Desdoblament
/Desdoblamiento, poemario de Miquel de Palol, editado por Bartleby
Eiciones, 2021; traducción de Isabel Pérez Montalbán y Francisco Fortuny. La
presentación en el Centro Cultural Blanquerna, Madrid, 21/X/2021, fue a a cargo del autor; los traductores Isabel
Pérez Montalbán y Francisco Fortuny; el editor Manuel Rico Rego y el poeta Valentí Gómez-Oliver.
Tras los pasos de un gran autor
de Valentí Gómez-Oliver
Es un gran
placer estar aquí con todos Uds. para presentar el último poemario, Desdoblament/Desdoblamineto, del
escritor catalán Miquel de Palol. Se
trata de una edición bilingüe con una
traducción de consistente dificultad, resuelta de manera muy brillante por los
traductores. En la presentación que ha efectuado el director de Bartleby, el
escritor Manuel Rico Rego ya ha situado la figura del autor no solo en su contexto en Cataluña sino
en general en España. Se trata de un autor con obras en su momento de gran
difusión (por ejemplo, con “El jardí dels
set crepuscles” (1989), en
versión castellana “El jardín de los
siete crepúsculos”) que sigue elaborando, a lo largo de numerosos años, una
obra original y compleja.
Tras mi breve
intervención hablarán los traductores: que ya he comentado que la traducción está muy bien
resuelta (teniendo en cuenta las numerosas dificultades técnicas) y finalizará
el acto el autor. Me toca ahora a mí y he pensado hacerlo hablando sobre un
autor al que considero una “autor extraordinario” (“fuera del orden o regla
natural o común”). He dividido mis palabras en dos momentos. Uno, auspiciado
por el hemisferio izquierdo: una reflexión
crítica; y otro, por el hemisferio derecho: un acróstico “paloliano”, de Palol.
I.
apuntes
críticos
Conozco bien, en general, la dificultad de la traducción;
en concreto, personalmente he traducido del italiano El Libro de los Muertos de
los Antiguos Egipcios (el papiro de Turín); la Vida de Benvenuto Cellini; obras del erudito Elémire Zolla; obras de P.P.
Pasolini; de G.Carofiglio; del poeta Lucio
Mariani; de la hispanista Rosa Rossi y es por ello que empiezo mi recorrido
apelando a uno de los excelentes traductores de este poemario, el poeta
Francisco Fortuny quien escribe en un epílogo del libro (aparte de dedicarle una “epístola
conceptista a Miquel”) una breve y concisa reflexión sobre el poemario. Lo titula
“Sobre el ser de nuestra nada” (pág. 197-200). Nos dice (pág.199): “Es evidente
que este monumental poemario de Miquel de Palol alcanza, desde la angustia
serena de su planteamiento identitario, por su novedosa profundidad, la
dimensión de lo Trascendental”.
Una palabra clave en toda su obra: “trascendencia”.
También lo ha apuntado el director, Manuel Rico, cuando en la contraportada nos
describe el libro como “una meditación sobre las huella del tiempo, sobre los
límites entre el ser y la nada”. Precisamente hay un poema que trata
explícitamente de esto “Diàleg entre el
no-res i el jo” (pág.24-26); “Diálogo entra la nada y el yo” (pág. 25-27).
A lo largo de toda su obra se va descubriendo que para el
autor “el pensamiento es el lenguaje”. Casi se podría afirmar que “la mente es
lenguaje”. Por lo que resulta fundamental
para él la correlación entre “mente y palabra”, de manera que se podría
afirmar que Palol, intelectual que cultiva casi todos los géneros literarios,
gran estudioso de la música, del arte y la ciencia en general, bien podría ser
definido como un “creador (escritor/poeta) que está fascinado por el lenguaje”.
Es, por ello, un lector omnívoro. Me acuerdo de la gran escritora catalana
Mercè Rodoreda, que leía con pasión páginas del diccionario de Joan Coromines
como si se tratara de una novela!!! Y también de las genialidades de Ramón
María del Valle-Inclán con su invención de neologismos.
He definido a Palol como ejemplo de intelectual. Justifica
dicha afirmación el conocimiento que posee (es arquitecto de formación) sobre el
mundo clásico, no sólo el greco-latino, sino que mira de reojo al mundo
sumerio, egipcio, persa, el de los Vedas, el humanismo (entusiasta de Marsilio
Ficino) el Renacimiento (devoto de Luca Pacioli y su “divina proporción”), el
mundo del Barroco, el Simbolismo, las Vanguardias, la historia y evolución de
la Ciencia, y un largo etcétera. También su papel como colaborador de prensa,
comprometido con sus ideas. Su obra, vale la pena mencionarlo, ha sido
publicada en castellano, en alemán, en italiano, en francés (está super bien
considerado en el país de Montesquieu) y dentro de muy poco en inglés (USA).
