Todos somos culpables. Yo el primero
por haberme creído que en España
todo estaba arreglado, por esmero
de Suárez y del Rey en la migraña
de conciencia curarnos del franquismo,
y por eso dejé de daros caña
para lumbres; y hundido en el abismo
de esta pandemia estoy por 20 años
en que no fui político, lo mismo
que tantos otrosque en los aledaños
de aquella adolescencia militante,
pensamos: lo hemos hecho. Y hermitaños
nos dedicamos, porque por delante,
a nuestra vida, entonces la teníamos,
y me quedé tan pancho y tan campante.
Hoy, ya tornados en vencidos Príamos,
somos Boabdil. Mas quienes destajo
sin tajada ninguna, los que un día mos-
trásteis complicidad con el marRajo,
Raj, hoy de España conocido apóstata,
de Europa robador del Sur y gRajo
y Urraco, con dolencias en la próstata
de la inconsciencia, que heredó el Marido,
que sigue haciendo igual, mintiendo a posta ta-
libanamente, sin ningún sentido
político, vosotros, los tozudos
que habéis querido el crimen, y en olvido
puesto el Mal, conniventes, como rudos
mulos, durante, tercos, años 8,
pese a de robos víctimas ser mudos,
como seniles como un viejo chocho
prematuro violado sin inmute
ni resistencia, de cerebro pocho,
sabiéndoos gobernados por un Lute
en activo, que estaba destrozando
vuestras defensas por meterse un chute
de público tributo en su nefando
bolsillo de traidor, y de los suyos,
y os mantuvisteis mansos bajo el mando
corrupto, sin dolor de sus chanchullos,
y el día siempre aguáis, sois más culpables,
además de una panda de capullos.
Pero somos humanos, miserables
pero humanos: podemos ser más sabios:
rectificar, por tanto, y vuestros cables
descruzar: el peor de los agravios
se puede reparar si, dado el grito
de alarma, en vez de espuma por los labios
escupir, cooperáis. Si bosa ahíto
de tósigo el canino, escupid dentro
de la basura, o, como el aerolito
del jurásico, el virus puede el centro
quebrar que nos mantiene, que es el grupo
global, cimiento de la vida. Si entro
en discusión o crítica, no escupo
rabia, sino temor, no por mi ego
sólo: tengo una hija, y que no cupo
en el mundo no quiero del borrego
que se diga, porque se lo rompimos
por sumisión a un bicho, en el talego
refugiados, dejando a los opimos
libertinos hacer su puerco antojo.
No aceptéis mansos más mendaces timos.
Y dejad de escupirle siempre al rojo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario