Francisco
Fortuny: Casandra maudite, Valencia, Pre-Textos, 2019
Presentación,
Centro G-27. En el Hotel Molina Lario, 10, abril, 2019
He tenido ocasión de
presentar en varias ocasiones lecturas o libros de Francisco Fortuny, casi
todas ellas, al igual que esta de ahora, en actos organizados por el Centro
Cultural Generación del 27. La primera fue hace más de 30 años (1986): se
celebró en el recordado Salón de plenos de la Diputación, entonces en la Plaza
de la Marina, el Salón hoy llamado Isabel Oyarzábal; hubo otra —la de la Epístola al Dios Eros— en el Centro
Cultural de Calle Ollerías, hace unos doce años (2006); la última fue en este
mismo patio del Hotel Molina Lario en 2015: presentación del conjunto de su
obra reunida bajo el título Gaya Ciencia
y otros poemas anteriores.
Es decir, creo conocer
bien la escritura de Fortuny, y Fortuny es, en su obra, a la vez coherente, y
por tanto, en cierto modo, esperable, y, a la vez, renovador (en proceso
siempre de autorrenovación), y por tanto, en cierto modo, sorprendente. Esto
que digo es aplicable tanto a su poesía como a obras pertenecientes a otros
géneros, bien narrativos, bien dramáticos, o, a veces, híbridos: títulos como Prosas sacras (1991), Fábula de Fanes y Plutón (1997), El sueño de Cipión (2004), Ventura Egea (2004), El Evangelio de
Lucifer (2007) y Tres dramas
subversivos: Prometeo libertario. Segismundo rebelado. y La santa feminista (2017).
Hoy tenemos un nuevo
libro del Fortuny poeta, una trayectoria, en este campo, que empezó a
principios de los ochenta con Náutica
espiritual (Cuadernos de la marinería,1981), siguió con títulos como De la locura metódica (Puerta del Mar,
1985), Cielo rasante (Pre-Textos,
1992), Sed (Fantasía chamánica)
(Atarazanas, 1995), Fata Morgana
(Pre-Textos, 1997) y Fuera de sí
(Genesian, 2003), la mayoría de ellos reunidos en Gaya ciencia y otros poemas anteriores (Centro Cultural Generación
del 27, 2015), después vendría Sapere
aude raps (Litoral, 2018), que forma parte ya del nuevo ciclo en el que se
incluye el libro que hoy se presenta: Casandra
maudite. Eliotiana 3, bajo izquierda (Testimonio de crisis) (Pre-Textos, 2019).
El nuevo libro
pertenece a lo que, al parecer, será una pentalogía, de la que Casandra es la segunda entrega. La
anterior de este nuevo ciclo fue, como acabo de decir, Sapere aude (atrévete a saber), cuyo subtítulo es Eliotiana, 5, bajo izquierda; es decir, Casandra, el 3; Sapere, el 5: probablemente, en cuanto a la aparición, ese orden no
sucesivo en los números esté condicionado por los azares (enrevesados) del
mundo editorial, pero lo que sí se mantiene, en los
subtítulos de las dos publicaciones, es lo Eliotiana
y lo de bajo izquierda.
Ambas menciones tienen
total pertinencia y total carácter orientador con respecto cuestiones
conceptuales y formales del libro. La segunda de ellas (bajo, izquierda) nos sitúa en la perspectiva social e ideológica
desde la que estos poemas han sido concebidos y escritos: este es un libro que
abiertamente se inscribe en la tendencia de lo que suele catalogarse como
poesía social, que tuvo, entre nosotros, su momento de mayor desarrollo
reciente en buena parte de la década de los cincuenta.
En el caso de Fortuny,
en cuanto a este aspecto de lo social, se llega a una clarísima intensificación
de la crítica que, con raíz en situaciones de extrema desigualdad e injusticia,
da el salto a la denuncia política muy directa de instituciones, actitudes,
partidos y personas, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. En
tal sentido, es un libro con cuyo ideario podrá coincidirse o no, en todo o en
parte, pero de lo que no hay duda es de que es un libro que, en lo expresivo,
es decir, en la textualidad, está comprometido radicalmente con las ideas de
quien lo ha engendrado (y utilizo deliberadamente esa voz generativa porque esta escritura tiene mucho de parto desde la indignación). No hay aquí
paños calientes para hablar con crudeza de lo de ahora, de una situación del
presente. Tal vez por eso, la maestría formal que, en cuanto a lo clásico tiene
la obra de Fortuny, tiene voluntad, aquí, de acercarse a las formas de la
moderna poesía popular crítica, como el rap, recurso que ya se había planteado
como propuesta en Sapere aude:
«atrévete a ser crítico, déjate
inspirar por el espíritu del rap, y usa sus rimas como ya lo hicieron
los trovadores y los juglares: rebélate y rompe la monotonía simétrica de Lo
Establecido, y haz todo lo contrario: usa todos los recursos y figuras poéticas
tradicionales y llévalas a su más original extremo y echa mano de todos los registros de la lengua; y sé valiente, y
conócete a ti mismo y no huyas de ti cuando contemples tu miseria.»
Aunque yo creo que la
exuberancia verbal de Fortuny es de tal naturaleza que no hay estética del rap
que la contenga.
