologomíticas, en el sentido en que ambos usamos es término,
aunque con la párvula diferencia de que, pese a que yo sí soy psiquiatra, lo uso
más en sentido filosófico y él en psicoanalítico lacaniano: el gran Otro del maestro
francés es simbólico -o simbológico o logomítico, como preferimos decir, pues, en tanto que todo mito
es desarrollo narrativo de un símbolo (Durand) y vela
lo Real (que nosotros preferimos llamar la Verdad Velada, tomando el adjetivo en este caso del físico D’Espagnat -Le
reél voilé-), tiene, por lo tanto, sólo tiene existencia psicosocial, superegoica y superestructural, mientras que
como, doctor en filosofía de la ciencia y en teología, yo tiendo a ver en nuestra “logomítica”
más bien un método de orientar la búsqueda de lo que llamaré Sentido Cósmico,
que según ciertas propuestas de la cosmofísica estándar, puede tener que ver con
lo que se ha denominado Principio Antrópico: el Universo es como es, PORQUE, de
no ser así, no estaríamos aquí para preguntarnos por ese Porqué.
La
idea que me sugiere se basa en una serie de conversaciones, pláticas y diálogos
que mantenemos desde hace muchos años por diversas vías, y será tal que así:
Desde
siempre los poderosos ubicaron a Dios Todopoderoso en la cúspide de su pirámide
jerárquica, y hasta llegaron a concebirlo tan superior a todo que lo pusieron
por encima de la naturaleza, y lo hicieron sobre-natural.
Y
en nombre de Dios (y de la Patria y el Rey) han ido los tales potentados cometiendo
tantos crímenes de lesa humanidad y de lesa naturaleza, esos crímenes ecológicos
que ahora los fascistas neoliberales niegan, que incluso los seres humanos
genéticamente determinados para entrañar una inevitable vena mística heterodoxa
˗como todas las místicas, al menos al principio: que hasta s. Juan estuvo en la
cárcel˗ hemos tenido que apostatar de toda fe, sustituyéndola por una búsqueda asintótica
˗progresiva, aunque utópica˗ de conocimiento.
El
término Dios es voz
latina/indoeuropea, etimológicamente relacionada con la luz de Día y, por ende, con el concepto de
iluminación: se trata de encontrar en la filosofía y en la ciencia, o en la folosofá de la ciencia, otra vía iluminativa.
Pero
el concepto primigenio que parecen haber concebido la hómines, u homínidos,
anteriores al invento de la escritura, está más bien relacionado con el término
Brisa o Soplo, en latín Spiritus u
arcaicamente Anima, de donde alma, en
griego Psiké, de donde psíquico o
psiquiátrico.
Las
auras y los céfiros, los austros y los bóreas, parecen haber sido por analogía
metafórica lo más parecido a lo que luego se llamaría Dioses: unas fuerzas
invisibles que animan, ponen en movimiento, vivifican las cosas.
El
gran descubrimiento del s. XX es que el Universo es dinámico y evolutivo: está animado por una oscura energía cósmica desde su Origen, hoy conocido como Big Bang,
hace unos 14.000 millones de años.
Se
impone, pues, la gran pregunta ˗es decir: sin respuesta˗ científica y filosófica:
Qué
anima al Cosmos.
Todos
los vientos provienen de Eolos.
A
Quien es forzoso colocar míticamente antes del Big Bang, soplando aire en miles
de millones de burbujas siderales, como prosopopeya metafórica de esa Energía Oscura, que Einstein llamó
Constante Cosmológica.
La
otra alternativa nominal sinónima de Dios
es Numen. Los Númina siempre fueron
Dioses de la Naturaleza, nunca nadie dijo de ningún Numen que fuera un ser
sobre-natural.
Ese
Viento, símbolo tan propio del simbolismo poético de León Felipe, que infla y
organiza dinámicamente el Cosmos, es también el Logos de su Evolución
vivificante, que lo lleva hacia la vida y la conciencia inteligente y
autorrflexiva.
Yo
propongo a Eolos como Numen moderno,
en tanto que Alma del Universo.
Pero
sobre todo porque sé que en ese Dios no va a creer nadie, dado que NO existe,
ni puede existir, como no sea en sentido figurado, poético, nunca literal.
Y
además, y puesto que es figura o tropo, o figura trópica, de un nouménico, o pre-fenoménico, sustrato causativo
cuántico, fundamento elemental de todo, sería tropo-figuración de una Base
antes que de una Cúspide o Vértice de la -caso de existir- simbológica
-fantástica- cósmica Jerarquía piramidal y, por ende, una Entidad o Sustancia -aristotélica ousía:
materia y forma, hoy mejor decir formación,
o incluso información, continua cuántico/democrática.
Tal
vez es esa una manera de darles un buen soplido
o sopletazo iluminador a los
fascistas antiecológicos que tanto proliferan en los últimos tiempos.
(Nota final -por F. Fortuny-: publico aquí este comentario de mi querido amigo íntimo Hugo de Los, aparte de por ese ápice de vanidad narcisa a la que todos tenemos derecho, por agradacerle la humildad de no mostrarse como el verdadero creador de la Logomítica, y de la idea teológica de un Dios demárquico, más que democrático (porque jratos es poder y arjé es tanto príncipe como Principio), como necesario concepto de un Numen de Sentido teleológico y omeguiano (de punto Omega -Theilard de Chardin, Tipler, Deutsch-) que sustituya la concepción tradicional -y tradicionalista- de un Dios Soberano como Dueño de un Pueblo Esclavo por la más actual y relevante de un Dios Soberano como Pueblo/Demos que no alcanza su dimensión teologal mientras no se reconozca en el self junguiano seminal de su alma, más allá de personalidades personajiles de las personae -máscaras y caretas- exteriores e interiores como idéntico al Princeps/Principium Universi, como identidad o ecuación atman = Brahma de la teomitología, o teologomítica, hindú, haciento un Examen de Conciencia de su Profundidades psíquicas, una lúcido Acto de Contrición quasi místico; o, en su sabio defecto, al ateísmo ramplón y fideísta (propio del ateo que cree ciegamente en la inexistencia de Dios, sin admitir ninguna matización reflexiva y dialogante sobre este humanísimo y antropológico -y antrópico- Significante, que apareció con el lenguaje y la hominización, y que con no poca frecuencia, al quedar vacío de sentido desde la logomítica Muerte de Dios, ha conllevado a tantos en no escasas ni raras veces a depresivas o desesperadas -e incluso inmorales- actitudes inquisitoriales que frisan en el más intolerante de los fascismos o estalinismos inconscientes).
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