El ánimo da suerte. Participa
en tu mundo, y arréglalo. Se puede.
Dale una nueva regla. Que quien cede
al desánimo el peso de la tripa
hinchada del bandido en alto cargo
sufre por propia culpa en su inconsciente.
Y la culpa inconsciente es deprimente,
y desanima, porque está en letargo
esa ilusión sin la que no se vive.
Ponte a vivir: inténtalo de nuevo.
Si te han tirado, péscate, y el cebo
de lo bello -lo justo- ponte: escribe
tu propia vida y no le des al sino
del azar la ocasión de que decida
por ti, e inventa, y haz real, tu vida.
No te ofrezcas de blanco a tu asesino.
Y si caes, igual que siempre ocurre,
entiende que rendirse por cansancio
es permitir que siga siendo rancio
todo y lo mismo: que el más zorro zurre
al por mayor, por connivencia tuya,
al hacerte menor, según más viejo
te haces. No reptes. Haz de ti vencejo
que vence por volar, que mientras huya
tu espíritu a su nido entre los huevos
de tus hermanos, al final el cuco
te echará de tu casa, con el truco
de aovar su madre ahí. Van tantos evos
ya de ceder ante la cuca intrusa
tu hogar, o su dominio, que ahora toca
echarla fuera a ella, que está loca
de Poder, y más quiere, y más abusa.
Que “iguales todos son” es un engaño
que quiere que te creas Quien nos daña
por excelencia, para hacer más daño.
Anímate y expulsa a la Alimaña.
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