En fin, lo cierto es
que el propósito de rebeldía expresado en ese texto, se cumple a la perfección
en este Casandra maudite, que se abre
con palabras ajenas para establecer, desde el principio un claro marco de
referencia: citas de escritores como el romántico Victor Hugo, el moralista
marqués de Sade, el comprometido y denunciador Primo Levi, o el León Felipe de El payaso de las bofetadas, y no solo
escritores, también están en esa especie de coro (en el sentido dramático de la
tragedia) filósofos, sociólogos o economistas como, Solón de Atenas, Sousa
Santos, o Thomas Piketty, formando, como se dice en el encabezamiento de esas
citas un «collage puro», con una adjetivación, «puro», que puede apuntar aquí
no solo a la descripción de lo que la página es (una página cuyo texto está
compuesto por retazos o recortes de otros textos), sino también, «puro» en
cuanto a los valores de pureza en lo conceptual de lo que en esos textos se
dice, alta conciencia moral humana y sentido cívico.
El sentido crítico de
orden político está, pues, presente desde el principio, no solo en el trazado
del mapa de un contexto ideológico con esas citas iniciales, sino, además, está
ya presente desde el primer poema una crítica que no alcanza solo a los
poderosos, al sistema, a las estructuras que consolidan lo establecido, o a los
partidos como parte de esa estructura, sino que alcanza también al pueblo;
podríamos decir que no queda títere con cabeza. El primer poema, titulado «La lógica
del pueblo», es un abierto e irónico varapalo precisamente a quienes, con su
decisión como votantes, perpetúan una determinada situación; y, como cierre del
círculo, en el último poema del libro es la voz del poeta, la voz admonitoria
de Casandra, la que llama a que se haga memoria de los avisos no escuchados:
«Recordad que os lo dije como, vate / increído, Casandra en vaticinio, / y no
me hicisteis caso, / porque pensasteis que era un disparate”.
Está claro, pues, el
sentido de ese “bajo, izquierda” que
se mantiene en los dos subtítulos aparecidos de esta anunciada pentalogía.
Pero dije al principio
que había un término más que se mantiene: Eliotiana.
Y ese término apunta al carácter que, desde mi punto de vista, hace que
recibamos un texto como poema y no como otro tipo de texto, por muy nobles que
sean sus propósitos. Esto tiene que ver con la conciencia de lenguaje, y
Fortuny tiene, como he tenido ocasión de decir más de una vez, una altísima
conciencia del lenguaje y un altísimo dominio de los recursos que nos ofrece la
tradición para emplearlos como recursos vivos y no fósiles.
Fortuny se enfrenta a
la poesía con total solvencia en dos características para mí imprescindibles en
el poeta: conocimiento y sensibilidad, y, además, lo hace con conciencia de que
las posee. No hay lugar para falsas modestias.
He aquí una entrada que él ha subido a su muro de Facebook hace unos
días: se trata de un poema titulado «Soberbia caída» (del que cito un
fragmento):
"el traidor, falso,
marfuz" (Arcipreste de Hita)
Sé que
escribo a la altura de Góngora o Quevedo,
de Lope, Fray Luis o el mejor Garcilaso,
Rubén y los Herreras o san Juan de la Cruz:
como me dé la gana puedo escribir, y puedo
hacer filosofía de vanguardia de paso
y humano el sentimiento espeso dar a luz,
y lo digo sin miedo, y lo digo sin miedo.
La crítica por eso no me hace mucho caso:
su jefe, el gran poeta, parecería un marfuz.
de Lope, Fray Luis o el mejor Garcilaso,
Rubén y los Herreras o san Juan de la Cruz:
como me dé la gana puedo escribir, y puedo
hacer filosofía de vanguardia de paso
y humano el sentimiento espeso dar a luz,
y lo digo sin miedo, y lo digo sin miedo.
La crítica por eso no me hace mucho caso:
su jefe, el gran poeta, parecería un marfuz.
La radicalidad de estos
versos creo que no deja lugar a dudas sobre la seguridad de una poética. Y la
expresión de esa seguridad es la que encontramos en los libros de Fortuny.
Hay que tener en cuenta
que yo creo que Fortuny bebe —aparte de en los clásicos españoles y de otras
lenguas (un poema reciente subido a Facebook tiene como referentes a Mallarmé,
Spenser, Góngora)—, en las dos grandes corrientes que, en el pasado siglo XX se
conocen como Modernismo: el hispánico (Fortuny es doctor con una tesis
sobre La razón del mito en la poesía
modernista de Rubén Darío,
en cuyo tribunal estuve), y, por otra parte, el Modernismo anglosajón, algo
posterior al nuestro, una de cuyas principales figuras, si no la que más, es T.
S. Eliot, el gran renovador en un libro-poema como La Tierra baldía, el de la indagación filosófica interiorizada de
los Cuatro Cuartetos, de ahí la
mención eliotiana en los subtítulos de los dos últimos libros de Fortuny.
En definitiva, sensibilidad, conocimiento,
conciencia lingüística, maestría en lo formal; todo aquí puesto al servicio de
la conciencia cívica y social: Casandra avisadora, espléndida y rotunda, en este
nuevo libro de Fortnuy.
Francisco Ruiz Noguera
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