miércoles, 31 de marzo de 2021

DIGNIDAD POÉTICA

                                      

A Antonio Orihuela, poeta social

 

No merece llamado ser persona

aquel que nunca sufre el mal ajeno

Saadi

 

 

            La vida no dejó nunca de darme

lecciones de humildad. Pero al ajeno

próximo no parece ni un adarme

haberle dado, según cree el Bueno

            ser, y el Mejor, sabiendo -y bien lo sabe

cada Id- que lo último (el Primero)

no puede serlo, porque más no cabe,

síno tan solo Uno, compañero

            en jefe de rentable compañía,

sociedad limitada a los aristos

de la añagaza, ajena a la poesía,

si confunden poesía con ser listos

            y astutos en forjarse una carrera

hacia el éxito ruin, no importa el medio,

incluida la exclusión del que supera

su bajeza -en hondura- de su predio

            que logró por conquista, o latrocinio

a lo grande, intrigando, del Estado

vecino, sin derecho, y exterminio

de toda oposición, por dios malvado.

            Puesto que soy poeta de la estrofa

tradicional y contenido radi-

calmente actual, incluso, pese a mofa

silenciosa del líder, cuando a Sa’di

            cito -por ser su verso necesario

hoy más que nunca-, puede que resulte

a más de uno un tanto estrafalario

que admire a ciertos poetas que por ulte-

            rioridad honda a eso que se llama,

o suele, realidad, en verso libre

o prosa cantan la Justicia, que ama

el solidario con los más, y vibre

            de emoción al leerlos. ¿Quién conoce

a uno de los grandes, Orihuela,

Antonio, por ejemplo? Piara hoce

en la estrecha experiencia de su muela

            del jüicio, si no tiene otro alguno,

y catadores degustemos prosa

seccionada a placer, y rabie el Huno,

mientras siga cantando, no a la rosa

            que su Caballo hendió para los restos,

sino al presente que le dio la Historia

del Potentado que no paga impuestos

y que mantiene en el poder la boria

            mental de la incultura de diseño

que impuso el Sociolisto en las escuelas,

e hizo fruncir al sabio profe el ceño,

al poder enseñar solo las muelas

            picadas del juicio, y no otro juicio:

en contra de esa ley algo enseñamos,

o su variante actual a beneficio

de la ignorancia, que mantiene amos

            corruptos en los cargos y los tronos,

por muy mal que gobiernen, si la doma

se hizo por Ley de Educación -de monos

domesticados, de conciencia roma.

            En contra de su espíritu o su alma

desalmada, he cantado de la Crisis

Global después, y sacudí la enjalma

y todo el aparejo, en autolisis

            del Yo anterior que, luego del franquismo

se creyó que ya había democracia,

y en Dafne se durmió, y era lo mismo

bajo disfraz, tragando esa falacia.

            Había publicado 12 títulos

y ganado algún premio literario

y al intentar seguir con los capítulos

de mis obras completas, en precario

            me encontré por conjura de silencio

-marginación, censura, veto, lista

negra-; lo ví: yo mismo me sentencio

si críticas escribo al socialista

            y no digamos ya a los que, de Franco,

se hicieron de “derechas democráticas”,

y aún andan por ahí, jefes de Banko,

aunque no sepan ni de matemáticas,

            o asesores de Cías súper ricas,

declarados contrarios de la izquierda.

Y si no es eso así: ¿por qué te picas?

Porque ¿eres partidario de esa cuerda?

            Si no, es que no se explica: soy muy malo

y no entiendo de versos y poesía,

o es demasiado bueno lo que.

O ¿es que sólo no entiendo de la mía?

            Fabuloso lector, crítico agudo,

filantropólogo de pro y experto

doctor en malas artes, que sacudo,

y letras de long-play rayado y tuerto,

            sé bien lo que sé hacer con la palabra,

y digo siempre cosas trascendentes

que además son verdad. Mafia macabra

habéis montado los sobresalientes,

            condenando a la nada a los rivales

que cantamos jüicios del corrupto,

imitando además a los sociales

poetas de post-guerra. Con mi abrupto

            encabalgar, tan propio, en harmonía

de contrapunto entre oración y metro,

los he recuperado y puesto al día

su lección: -A los nazis: vade retro.

            Comprendo que al poeta de la fama

le aterrorice toda competencia.

Pero ¿no es juego sucio hacer la cama

con petaca al que canta otra experiencia,

            la del común de los humanos? Todos

sufrimos los abusos de los jefes:

impedir que publique el clavacodos

que el Mal denuncia ¿no es de mequetrefes?

            Andar de zancadillas ¿no es mezquino?

¿Sois cómplices del Amo, por peleles?

¿Qué queréis ocultar? ¿Ese camino

que os alzó a vuestro sueño de laureles?

            Ignoradme, mas no más duermevelas:

¿no podéis entonar jüicios críticos?

O ¿es que sólo tenéis el de la muelas

picadas, por corruptas, apolíticos?

            A ver si espabiláis y sois honrados

de verdad, ya que os honran por poetas.

De nuestra causa justa sed soldados,

no tejemanejadas marionetas

             por el Cabrón Plutón del aquelarre,

alzado a sacro culto dado al rico,

por serlo, por barrer, barre que barre,

para adentro hasta el más pequeño añico.

            Algún día, quizás el de la ira,

en objetivo Juicio Enciclopédico

figurará vuestra real mentira;

pero ahora nos hace falta un médico

            que cure esta pandemia de ignorancia

que calla ante la voz de ¡arriba ayuso!,

y los demás, ¡abajo! Gente rancia,

aun siendo obrera, en paro, y en desuso,

            por de usar y tirar, misión cumplida

contra sí misma, en anodino hastío,

que aún reina sobre cómo se suicida,

ya que no ha muerto de pobreza y frío.

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