Todo este bagaje y tipo de conocimiento cultural, tan profundo y exhaustivo –
que no se trata de erudición- le acarrea a menudo y últimamente con cierta
frecuencia, una especie de “falta de aprecio” o “infravaloración” de su obra.
Todo el mundo recuerda el año 1968 como “el del mayo
francés”. Pocas personas recuerdan que 100 años antes (con más precisión 99
años), en 1869 Nietzsche está preparando El
nacimiento de la tragedia; Verlaine está con Les Fêtes galantes,
Flaubert escribe L’éducation sentimentale,
Rimbaud con sus primeros versos. Hay un joven de 23 años que publica en París,
pagándoselo de su bolsillo, Les Chants de
Maldoror, pero si bien el libro es editado no es distribuido. Ello se debe
al hecho de que el editor considera que el autor, que no es otro que el conde
de Lautréamont (su nombre verdadero es Isidore Ducasse) “se ríe de todo, lo
cuestiona todo, utiliza el sarcasmo, la ironía, la burla, la duda sistemática”,
lo cual, piensa él, podría molestar al lector biempensante. No sé si le
parecerá correcto al autor que haya pensado en Lautréamont al comprobar cómo se
están poniendo las cosas hoy en día para los `partidarios de lo que podríamos
denominar “literatura absoluta”, de la que Palol creo sea un ferviente devoto.
Nos habla, en profundidad sobre este argumento el escritor y editor Roberto
Calasso en su ensayo La letteratura e
gli dèi, Adelphi Edizioni, 2001.
Literatura, tout
court, la creación literaria, ποίησις (poíēsis), es para el autor una situación creativa
particular, en la cual la “mitología” y la “poesía” son una sola cosa, en la
que como afirmaba Mallarmé “la forma denominada verso es por ella misma la
literatura”. Sin desdeñar, por supuesto “el impulso poético de la prosa”.
Podríamos decirlo de otra manera: cuando se produce una cierta vibración o un
resplandor que nos deslumbra, en una frase o tal vez en algunos términos (
pienso en el sintagma verbal: “desjoar-se” //desyoizarse), o en párrafos, o en páginas, o en capítulos, o en el
libro entero. Deviene, pues, fundamental
en esta concepción de la literatura absoluta: “la forma”
Me he referido antes a la mitología- apartado
fundamental para el autor. Los dioses se manifiestan principalmente como
acontecimientos mentales, lo cual es muy importante para el obrador del artista
a la hora de confeccionar sus artefactos creativos. Afirmaba Jung, en un
momento de gran contundencia psíquica, que los dioses se han convertido para
nosotros en enfermedades: algunas son patológicas, en el caso de la “escritura
patológica”: escribir por escribir, hablar por hablar, desentonar por
desentonar. ¡No es nuestro caso!
No sólo Palol
confecciona su escritura
interactuando con los dioses, sino que el propio y personal mundo en el
que coloca a sus personajes y en el que van a participar sus criaturas, puede
ser considerado como un “mito”. Mito que en su caso se convierte, en numerosas
ocasiones, en un rito o ritual de esotéricos y herméticos ecos. Ritos en los
que florecen las fobias y las filias del autor, enmarcadas dentro del enigma
profundo, o tal vez mejor dentro del “misterio evidente” del que hablaba
Goethe, que encierra cualquier tipo de forma creativa.
Antes he hablado del “escritor/poeta que se
encuentra fascinado por el lenguaje”. Me atrevería a decir, asumiendo la enorme
posibilidad de equivocarme, que Palol, al igual que los grandes autores, es un
excelente creador porque “ha sido entusiasmado por la lengua, el lenguaje”, el
hilo sutil y a veces inaudible que hermana el Cielo con la Tierra. Para
terminar este primer hemisferio diré que me parece que, Palol, en su obra
artística tiene asumida muy claramente la diferencia que hay entre los tres
personajes que suben al escenario de la creación literaria. En primer lugar la
mano del escritor, en segundo lugar la voz (o voces) narrante que le habla al
lector (también al escritor) y, finalmente, la divinidad que nos tutela, nos
vigila y de alguna manera nos inspira. Sería interesante cerciorarnos en su
caso de cuál ha sido la divinidad que lo ha inspirado y lo inspira: el “demonio
dionisíaco” de Zaratustra; el inefable “duende” de García Lorca; tal vez una de
las nueve Musas de Heródoto (¿Calíope, Erato?) o más sencillamente, ¡alguno de
sus múltiples yo-es!
II acróstico “paloliano”
Palol, apellido
de resonancias y evocaciones medievales:
|
P |
ersonalidad pensamiento, pensador, profundidad
|
A |
utenticidad arte,artista
//artesano, artesanía,
atrevimiento,
arrojo
|
L |
ucidez elección de argumentos, confección
de
temas
|
O |
riginalidad a veces hermético, osado, en la
obscuridad se ve la luz
|
L |
ibertad libre pensador
una personalidad
auténtica lúcida original y libre