Sapo de la noche, sapo cancionero
Que vives soñando junto a tu laguna
Tenor de los charcos, grotesco trovero
Estás embrujado de amor por la luna
Alejandro Flores
Príncipe encantado que un malvado brujo,
al venir al mundo, convirtió en un sapo
por robarte el reino, gozando su lujo
-que era tu derecho-, rodeado de un trapo
hipnótico, símbolo ajeno, careta
que tapa intereses espurios y engaña
a los pobres diablos y a más de un poeta
cuyo canto soso produce migraña,
ay príncipe anfibio cantor de la luna
a cuyo reflejo te tiras, alivio
buscando a tu pena con poca fortuna,
ay nocturno sapo, ay príncipe anfibio:
sabe que te veo como allá en el fondo
eres; tu apariencia, que la propaganda
distorsiona, no hace que te vea orondo,
vacío y enano: en mí nadie manda
y menos el cónclave antiguo de viejos
ideales pochos no hechos de ideas,
sino de consignas que vienen de lejos,
de la triste Historia de las causas feas
que han sufrido siempre los seres humanos
como renacuajos que pastan rapaces,
al servicio inicuo de aviesos tiranos
que siempre usurparon tu trono mendaces.
Yo sé que eres bello tras del envoltorio
que maldito sufres, con granos por vello:
yo sé que eres bello como un Juan Tenorio
metido a cartujo. Yo sé que eres bello,
aunque le repugnes a quien sólo mira
esas superficies de arena que agua
al pobre sediento, cuando ya delira,
le parecen, náufrago, y el desierto fragua
igual que un demonio, dueño de la prensa
que doma al currante, para que ame al rico
que a su costa medra, lo explota, y no piensa,
pues no tiene tiempo, y así le da al pico.
Sapo de la noche: deja ya la luna:
cántate a ti mismo como eres por dentro.
Y toma conciencia de quién eres: una
masa obrera honrada, y sal al encuentro
del mal y deshazlo: vótate a ti mismo,
porque eres el Demos, real soberano,
y no a la Serpiente que encarna el Abismo,
y te ha fascinado. Y dame la mano.
Y avancemos juntos a por la belleza
que late radiante en la sed de justicia,
propia de quien quiere llenar su cabeza
de verdades, nunca de lo que desquicia,
las falsas noticias que te hacen contrario
a ti mismo, cómplice de tus enemigos.
Cántate y resuena como estradivario
y públicos todos serán tus testigos.
Sapo de la noche: llama a la princesa
Equidad, cantando tu sabia canción,
que te vuelve príncipe siempre que te besa,
que la vida es triste sin una ilusión.
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